VILLAFÁFILA SEÑORÍO DE LA

ORDEN DE SANTIAGO

1229 - 1541

 

 

Manuel de la Granja Alonso

FUNDACIÓN Y GOBIERNO DE LA ORDEN DE SANTIAGO

La Orden de Santiago  fue fundada en tiempos del Rey D. Fernando II de León, el 1-VIII-1170, durante el pontificado del Papa Alejandro III, el que la aprobó 5 en julio de 1175.

Comenzó en Cáceres, como una Cofradía de caballeros denominada <<fraires de Cáceres>>, bajo el mandato del maestre D. Fernando en sus campañas por tierras extremeñas. Según algunos autores, los santiaguistas se llamaron al principio Caballeros de Cáceres, por haber sido esta ciudad extremeña, entonces del reino de León, el lugar donde se echaron los cimientos. Otros creen que llevaron el nombre de Caballeros de Santa María del Castillo y de la Espada. Lo cierto es que, después de la bula de confirmación y aprobación, dada en Ferentino, cerca de Roma por el papa Alejandro III, en 5 de julio de 1175, ya siempre se les conoció con el nombre de Caballeros de Santiago, pues el de Caballeros o freires de Uclés, que en algunos documentos antiguos aparece, no prevaleció apenas.

Fernado II rey de León

Su regla estaba basada en San Agustín, pues probablemente algunos de sus caballeros procedían del Monasterio de Santa María de Loyo  Puerto Martín – Lugo).

Desde un principio tuvieron estos fraires la protección de varios prelados, pero quien de estos se destacó fue D. Pedro Gusdesteiz, Arzobispo de Compostela. Este recibió al maestre como <<canónigo>> de su catedral y a los fraires como <<vasallos y caballeros de Santiago>>, a cambio de él ser designado como <<fraire  honorario>>, como <<unun vestrum>>. Les asignó la mitad de los ingresos de los votos de Santiago en Zamora, Salamanca y Ciudad Rodrigo (31-1-1171). Por esto la Orden tomó como patrono al Apóstol Santiago y su escudo lleva la Cruz de su nombre, en rojo sobre un pendón en su nombre.

Al frente de la Orden se encontraba el Maestre, auxiliado por trece freires – el Consejo de la Orden -  nombrados por aquel. Contaba también con comendadores y priores nombrados por el maestre.

Este recibía los votos de los freires, administraba los bienes de la Orden y conducía a ésta a la lucha contra el moro. Igualmente otorgaban el abandono de la Orden, si se solicitaba, Su autoridad no era absoluta, pues sus decisiones dependían de los trece freires, quienes podían  amonestarle y hasta deponerle. Representaba a la Orden ante la sociedad medieval y la Corte.

El Prior tenía la misión preferentemente espiritual. A la muerte del maestre ocupaba su puesto y convocaba a los trece freires para elegir nuevo maestre. Había prioratos en Uclés, San Marcos de León y Palmesa respectivamente de los Reinos de Castilla, León y Portugal. El Comendador tenía atribuciones administrativas. Recibía los ingresos de la casa que administraba y los distribuía con equidad entre los freires. En la práctica compraba, vendía y cambiaba las heredades de la Orden.

Los miembros de ésta eran freires clérigos y freires caballeros, pudiendo estos últimos ser casados o solteros. Los primeros vivían bajo la autoridad del prior, los segundos del Comendador. Los clérigos tenían la misión de atender a los servicios espirituales de los caballeros, éstos de luchar contra los musulmanes. Los freires quedaban obligados con la Orden por votos de pobreza, obediencia y castidad y si eran casados de fidelidad conyugal.

El Capitulo General de la Orden tenía lugar el día de Todos los Santos de cada año, en la Casa Mayor, que en unos casos era San Marcos de León y en  otros, sobre todo a partir del siglo XII, en Uclés, El primero se reunió en San Marcos en 1199.

En el se trataban los asuntos de la Orden, nombrando a los visitadores, que habían de inspeccionar las casas a lo largo del año. Estas estaban formadas por Encomiendas correspondientes a los distintos ríenos peninsulares. Portugal, León, Castilla, Aragón y Gascuña. Al frente de las cuales había un Comendador Mayor. El de León residía en San Marcos, Mientras el de Castilla lo hacia en Uclés. A comienzos del siglo XII el Comendador Mayor de León era Alfonso Martínez.

Durante los primeros cincuenta años, de la vida de la Orden, los Comendadores Mayores y los Capítulos de los reinos tuvieron un papel importante en la misma. De ente los Comendadores Mayores solía nombrarse al Maestre cuando fallecía.

Escudo de la Orden de Santiago Apostol Santiago

Donación de Villafáfila y Valduerna por D. Fernando II a la Orden de Santiago.

La Orden de Santiago pronto adquirió gran importancia en los reinos cristianos, bajo la protección de los reyes, no solo en el reino leones sino también en Castilla y Portugal. La cuestión era debida al empuje que realizaban los almohades, sobre los reinos cristianos. Las Ordenes Militares fueron las primeras que se prestaron a la defensa de estos.

Perdida la ciudad de Cáceres que era donde la Orden de Santiago tenía su aposento, el rey D. Fernando II de León les concedió, en 1181, los lugares de Villafáfila y Valduerna para que edificaran su Casa Principal, donde celebrarán sus Capítulos.

He aquí el documentó de Donación.

“En nombre del Señor nuestro Jesucristo. Amen. Es propio de reyes católicos amar y venerar los logares santos y a las personas religiosas, enriquecerlos con grandes presentes y engrandecerlos con abundantes beneficios, a fin de que, dando bienes temporales, se consiga premios de eterna retribución. Por lo cual, yo el rey D. Fernando juntamente con mi hijo el rey D. Alfonso, porque sabemos que la Orden de Milicia de Santiago, que fue creada especialmente para aniquilar la soberbia de los enemigos de la Cruz de Cristo y para extender la gloria del nombre Cristiano de España, tuvo su nacimiento en nuestro reino, teniendo en cuenta que Vos Pedro Fernández, Maestro de esta milicia, y vuestros hermanos prometéis solemnemente establecer en nuestro reino un lugar que sea cabeza de vuestra orden y casa principal, en la que debáis reuniros y celebrar el Capítulo General, por eso, hacemos escritura de donación a la casa que en nuestro reino constituyáis como cabeza de vuestra Orden, que sea válida permanentemente, a Vos Maestre Pedro Fernández y a todos vuestros hermanos su sucesores, de Valduerna y de Villafáfila, para que nuestro reino establezcáis la cabeza, es decir, la casa principal de vuestra Orden; y por eso os damos esto con derecho hereditario y con generosidad regia, de tal modo que en Valduerna poseáis todo lo que allí tenía la Infanta Dª Sancha a la muerte de mi padre el Emperador y cuanto mismo valle yo el rey  don Fernando escrituré desde ese tiempo; y de Villafáfila, todo lo que allí pertenece al rey y como estaba a la muerte del Emperador, esto es, con todos los hombres de los susodichos lugares, con heredades y casas, con prados, pastizales y arroyos, montes, fuentes, terrenos cultivados y no cultivados, con los demás derechos y pertenencias y en todos sus límites novísimos y antiguos, donde quiera que vosotros y vuestros sucesores podáis encontrarlos. También os doy estas heredades independientes de todo poder judicial y justicia real, para que siempre y  con todas sus dependencias las podáis, tener, poseer, vender, cambiar y de ellos dispongáis como consideréis de utilidad para vuestra casa, como de los otros bienes que poséis. Os lo garantizo de tal forma, que en lo sucesivo a nadie con autoridad real, poderoso u otro, sea de estirpe regia o no, le solicito entrar en ellos violentamente, o de ellos quitar o vender algo y esta donación del Valle de Ornia y de Villafáfila, como dije anterior la damos como valedera por siempre a vos Pedro Fernández y del mismo modo a lso hermanos de vuestra Orden y a todos los sucesores para remedio de nuestras almas, con la consulta y parecer de los nobles de nuestra corte; debáis por obligación y respeto conservar siempre en nuestro reino por vuestro honor, con la condición de que por esto como dijimos anteriormente, construyáis en nuestro reino la casa principal , esto es, la cabeza de vuestra Orden toda, y nos, poniendo a Dios por testigo, cuidaremos defender, mantener y guardar siempre todos los bienes que tengáis en nuestro reino juntamente con los que ahora os concedemos para esplendor de esta casa. Si alguno, pues, tanto de mi linaje como de linaje ajeno intentase infringir esta nuestra obra, caiga sobre el la ira de Dios omnipotente y la indignación regia, y con Judas que entregó al Señor, Datán y Abirón a quienes trago vivos la tierra, sufra fuego eterno, por su temerario atrevimiento devuelva el doble de lo que tomó, maldito, pague a la corona en castigo mil libras de oro purísimo; este escrito permanezca para siempre firme. Hecha esta escritura en Salamanca el 4 de mayo de la era 1181.  Reinando el rey D. Fernando en León, Galicia Asturias y Extremadura. Yo el rey D. Fernando juntamente con mi hijo el rey don Alfonso lo autorizo con mi propia firma este escrito que mandé hacer”.

En 1181 El Papa Lucio III Confirmó a la Orden esta donación:

“Por lo cual atendiendo clementemente vuestras súplicas, Villafáfila con sus pertenencias, Valduerna con sus pertenencias, Corel con sus pertenencias y otras heredades que habéis obtenido por donación del carísimo en Cristo, hijo de nuestro Fernando, ilustre rey de Hispania razonablemente y sin controversia poseáis vosotros y vuestra casa, con autoridad apostólica confirmamos”.

La Orden no instaló su casa principal en el reino de León, sino en el de Castilla, en la donación de Uclés, que en 1174 le hizo el rey D. Alfonso VIII. ¿Cuál fue el motivo de este cambio? Existe un conjunto de opiniones sobre la causa del mismo.

Unos mantienen que la Orden se enemistó con D. Fernando II de León, a causa de la posesión de Castrotorafe, porque ésta, a través de la Iglesia Romana, paso a la Orden contra la voluntad del rey, otros opinan que el motivo fue la pérdida de Cáceres, reconquistada por los almohades, y otros se inclinan por que nunca hubo enemistad entre el rey leonés y la Orden, sino que aquél siempre protegió a ésta.

Pero lo cierto es que la Orden estableció su casa Principal en Uclés, donde residió el Maestre, siendo Villafáfila y Valduerna, en lo sucesivo, una de tantas posesiones como la Orden tenía en el reino leonés. Sin embargo, hay que admitir que el prior de San Marco de León, en lo que afectaba a este reino, siempre tuvo una cierta independencia de la casa principal de Uclés.

Villafáfila, a  partir de esta fecha, fue lugar de señorío de la Orden de Santiago y sus vecinos vasallos de la misma.

A D. Fernando II le sucedió, en el reino de León su hijo D. Alfonso IX, quien en 4-V-1188 confirmó a la Orden de Santiago sus posesiones en el reino leonés.

COMENDADORES Y CABALLEROS DE VILLAFÁFILA

Villafáfila dependía de la encomienda de Castrotorafe, que era donde residía el Comendador. Sin embargo, la villa también tuvo los suyos. A continuación indicamos algunos de ellos que nos son conocidos. 

MAESTRE

AÑO

COMENDADOR

Pedro Gundisalvo

1235

Nuño Petri

Rodrigo Yañez

1242

Gómez González

Pelayo Pérez Correa

1252

Pedreanes

Gonzalo Majía

1370

Vasco Gómez de Sejas

Pedro Muñiz de Godoy

1384

Gonzalo Sánchez de Ulloa

Infante D. Enrique

1431

Pedro Gómez Torres

 
Castillo de Ucles casa plicipal de la Orden San Marcos de León

En 1235 los caballeros que habían en el convente de Villafáfila eran los siguientes:  Guterio Gundisauí milite, Dommo Tamariz milite, Martino Cidiz milite, Pedro Rupérez milite, Fernando Johanis milite, Guterio Johanis milite, Johann Martín milite, Domno Viviano milite, Garcia Sancii milite, donmo Juanes de Montamarta milite, domno Durante milite, domno Villano milite, Roderico Pelagii milite.

El 23 de abril de 1229 D. Alfonso concedió fuero a la ciudad de Cáceres, que desde su nueva reconquista (1227) había sido patrimonio real. Esto no agradó a la Orden, que la había poseído por donación de D. Fernando II, siendo como hemos visto su cuna.

DONACIÓN DE VILLAFÁFILA Y CASTROTORAFE POR D. ALFONSO IX A LA ORDEN DE SANTIAGO.

El rey para congraciarse con la Orden, con consentimiento de las infantas Dª Sancha y Dª  Dulce le dio en 1229, ciertos derechos en Villafáfila y Castrotorafe y 2ooo msr. a cambio de juramento de hacer la paz o la guerra por él y por sus hijas. Prometió además, llegado el caso, no entregar Cáceres a otra Orden que no fuese la de Santiago. El maestre Pedro González aceptó la voluntad del rey y éste siguió protegiendo la Orden.

 1229, mayo. Galisteo

Alfonso IX da a la Orden de Santiago las villas de Villafáfila y Castrotorafe, en compensación de la villa de Cáceres, y establece diversas reglas privilegiadas para el gobierno de aquellas

Notum sit omnibus hominibus presentem paginam inspecturis quod cum orta esset contencio inter me dominum Aldefonsum, Dei gratia regem Legionis et Gallecie, ex una parte, et nos domnum Petrum Gonzalui, magistrum et fratres Ordinis milicie Sancti Jacobi, ex altera, super uilla de Canceres et terminis suis, quam nos ad ius nostrum ex donatione bone memorie illustris regis domini Fernandi Legionis credebamus de iure spectare, tandem contencio ipsa de beneplacito parcium est sub hac forma sedata. Ego siquidem predictus vex domnus Aldefonsus, cum consensu filiarum mearum infancium domine Sancie et domine Dulcie, do et iure hereditario in perpettum concedo uobis predictis magistro et fratribus uestrisque successoribus et ordini uestro Villam fafilam cum omnibus directuris et pertinenciis suis, tam habitis quam habendis, et cum fazendaria, pecto, petito et fonsadaria, et cum omni alio iure regali preter monetam.

l.- Item do uobis uestrisque successoribus iure hereditario in perpetuum illam medietatem petiti quam annuatim de Castro toraf et de suo alfoz percipiebam siue percipere debebam, concedens nichilominus uobis et ordini uestro et confirmans Castro toraf cum omnibus directuris et pertinenciis, et cum fazendaria, pecto, petito et fonsadaria, et cum omni alio iure et uoce regia.

2.- Item do uobis uestrisque successoribus iure hereditario in perpetuum illam medietatem de bestiis quas percipere consueui de Castro toraf et de suo alfoz percepturus eram ab hodie in antea de Villafafila et de suo alfoz, cum deberem exercitum congregare.

3.- Debeo autem in eiusdem villis iusticiam exercere, si forte uos uel uicarius qui ad hoc a uobis fuerit deputatus fueritis negligentes in iusticia facienda.

4.- Ad has tamen quatuor uoces et non ad alias debeo ego intrare in ipsis uillis per me uel per hominem meum, conuocato prius uicario uestro, ad aleyuosum, et latronem scriptum, ad eum qui mulieren forciauerit, et ad illum qui stratam publicam siue caminum fregerit.

5.- Et de mobilibus que pro predictis uocibus data fuerint, percipiat uicarius uester medietatem et ego aliam medietatem uel vox; hereditas autem iusticiati debet uobis et ordini uestro remanere integre.

6.- De bonis uero aliorum quos ego propter negligentiam uestram et uicarii uestri iusticiauero, nichil debeo accipere, set omnia debent uobis integre remanere.

7.- Habitatores autem et heredes Villefafile et Castro toraf et de Suisal foris sint uassalli uestri et non alterius, exceptis filiis de algo et benefacturiis de mare ad mare, et faciant uobis illud forum quod mihi facere tenebantur, et habeant hereditates et possesiones suas dum alii non iuerint habitare; si enim ad alium locum habitaturi accesserint, amitant et possessiones et hereditates quas in illis villis habuerint, et uos ad uoluntatem uestram de eis disponatis.

8.- Si forte tamen aliquis propter homicidium ab aliqua ipsarum uillarum eiectus fuerit, moretur ubi potuerint et habeat hereditatem suam, faciendo uobis de ea debitum forum.

9.- Promitto etiam uobis pro me et succesoribus meis quod non sufferaus alicui ut habeat uassallum in Villafafila uel in Castrotoraf aut in suis alfoces contra nostram uoluntatem.

Ad hec obligo me et successores meos uobis quod uillam de Canceres non demus alicui ordini, et si ego uel aliquis successorum meorum ipsam dare uoluerimus Ordini, teneamur ex pacto et non alii eam dare. Item obligo me et successores meos quod, si Deus aliquo tempore nobis dederit castrum de Turgello uel de Sancta Cruz aut de Montanches aut de Medelin, quod demus ipsum uobis et ordini uestro iure hereditario in perpetuum possidendum, et benefaciamus uobis cum eo tauter quod possitïs ipsum tenere.

Nos uero magister et fratres iam dicti milicie Sancti Jacobi renuntiamus presenti scripto omni iuri omnique petitioni et omni actioni quam contra uos dominum Aldefonsum, illustrem regem Legionensem, uestrosque successores habebamus tam super uilla de Canceres et suo termino quam super aliis omnibus rebus pro omnibus suradictis que a nobis pro inde spontanea recipimus.

10.- Promittimus etiam uobis et obligamus et successores nostros omagio fidelitatis quod de Castrotoraf et Villafafila et de earum aldeis faciamus pacem, guerram et treugas pro uobis et pro filiabus uestris, infantibus dona Sancia et dona Dulcia, uel earum altera si aliam morte aut alio casu a regno Legionis abesse contigerit, post uos et pro successoribus earum post ipsas in perpetuum.

11.- Do inquam Adefonsus predictus rex uobis prefatis magistro et fratribus et ordini uestro uestrisque successoribus iure hereditario possidenda omnia supradicta, ut de eis disponatis et ordinetis ad uestram uoluntatem sicut de eo quod melius habetis et liberius possidetis.

Si quis igitur hanc nostre compositionis cartam uenire temere temptauerit, iram Dei omnipotentis incurrat, et quantum inuaserit dupplatum restituat, et pro ausu mille marchas argenti in penam exoluat, carta nichilominus robur perpetuum obtinente. Facta carta apud Galisteum, mense maii, era Má CCª LX' VII°. Qui presentes fuerunt: Domnus Nunnio Froilaz conf. Domnus Fernandus Petri conf. Fratres ordinis milicie Sancti Jacobi conf. Domnus Martinus Goncaluez conf. Domnus Enricus conf. Petrus Petri quondam commendator conf. Dompnus Martinus Lupi qui erat tunc commendator conf. Infans dompnus Petrus conf. Domnus Rodericus, frater de Valle ornie conf. Domnus Petrus Fernandi Mangion conf. Gonzaluus Iohannis de Ceruera conf. Petrus Iohannis de Ceruera conf. Domnus Ramirus Froylaz conf. Domnus Didacus Froilaz conf. Domnus Petrus Ponz conf. Ego Alfonsus, domini regis scriptor, ad rogatum et mandatum parcium scripsi et confirmo.

Es posiblemente este documento de Villafáfila, que hemos considerado, es el más importante que tuvo en toda la Edad Media, pues la donación era de señorío territorial (dominio del terrazo) y jurisdiccional o gobierno de la justicia, pretensiones, etc., del mismo. Es un fuero.

Esta donación fue confirmada por D. Alfonso X en 1253 y por el Papa Inocencio IV.

La Orden de Santiago correspondió a los favores dados por los reyes leoneses, prestando se apoyo a D. Fernando II en su lucha contra Portugal (1179), Castilla (1180) y contra los musulmanes de Cáceres (1184), como a D. Alfonso IX, en los primeros momentos de su reinado, contra su madrastra Doña Urraca López.

También en pos de estos reyes acudieron a los concilios tenidos en Salamanca (1178), Benavente (1181) y Carrión (1188).

Rey Alfonso IX

Rey Fernando III

PROTECCIÓN DE D. FERNANDO III A LA ORDEN DE SANTIAGO. 

D. Fernando III, rey de Castilla y León protegió a la Orden de Santiago, a la que utilizó en la guerra contra los musulmanes. Sus donaciones siguieron el paso de ésta: Montiel, Montanchez, Trujillo, Mérida, Martos, Jaén, Córdoba, Sevilla, Ayamonte, etc. fueron lugares de sus posesiones donadas.

También protegió D. Fernando III a la Orden  en otro sentido: confirmó el mandato de su padre, excusando de tributos a los vasallos de la misma y recibió en encomienda lo que la Orden tenía en el reino de León.

Y tal era la protección que mandó que el Merino Mayor de Castilla, no pusiera merino en las villas de la Orden, sino que serían sus propios collazos.

Estos favores concedidos por D. Fernando III a la Orden hacían que los rezos diarios de los freires, fueran por el alma de aquél. En el Capitulo General de la Orden de 1259, se estableció seguir ofreciendo misas por el rey D. Fernando.

D. Alfonso X confirmó (1256) a la Orden los privilegios que le habían otorgado sus antecesores. Le concedió que pudiesen comprar, en el reino hasta 15.000 mrs.; que sus ganados paciesen por todo él sin pagar portazgo y  montazgo. Que sus pastores y paniaguados fuesen libres de pagar impuestos y que nadie les pidiera mrs. bestias y vasallos, los que tuvieran en sus posesiones.

La Orden de Santiago siguió apoyando a los reyes de Castilla y León en la guerra contra los musulmanes D. Fernando III le utilizó en la reconquista de Andalucía, como D. Alfonso X, siendo infante, en la de Murcia.

VIDA SEÑORIAL

En la Edad Media además de las villas y ciudades de realengo había otras sujetas a la autoridad del <<señor>>. El conjunto de éstas constituían el <<señorío>>, que gozaba de <<honra>> o <<inmunidad>>, por cesión de algunas facultades, del poder público, por el rey. El <<maestrazgo>> era el señorío correspondiente a las Ordenes Militares. La <<encomienda>> era el señorío en el cual su base era la idea de protección y defensa de los individuos y tierras del <<maestrazgo>>.

El Señor, el maestre, tenía poder territorial y jurisdiccional sobre todo el maestrazgo, desde los hombres que lo habitaban al suelo del mismo: 1º Administraba justicia, 2º Percibía determinadas gabelas, 3º Nombraba a los agentes de la autoridad señorial: jueces, alcaldes, merinos, etc., con intervención del concejo, 4º Otorgaba fueros y 5º Exigía servicios militares a los vecinos del señorío.

Villafáfila fue señorío de la Orden de Santiago y sus vecinos vasallos, por donación del rey D. Alfonso IX.

La entrada de un hombre libre en dependencia de otro hombre libre, su señor, superior a él (la Orden de Santiago en nuestro caso), revistió una importancia extraordinaria en el medievo. Aquél aceptaba el vasallaje de éste: le rendía homenaje (hominium) y jurábale fidelidad. Villafáfila era un señorío colectivo, por afectar a toda la villa.

Se exceptuaban de este vasallaje los hijos dalgos y los hombres de <<behetría de mar a mar>>.

JUSTICIA SEÑORIAL.

La justicia era ejercida por el señor, símbolo supremo de su autoridad. Era una fuente de ingresos para éste. El maestre o el comendador era el señor de la villafáfila. Sus campesinos podían disponer de dominio útil de la tierra, pero se encontraba bajo la dependencia de aquél.

La Orden de Santiago tenía en Villafáfila, la jurisdicción real, ejerciendo la justicia por jueces y alcaldes, en nombre del rey, a no ser que este la ejerciese directamente.

 Esta justicia correspondía a los alcaldes ordinarios, residentes en la misma. El nombramiento de ellos se hacía por el Comendador, de una propuesta presentada por el concejo, por entender aquél que en los propuestos concurrían las mejores condiciones para ejercer los cargos.

El Alcalde Mayor, encargado de la justicia, en grade de apelación de la impuesta por los alcaldes ordinarios, eran nombrado directamente por el Comendador. Lo hacía entre aquellas personas más idóneas, dentro o fuera de la villa. Esta tenía cierta independencia, con respecto a los vasallos y se localizaba en alguna de las villas de la Orden y para todas ellas. En 1541 era su Alcalde Mayor el bachiller Antonio Chaves, que era de Villafáfila.

Castillo de Castrotorafe Estandarte de la Orden de Santiago

También obligaba a todos cuantos vivían en Villafáfila a construir sus viviendas, de acuerdo con su condición de vasallo.

Hemos visto el fuero – la costumbre – como fuente de derecho, pero también se aplicó, aunque con predominio de aquella, la ley visigoda (Liber Iudiciorum) durante los siglos IX y X y siguientes.

Mientras la sociedad se mantenía en cierto aislamiento, que caracterizó  a la Edad Media, las costumbres locales gobiernan la vida de aquella. A medida que se incrementan los contactos y la sociedad se hace más dinámica el derecho local pierde su razón de ser: por insuficiente, por no prever derechos distintos e inclusive opuestos y por mantener privilegios de situaciones anteriores, injustificables en el momento posterior.

Frente a este localismo, que dificultaba la convivencia entre personas pertenecientes a un mismo reino, el rey trata de generalizar, en una primera fase, aplicando los fueros de un conejo o comarca a otros. Esto es el caso del fuero de Benavente, que llegó a aplicarse a zonas tan alejadas como Galicia, Asturias el Bierzo, etc.

En una segunda fase, cuando el rey tiene poder suficiente, crea un derecho nuevo, con validez para todo el reino. Este derecho el romano  impone D. Alfonso X con la implantación del Fuero Real y las Partidas, que redice o anula el derecho local, de la tradición o costumbre.

Está será defendida por los que se creen perjudicados, lo que da lugar a revueltas nobiliarias o la creación de hermandades de concejos que apoyan al infante, después rey, D Sancho IV, contra su padre Alfonso X, por su política de unificación jurídica.

El Fuero Real es obra de juristas, de expertos, entre los que eligen los jueces, para los que pudo ser escrito entre 1253-1260, el Espéculo.

Los juristas revisan los fueros locales y tomaron de ellos.

El Ordenamiento de Alcalá, de 1348, supuso jurídicamente un triunfo del derecho del rey.

El rey le corresponde la facultad legislativa y judicial, Se crean las Chancillerías o Tribunales Superiores de Justicia del reino castellano. En adelante se acudirá, para hacer justicia, al Ordenamiento de Alcalá y después, cuando éste no cumpla, a los fueros municipales.

SIGNOS DE VASALLAJE

¿Qué signos de vasallaje tenían los habitantes de Villafáfila?

Hemos visto como el rey D. Alfonso IX, en la concordia de 1229, donaba a la Orden de Santiago, con derecho hereditario perpetuamente el <<petiti>> que percibía anualmente de Villafáfila y su alfoz, además la <<fazendaria, pecto, petito et fondasaria>> y los restantes derechos reales que tenía en ella. También la mitad de lo que percibía de las bestias de la villa y su alfoz.

Se refiere al portazgo que habían de pagar los animales a su paso por el alfoz y también la donación más importante, concedía al Comendador de la Orden.

La facultad de reclutar sus mesnadas entre los vasallos de Villafáfila (fonsado).

Añadidos a esto la obligación que tenían éstos de <<rondar y velar>> (anubda) la cerca y <<castelaria>> o reparación de la misma, dada su endeblez.

¿Dónde tenía la Orden de Santiago su casa en Villafáfila? Sin duda alguna, en lo que se viene hasta ahora denominándose <<San Marcos>>. Allí estaba el Convento de la Orden y hasta mitad del siglo XX, restos de las paredes, que nos lo evidencia. Así se deduce también del apeo de la parroquia de San Pedro en el que se cita (pág. 324) del año 1670, en el que se halla inventariada una casa, cerca de San Miguel, que linda con la Capilla de los del Convento de San Marcos, es decir de los Caballeros de Santiago. Al frente de ella había, naturalmente un Comendador local.

BEHETRÍA DE MAR A MAR

En el reino de León había desde antiguo señoríos de behetría de las nominadas de <<mar a mar>>. Las había en Villafáfila, Castrotorafe, y Villavicencio.

Los habitantes de Villafáfila y Castrotorafe eran vasallos de la Orden de Santiago.

Unos ha que  son llamado de mar a mar, que quiere decir, que los vecinos o moradores en los tales lugares pueden tomar señor a quien sirvan e cojan en ellos a cual ellos quisieren de cualquier linaje que sea: por esto son llamados Behetrías de mar a mar, que quiere decir, que toman señor si quieren de Sevilla, si quieren de Vizcaya o de otra parte.

<<behetrías de mar a mar, aldeas que habiendo sido originalmente libres para tomar señor de protección a su albedrío o habiendo alcanzado estos derechos de concesión del rey o habiendo alcanzado estos derechos de concesión del rey o de los señores, si antes habían sido aldeas de solariego, lograban mantenerse independientes y perdurar así en los momentos trágicos en que otras muchas hubieron de someterse a la presión de la nobleza y elegir señor dentro de uno o varios linajes>>.

La behetría se encontraba en medio camino entre el realengo y el señorío.

El hombre de behetría o benefactoría pagaba un censo – la naturaleza – el día de San Juan se conservaba la propiedad de toda su tierra, prestando a su señor <<obedientin et didelem servitium>>.

La duración del pacto, entre ambos, podía ser vitalicia o heráldica. A partir del siglo XIII y XIV la behetría se hace colectiva a toda la villa. Podían elegir al señor que conviniese.

El fuero de León reconocía libertad absoluta de hombre de behetría.

La condición socio-económica de hombre de benefactoría desmejoró hasta semejarse al colono. El ordenamiento de Alcalá (1348) equipara el solariego con los hombres de behetría.

En la behetría de la administración de justicia corre a cargo del Merino Real.

LA ENCOMIENDA.

Mientras el maestre y los caballeros hicieron vida conventual no existió más que un patrimonio. A partir de 1280, siendo maestre D. Juan González, los bienes de la Orden se distribuyeron por mitad entre aquellos.  La del maestre se denominaba <<Mesa Maestral>> y de la otra mitad surgen las <<encomiendas>>. La primera, a partir de los Reyes Católicos, por su desaparición, pasó a ser posesión de los reyes de España.

Consideramos en el aspecto económico de la Orden de Santiago, en adelante, algunos retazos de los mismo, que afectaron directamente a sus posesiones en Villafáfila, prescindiendo de lo que pudiéramos llamar <<economía general de la Orden>>.

El aspecto agrícola no tenía interés primordial para ésta, en aquellos tiempos medievales, por lo que sus predios más que explotaciones directamente, eran arrendados a los villanos, quienes pagaban anualmente la renta señorial por la explotación del terrazo. Esto es lo que sucedió en 1177 arrendando el heredamiento de Muelledes a Gonzalo y su mujer Eulalia, quienes le entregaban la tercera parte de cuanto tenían y además en agosto de cada año un morebetino.

En 1197 el Comendador Pedro Melgar, de Benavente, cambió lo que tenia en tenencia, en Cerecinos y Villafáfila por lo que en Villalobos poseía el matrimonio de Fernández Gutiérrez y su mujer D.ª Marina Petriz.

En 1277 el Canónigo de León D. Gonzalo Gil, del linaje de los Ossorios de Villalobos, percibió 800 mvs. anuales de las rentas que la Orden tenía en Villafáfila.

Caballero de Santiago Soldado a Caballo Soldado de Santiago

También en 1277 ésta estableció un convenio con Sancha Rodríguez de la Valduerna, por el cual entregaba a ésta el usufructo de Villafáfila con la condición de que a su muerte revirtiera a la Orden juntamente con sus bienes (donación en prestimonio). Mientras tanto concedió a aquella 3.000 mvs. anuales sobre los portazgos de Castrotorafe y Zamora.

En 1283, el maestre de la Orden, con otorgamiento del Comendador de Villafáfila, dio a Pedro Fernández y su mujer Teresa Fernández de Cerecinos, la heredad de pobladura, en Villafáfila, dos salinas – una  de ellas en Santa Marina – y unas casas.

Siendo los diezmos de las iglesias pertenecientes a la Orden una fuente de ingresos para la misma, también le ocasionaron litigios internos. Sucedió que el comendador, de Villafáfila, se mostraba reacio a entregar al prior de San Marcos de León estos diezmos. Se originó un pleito que hubo de fallar el maestre D. Pedro de Godoy en 1384-85, a favor del prior.

Durante el reinando de los Trastámaras, la Orden tuvo dificultades de todo tipo. En el Capítulo General de la misma, en 1440, el maestre, que era el Infante D. Enrique, nombró en 1442, al caballero D. Diego Fernández de León y a D. Alfonso Yánez, que eran freires de Uclés y vicario de Montiel respectivamente, visitadores para inspeccionar y reformar la Orden en Castilla la Vieja, León, Galicia y Asturias.

Estos visitadores examinaron el aspecto financiero del priorato de San Marcos, depusieron al prior D. Alfonso Fernández y al subprior D. Pedro Alonso. El convento estaba muy disipado y destruido por la mala administración que en el habido. Decía el prior y los freires que  lo pasaban muy mal y no podían residentemente en las horas de servir la dicha iglesia y convento por no darles vestuario y capas. Debía haber: 6 freires de misa, 4 diáconos, 2 subdiáconos, 3 mozos para acatólicos y 4 sargentos.

Obligaron, los visitadores, al prior a que diese cada año, en San Miguel de septiembre, a cada freire de misa 600 mrs. para vestuarios y 300 para capa, a los diáconos 500 mrs. y 200 mrs, a los subdiáconos, 400 mrs. y 200 mrs. respectivamente para vestuario y capa y a los otros freires 300mrs.

La causa de tal deterioro estaba en que el prior radicaba mucho tiempo en Llanera, que era dependiente del convento de León. Por ello, los visitadores, obligaron a que aquel residiese 6 meses en el convento de León, de abril a septiembre inclusive, y al irse éste dejase un freire encargado, en León, de todo. Establecieron la distribución de bienes entre el prior y los freires de los frutos y rentas del convento leonés de la siguiente forma:

El prior debía recibir 50.000 mrs. y 150 cargas de pan anualmente: aquellos procedían de la renta de la Puebla del prior y el pan y el vino de los Santos, 18.000, de la Encomienda Mayor 5.000, de la de Azuagua 5.000, de Guadalcanal 5.000, de la Mesa Maestral 17.000 mrs. Total 50.000

Del pan: De Villafáfila 30 cargas de trigo y 50 de cebada, de Villalpando 30 cargas de cebada y de Villavidel 20 cargas de trigo y 20 de cebada. Total 150 cargas.

Para corresponder las necesidades económicas de la Orden Castrotorafe y Villafáfila, en 1467, abonaron a la Mesa Maestral un pedido de 10.000 mrs.; salvo alcabalas.

Al final de la Edad Media (1497) los derechos anuales que percibía el comendador de Villafáfila eran los siguientes:

Una cabaña

  9.500 maravedís

Al año

 

 

 

Escribanía

15.000 maravedís

Al año

 

 

 

7 Diezmeros

10.000 maravedís

Al año

 

 

 

Unas Viñas

  4.000 maravedís

Al año

 

 

 

Castillaje y portazgo

  7.000 maravedís

Al año

 

 

 

Martiniega y yanteras

  4.000 maravedís

Al año

 

 

 

Una huerta

     800 maravedís

Al año

 

 

 

Mesa Maestral

  6.000 maravedís

Al año

 

 

 

De tierras de sembradura 48, cargas de pan.

Al año

 

 

 

Diversas gallinas al año según fuero

Al año

DESMEMBRACIÓN DE VILLAFÁFILA Y SU ALFOZ DE LA ENCOMIENDA DE CASTROTORAFE Y LE DA MESA MAESTRAL DE LA ORDEN DE SANTIAGO.

Los reyes Católicos habían obtenido del Papa la concesión de la administración de los Maestrazgos de las Ordenes Militares, derecho que disfrutaron también sus sucesores. En el reinado de Carlos I se produce un tremendo desajuste económico-político, derivado de la Hacienda Real falta de recursos que hacer frente a las necesidades, cada vez mayores, sobre todo debido a las continuas luchas contra los musulmanes, enemigos de la iglesia. Para solventar esta falta de recursos, el Emperador solicita al Papa autorización para desmembrar bienes de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara, que el Papa Clemente VII, por Bula de 1529, le concede, y que Paulo III, por Bula de 1536, vino a confirma 

En aplicación de estas Bulas Papales, la primera desmembración que se llevó a cabo es la de Villafáfila y su alfoz, que se separan definitivamente de la Mesa Maestral de la Orden de Santiago y de la Encomienda de Castrotorafe, incorporándose a la Corona.

Fernado el Católico Carlos I

1º LA DESMEMBRACIÓN DE VILLAFÁFILA Y SU TIERRA.

Supone este primer paso un asentamiento anterior por parte del Comendador, en este caso de D. Pedro Pimentel, caballero de Santiago y comendador de la Encomienda de Castrotorafe, haciendo constar que lo hace “por propia y agradable voluntad sin ser para ello forzado ni inducido”

La desmembración incluye “la villa de Villafáfila y sus lugares, con vasallos y jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio, con los montes, pastos y  penas de cámara, homicidios, etc., con las rentas y derechos o caulesquiere cosas e preeminencias de cualquier calidad… pertenencias en la dicha Orden de Santiago y Mesa Maestral de ella y la dicha Encomienda de Castrotorafe, excepto lo que tiene el Convento de San Marcos de León que no se desmembró de la dicha Orden y  ha de quedar con el dicho convento…”.  Se refería “a las rentas y otras cosas que tiene el convento” en la dicha villa y su tierra y que, como bienes propios, tenía que respetar.

El emperador ha de ordenar, por tanto, hacer una averiguación de “las dichas rentas pertenecientes a la dicha Orden y Encomienda de Castrotorafe, en la dicha villa de Villafáfila e términos”, valoración que se hace tomando la base “lo que han supuesto los cinco años anteriores”, para fijar como renta anual un quinto de ese total. Cantidad que ascendía a 111.041´5 mrs., más lo que correspondía por la prorrata de los 5.000 ducados concedidos a favor de las Ordenes Militares.

Esta cantidad se compromete la corona a pagar mediante juro de heredad, a “la dicha Mesa Maestral de Santiago y Encomienda de Castrotorafe”, situado dicho juro para su cobro, “en la renta de la seda del reino de Granada”.

La aceptación se hace por D. Juan Manrique, procurador general de la Orden, y por D. Pedro Pimentel, comendador, como se ha dicho, de Castrotorafe.

2º LA INCORPORACIÓN A LA CORONA

El 3 de diciembre de 1541, el Emperador comunica “al concejo, justicia, regidores, escuderos y hombres buenos de la dicha villa de Villafáfila y lugares de San Agustín y Revellinos” su dependencia de la Corona, con el fin de que “les recibiesen, tuviesen y hubiesen por tal señor propietario de la dicha villa y sus términos e jurisdicción, rentas, pechos e derechos de ella e todo lo otro que en ellos o en sus anejos tenía e pertenecía a la Mesa Maestral y Encomienda de Castrotorafe y al comendador de ella exigiéndoles, por tanto, la obediencia y fidelidad que les debían y eran obligados a dar y prestar, el abono de todas aquellas rentas, pechos y derechos que gozaba la encomienda” y la sumisión al rey y su justicia.

Con la toma de posesión en nombre del rey, por el corregidor se cerraba la fase que había supuesto la desmembración de los bienes y su incorporación a la corona.