VILLAFÁFILA EN 1506 |
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Villafáfila pertenecía al señorío de la Orden Militar de Santiago, como una encomienda hasta el siglo XIV, y desde entonces formando parte de la encomienda de Castrotorafe, pero con tierra y jurisdicción propias, de la que formaban parte los lugares de San Agustín y Revellinos y otras aldeas que se despoblaron antes de acabar el siglo XV. Desde 1467 había sido ocupada a la fuerza por el Conde de Benavente, don Rodrigo, que se la había cedido a su hermano, don Pedro Pimentel, que “la tenia tyranizada”, según testimonio de los vecinos muchos años después. La entrega de Villafáfila a don Pedro por parte del conde su hermano, fue fruto de un concierto, por el cual éste entregaba al Conde la villa de Almanza y el lugar de Pobladura, que había recibir de su primera mujer, doña Francisca de Almança: “el dicho señor don Pedro tenia y poseia la villa de Villafáfila en nonbre del conde de Benavente e al tpo que la dicha villa de Villafáfila le fue tomada por el rey nuestro señor, como maestre que es de la orden de Santiago, al dicho señor don Pedro le bolvio y retituyo los dichos lugares de Pobladura y Almança”.
Este concierto se estableció mediante escritura firmada por ambos hermanos el 30-XI-1470[1]. Los abusos e injusticias que don Pedro infería a los vecinos fueron conocidas en la corte de los Reyes Católicos gracias al informe de los visitadores de la Orden de Santiago en 1494 en el que se dicen cosa como: “Otrosy, despues de aver apregonado que todos los querellosos viniesen a quexarsenos para los remediar, y junto con esto tomamos juramento a los regidores como de uso e costunbre lo tenemos en todas las encomiendas, villas e logares, y despues de tomado este juramento nunca los juezes e regidores nos vinieron a deçir alguna cosa por miedo que tenian de don Pedro Pimentel, porque de dia ni de noche no se quitaban espias de parte de don Pedro de nuestra posada segun sospechabamos e nos desian, pues desa cavsa ninguno osaba venir e fuimos informados que, si osaran venir, querellarian grandes quexas del dicho don Pedro...; ninguno asi de los que tomamos juramento como de los otros no osaron deçir nada, diçiendo que si lo dezian que los ahorcaria y que si les tomaramos juramento que perjurarian....; porque nos pareçio que las pasiones que aquellos vasallos paresçian solo a Dios o a sus aaltezas es remediallo, y si no fuese remediado solariegos son de don Pedro los vasallos de la orden”[2].
Los Reyes Católicos habían permitido esta situación favorable al conde de Benavente por los buenos servicios que éste les había prestado durante la guerra de sucesión y durante la reconquista de Granada. En 1493, con la incorporación de las órdenes militares a la corona, los maestres eran los reyes, y la ocupación consentida de parte de los bienes de una encomienda y las quejas manifestadas por los vecinos, apelando a sus altezas para que lo remediasen, hizo que los reyes se plantearan el reintegro de Villafáfila a la encomienda de Castrotorafe. En 1496 la reina Isabel envía al comendador de Castilleja de la Cuesta, Alonso de Esquivel, uno de los visitadores de 1494, para hacer una averiguación de los vecinos y de las rentas de Villafáfila y su tierra, y de dos lugares en el reino de Granada, “Montexaque y Abenaxan de que ovimos hecho merçed al conde de Benavente”, con la intención de reintegrar a la Orden de Santiago Villafáfila y compensar al conde con esos dos lugares. La averiguación se llevó a cabo en mayo del 1497, y ese mismo año: “don Fernando de Pavía, comendador de la orden e maestrazgo de Santiago, tomo la posesion della por mano e mandado del Rey don Fernando, nuestro señor, y de la Reyna doña Ysabel, que santa gloria aya, e la entregó e dio a don Enrique de Guzmán, comendador de la encomienda de Castro cuya es esta villa”. No sólo tomo posesión de la fortalece sino también de la justicia de la villa: “don Fernando de Pavía por carta e probision del rey don Fernando e de la Reyna doña Ysabel, nuestros señores, tomo las baras de justiçia a este testigo e a Françisco Rodríguez Reyna doña Ysabel, que santa gloria aya, e la entrego e dio a don Enrique Enríquez de Guzmán, comendador de la encomienda de Castro, cuya es esta villa”. No sólo tomó posesión de la fortaleza sino también de la Mezquita, alcalde ordinario a la sazon con este testigo, e se la entrego e dio a Juan de Muélledes e a Pedro Testón a fin que ellos las aviesen por sus altezas”[3]. La nueva situación política en la villa trajo muchos cambios, no sólo en los cargos de alcaide de la fortaleza, para el que fue nombrado Françisco Traslago, hombre de confianza del comendador, y de los alcaides ordinarios; También en la influencia de ciertas familias, que, bajo el patronato de los Pimentel, se habían asentado en la villa, y había ocupado el regimiento y obtenidos privilegios, como la exención de pechos o el acceso favorable a las tierras concejiles. Ello suscitó algunas diferencias con el comendador y con sus patrocinados en 1499 hubieron de dirimir los visitadores de la Orden aquel año: “En la dicha Villafáfila fallamos çiertos debates y alteraçiones entre unos y otros, e entre algunos fidalgos e el comendador, e segun paresçio todos avian ganas de la paz, si oviera medianero, y asi se manifesto por que çiertos hazedores por el dicho comendador don Enrique e los alcaldes de la villa e otros çiertos fidalgos nos fizieron pedimiento e testimonio con çiertas protestaçiones que, pues alli ibamos con poder de vuestras altezas, tomasemos las cabsas en nuestras manos e diesemos el medio que fuese serviçio de Dios y concordia dellos; e a mayor abuncançia lo conprometieron en nuestras manos e todos en ello diferençiado llevamos a un lugar que llaman San Cebrián, en que estaba don Enrique, comendador, con el qual los concordamos e dimos entre ellos el mejor medio que podiamos e los dexamos con toda concordia”[4]. También se produjeron algunos en la situación institucional del consejo para adaptarse a la reciente condición de realengo. Para evitar pleitos entre los vecinos y facilitar un mejor ejercicio de la justicia, los Reyes Católicos nombraron desde ese año un Alcalde Mayor para los pueblos de la Orden de Santiago tenía al norte del Sistema Central, pero con residencia la mayor parte del año en Villafáfila, siguiendo las recomendaciones de los visitadores: “allende dello nos posimos en otras cosas particulares, puesto que los poderes de sus altezas nos lo prohibian, porque viendo que era su serviçio, e por no aver en la tierra persona por sus altezas que conosçiese de tales cabsas, e por no dexarlos en tanta turbaçion, puesto que ellos nos lo pedian e requerian, nos posimos a conosçer dello; parescenos, si vuestras altezas son dello servidos, bien seria mandar alguien que entendiese en la justiçia, porque los alcaldes ordinarios pocas veçes determinan, porque cosas son entre parientes”[5].
Los alcaldes mayores eran nombrados anualmente por el consejo de la orden, y tenían bajo su jurisdicción las villas y lugares que la Orden de Santiago poseía en Castilla la Vieja y en los reinos de León y Galicia, al norte del Sistema Central: “aquende los puertos” o de “los puertos aca”, según figuran en los documentos entre los que se incluían varias encomiendas y lugares: en Zamora las encomiendas de Castrotorafe, de Villafáfila y de Porto, la encomienda de Peñausende; la encomienda de Destriana de la Valduerna en León; la encomienda de la Barra y Valle de Courel en Galicia; en Salamanca, la encomienda de Barruecopardo con Saucelle y Vilvestre, y la villa de Peralejo de Abajo; en Valladolid, la encomienda de Castroverde del Cerrato, Piñel de Abajo, Pozuelo de la Orden y Villalar; y la localidad de Guaza de Campos en Palencia. Aunque tenía obligación de visitar todos ellos durante su mandato, la posesión del cargo y la residencia que se tomaba al finalizar su oficio, se realizaban en Villafáfila, pues era la villa donde más tiempo pasaba. El concejo tuvo que solicitar del Consejo de la Orden que dieran una provisión para que el alcalde Mayor sólo estuviera cuatro meses en Villafáfila, y el resto lo distribuyera entre los otros pueblos del partido, porque la presencia y actuaciones del alcalde mayor de modo permanente en la villa creaba conflictos de competencias con los alcaldes ordinarios y el regimiento, además de ser gravoso para sus arcas. Aún en 1519 el alcalde mayor residía la mayor parte del tiempo en ella como se comunica en un escrito al Consejo: “los alcaldes del dicho partido residen la mayor parte del año en la villa de Villafáfila, que esta en la mas çerca de las comarcas de los otros lugares del partido”[6]. Aunque el cargo era de duración anual, varias veces se produce una prórroga en el mandato, como el caso de Rodrigo de Figueroa que fue nombrado en 1505 y permaneció en el oficio hasta 1508. Como era un oficio de justicia se nombraba a un bachiller o un licenciado en leyes para su desempeño, y para orientarlo en sus funciones y limitaciones, junto a la cédula de nombramiento, se le entregaban unos “Capítulos”, que debían cumplir, una copia de los cuales, fechada en el año 1507, se encontraba en el arca del concejo de Villafáfila. La justicia ordinaria estaba al cargo de dos alcaldes elegidos anualmente por el concejo, el día de San Juan, que juzgaban en primera instancia los pleitos “ansi çibiles como creminales”, y el regimiento estaba formado por cuatro regidores, dos por cada estado, noble y general. Desde el siglo XVI solo los alcaldes y regidores salientes elegían a dos personas para cada cargo de justicia y regimiento, y a continuación en concejo público se mantenían unas cédulas con los nombres de los propuestos en un cántaro y un niño extraía las papeletas de los que correspondía ejercer los cargos del año siguiente. Para ayuda de la gobernación del municipio o para la redacción de ordenanzas se elegían anualmente diez “personas deputadas”, los llamados diezes. Además, había un procurador del concejo, encargado de representar al mismo en los pleitos y de cobrar las rentas de los propios y hacer los libramientos de los gastos. Durante estos años los dos alcaldes solían pertenecer al estado de los buenos hombres pecheros, pero hacia 1527 los hidalgos obtuvieron provisión del Consejo de Órdenes, para el reparto de las alcaldías entre ambos estados. Durante la ocupación de don Pedro Pimentel, los cargos de justicia y regimiento serían nombrados por él o tendrían que contar con su aprobación, y ante la nueva situación el concejo pidió a sus altezas que se aplicase en Villafáfila lo que estipulaban las leyes capitulares de la orden para estos casos y en febrero de 1502, el concejo recibe una Provisión Real del Consejo de la Órdenes, por la cual: “Don Fernando y Doña Isabel por la graçia de Dios Rrey e Rreyna de Castilla etc., administradores perpetuos de la Orden de la caballeria de Santiago por abtoridad apostolica , a vos el conçejo, alcaldes, regidores e ofiçiales e homes buenos de la villa de Villafáfila salud e gracia”. Se inserta la Ley Capitular que habla acerca del regimiento, aprobada por la Orden, a principios del siglo XV, y contra la provisión: “E agora en el nro consejo de la dicha horden fue vista una petiçion que por vra parte nos fue dada, por la qual nos suplicays e pedis por merçed mandasemos que la dicha ley fuese guardada en esa dicha villa o probeyesemos çerca dello, como a la nra merçed fuese, e nos, con acuerdo del dicho nro consejo, tobimoslo por bien que por vos mandaºs que bedescaes dicha ley capitular que de suso ba encorporada e la guardades e cunplades e fagades guardar e conplir en todo, e por todo segund e por la forma e manera que en ella se contiene, e contra el thenor e forma de lo en ella contenydo bayais ny paseis ny consintais yr ny pasar agora ny en tiempo alguno ny por alguna manera so pena de la nra merçed e de diez myll mrs a cada uno que lo contrario hiziere”.
Además, emplaza al concejo para que se presente algún representante suyo ante los reyes donde quiera que se encontrara la Corte: “e demas mandamos al ome que vos esta carta mostrare que vos enplaze que parezcades ante nos en la nra corte do quyer que nos seamos, del dia que vos enplazare fasta quynze dias primeros siguyentes, so la dicha pena, so la qual mandamos a qualquyer escribano publico que para esto fuere llamado, que de ende al que la mostrare testimonio sygnado con su sygno, porque nos sepamos como se cunple nro mandado”[7]. “sabra vuesta alteza como los visitadores mandaron al dicho conçejo desta dicha villa de Villafáfila que fiziese una casa de consistorio para ayuntarse en ella e la dicha villa esta muy nesçesitada e tiene harto que hazer en reparar la cerca e puertas de la dicha villa que le esta mandado e suplicaron a sus altezas manden que no se haga la dicha casa e por ello no mandaron de aqui al dia de todos los Santos proximo que viene deste presente año de mill e incurran en la pena que los visitadores les pusieron, en el dicho capitulo. Visto el capitulo de la dicha vesitaçion probeyeron en ello e mandaron al dicho conçejo que tenga e cunpla con lo que los dichos visitadores quinientos e dos años”[8].
Por lo menos desde el siglo XII la villa contaba con una fortaleza y una cerca de tapial rodeando el núcleo urbano primigenio, cuyo estado era una de las atenciones principales de los visitadores de la orden. En la visitación de 1499 el estado de la cerca era de gran deterioro: “vesitamos los muros de la dicha villa los quales son todos de tierra e todos aportillados agora nuevamente en agunos de ellos ha hecho en los portillos una tapia en alto el conçejo”. Pero a pesar de mandar que se repararan por parte del concejo, en 1503 seguían en la misma situación: “los muros desta villa son echos de tapia e tierra e estan todos muy caidos e en algunas partes el conçejo ha hecho algunos portillos de una tapia en alto”. En similar estado encontraron la fortaleza, situada en uno de los ángulos del recinto: “Vesitamos la fortaleza desta villa en la qual fallamos por alcaide a Fco de Treslago que esta puesto por don Enrique comendador de Castrotorafe, es toda de tierra e tiene pocas defensiones segun paresçe y una casa y ciertos baluartes derribados salvo un aposento donde esta el alcaide, por parte del dicho comendador nos fue presentada una probision de s.a. que manda que hubiesemos informaçion de lo que esta derribado de la dicha fortaleza y cuando e por que parte fue derribado o se cayo o a cuyo cargo fue de la fazer la qual dicha informaçion feçimos e la dimos cerrada e sellada al mayordomo del comendador para que la viniese a sus altezas para que hagan lo que fuere a serviçio de Dios y suyo”[9]. En 1503, fallece el comendador don Enrique Enríquez de Guzmán, y se nombró comendador de Castrotorafe a don Sancho de Castilla, pero corto debió de ser su mandato, pues en 1506 era comendador Don Alonso de Aragón, Duque de Villahermosa, y primo del rey Católico, que hizo renuncia de la encomienda antes de partir para Nápoles, en compañía del arzobispo de Zaragoza, por mandado del rey.
Por lo tanto, durante la estancia de éste en la villa, la encomienda estaba vacante, cosa que no debió de pasar desapercibida a Fernando, que hizo provisión de la misma en favor de Don Fernando de Vega, señor de Grajal, uno de los pocos nobles castellanos, que le habían permanecido fieles esos aciagos días y que le había prestado buenos servicios durante la crisis sucesoria. Durante su estancia en la villa de Tordesillas, el día primero de julio, coincidiendo la fecha con la publicación del manifiesto a los pueblos, en los que Fernando exponía su visión de la Concordia, el rey nombra caballero del hábito de Santiago a Fernando de Vega, al que por sus servicios los pasados días, cuando fue enviado a negociar los términos del acuerdo a La Coruña, nombrará “presydente e logarthenyente general de la horden de Santiago Yo el Rey, admynistrador perpetuo de la horden de la caballeria de Santiago por avtoridad apostolica fago saber a vos don Diego de Mendoça, conde de Mélito, comendador de Usagre, que Fernando de Vega me fizo relaçion que su proposyto e voluntad es de ser en la dicha horden e bevyr en la oservançia e so la regla e deçeplina della, por devoçion que tiene al bienaventurado apostol, señor Santiago, suplicandome lo mandadse admetyr al abito e profesyon de la dicha horden e yo acatando su devoçion e meritos, e los servyçios que nos a fecho e se espera que daquy adelante fara a my e a la dicha horden, tovelo por bien e por la presente vos nonbro e deputo e doy poder e facultad para que en my nonbre e por my avtoridad vos, juntamente con otros algunos comendadores o cavalleros de la dicha horden podays armar e armades cavallero della al dicho Fernando de Vega con los autos e çerymonias que en tal caso se acostunbra a faser y ansy por vos armado cavallero mando a Fracº Martínez Villón, my capellan, frayle de la dicha horden que le de el abito y ensenya della con las bendiçiones e segund e como lo dispone la dicha regla. De lo qual le mande dar e di esta my carta fyrmada de my nonbre e sellada con el sello de la dicha horden en la dicha villa de Tordesyllas a primero dia de mes de julio año de mill e quynientos e seys años”. El día siguiente fue armado caballero en la iglesia del monasterio turresillano de Santa Clara por el conde de Mélito: “En Tordesyllas, dos dias del mes de julio de quynientos e seys años, en la yglesia e monasterio de Santa Clara, por vertud desta provisyon, armo cavallero don Diego de Mendoça a Fernando de Vega, e luego yo Francº Martínez Vellón le di el abito e le tome la profesyon... en presençia de don Diego de Mendoça, comendador de Usagre, e de Gutierre Gómez de Fuensalida, comendador de la Benbrilla, e de Fernando de Quesada, cavallero de la dicha horden”. Una vez tomado el hábito de caballero de Santiago el rey dispone que se le haga provisión de la encomienda de Castrotorafe: “Don Fernando etc., a vos Fracº Martínez Villón, my capellan, sepades que la encomyenda de Castrotorafe, que es de la dicha horden, al presente esta vaca por renunçiaçion que, pura e sinplemente, fizo della don Alonso de Aragón, duque de Villafermosa, ultimo comendador e posedor que fue de la dicha encomyenda, en manos de la persona, que para reçibir la dicha renunçiaçion, tovo de my poder e facultad, e a my, como admymystrador suso dicho, pertenesçe la provysyon de la dicha encomyenda; por ende, acatando los seviçios que Fernando de Vega, cavallero de la dicha horden, a fecho a my e a ella e se espera que hara de aquy adelante, por esta my carta lo nonbro para que sea proveydo de la dicha encomyenda ... con todos sus anejos e pertenençias ... e le doy poder e facultad para que el, o quien su poder oviere, pueda tener e aprehender la posysyon real atual, velcasy, de la dicha enconyenda de Castrotorafe, e mando a los conçejos, alcaldes, regydores, ofiçiales e omes buenos de la dicha villa de Castrotorafe e de las otras villas e lugares de su encomyenda ... que lo ayan e tengan como tal comendador de la dicha encomyenda, e como a tal le onrren e acaten en aquellas cosas que los estableçimyentos de la dicha horden disponen, e que le guarden e fagan guardar todas las honrras e merçedes e franquezas e libertades, prevyllegios, prerrogatyvas ..., que por razon de la dicha encomyenda debe aber e gozar”. En la misma Carta de Provisión nombra a Luis de Barrio, vecino de Villafáfila como depositario de la media annata de la encomienda, es decir, de la mitad de los frutos y rentas que debía cobrar el comendador durante los dos primeros años de su cargo, para ser empleados en reparaciones y mejoras de las fortalezas y propiedades de la encomienda: “e porque segund bula apostolica e estableçymyentos de la dicha horden, la mytad de los frutos e rentas de la dicha encomyenda de los primeros dos años, quando della es proveydo qyalquyer comendador, contando desde el dia de la vacaçion, an de ser gastados e convertidos en las obras e reparos e mejoramyento de las casas e heredades e myenbros de la dicha encomyenda, e segund el dicho estableçymyento yo soy obligado a nonbrar persona que cobre e reçiba e gaste la dicha mitad de frutos, e por la presente nonbro e diputo para ello a Luys de Barrio, vezino de la villa de Villafáfila, al qual doy poder conplido para que pueda coger e recabdar la dicha mitad de frutos e rentas de la dicha encomyenda de los dichos dos años e le mando que los gaste e destribuya en las dichas labores e reparos e mejoramientos, con acuerdo e presençia de dicho comendador o de quyen su poder ovyere e mando a Fernando de Vega que luego que fuere proveydo de la dicha encomyenda lo faga saber al dicho deposytario e le de traslado avtorizado desta mi carta para que pueda cobrar e gastar la dicha mytad de frutos como dicho es ... Dada en la villa de Tordesyllas a dos dias del mes de jullio de myl e quynºs e seys años. Yo el Rey. Miguel Pérez de Almaçan secretario del rey mi señor la fize escrebir por mandado de su alteza”.
El nombramiento para el cargo de colector de la media annata de la encomienda, de Luis de Barrio, vecino de Villafáfila, sólo se puede entender suponiendo conocimiento del mismo por parte de Su Alteza, o del mismo Fernando de Vega, o a que ya hubiera sido depositario de esta cobranza a la muerte de don Enrique Enríquez, en 1503. Este conocimiento se tuvo que producir los días anteriores, durante la estancia del rey en Villafáfila, bien porque posara en su casa, que estaba junto a la iglesia de San Martín, donde se firmó la concordia, o por que en ella se hospedara Fernando de Vega, pues Luis de Barrio era uno de los principales hidalgos de la villa.
Acto seguido don Fernando de Vega otorga una carta de poder en favor de Álvaro Vázquez Noguerol, vecino de la villa Grajal: “para que en my nonbre podades tomar e tomedes la posesyon de la fortaleza e villa e lugares de la dicha encomyenda de Castrotorafe e podais requerir al alcaide que tiene la dicha fortaleza e a las otras personas que tienen las villas y lugares de la dicha encomyenda que lo dexen libre e desenbargado e podades ... poner justiçias alcaldes e alguaziles mayores e mayordomos e tros ofiçiales en todas las villas e lugares de la dicha encomyenda e quitar los que estan puestos”. El día 20 de julio estando reunido el concejo de Villafáfila, llamados a son de campana tañida, en la posada del señor Bachiller Rodrigo de Figueroa, alcalde mayor, estando presentes el dicho alcalde mayor y los alcaldes ordinarios, regidores, procurador y otros muchos vecinos, se presentó Álvaro Vázquez como alcaide de la villa y fortaleza de Castrotorafe, en nombre del comendador Fernando de Vega, y exhibió las cartas de provisión del rey y las de poder que traía, ante el concejo. Después de leídas, tomaron la carta de provisión en sus manos y dijeron que la obedecían, luego las besaron y las pusieron sobre sus cabezas en señal de acatamiento y reverencia. El alcalde mayor tomó y recibió juramento del alcaide de Castrotorafe por Dios y Santa María en nombre del comendador: “en anyma de dicho señor Fernando de Vega comendador que el dicho señor Fernando de Vega comendador, guardaria los previllejos e todos los buenos husos e costunbres que esta dicha villa de Villafáfila tiene e que si ansy lo fiziese que Dios le ayudase en este mundo al cuerpo e en el otro al anyma donde mas avia de durar e sy lo contrario fiziese que se lo demandase”. Después de haber jurado respetar los usos y costumbres de la villa, los alcaldes y regidores y el procurador entregaron: “la posysyon desta villa de Villafáfila y su tierra... e el dicho Álvaro Vázquez en señal de posysyon anduvo por la plaça e calles desta dicha villa e entro en la fortaleza de la dicha villa e anduvo por ella e abrio e çerro la puerta que esta a la entrada della”. Aunque la titularidad de la encomienda era de Castrotorafe, en esa época Villafáfila era la villa de más calidad de la misma, pues Castrotorafe estaba en proceso de despoblación desde el siglo XV: “vesitamos la villa en la qual cabrían bien si poblada estoviese cuatroçientos vesinos mas o menos aunque a la sazon no hay mas que quinze vesinos en ella”. Por eso, antes de tomar posesión de la fortaleza y villa de Castro, el alcaide vino a tomar la de Villafáfila, donde residía la mayor parte del año el alcalde mayor: “el dicho Alvaro Vázquez Noguerol alcaide pidio al dicho señor alcalde mayor que, por que tenya nesçesidad de las dichas escrituras oregynales, para mostrar e presentar en la dicha villa de Castrotorafe e tomar la posysyon della”. Antes de abandonar Villafáfila dejó dado su poder a Martín de Barrio, para representar al comendador en todos los pleitos y causas que fuere menester. Martín era hermano de Luis de Barrio, en cuyas casas se encontraba el alcaide, que había sido nombrado depositario de la media annata por el rey don Fernando[10]. Pocos meses después de la muerte del rey Felipe I, por mediación de Cisneros, Fernando intenta atraerse a los nobles que, durante el breve reinado del Habsburgo, más se habían destacado por la animadversión al rey Católico, como era el Conde de Benavente Conociendo el interés de los Pimentel por Villafáfila y toda la encomienda de Castro, a la que probablemente aspiraba don Alonso a la muerte del comendador don Enrique en 1503, pero para la que no fue proveído, aumentando los motivos de resentimiento contra el rey Católico, éste intenta que vuelva a su amistad o al menos a apartarlo de su inquina, proponiéndole su nombramiento como comendador. El día 12 de mayo de 1507 los señores don Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo y don Bernaldino Fernández de Velasco, condestable de Castilla, envían una carta de seguro al Conde de Benavente en la que le prometen, en nombre de la reina doña Juana y del rey don Fernando, que se hallaba ausente de estos reinos, consolidando su posición en Nápoles, que en el plazo de cien días a partir de entonces, se le hará merced de la encomienda de Castrotorafe y otras concesiones relativas a las ferias de Villalón, así como el compromiso de respetar las mercedes que le había concedido el rey Felipe a él y a otros nobles de su partido, como don Juan Manuel, el duque de Nájera, e.: “para que ayais de ser et mostraros servidor de Sus Altezas”. Pero no fue necesario esperar tanto tiempo, pues el día 31 don Fernando de Vega, que además de comendador de Castrotorafe era gobernador de toda la Orden de Santiago, en nombre de don Fernando, mientras se éste hallaba ausente, envió una carta a Nápoles a decir al rey, que, por algunas justas causas que a ello le movían, era su voluntad, sin mediar engaño, dolo o soborno, renunciar a su encomienda de Castrotorafe, seguramente siguiendo una indicación en este sentido del rey. La renuncia la hace efectiva el día 27 de junio en manos de Juan Sánchez de Granada, fraile de la Orden, y el día 4 de julio se expide una cédula en favor de don Alonso Pimentel, 5º conde de Benavente, haciéndole provisión de la encomienda de Castrotorafe. Recibió la cédula de nombramiento estando el conde en la ermita de la Cruz, extramuros de Benavente, y ese mismo día se nombra a Luis de Barrio, vecino de Villafáfila, y uno de los hidalgos que estaban en la esfera de influencia de los Pimentel, para cobrar y gastar la mitad de las rentas de la encomienda (la media annata), de los dos primeros años, para reparos en la encomienda. También ese mismo día el conde da poder al Licenciado Alonso de Mercado, alcalde mayor de Benavente, y a Portocarrero, para ir a recibir la fortaleza de Castrotorafe. El día siete de julio toman posesión de la fortaleza de Castro, de la que nombran alcaide a Alonso de Porras, vecino de Zamora[11]. La población de Villafáfila a principios del siglo XVI se puede conocer por diversas fuentes, con gran disparidad en cuanto a cifras y en cuanto a fiabilidad. Los datos más precisos son los que se deducen del padrón de 1497[12], mandados realizar por la reina Isabel, con relación nominal de los vecinos por parroquias y estados, en la villa y en las dos aldeas. El resultado de la averiguación es el siguiente:
Posiblemente se ha infravalorado el número de clérigos, pues en San Agustín no figura ninguno, y en Villafáfila sólo seis, cuando había siete parroquias con sus correspondientes párrocos y habría en la villa algún otro clérigo con beneficios o capellanías. No podemos saber si en el resto de los estados se aplicarían criterios rigurosos a la hora de la inclusión en el padrón, por lo que los datos obtenidos habría que revisarlos ligeramente al alza. En 1501 los visitadores de la Orden de Santiago informan de que “Ay en esta villa e sus aldeas tresçientos y çincuenta o quatroçientos vezinos”, que parecen concordar con los anteriores datos, pero en 1508 la cifra que dan “Ay en la villa de Villafáfila dosçientos e veinte vasallos” parece referirse sólo a los pecheros de villa. En una declaración de testigos en 1510 un regidor dice que habrá en la villa y tierra “tresçientos e tres vezinos pecheros dos mas o dos menos”, casi veinticinco menos que en el padrón de 1497. Al tratarse se un pleito para decidir la cantidad de maravedies que le corresponden a la villa en el servicio real, es posible que los datos estén infravalorados. Durante esos años tuvo lugar una mortandad general en estos reinos “las pestilençias e esterelidad que ha avydo en estos reignos despues aca”, de 1506 a 1508, que obligaron a aplazar el cobro del servicio real de cien cuentos de mrs. que aprobaron las cortes de Valladolid en 1506, según lo manifiesta una Provisión Real firmada de la reina doña Juana en 1510: “yo he mandado que sobreseyesen el repartimyento del dicho serviçio porque los subditos e naturales destos mis reignos no resçibiesen fatiga en la paga del”, A las malas cosechas desde 1506, causada por una “grad seca”, que se compensaron con la buena cosecha de 1509: “agora viendo como Dios Nro Señor por su ynfinita bondad a dado buenos tenporales en estos reignos”, manda repartir los cien millones de maravedies en los años 1510 y 1511. Los efectos de la peste se dejaron sentir en Villafáfila en el año 1507, que quedó marcado en la memoria de los vecinos como “el año de la pestilençia”, recordado así todavía en 1524[13].
En 1515 los visitadores recogen un total de 431 vecinos, que se podía aproximar a las cifras verdaderas porque “se averiguaron por juramento de los alcaldes e regidores”, de los que 300 son de la villa, sesenta y seis de San Agustín y sesenta y cinco de Revellinos. Lo que representa un ligero crecimiento del 0,43% anual, desde 1497, a pesar de las crisis de mortalidad de 1506-1507[14]. La situación económica de la villa esos años era de expansión, a pesar de que en 1506 la cosecha fue muy escasa, pero el año de 1505 había sido muy abundante. La villa había experimentando en la segunda mitad del siglo XV un crecimiento económico, cuya noticia trascendía a las comarcas cercanas: “Juan Gómez veçino de Valcavado dixo que sabe que los veçinos de la villa de Villafáfila algunos dellos que son muy mas ricos e mas fazendados que no los de la villa de Alixa e su tierra e lo sabe porque este testigo trato en la villa de Villafáfila puede haber quarenta años poco mas o menos [ 1470 ] e conoçio honbres en la dicha villa que uno dellos podiera conprar la fazienda de dos vºs los mas ricos de la villa de Alixa e que cree que agora estan mas ricos que no entonçes porque es tierra de mas labrança e mas esenta que no la dicha villa de Alixa”[15]. La estructura socioeconómica de los vecinos de la villa no la conocemos con detalle; sabemos que los vecinos más ricos eran pocos, sin contar los clérigos, que formaban el estamento de rentas más crecidas, y el arcipreste de Villafáfila era el hombre más rico de la villa, pues en 1499 había comprado una heredad de más de 400 cargas de tierra al monasterio de Sahagún: “e luego mandaron a los alcaldes e regidores que le diesen memorial con justiçia de las personas abonadas en la dicha villa para tener caballos e armas y que sean abonados en quantia de çincuenta mill mrs. asi hidalgos como pecheros que son los siguientes”, y se relacionan cinco hidalgos y seis pecheros en la villa y dos en Revellinos, en el año 1503 y los dichos visitadores dieron mandamiento para:
“que los susodichos tengan armas e caballos hasta el dia de San Miguel, a punto de guerra, so pena de cada 10.000 mrs para la camara de sus altezas”. En 1515 se citan diecisiete “quantiosos”, en la villa, ocho en Revellinos y uno en San Agustín, por lo que parece que se había producido una mejora en la situación de los vecinos[16]. En esos años surgieron algunos conflictos sobre la forma de pechar, y como en otras disputas entre vecinos, se recurrió al Consejo de la Orden por parte de los vecinos de San Agustín, para que proveyera, y desde Toledo en 1503 envían una Provisión Real para que se cumpla la ley capitular correspondiente[17]. Otro tanto ocurrió con la distribución de la cantidad del servicio real de 1500, repartido por los Reyes Católicos, para pagar las dotes de las infantas, sus hijas, conocido como “el serviçio de las camisas de las señoras ynfantas” entre las villas de Villafáfila, Távara y Alija, que en la relación de la provincia de Zamora venían juntas “a las villas de Villafáfila e su tierra e de Távara e la suya e de los otros logares que son de don Pedro”. Las diferencias ocasionaron que los recaudadores embargaran ciertos bienes del concejo de Távara, por las deudas del de Villafáfila, y los Reyes Católicos deben enviar otra Provisión Real desde Medina en 1504, para que cada villa pagara lo que le correspondía y no se embargara a Távara por lo que toca pagar a Villafáfila[18]. Los hidalgos estaban exentos del pago de los pechos y de los repartimientos del servicio real, pero acudían a las campañas bélicas promovidas por los Reyes Católicos. Así conocemos la intervención de algunos de ellos en la Guerra de Granada, acompañando a don Pedro Pimentel y al conde de Benavente, y su participación en la defensa de Perpiñan en 1503 incluso conocemos el fallecimiento de un hidalgo, García Barrio, en la batalla de Ravena (Italia) en 1512. El estamento eclesiástico estaba formado por los siete curas de las parroquias de la villa, y algún otro clérigo que residía en ella, como el cura de San Martín de Castrotorafe y algunos capellanes, como el de la capilla de San Antonio Abad.
“Informaronse los visitadores de las iglesias que ay en la villa y de los benefiçios por quien son presentados e ovieron la informaçion siguiente: En San Pedro esta por benefiçiado Lope Ferrández por presentaçion de los feligreses y collaçion del arçediano del Páramo San Juan, el arçipreste, es de presentaçion y collacion del dicho arçiprestazgo Santa Mª del Moral, Álvaro de Mansilla, es de presentar del monasterio de San Pedro de Eslonza y de colar del arcediano del Páramo San Martín Juan de Balboa?, de presentar y colar del obispo de Astorga San Andrés, Juan de la Cámara, es de presentar de los feligreses y colación del arcediano del Páramo Santa Marta, Antonio de Robles, es de presentar de los feligreses y colación del arcediano del Páramo Santa María de San Agustín, Luis de Paris, es de presentar de los feligreses y colación del arcediano del Páramo Santo Tomé de Revellinos, Gabriel de Losada, de presentación del Monasterio de Eslonza Diose mandamiento que todos estos benefiçiados hasta San Miguel de Setienbre presenten al conçejo liçençia de sus altezas para poseer, e no la presentando, mandaron a los conçejos no les consientan usar de los benefiçios que pongan clerigos aprobados y no les acudan con las rentas hasta que sus altezas probean lo que fuere sus serviçio, apelaron este mandamiento los benefiçiados e los visitadores les denegaron la apelaçion e mandaron a los conçejos que de aqui adelante pongan capellanes e sirvan los benefiçios e depositen las rentas”. Los curas tuvieron que recurrir ante la Corte donde ganaron Provisión Real de Sus Altezas para que pudieran gozar libremente de sus beneficios sin intromisión de los visitadores de la orden ni de ninguna otra persona: “presentaron los curas de las dichas iglesias una probisión del consejo de la orden por la qual paresçe ser de los parroquianos de las dichas iglesias el presentar y de probeer del obispo de Astorga, segun en la probisión mas largamente se contiene, fecha en la villa de Medina del Campo a çinco días del mes de enero año del nasçimiento de n.s.J. de mil e quinientos e cuatro años”[19]. Además de las rentas que les proporcionaban los beneficios, eran poseedores de patrimonios personales de tierras, viñas, casas, ganados y salinas que explotaban por medio de sus criados. La economía de la villa giraba en torno al cultivo de cereales y viñedo, a la ganadería lanar y a las salinas, siendo complementada con un sector artesanal y comercial de ámbito comarcal. Los labradores cultivaban con el sistema de año y vez, trigo, cebada y en menor medida centeno, en sus propias tierras o en los quiñones concejiles que se les asignaba para toda la vida y de la viuda, procedentes de la roturación de los términos de los antiguos despoblados y de la Loma. Asimismo, arrendaban algunos términos vecinos que habían permanecido en adil muchos años, como San Pedro de Muélledes u Oterino, actualmente en Villarrín. Ese año de 1506 fue uno de los más estériles por la falta de agua y la cosecha fue muy escasa, según se recoge en el testimonio de los arrendatarios de la heredad del comendador, para justificar la falta de pago de la renta: “por la falta de agua e seca e esterelidad del año, que Dios por nuestros pecados nos quiso dar, no se cogio aun apenas la mytad de la symyente, ny aun allego a la mytad de la symyente, e asy no huvo de lo que se cojio para pagar la simyente e barbechos”[20]. El viñedo conservaba una relativa importancia desde la Edad Media, produciéndose vino destinado principalmente al consumo local y en menor cuantía a la exportación hacia Astorga y otros lugares. También se mencionan otras producciones menores de garbanzos, y las procedentes de los huertos situados en los alrededores de la villa, algunos de cierta extensión que reciben el nombre de josas. El ganado lanar se hallaba en franca progresión, lo que motivaba disputas con los dueños de tierras y viñas, y conflictos con los términos vecinos, sobre todo con el monasterio de Moreruela por el uso del monte de La Tabla y el paso de sus ganados a salgarse a las lagunas. Los mayores propietarios de ovejas de la villa y tierra sacaban todos los años a invernar sus rebaños a los montes y dehesas del otro lado del río Esla, o al monte de Castronuevo o la Dehesa de Salinas. El comercio de la lana se realizaba con mercaderes de Burgos, de Rioseco, etc., que solían hacer obligaciones en febrero y marzo, aprovechándose de las necesidades de los ganaderos, a precios más bajos que los que corrían en mayo y junio. La producción de sal en las salinas de Villafáfila estaba en franca regresión desde el siglo XIV, pero aún se mantenían productivas trece o catorce cabañas de hacer sal, con la que se abastecía la ciudad de Zamora y los lugares entre el Duero, el Valderaduey y Portugal. No sólo eran una fuente de ingresos para los productores, sino que de ellas emanaban una serie de impuestos, como las alvalerías o las alcabalas que estaban enajenadas al comendador, las primeras y al Conde de Benavente estas últimas. Las principales quejas de los salmenteros de principios del XVI eran causadas por la introducción de sal de contrabando procedente del reino de Portugal, que arruinaba la producción de Villafáfila[21]. Además, en la villa desarrollaban sus oficios algunos artesanos, como tejedores, herreros, emperailes, curtidores, zapateros y sastres que servían una demanda local y comarcal. A su mercado acudían vecinos de la villa, las dos aldeas de la tierra: San Agustín y Revellinos, y de fuera de la jurisdicción, como Otero, Salinas, Valle, Vidayanes, Villanueva la Seca, etc., en el que adquirían los suministros necesarios, como víveres, tejas, sal, y otros productos. Algunos de los mercaderes eran judíos conversos como el caso de Francisco Arias, citado como cristiano nuevo, que tenía su asiento el la plaza de la villa. Asimismo, ejercían dos escribanos de número o notarios públicos, un médico, un cirujano y un boticario. El concejo arrendaba anualmente la carnicería y la abacería a los mejores postores, recayendo gran parte de la carga impositiva de las alcabalas en estos oficios. Tememos noticias de algunos vecinos que se dedicaban al comercio “trato”, del ganado, tanto de ovejas como de labranza, y de granos, acudiendo a las principales ferias del reino: Medina, Villalón, Benavente, Mansilla, etc.; para lo que muchas veces tenían que recurrir a préstamos encubiertos de algunos vecinos de las ciudades cercanas, a intereses a veces usurarios, que en situaciones de adversidad les provocaban la ruina. No faltaban los pobres, tanto naturales como forasteros, excluidos del sistema productivo, y dedicados a la mendicidad. Cuando estaban enfermos, o eran transeúntes se podían acoger a la hospitalidad de las cofradías y hospitales que había en la villa. Así, a principios del siglo XVI, conocemos el hospital de San Pedro, “el dicho hospital que es de una cofradía de vezinos de la villa”; la ermita de la Vera Cruz, perteneciente a la cofradía de ese nombre, que tenía dependencias anejas para recibir a pobres; el hospital de San Juan; y la ermita de Nuestra Señora de Villarigo, antigua iglesia de una aldea, situada en la vereda de Toro a Benavente, que mantenía estas funciones de hospitalidad. Así sería la villa que dio posada el rey Católico en los días más aciagos de su reinado, cuando salió derrotado en la pugna por el poder de Castilla por su yerno, el joven rey Felipe, que parecía tener una vida por delante. La disposición de los vasallos hacia su señor, pues era el maestre de la Orden de Santiago no la conocemos por la ausencia de testimonio coetáneos, pero la huella de su presencia dejó buen recuerdo entre los vecinos, que en 1510 y aún en años tan lejanos como 1543, lo seguían considerando el libertador de la tiranía a la que el Conde de Benavente y don Pedro Pimentel tenían sometida la villa[22]. Autor:
Fotografías: Elías Rodríguez Rodríguez. José Luis Domínguez.
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