D. JESÚS JUSTO FIGUERA

PREGÓN SEMANA SANTA 2018 -VILLAFÁFILA

 

 

Gracias Elías  por esta presentación.

En primer lugar quisiera saludar a los aquí presentes: al Señor Alcalde y la Corporación, a Don Agapito, a la Junta Pro Semana Santa, a las diferentes Cofradías y a todos los vecinos de Villafáfila,  tanto a los nacidos aquí como a los que han adoptado a Villafáfila como su segundo hogar.

Quiero comenzar recordando a mis padres (q.e.p.d.) José y Natalia, y a mi  hermano Pepe. Ninguno de ellos está ya entre nosotros, pero sé  que estarían muy orgullosos y emocionados de verme en esta iglesia dando el pregón.

Siempre que he podido y las circunstancias me lo han permitido he procurado estar entre vosotros participando de fiestas y tradiciones en las diferentes épocas del año.

Hace unos días me invitaron a que fuera el pregonero de la Semana Santa en este 2018, tengo que reconocer que me cogió por sorpresa, pero  considero un honor poder hacerlo y agradezco a la Junta Pro Semana Santa  que se acordara de mí.

Me satisface mucho estar ante vosotros y  poder recordar tiempos  pasados en este mi pueblo, que aunque he vivido fuera  bastante tiempo, jamás lo he olvidado y siempre he deseado volver a él para estar con mi familia, amigos y con todos vosotros.

Recuerdo la Semana Santa como días de devoción, misterio, reflexión y largos días de ayuno, y aquel  potaje de garbanzos con arroz , el bacalao con patatas, el chicharro frito y el escabeche con aceitunas, cebolla y pimentón, eran platos que nunca faltaban.

D. Jesús Justo Figuera

También, las largas  procesiones con aquel silencio que solo se rompía con los distintos cánticos religiosos (El perdona a tu pueblo Señor y el No estés eternamente enojado) o el sonido de la trompeta. 

En aquel tiempo en que nosotros  los niños y niñas, colocados tras la cruz y los cirios, íbamos a la cabeza de la procesión perfectamente diferenciados en dos filas, nuestros maestros controlaban que ninguno nos desviáramos, detrás iban las mujeres rodeando las imágenes y finalmente, los hombres.

En esa época, Villafáfila  contaba con más de mil quinientos vecinos y por tanto las procesiones eran bastante más numerosas y se vivían de diferente  manera que hoy.

Cada procesión expresaba algo de particular que la diferenciaba del resto, en ocasiones los pasos y su solemnidad y en otras, simplemente el sentimiento de cada uno, pues había personas que  por algún ofrecimiento iban descalzas.

En estos días conmemoramos la pasión, muerte y resurrección del señor.

La Semana Santa comienza con el domingo de  Ramos, la entrada triunfal del Señor en Jerusalén y  la tradicional recogida de Ramos de laurel. Un domingo señalado  para estrenar alguna prenda.

A partir del martes recuerdo a los predicadores que, subidos en el pulpito, daban  aquellos sermones con tanta elocuencia sobre la pasión y muerte del señor, que nos la hacían sentir como si la estuviéramos viviendo en nuestras propias carnes.

Recuerdo las autoridades sentadas en un lateral, en los bancos delanteros, los niños a un lado y las niñas al otro, las mujeres en el centro sentadas o de rodillas en sus reclinatorios y en el fondo de la iglesia los hombres, nadie se perdía  una palabra de estos  sermones.

Hoy día salen procesiones que antes no salían.

Una de ellas es  la procesión del silencio que sale el miércoles por la noche,  recuperada por un grupo de hombres.

El jueves por la tarde noche sale la procesión del Ecce Homo que es la de mayor recorrido en la cual cantábamos pidiendo  perdón  al señor por lo que se le hizo sufrir. Con el cántico de perdona tu pueblo señor.

 Otra recuperada es la que sale este mismo día a las 11 de la noche, la de la Veracruz portada por hombres y mujeres vestidos con las tradicionales  capas castellanas, procesión a la que he asistido  y me ha gustado por lo diferente que es, tanto por la hora como por sus capas  y su recorrido hasta el cementerio viejo, lugar donde estuvo en tiempos pasados La Ermita de la Veracruz

 La procesión que mayores recuerdos me trae, es la del Encuentro del viernes por la mañana, con aquel predicador subido en el balcón del  Señor Gabriel Ruiz (Pajarote q.e.p.d.) hoy autoservicio Isabel, que con  su potente voz se oía en toda la plaza, desde la del reloj hasta la esquina de la calle Lavapiés,  donde estaba San Juan  esperando a que el  predicador clamara “Corre Juan,  corre a ver de María”. Esta carrera atraía todas las miradas del público, pendientes de unos traspiés, por parte de los jóvenes que portaban el santo. Pues, no pocas veces se produjo el accidente en el que santo y porteadores terminaron rodando por el suelo.

 A  esta procesión siempre  asistíamos con mala cara y peor cuerpo, pues nos habíamos pasado la noche sin dormir.

 La procesión del viernes por la tarde o  del Santo Entierro era la que más larga se hacía por lo despacio que se iba, ya que la Urna es la imagen más pesada, en esta Jesús muerto va escoltado por las dos vírgenes, las Angustias y la Dolorosa que representan la Angustia y el Dolor que sentía María por su hijo.

 La procesión que más me impresionaba, era la del sábado por la noche, la de la Soledad, pues iba muy iluminada, con aquellas dos largas filas de mujeres vestidas de negro, portando velas o faroles.

 La  penumbra y el silencio, los cánticos que imploraban perdón y arrepentimiento, envolvían todo el pueblo en un ambiente de devoción y misterio, era algo que me acongojaba.

 Recuerdo que los niños íbamos de una esquina para otra para verla pasar, y soplar alguna vela si podíamos.

 Terminamos la Semana Santa con la procesión del domingo de Resurrección o Pascua Florida en la cual Jesús Resucitado se encuentra con María en la Plaza mayor.

 En esa época, nuestro mayor deseo, era pujar por la trompeta,  y así  poder tener una túnica durante toda la semana santa y llevar la cara tapada para que no nos reconocieran.

 Recuerdo que Don Camilo nos decía que teníamos que cuidarla mucho porque si la rompíamos teníamos que pagarla,  pues  tenía que servir para todos años.

Ya siendo algo mayores intentábamos llevar a San Juan, pues era el que menos pesaba, y así cada año procurábamos llevar alguno de los Pasos que iban pesando algo más.

En aquellos tiempos teníamos nuestras limonadas, pues no se llamaban  peñas como hoy, donde hacíamos la limonada, la cual preparábamos solamente con vino azúcar y esencia de limón, esta la hacíamos tal día como hoy para que reposara y así estuviera mejor, por entonces era nuestra única bebida, solamente acompañada de algunos dulces que nos hacían nuestras madres.

 Cuando aún éramos pequeños para hacer la limonada, íbamos a las de los mayores para poder probarla y siempre nos decían lo mismo: sois demasiado pequeños para beber.

 Supongo que muchos recordareis  la noche del Jueves Santo, cuando hacíamos el chocolate con aquellos churros que todos intentábamos hacer y que por lo general, o casi nunca nos salían bien, pues la masa unas veces nos salía dura otra blanda otra sosa, otra salada, total que pocas veces conseguíamos comer algún churro que estuviera decentemente bueno.

 Durante esa noche recorríamos las otras limonadas para ver si en alguna de ellas habían hecho los churros comestibles, cosa que rara vez ocurría.

Evidentemente para muchos de nosotros, hacer esa primera limonada y pasar nuestra primera noche con los amigos, es algo que  nunca se olvida.

Estas limonadas o peñas que solamente se hacían en Semana Santa, fueron el embrión de las peñas que hay actualmente en la fiesta mayor del verano, la de San Roque.

Con esto quiero terminar pidiendo al señor lo mejor para todos y os doy las gracias  por la atención  que me habéis prestado  y deseo que pasemos una feliz semana santa.

Muchas gracias a todos.

A continuación tendremos la subasta de los santos.

         D. Jesús Justo Figuera