TESORILLO DE VILLAFÁFILA

VILLAFÁFILA

 

 

Jorge Juan Fernández González (NVMANTIA, Investigación Arqueológicas en castilla y León, III, 1990, pág. 195-208)

    El llamado tesorillo de Villafáfila constituye, sin lugar a dudas uno de los conjuntos más importantes entre los fondos de tipo arqueológico que custodia el Museo provincial de Zamora al encontrarse entre las escasas muestras de orfebrería visigodas halladas en nuestro país, junto con los tesoros bien conocidos de Guarrazar y Torrdonjimento, hecha la salvedad de la riqueza y abundancia de piezas que componen éstos, singularmente el primero de ellos, frente al carácter notoriamente más modesto del hallazgo de Villafáfila.

     Sin embargo, poco o casi nada se ha dado a conocer sobre el tesorillo, tras la primera noticia de su existencia por Gómez-Moreno, salvo la referencia siempre reiterada a su presencia en el Museo de Zamora y la publicación ocasional de alguna fotografía del conjunto o de alguna de las cruces pertenecientes al mismo.

Tesorillo de Villafáfila

     Nos proponemos, por ello en estas notas, proporcionar el mayor número posible de información sobre las circunstancias de aparición, así como una descripción minuciosa de las piezas, acompañada, por vez primera, de una documentación completa, pormenorizando las descripciones, y completando todo ello con un apéndice dedicado al análisis metalográfico que podrá servir en su día como elemento comparativo para el estudio de las piezas.

BIBLIOGRAFÍA SOBRE LAS PIEZAS

La más antigua referencia sobre el tesorillo de Villafáfila arranca de 1927,- como tantas otras relativas al patrimonio arqueológico o artístico zamorano- al publicarse el Catálogo Monumental de la provincia de Zamora realizado por don Manuel Gómez-Moreno, que describe las piezas brevemente y publica la primera fotografía de las mismas.

Posteriormente será recogido por Zeiss, en su obra sobre los hallazgos de época visigoda en España, incluyendo además de las correspondientes láminas, una somera descripción de las cruces, con sus medidas, con referencia a las restantes piezas.

Asimismo Ferrandis, se refiere a las cruces de Villafáfila al estudiar las artes decorativas de época visigoda en el entorno correspondiente de la Historia de España dirigida por Menéndez Pidal.

El catálogo del Museo Provincial de Zamora redactado por su Director, Victoriano Velasco, recoge lógicamente, el tesorillo siguiendo en todo las descripciones de Gómez-Moreno, pero dando una nueva fotografía del mismo en que aparece la pieza número cinco, ausente en la obra de este.

Igualmente se recoge una referencia tangencial al tesorillo en la serie dedicados a los hallazgos zamoranos por Martín Vall y Delibes al tratar sobre la zona de Villafáfila, reflejando en una nota toda la bibliografía existente sobre aquél y adelantando su posible procedencia de la zona de la Fuente de San Pedro, yacimiento romano conocido situado en las proximidades de Villafáfila que ha proporcionado restos de diversos de pavimento masivo.

En referencias breves, siempre remitiendo a los datos originales de Goméz-Moreno, se hace eco de la existencia del tesorillo Pedro de Palol, Virguilio Sevillano, y recientemente Ramón Corzo, que publica una nueva fotografía de las piezas.

Últimamente el hallazgo de Villafáfila ha sido recogido por Wolfgang Hübener  en su trabajo sobre las cruces de lámina de oro de la temprana Edad Media, donde recibe un tratamiento ciertamente opaco, con detalles caramente equívocos al hacerlo proceder de una fuente y aludir a supuestas bandejas de bronce que acompañarían a las cruces.

De manera mucho más tangencial, se ha dibujado una de sus cruces como ilustración en reciente artículo de Puertas Tricas.             

LUGAR Y CIRCUNSTANCIAS DE APARICIÓN

El Museo  Provincial de Zamora conserva entre la documentación antigua relativa a los fondos que integran sus colecciones una serie de referencias por las que son fácilmente reconstruibles las circunstancias que acompañaron la aparición del tesorillo en 1921.

Consideramos de interés  recoger las peripecias administrativas por las que atravesó éste hasta su adquisición por el Museo por ser ilustrativas que cómo en ocasiones los problemas económicos o burocráticos pueden llevar a que obras valiosas de nuestro patrimonio histórico no lleguen a tener el destino público que merecen.

La primera referencia al hallazgo de Villafáfila en la documentación del Museo se remonta a un escrito de fecha de 21 de agosto de 1921 dirigido por el presidente de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Zamora a don Vicente Fernández Rodríguez trasladándole otro anterior del Director General de Bellas Artes de fecha de 6 de agosto, solicitando información sobre el hallazgo de alhajas en el término de Villafáfila y dando instrucciones sobre el depósito de las mismas, al tiempo que plantea la posibilidad de examinarlas personalmente.

Del borrador del amplio y pormenorizado informe enviado poco tiempo después por el Director del Museo Provincial, a la sazón don Severiano Ballesteros, es posible obtener una serie de valiosos datos, que directamente transcribimos: “… los objetos a que se refiere fueron en efecto encontrados en los alrededores de Villafáfila, a medio kilómetro aproximadamente del poblado, en un campo de labor de propiedad de don Vicente Fernández Rodríguez, de aquella vecindad, con ocasión de hallarse éste abriendo en él un pozo. Según referencias estaban estos objetos en el fondo de otra excavación a manera también de pozo, de metro y medio de profundidad por uno de ancho poco más o menos, señalado por un corte circular que aún se conservaba de la capa gredosa del subsuelo, en la que penetraba en medio metro y envuelto con la tierra vegetal, piedras y algún menudo fragmento que lo cebaban”.

El libro de Actas de la Junta del Patronato del Museo recoge, en su sesión del día 25 de diciembre de 1921, la entrega por don Vicente Rodríguez de los objetos hallados en su terreno, en calidad de depósito provincial hasta que se arbitrasen los medios para la adquisición por el Estado o por el propio Museo.

Un año después, el Acta de la sesión del día 21 de diciembre de 1922 se recoge el acuerdo de devolución a su propietario de los objetos hallados a petición de éste, al no haberse obtenido aún los medios para su adquisición, entrega que se efectuó el 23 de noviembre del año siguiente según consta en el documento que sirve de recibo.

Por fin, y ante el riesgo de que su propietario pudiera enajenar los objetos encontrados, el Patronato del Museo, acordó la adquisición de esto con cargo a la asignación para el material del propio Centro, pagándose por ellos un precio de ciento veinticinco pesetas solicitado por el hallador, según se recoge en el Acta de 28 de diciembre de 1923, con lo que el lote de piezas ingresó definitivamente en el Museo de Zamora.

Con estos datos previos hemos llevado a cabo una investigación directa sobre el terreno, entrando en contacto con personas que, por su vinculación con el hallador y estar próximos al mismo en el momento de producirse la aparición de las piezas, consideramos que nos podrían aportar datos novedoso o aclarar aspectos confusos.

Como resultado de estas indagaciones se ha podido establecer con certeza el lugar concreto del hallazgo, nunca registrado hasta la fecha en las reiteradas referencias al mismo.

Según estos datos, el hallazgo se produjo en la zona o pago de “Santa Marta” (lám. I. 1) situada en el límite S.O. del actual casco urbano de Villafáfila, dentro del área definida por el entronque de la carretera local que va a la estación de La Tabla, y poco más allá a la Nacional 630, con la también local a Villarrín de Campos.

El área concreta del hallazgo es un terreno perteneciente a las traseras de la casa actual de don Demetrio Zamorano, sobrino del hallador, situada al margen izquierdo de la carretera que va a  La Tabla. (lám. I. 2).

      En la época del hallazgo del tesorillo toda la zona estaría ocupada por fincas agrícolas, alejadas un tanto del núcleo urbano de Villafáfila, lo que encaja bien con la distancia de medio kilómetro que establecía el informe de don Severiano Ballesteros.

Mapa de la zona donde se encontró el tesorillo

La pertenencia de la finca de la Fuente de San Pedro, situada a unos seis kilómetros del pueblo, al mismo propietario de la finca de Santa Marte donde se hallaron las cruces, don Vicente Fernández, puede justificar en gran parte el origen de la confusión sobre el lugar del hallazgo recogido por algunos investigadores.

La denominación de “Santa Marta” dada a la zona parece denotar, verosímilmente, la existencia en su entorno de una posible iglesia u otro tipo de centro religioso dedicado a esa advocación, que habría permanecido en la toponimia a pesar de haber desaparecido todo vestigio de posibles edificaciones.

En relación con ello, hace unos años apareció una sepultura, con laja encima de la fosa, dentro de una finca propiedad de Don Martín Gómez, a la izquierda de la carretera de Villarrín.

DESCRIPCIÓN DE LAS PIEZAS

Todo el lote de piezas figura inscrito en los libros de registro del Museo de Zamora con el Número de Inventario 105, por lo que se ha diversificado cada una de ellas añadiendo un segundo número de orden que las individualizase.

dibujo de Cruz nº 1 Foto de cruz nº 1

105 (1). Cruz de lámina de oro, con brazos ensanchados en los extremos, o patada, rematados en ángulo obtuso que se asemejan a la cruz de Malta. Brazos ligeramente irregulares.

En el extremos superior lleva un taladro en que se engarza una cadenilla formada por cuatro eslabones en forma de s, constituidos a partir de un hilo de oro de cuadradillo torcido formando aristas excepto en la zona de unión a la cruz y en los extremos del eslabón exterior, donde adopta forma aplanada, y ligeramente aguzada.

Dimensiones: altura 8cm.; anchura 7 cm.; longitud de la cadena 6,5 cm.; espesor de la chapa 3 mm.; peso 9 gramos.

Dibujo de cruz nº 2 Foto de cruz nº 2

105 (2) Cruz patada de lámina de oro. Brazos de anchura ligeramente desigual.

En el extremo superior lleva un taladro circular en que engarza un gancho de alambre de oro, de sección casi circular decorado a trecho con unas incisiones paralelas, y rematado en la zona de cierre con una doble vuelta.

Dimensiones: altura 5,8 cm.; anchura 5,8 cm.; longitud de sujeción, 2,1 cm.; espesor de la chapa 2 mm.; peso 3 gramos.

Dibujo de cruz nº 3

Foto de cruz nº 3

105 (3) Cruz patada de lámina de oro. Brazos ligeramente irregulares.

Está rematada en su parte superior por una anilla de sujeción formada por un alambre de oro, de sección casi circular decorado a trecho con unas incisiones paralelas, y remontado en la zona de cierre con una doble vuelta.

Dimensiones: altura 9,6 cm.; incluyendo anilla de sujeción; anchura 7,8 cm.; espesor de la chapa 4mm.; peso 10 gramos.

Dibujo de recipiente nº 4

Foto de recipiente nº 4

105 (4) Recipiente de bronce, de forma troncocónica, con pie ligeramente esbozado de pareces verticales.

El borde superior está marcado por una acanaladura a todo lo largo, interrumpida por un taladro circular situado ligeramente por debajo de esa línea. En otro extremo y a la misma altura se observan indicios de un apéndice de factura tosca. Boca ligeramente oblonga.

Dimensiones: diámetro máximo 6,8 cm.; altura 4,5 cm.; diámetro de base 2,5 cm.

Dibujo de fragmento y pisible tapa  de recipiente nº 5 Foto de fragmento de  pisible tapa  de recipiente nº 5

105 (5) Fragmento de posible tapa de recipiente de bronce.

Presenta una acanaladura a lo largo del borde similar ala de la pieza anterior, y en su parte media decoración mediante motivos calados en forma de dos círculos unidos por una línea recta, de los que sólo se conserva uno completo, Borde plano.

La pieza en forma de cúpula, remataba en un apéndice con orificio de sujeción, conservándose aún una anilla engarzada al mismo.

Probablemente formase parte, con la pieza nº 4, de un mismo elemento, como tapa de un posible incensario, según avala la similitud del diámetro resultante del desarrollo ideal de la pieza completa.

Dimensiones: altura 3,5 cm.

Esta pieza no aparece mencionada en el informe de don Severiano Ballesteros ni en la descripción o fotografía de Gómez-Moreno.

Dibujo de vástago nº 6

Foto de vástago

105 (6) Vástago de latón, incompleto de traza piriforme irregular, rematado en su extremo en botón. Sección circular.

Presenta huellas de rotura en la parte en que se uniría al testo de la pieza.

Dimensiones: longitud 4,5 cm.; diámetro máximo 1,7 cm.

En el informe de don Severiano Ballesteros se dice que “es parte de otra mayor en forma de cruz, según manifestación de don Vicente Fernández, de la que ésta era uno de los brazos, con una prolongación otro de los que faltaban como para ser encajada en alguna otra parte. En el otro extremo del fragmento que se describe, aparece la quebradura bien reciente por la que se separó del resto, perdido”.

Los objetos de bronce y latón presentaban una gran cantidad de focos de oxidación, en forma de cloruros, que además de hacer peligrar su conservación enmascaraban detalles de posibles decoraciones de las piezas.