REAL FÁBRICA DE SALITRE DE VILLAFÁFILA

1794 - 1817

 

 

 

 

Comprobado el fracaso de los experimentos de los fabricantes particulares, y ante la existencia de una infraestructura montada en Villafáfila por Silvano, y las deudas de éste con la Real Hacienda, de muy difícil reintegro por la viuda, el Administrador de Zamora, Juan García de Bujanda, llega a proponer que la propia Real Hacienda se haga cargo de la fábrica y comienza la fabricación de salitre por cuenta del Estado.

Los Directores Generales aprueban la compra de la fábrica y su mantenimiento a cuenta de la Real Hacienda, haciéndose cargo de su administración interinamente el propio Bujanda y el contador de rentas de Zamora, Manuel de Húmara. En cuanto al manejo de los caudales necesarios para su funcionamiento cotidiano cada semana se alternan en ir a Villafáfila llevando consigo las cantidades de dinero que estimaban convenientes.

Desde Madrid envían a un experto en los procesos de fabricación de salitre, don Manuel de Herranz, para que vaya a reconocer la fábrica y sitios de tendido y deje dadas instrucciones técnicas precisas para su nueva puesta en funcionamiento, obteniendo la máxima rentabilidad posible a la inversión. Llega a Villafáfila en agosto, procedente de Palencia, acompañado de tres manchegos buenos conocedores de las técnicas salitreras, seguramente de la villa de Tembleque, donde había una Real Fábrica de Salitres establecida desde años atrás.

Herranz deja dadas instrucciones a Manuel Badallo, antiguo fabricante particular, que permanece unos meses en la villa como maestro de fabricación, sobre la forma de labrar el salitre y  manda que se paguen los salarios de los peones a 4 reales y la carga de leña a 12 mrs.

En septiembre se procede a la realización de algunas obras en la fábrica vieja como componer el horno, quitando los barros que había en el medio de la factoría y estorbaban para el llenado de las calderas y se traen unas coladeras de Zamora, “propias que fueron de la fabrica de Lombard”, un fabricante particular de la ciudad de origen francés, que había dado en quiebra, dejando una deuda considerable con la Real Hacienda. Ese mismo mes ya funcionaba la fábrica vieja y había 20 operarios en ella. Se empiezan a comprar pertrechos y a hacer acopio de leña y de juncos como combustible.

Bujanda en un informe muy optimista que envía a Madrid expone que se han de evitar los gastos excesivos y que las obras que hayan de hacerse en “este nuevo establecimiento”, como lo denomina,  han de ser:

una cosa muy rural no parándonos en edificios que, después de la poca utilidad que traen, causan gastos escesibos, pues en el pueblo de Villafáfila se puede construir mucho salitre sin más gastos que los ynstrumentos o pertrechos y lo que cuesten los brazos, lo que, ynconparablemente, es mucho mas barato en este Pueblo, pues un cabador, o peón del campo está todo el dia trabajando por el miserable jornal de 21 quartos, la paja es mui barata, los juncos que en el dia de oy se pueden hacer un acopio, aunque sean de 40 carros, sin que tengan mas coste que guadañarlos y conducirlos a la fábrica

Plano-proyecto de construcción de una factoria de producción de sal en Villafáfila, durante el intento de reabilitar las antiguas sanlinas en 1767

Pero ya el 16 de septiembre de 1794 Bujanda apunta la necesidad de proceder a un ensanche del establecimiento:

 “la situacion de la fabrica antigua, limitado de su terreno, y necesidad urgente que tiene de su mayor ensanche, ... que en el dia ya no se pueden manejar en la misma fábrica, pues por lo pequeño del terreno, si abían de trabajar quatro carros, no pueden mas que dos”.

Además, la mucha cantidad de leña y de juncos que se están trayendo a la fábrica hacen necesario la ocupación de terrenos para su almacenamiento y para trabajar con más comodidad y evitar el agobio de tener casas de vecinos pegadas a la edificación, propone la adquisición de éstas y aprovecharse asimismo de varios terrenos vecinales, entre otros de una Laguna que se hallaba cercana:

“es menester yncluir en la fábrica por su ynmediación tres cortinas, ... y además unas casucas que se hallan contiguas o en la misma fábrica, todo lo que podrá costar poco dinero, y con esto se forma un término redondo y en el que se yncluye uno del común, cuasi tan grande como todo esto, que se llama la Laguna, y que en él se ha empezado a echar tierra por orden de don Manuel Herranz, y se está formando un famoso tendedero que yncluye en los estremos dos sitios ya propios de la fábrica antigua, y metiendo las casas  que llevo dichas se ensancha la fábrica en linea recta de la Laguna en donde la fábrica se puede aprobechar de otra parte del común de más de quarenta pasos de ancho y duplicado de largo, quedando la fábrica totalmente esenta, y sin vecino alguno, lográndose al mismo tiempo ser proporcional su longitud con su latitud y que tenga suficientes proporciones para que, si el día de mañana, tubiesen VSS, a bien se aumenten Calderas y demás pertrechos, es suficientísimo terreno para quanto VSS manden ejecutar.

Apunta que el coste será mínimo para el Estado:

“Esto que propongo, no estando enterados en el asunto, parecerá un promontorio de coste ynmenso, pero siendo mi propuesta a VSS. y mi fin que bayan analogos el coste y la economía y tratandose en un Pays que, fuera de tener todos deseo de bender, y ser las piezas que llevo referidas de corto valor... aproximante al que tengan todos los terenos que no sean del común (pues éstos, por la utilidad que le redunda a la villa, los darán sin coste alguno)”.

Bujanda propone a los Directores Generales de Rentas (DD.GG.), para abaratar costes, la rebaja de los jornales de los  peones de los cuatro reales que se pagaban por orden de don Manuel de Herranz a tres reales:

en un tiempo en el que los vecinos de este pueblo, como de todos los comarcanos, no tienen en que ocuparse, y sólo en el próximo mes ban a la bendimia que la hacen sin mas ynterés que la del sustento, ... los peones puros a tres reales diarios que no logrando ellos mayor jornal en el pueblo, y con la espectatiba de que la fábrica siempre da que trabajar, y el ascenso que puedan tener a cuidar los regimientos de las coladeras, me parecía, si VSS lo tenían a bien, el hacer el rebajo del jornal, aunque, en aquellos meses que son los días maiores y en que trabajan menos jornaleros en las fábricas, se les aumentasen

En cuanto al acopio de leña que se estaba haciendo por esas fechas, acudían muchos niños y mujeres a llevarla hasta la fábrica “de suerte que la maior parte la llevan a hombro”.

Los DD.GG. le contestan con rapidez, estando la respuesta fechada en Madrid el 20, rechazando sus pretensiones pero dejando abierta la puerta a futuras inversiones:

no está la Real Hacienda para meternos en gastos, pero puede V.Md. formar un plan y decirnos el coste que tendrá todo ello”.

En los planes de ensanche que propone Bujanda se ve necesario la adquisición de los solares de 14 casas, que se comprarían muy baratas, para incluirlas dentro del futuro recinto:

                “que ni por seis tantos más en otro pueblo que no fuera tan ynfeliz como el de Villafáfila no se sacarían ... y además todas las casas tienen pozo y muy abundante”;

 de las tres cortinas, el matadero de la villa, por el que ésta se conformaría con que se le construya otro en otra parte del pueblo:

Plano-esquema sobre los pozos realizados en 1768 en los alrededores de la Salina Grande, con el propósito de encontrar los manantiales salados.

                y siendo tan pequeño, aprobechándose de él la teja, puertas y madera, pues toda su manpostería se reduce a quatro paredes de tierra neta sin más cal ni yeso”;

de los dos terrenos del común, la laguna y:

                “una calle ha de quedar dentro de la misma fábrica poniendo las puertas de entrada y salida a sus estremos” .

Apremia Bujanda a que se tome pronto una decisión porque:

 “en el día se ba poniendo la fábica ymposibilitada para trabajar, pues ni cabe leña, ni ay donde poner cuajadores, y se puede decir que las cosas se embarazan unas a otras ... lo resuelban, lo mas brebe que se pueda, pues en este ymbierno puede quedar puesta en planta la ydea, y para que en la primabera empieze a producir

En noviembre le contestan los DD.GG. no descartando las ideas del ensanche: “nos ha parecido bien, pero hallándonos en el estado de escasez de caudales, no se puede entender ni comprar todo lo que V.Md nos propone, y sí sólo que se tome el matadero y parage valdío, que V.Md nos dice ay inmediatos a las fábricas, y la cortina del Sr. Don Bernardo Costilla, sin que entremos, por ahora, a comprar las catorce casitas”.

 En el caso de que tuviera que llegar a ser necesario hacer nuevas obras, se ha de tener en cuenta que:

la obra ha de ser muy sencilla pero con firmeza, sin la mayor pulidez”.

Por esos días “había mandado el Sr Obispo de Astorga derribar una yglesia [ la de San Juan], cuya torre y paredes son de piedra buena, y me han asegurado que venderian muy barato...”, por lo que propone su compra para el ensanche de las fábricas y para hacer unas nuevas calderas de metal: “ se podrian comprar las tres campanas si se quieren hacer calderas vaciadas”. La respuesta del obispo a la propuesta de compra es que tiene que pensarlo mejor porque ha sido lugar sagrado y cementerio de difuntos, antes de decidir el destino que se le ha de dar.

Los problemas que había tenido el anterior fabricante con los dueños de los montes parecen resueltos y la leña afluía cada vez con más abundancia a la fábrica. Incluso los vecinos de Bretocino se comprometen a llevar toda la leña necesaria para la fábrica, siempre que se ponga una barca para atravesar el río Esla por cuenta de la Real Hacienda.

Para el almacenamiento de la leña se propone la compra de una cortina de la viuda de Silvano: “está cercada de buena tapia, con pilares de piedra, tiene más de una fanega y se pueden almacenar en ella hasta 150.000 arrobas de leña”. Se le compró y es la huerta conocida  hasta hace unos años como La Leñera, al lado de las Pilas.

Permiso para conducir leña a la fábrica

El pago de la misma se retrasaba y la mujer de Silvano pide que le paguen porque quiere meter una hija monja del Corpus y necesita el dinero para la dote.

Un grave problema con que se encuentran el Administrador Bujanda y el contador Húmara para el manejo y transporte de los caudales necesarios para la fábrica, que se traían desde Zamora, era la gran cantidad de bandidos que se encontraban en las inmediaciones de Villafáfila, corriendo gran peligro de ser atracados, por lo que proponen que cada vez que viajen al pueblo con dinero, se les adjudique compañía de los dependientes de las Rondas de Zamora o Benavente hasta que pueda haber un destacamento de soldados de modo permanente en la villa:    

  “La multitud de contrabandistas y ladrones que handan en todo Campos, es tanta, y partidas tan grandes, que se juntan en quadrillas de cuarenta, y no bajan de diecinueve. Su osadia es tal que, a presencia mía en Villafáfila, han entrado a las ocho de la mañana, han capitulado con la justicia, y aún hasta querer llebar presos a la misma justicia a un lugar que tienen, que se pude llamar propiamente suio, a media legua de la villa, en donde ay estanco público de tabacos y quantos Guerreros se quieran. La misma justicia de Villafáfila les tuvo que afrontar 5.000 reales que le pedían a un vecino,... ha esta buena jente se les han juntado mas de 270 desertores de presidio, los más malos y facinerosos que se pueden dar. En Villafáfila no me atrebo a tener más que el dinero mui preciso, pero habiendo tenido noticia el día de ayer, que están por allí estas jentes y que acaban de hacer una muerte más arriba hacia Benavente, no me he determinado yr esta semana a Villafáfila ..., tanpoco podemos mantener allí dinero, porque, por lo endeble de las casas y por este genero de jentes, lo tendríamos espuesto, por lo que he remitido al sobrestante y al maestro el dinero que me ha parecido suficiente para el pago de la semana

No sería fuera de propósito, aunque no ycieran nada, que las rondas de aquí, donde ay bastantes dependientes por todas las Rentas, rondasen aquel Pays, y lo mismo las de Benavente y Valladolid, y aun, si fuese necesario, nos acompañasen, pues todos son Haberes Reales, de ynterin que con este Comandante General pueda yo proporcionar ponga en aquella villa 40 ó 50 soldados, lo que no podrá tener efecto de ynterin no buelban de conducir unos 500 prisioneros que llebarán pasado mañana al Palacio de Fuenfria.

Zamora 29 de Novre de 1794.

Don Juan Y. Gª de Bujanda

                                                                  Sres Directores Generales de Rentas

 

En posteriores cartas sigue insistiendo en el gran número de bandidos que hay en la comarca: “los muchos contrabandistas y ladrones que circundan, tenemos que los de la villa no son nada menos, pues han robado 900 reales”. “A dos leguas de Villafáfila 18 contrabandistas el dia 25 de los corrientes [junio], se juntaron con  otros hasta 25 y pasaron a San Cebrián donde las gentes se tuvieron que reunir en la yglesia y campanario y hubo un fuerte escopeteo y en este pueblo que consta de más de 150 vecinos, hicieron burla del y saquearon las casas

En la siguiente le comenta: “esto va cada día peor pues no ignoraran VSS el ultimo caso acaescido en Villar de Ciervos”.

                                   Proyecto y obras de construcción de la fábrica

 A finales de diciembre de 1794 Bujanda, previa Orden de los Directores Generales, autorizando la formación de planos, encarga el proyecto de la nueva fábrica al arquitecto de Zamora don Pedro Catellot, dándole las instrucciones pertinentes:

“Formará VMd. un plan, y cálculo de la obra que se ha de construir para fábrica de salitres en Villafáfila, que, según la Orden de los Sres Directores Generales de Rentas de 24 del presente, debe de ser al menos coste que se pueda y más rural que quepa en el arte.

Este nuevo edificio deberá constar con una pieza en que estén colocadas ocho calderas grandes de cabida cada una de quatrocientos a quinientos cántaros, vastante espaciosa y que puedan los operarios manejarse por entre ellas. En esta pieza y en sus estremos se han de colocar dos o quatro depósitos o Arcas, que han de contener a proporción Legias o Caldos para añadir y llenar las calderas, han de ser mui fuertes conforme a lo pesado de las materias que han de contener; desde estos depósitos han de ir introducidos en la pared unos conductos o encañados encontrados, con llaves para sus vertientes en los recipientes o calderas. A cada quatro calderas se les ha de formar una pila o recipiente con un cañón que pase la pared para que por medio de otro cañón portatil se eche el caldo de las calderas en los quajadores o Botazos para cuajar. El Pavimento de esta pieza ha de ser de un alzado más que regular, deviendo de construirse, a cada dos caldera, su montera, que no debe rematar en el elipse, sino en un cono perfecto, con su linternón en medio a quatro vientos, para que salgan los humos, no padezcan las maderas y den luz suficiente a la pieza.

Cada Caldera, que será empotrada, ha de tener su Horno y su Chimenea, y para que tenga todos los ahorros posibles la Real Fabrica, dispondrá VMd de tal forma las Vocas de los Hornos, que un solo operario pueda dar fuego a un mismo tiempo a dos calderas. Formará V.Md en el mismo Plan una pieza igual a la de las Calderas y Depositos que llevo a VMd insinuados, cuias dos piezas han de ser paralelas, y ésta ha de servir para los cuajadores de sencillos y afinos, y mediante que cada caldera que le llevo a V.Md, supuesto que ha de ser de quatrocientos a quinientos cántaros y que, rematada, producirá los caldos, los menos trescientos y cincuenta, suponiendo que cada cuajador contenga veinte, son precisos para cada caldera más de diez y siete, lo que advierto a VMd para que lo tenga presente para la latitud que le debe dar a esta pieza pues en la Longitud le tengo a VMd dicho debe de ser igual con el todo de la pieza de Depósitos y Calderas. En medio de este quadrilongo ha de haber un Pozo, para que sirva de limpieza a los Vasos aquí contenidos y a las mismas Calderas. En esta pieza ha de haber diferentes comunicaciones con la de las Calderas, y una comunicación distinta para manejarse en ella. Se ha de formar un soportal todo lo que corresponde las líneas de las Vocas de los Hornos; y en los dos Angulos que formarán los estremos de este soportal (que se hace con el fin de que sirva de abrigo y que reserve de los aires a los mismos Hornos , lo que redundará en el menor gasto de Leña) se han de formar dos piezas cuio destino será para guardar los efectos y Utensilios de esta fábrica. Aparte de estas oficinas se ha de formar una pieza que sirva para Almacén de Sales y Salitres que debe de ser de vastante estensión, y otra como de veinte pies, que ha de ser su uso para oficina o pagaduría, cuios cimientos y Paredes han de ser vastante fuertes, por si la superior determinacion de los Sres Directores tubiese a vien el que sobre esto se haga havitación para el fiel o Aministrador y Maestro o Guarda de la fábrica.

Dios guarde a VMd como deseo. Zamora 31 de Diciembre de 1794.

Juan Y Gª de Bujanda

 El Plan está formado y remitido por el arquitecto al Administrador en febrero de 1795, acompañado de los planos topográficos y del presupuesto de la obra que asciende a 252.199 reales.

En él se determina que la posición del edificio  cuya fachada ha de ser con soportal:

 “es que su fachada mira al mediodía con declinación al Oriente... la Planta vaja, a la haz del terreno, el que consta de un soportal en toda la longitud del frente, que ocupan las ocho calderas, puestas en línea, a cuios extremos del referido soportal están las piezas para depósito de utensilios, éstas pueden tener un segundo piso, por permitirlo la altura del dicho soportal, y sirven para custodiar los recipientes, vasos, efectos y erramientas de más entidad. La una mitad de dicha planta y es la de la mano derecha demuestra la planta sobre el piso de las vocas de las calderas, que está diez pies  más alto que el piso del soportal, con dos depósitos para contener los caldos, de los cuales se dirijan por medio de encañados a las calderas. La otra mitad de la izquierda manifiesta la planta de los hornos; tres pies más vajo su suelo que el referido soportal, la planta de las cepas sobre que se asientan los referidos depósitos que en esta parte llevará otros dos para las lejías con la misma disposición de encañados para suministrar a dichas calderas y escalera para subir a ellos. Por la espalda de los referidos hornos y depósito, en toda la longitud del edificio, está una pieza para los cuajadores, su anchura es de veinte pies y su largo de doscientos y quarenta y siete, en esta hay una escalera para subir a los depósitos de los caldos, se comunica al soportal por un pasadizo que está en el centro, y puede comunicarse por debajo de los dichos depósitos, y quando no sierven estos cañones para aumento de cuajadores y utensilios”.

La cubierta debe dejar paso a las chimeneas de los hornos:

exterior del tejado, chimeneas y linternas de los conos que cubren las calderas cuio destino es el de la salida de los vapores sin perjuicio de las maderas y el de comunicar luz a toda la crujía”.

Se propone la construcción de una: “Planta y extensión que se contempla necesaria para Almacenes de salitre y sal, oficina y havitación de Administrador, o Fiel de la fábrica”.

Respecto a los materiales especifica que deben construirse los cimientos:

desde el terreno firme  y de allí arriba, asta la altura de quatro ó cinco pies se construirán de piedra manpostería travada con buena mezcla de cal y arena; todo lo restante de las paredes, así interiores como exteriores del referido edificio se continuarán con pilares y berdugos de ladrillo o manpostería en las partes que convenga, empleando en la misma forma la referida mezcla, y los encajonados de los referidos pilares de tapias de tierra aceradas de ormigón”.

Los zócalos de los pilares del soportal, esquinas y algunos peldaños se construirán de piedra sillería; y todo lo restante de arcos, medios cañones, hornos, conos, linternas, chimeneas y depósitos se construirán de ladrillo bien cocido, empleando la referida mezcla de cal y arena en las partes donde convenga como se ejecutará con el barro en otras.

La cubierta de todo el edificio:

se ejecutará de maderas proporcionadas a sus diametros, sin otro esmero que el de la maior seguriadad de sus cortes, y enlaces y entablado con tabla portaleja ó chilla y media sobrepuesta de abajo arriva, todo asegurado con a correspondiente clavazón. El tejado se ejecutará a canal y covija, macizando las primeras y segundas del alero (que también será de ladrillo y teja) bebederos, cavalletes y un roblón en cada seis canales, todos estos macizos encascubados de barro y sentada la teja y guarnecida de cal”.

Todo el pavimento:

así vajo como el del piso de las vocas de las calderas, conbendrá el que sea empedrado de guijarro bien anivelado y fraguado; lo mismo se ejecutará en la porción destinada para almacenes, oficina y habitación del Administrador o Fiel, y el suelo del quarto de avitación que va al quarto sobre dichos almacenes se pondrá enladrillado”.

Las Pilas o recipientes que ha de haber en el piso de las calderas: “para pasar de ellas a los cuajadores, los cocidos o caldos, por medio de un encañado que correrá a lo largo de la pieza, donde ha de estar colocado a la altura conveniente para llenar dichos cuajadores con canalejas de mano, lo que servirá de considerable ahorro de brazos”.

Los planes de Castellot son sometidos por los DD.GG. a don Manuel de la Ballina, arquitecto de la Renta de Salinas, de Madrid, que informa el 17 de abril del 95 de una serie de modificaciones que se deben hacer:

Hallo que el nuevo estilo que se señala en dichos planos no es propio (como lo ha acreditado la experiencia para estas fábricas y sí solo la sencillez y orden que se ha executado las de esta Corte)... he formado los adjuntos dibuxos para las mismas ocho calderas y dos quaxadores bajos á los extremos, y sobre ellos al piso alto de las calderas dos almacenes para todos los útiles, pareciendome bien la habitación del Fiel y almacenes de salitre y sales, pero se reducirá su extenxión a sólo 68 pies de largo por 36 de ancho... debe ser toda la fábrica de manpostería y fábrica de ladrillo y mezcla de cal y no con cajones de tierra por picarse ésta inmediatamente del salitre”. Todo ello rebaja los costes a 243.432 reales.

En Mayo de 1795 el Rey aprueba la Orden del Ministerio de Hacienda para la construcción del nuevo establecimiento:

Habiendose dignado el Rey Nuestro Señor ( que Dios gûe), por su resolución comunicada por el Exmo Señor Don Diego de Gardoqui, del Consejo de Estado de S.M., su primer Secretario del Despacho de la Real Hacienda y Superintendente General della, a los Señores Directores de Rentas del Reyno, en 15 de Maio de 1795, en que se sirvió mandar que en la villa de Villafáfila, se estableciese una Fábrica de Salitres, la qual se había de administrar por cuenta de la Real Hacienda, atendiendo a lo productivo del suelo, disposición local del Pueblo, y que mediante diferentes informes y esperimentos que se habían echo, resultava de todos ser un parage de los más a propósito para este genero de establecimientos, y que se podía esperar fuese ésta en lo sucesivo de un incremento considerable”.

Desde el inicio del establecimiento de la Real Fábrica de Salitres en Villafáfila se planteó la necesidad de adquirir una serie de edificios y solares anejos a la vieja factoría de Silvano. A medida que se iban concretando los planes de construcción de la nueva fábrica cada vez aumentaban las casas o solares que era necesario ocupar, lo que provocó unos cambios urbanísticos en la villa que afectaron a toda la parte situada al sur y al oeste de la antigua cerca medieval, alterando el trazado de las calles y desviando los caminos para que una cerca agrupase todos los edificios y solares de la nueva fábrica. El proceso de adquisición de las casas y solares fue paulatino a lo largo de los años 1794 y 1795 iniciándose antes de la aprobación real de la nueva fábrica:

 Relacion que manifiesta las casas, solares y tierras que se han comprado en la villa de Villafáfila para incluir en la Real Fabrica de Salitres que se esta construyendo por cuenta de la Real Hacienda con espresion de su coste y Ordenes que lo han motivado.

 Por Orden de los Señores Directores Generales de Rentas del Reino de 20 de septiembre de 1794, en virtud de la tasacion hecha por don Manuel de Herranz, fiel de las fabricas de Alcázar de San Juan se compraron los edificios siguientes:

 1º- El edificio de la fabrica que fue de

Antonio Rodríguez Silvano cuio coste ascendio a                                                                      6.275    

2º- Un sitio contiguo al de los Ruices propio

del dicho Silvano cuio coste fue el de                                                                                                               741

3º - Otro sitio en la feligresia de San Salvador

propio de Silvano en                                                                                                                            954

4º - Otro sitio que es el mismo en que estaba la fabrica en                                                        2.562

 Por otra Orden de 7 de Febrero de 1795

 5º Una cortina de don Gregorio Costilla y su mujer en                                                                              1.300

 Por otra Orden de 14 de Marzo de 1795 se

compraron los sitios siguientes:

 6º- A Alonso Vicente un sitio yermo en el casco de la villa en                                                  308

se tendra en cuenta para la nota que va en fin de esta relacion

7º - Solar contiguo al sitio de los Ruices en                                                                                  200

8º - Suelos de casas de José de Muélledes

en el mismo sitio de los Ruices en                                                                                                    547

9º - Un solar en el mismo sitio de Don José Ruiz,

Canónigo y Maestre escuela de Tuí en                                                                                          972

10º - Unos sueleos en el mismo sitio propios de los Rodríguez en                                                           420

 Por Orden de 13 de Junio de 1795:

 11º- Se compro a Ventura Cid, viuda de Silvano,

y a sus herederos una huerta que ha de servir de Leñera en                                                     4.500

 Por otra Orden de los Señores Directores Generales de

27 de Junio de 1795 compre en el Barrio de S.Pedro

las casas siguientes:

 12º - Casa de Luis Lobo y Antonia Durantes en                                                                              400

13º - Casa de Asensio Concejo en                                                                                                   2.000

14º - Casa de Bernardo Rodríguez en                                                                                            1.050

15º - Casa de Pablo Ramos en                                                                                                         1.221

16º - Casa de Juan Durantes en                                                                                                       2.000

17º - Casa de Francisco Carneros en                                                                                                             4.200

18º - Casa de Pedro Ruiz en                                                                                                                             1.200

19º - Panera de Miguel Rodríguez en                                                                                             1.200

20º - Casa de María López en                                                                                                              900

21º - Casa de Josef del Teso en                                                                                                        6.600

22º - Casa de Lucía Ruiz en                                                                                                                              2.100

23º - Casa de Gabriel Ramos en                                                                                                      1.000

24ª - Casa de Catalina Francos en                                                                                                    440

25º - Panera de don Pablo Rodríguez en                                                                                       2.200

se tendrá en cuenta para la nota que va al fin                                                                            

 Por Orden de los mismos Sres de 1º y 8 de Agosto de 1795 compré

En el Barrio de San Juan los sitios siguientes:

 26º- El Hospital de la villa en                                                                                                          9.400

27º- Un Erreñal o cortina de Diego Gutiérrez en                                                                         3.202

28º- Otra Cortina de Dominga Rodríguez en                                                                                               9.085

29º- Un sitio o tierra que llaman el Viñón propio

de Petra Ruiz en                                                                                                                               17.496

30º - Cortina de Antonio y Miguel Lorenzo en                                                                                               890

31º - La casa de Dominga y Benita Rodríguez en                                                                        2.620

32º - Una casa de Tomás y Jorge Alonso en                                                                                  4.279

33º - Una Casa de Tomé Blanco en                                                                                                 1.319

34º - Casa de Ramona Fernández y hermanos en                                                                            799

35º - Casa de Brígida Benéitez en                                                                                                   1.425

36º - Casa de Antonio Prada en                                                                                                          486

37º - Dos casas de Francisco Valverde y su mujer en                                                                  3.329

38º - Casa de Andrés Sastre en                                                                                                        3.683

39º - Casa de Ramona López y su hermana en                                                                                             1.380

40º - Los suelos de Manuel Valverde en                                                                                            206

41º - Casa de Asensio Prieto y su mujer en                                                                                    1.282

42º - Casa de Antonio Lorenzo en                                                                                                   1.314

43º - Casa de Miguel Lorenzo en                                                                                                        877

44º - Pajar de Vicenta Díaz en                                                                                                         1.147

45º - Casa de María Mazón en                                                                                                            978

46º - Cortina del Cabildo de Benavente en                                                                                   1.395

47º - Casa de Ramona Fernández (se tendrá presente

para la nota ultima) en                                                                                                                         633

48º - Casa de Manuel Prieto en                                                                                                       2.079

49º - Cortina del mismo en                                                                                                                2.112

50º - Casa de Floriana Alvarez y su hijo en                                                                                  1.459

51º - Casa de Francisca Prieto en                                                                                                   1.444

52º - Casa de José de la Peña en                                                                                                     2.800

 

                                                                                                                 Total           122.389 Reales

 Notas

La panera de don Pablo Costilla se le está haciendo nueva en el sitio de Alonso Vicente.

Se le está haciendo una casa por el precio de la suya en el mismo sitio a Ramona Fernández

En total se compraron 691.407 pies cuadrados de los que 178.227 eran del común

(D.G.R. Leg. 2022)

 Parece que la inminencia de las obras desató una pequeña especulación pues se queja Bujanda de que los vecinos de la villa quieren más precio de lo justo por sus terrenos, pero no por ello se dejan de adquirir los necesarios, incluso se reciben ofertas de solares o casas que no son consideradas, como  Manuel González que pide que le compren la casa cabe un paraje del sitio de los Ruices o  la que hace el Duque del Infantado, a través de su administrador, que ofrece el castillo y su falda, que fue asunto de gran pleito de Silvano, para el ensanche de la fábrica, a lo que responden que no necesitaban el terreno, que se podía ceder a alguno de estos vecinos cuyas casa había que demoler para que puedan construir otras nuevas. En el mes de noviembre del 95 intentan comprar la casa de los Trejo, que estaba en estado ruinoso, dentro de la villa, pero muy cercana a la fábrica, con destino a oficinas de Administracion Almacenes y efectos de la fábrica, y en sus terrenos se pretende construir habitaciones para el Administrador y Fiel de Salitres, en lo alto, y en lo bajo oficina de Administración, almacenes para salitres y efectos, una panera, un pajar y el establo para ocho bueyes, y caballeriza y  tinglados para resguardo de los carros, dejando la decisión de la conveniencia de la nueva adquisición al parecer del arquitecto Ballina, cuando pasara por Villafáfila.

Plano de Villafáfila en el siglo XVIII y situación de la Real Fábrica.

Algunos materiales procedentes de los derribos de los edificios comprados se reutilizan como los “más de 300 carros de leña y de buena madera y teja” que se sacaron del hospital de San Juan, pero con otros despojos el nuevo Fiel de la fábrica, don Francisco González de Caunedo, que en mayo de 1795 había llegado a Villafáfila con el cargo de interventor para manejar los fondos de la obra y del funcionamiento normal de la fábrica, hace sus negocios particulares.

Durante los meses de abril y mayo se realizaba transporte de piedra villana desde el Sierro por diferentes vecinos de Villafáfila con sus carros para utilizarla en los cimientos de la obra.

Las obras de la nueva fábrica comienzan el día 9 de junio de 1795 bajo la supervisión del arquitecto de Madrid, don Manuel de la Ballina, que se había desplazado a Villafáfila, y el 20 de ese mes deja dados sus órdenes, planes e ideas a don Pedro Castellot, arquitecto encargado de la obra, además de acordar con el ayuntamiento la colaboración con la nueva fábrica, y se vuelve a Madrid.

Desde los inicios de la obra se construyó un horno para la cocción de ladrillos y tejas para la nueva construcción y se empezaron a traer algunas vigas de Soria, aunque la mayor parte de las maderas la trajeron de los pinares de las Pedrajas de San Esteban, en Valladolid.

Respecto a los jornales de los peones se había acordado pagarles a 3 reales de jornal hasta el 1 de abril, y del 1 de abril a 1 de septiembre a 4 reales, cuando la jornada era más larga, y desde 1 de septiembre a 31 de marzo de nuevo a 3 reales, pues conforme a la carestía de los comestibles “un pobre jornalero trabajando todo el dia no gana para torta y media de pan”. En las obras estaban trabajando treinta y tantos peones pero el día 23 de junio, la mayoría deja la obra para acudir a la siega “por ser de mas utilidad”. El administrador Bujanda se queja a los Directores Generales y pide permiso para pagarles a 5 reales diarios. En el mes de julio vuelve a escribir a Madrid para solicitar que se les pueda pagar a 6 porque trabajan en los cimientos de la fábrica en condiciones muy penosas, pues al hacer las zanjas, mana el agua en abundancia y tienen que trabajar sobre ella.

Las obras siguieron progresando y el estado de las mismas en septiembre era el que relata Bujanda:

están cojidas las aguas de todos los zimientos y se ha trabajado por ygual todo el zimiento sobre zinco pies de agua, de manantiales tan abundantes que en algunos la fuerza del agua salía como un muslo, de suerte que dicen que era un río; hacaso podría parecer exsajerazión, sino se lo manifestase a unos Jefes que están ya bien ynstruidos de que toda la Fábrica y terreno de la Villa está fundado sobre una inmensidad de Agua. No quiero fatigar la atención de VSS con decirles cuántos millones de cubos de agua se han sacado.

Todo este trabajo y el principal de él lo a echo Don Frncº Caunedo con un aparejador que sirbe de aparejador cuando se necesita, oficial cuando es necesario y asta de Peón cuando se le manda, unos oficiales Gallegos y un medio oficial o peón sobresaliente del pais, los demás todos han sido peones acabados de sacar del trabajo del Campo, y los empiladores de la Fabrª a rratos.

Se ha hecho la escabación de todo el zimiento y, si Dios permite que se serene un poco el tiempo, quedaran enrasados todos los zimientos en la actual semana, y, si el Arquitecto Castellot se mejora, en toda la semana próxima estará echo el replanteo.

También se han hecho los cimientos de la Leñera y parte de los de la cerca de la Fábrica”.

Ante la carestía que suponía el acarreo de la cal “pues solo los portes de los carros costaban cada carro 20 reales” decidieron fabricarla en el horno de los ladrillos, dándole una gratificación al tejero si la fabricaba, y haciendo acopio de todas las piedras calizas que se encontraran: “no quedó cantera ni piedra perdida que Caunedo no rejistrase”.

También encontraban mucha dificultad para conseguir la piedra de cantería y solicitan el parecer del arquitecto Ballina para poder sustituir parte de la piedra del proyecto originario por ladrillo “mediante la excelente calidad de que sale”. El arquitecto no ve inconveniente en ello, siempre que la calidad del ladrillo sea tan buena como dicen.

La dirección técnica de las obras era llevada a cabo por el arquitecto de Zamora don Pedro Castellot, aunque supervisado y asesorado por el arquitecto de la Renta de Salinas don Manuel de la Ballina, desde Madrid, aunque hizo alguna nueva visita a la fábrica en construcción, pues en noviembre se hallaba en Castilla visitando las Salinas de Poza, y tenía previsto pasar por Villafáfila para reconocer las obras. Alguna dificultad debió de tener don Pedro Castellot para el seguimiento de las obras, por impedimentos que le ponen las autoridades de Zamora para abandonar la ciudad, por estar dirigiendo en ella otras obras, lo que obliga al Administrador Bujanda  a pedir en febrero del 96: “a la Junta de Policía de Zamora que no impidan a don Pedro Castellot que salga de Zamora para revisar las obras de la fábrica de Villafáfila”. Castellot se ocupó 75 días en Villafáfila en el reconocimiento y dirección de la obra material de aquella fábrica, y 27 más en Zamora que había dedicado al levantamiento de Planes y otras comisiones necesarias.

Todavía en junio de 1797 no se le habían satisfecho sus honorarios, y se le escribe a Castellot desde la Dirección General de Rentas, para que envíe lo que le han de pagar por los 102 días que dedicó a la construcción de la fábrica:

teniendo Vmd presente las actuales circustancias del Estado y que se han satisfecho los gastos de ida y vuelta y la manutención de Vmd”.

Hasta agosto no les responde Castellot:

quisiera ser sugeto de facultades para manifestarles desde luego que quedaba remunerado solo con lo que me dicen VSS por lo bien que he evacuado la comisión que pusieron a mi cargo”. Dice que sería una bajeza exigirles una cantidad determinada y que sean ellos mismos los que fijen lo que quieran, reiterando ser “de facultades cortas y una familia numerosa”. En los informes que se reciben de Zamora se manifiesta que:

Castellot era arquitecto aprovado por la Academia de San Carlos de Valencia ... es Maestro maior de Zamora, y así en ella como en sus inmediaciones único en la facultad, de mucha inteligencia, desempeño e integridad, y como tal muy estimado en general”.

La remuneración del arquitecto, aparte de los gastos de viaje y manutención fue de 40 reales cada día de los 102, es decir que ascedió a 4.080 reales, a cargo de la direccción de obras, de los primeros planos que hizo y de los que debe hacer de la fábrica terminada.

Las obras siguieron durante el año 1796 y en septiembre, antes de finalizar las obras los DD.GG mandan: “que se pongan las Armas Reales de piedra en la puerta de la fábrica”. Los que rematan la obra son los carpinteros que empezaron a trabajar a mediados de mayo del 96 y concluyeron su tarea en 7 de diciembre del mismo año.

Durante la obra se produjeron algunos accidentes de cierta gravedad, como el ocurrido a Isidro Durantes derribando las casas, en que se le rompió una pierna, o la caída de un carro de maderas encima de Francisco Mateos, que fueron atendidos por el cirujano de la villa, Ambrosio Fernández, haciéndose cargo del coste de las curas la Real Hacienda.

Acabadas las obras quedaban cinco recintos cercados donde se incluían los edificios y tenderedos de la fábrica:

1-Una huerta que sirve como Leñera

2-El recinto que ocupaba la fábrica estaba cercado en un área de 1800 pies, y disponía de: “quatro puertas carreteras principales ha las quatro partes opuestas, la una a la vajada de la villa, la otra enfrente de la Leñera, otra en el sitio de San Pedro y la otra al barrio de San Juan, esta ha de hacer la comunicación de todos los sitios y enfrenta con las tres puertas principales del sitio de los Ruices, San Juan y el Biñón, y entre todas componen un trapecio haunque su figura es irregular pero de ermoso aspecto, además tiene otra puerta pequeña, cuyo uso a de servir para el fiel”.

 El nuevo edificio situado en un eje este-oeste, dividía este sitio en otros dos casi independientes:

                   .San Pedro, que estaba detrás, y se compone “de las 16 casas que se compraron con sus corrales y una panera que fue de don Pablo Rodríguez, del cuarto de cuajador, del de la caldera y del corral de la fábrica vieja y de una parte de calle tomada a la villa”. En él se habían hecho dos tendidos de tierra de más de una vara de alto, con la que se podrían trabajar más de 200 coladeras, y se estaba esperando el derribo de la fábrica vieja para hacer otro tendido.

                   .La Laguna, enfrente de las calderas, “se compone del matadero, de una cortina de don Gregorio Costilla, de otra del Cabildo de Benavente, de la Laguna y de partes de calles y camino de la villa. Era un lagunazo bastante grande del pueblo que en tiempo de Badallo se cegó con un suelo fuerte de greda y después se llenó de tierra nitrosa”. Dos tendidos de tierra para trabajar otras 200 coladeras, ocupaban este sitio.

En ellos se iban a colocar las coladeras:

 “con bastante hamplitud y en términos que una bez puestas no tengan que mudarse todos los años, tanpoco inpiden los caminos, pozos, y estanques generales. Se proporcionará que cada 100 coladeras tengan su pozo revestido de piedra con su tapadera de lo mismo, y todo con mui poco coste y capaces de suplir de agua a muchas más. Tanpoco han de inpedir a los caminos o calles para el tránsito de los carros y operarios de la fábrica. No sirven de obstáculo para que quede con mucho desaogo la fábuica y poner fuera de ella, enfrente de los hornos y con comodidad de los lumnreros haunque sean veinte o trinta mil @ de leña”.

Este sitio está delimitado por las calles del Sacramento y del Regato y carretera de Circunvalación y el Regato, incluyendo la actual carretera dentro de sus límites.

3- Los Ruices, “se compone de las casas de Manuel Prieto, Fca Prieto, Froilana Alvarez, Manuel Glez, cortina de Prieto, corrales de José de Muélledes y de Manuel Peña, parte del común y calle, solares de los Ruices y de don Antº Costilla, sitio de Dominga y Mª Benita Rodríguez y sitio comprado a la viuda de Silvano... tiene su circunferencia 1.026 pies, hace un cuadrado inperfecto está cercado de dos tapias de tierra ha uso del País, con su puerta carretera inmediata a la principal de la fábrica, como 40 pies”. Este sitio estaba bastante más alto que la fábrica y sacaron de él “infinitos carros de tierra para el Biñón”, aún así los pozos de agua estaban a una profundidad de 10 pies. Tengo más dudas de la localización de este sitio pero tiene que corresponder al Pozo de Ramos y parcela colindante.

4- San Juan, que ocupaba el recinto delimitado actualmente por la Calle de Regato, el regato mismo y la Calle de Santa Marta y Plaza de San Juan: “se compone de dos calles, parte de otra calle, de una cortina del Cabildo, del Hospital de la villa y de 15 casas con sus corrales... compone su circunferencia 1.278 pies, está todo cercado de dos tapias de tierra... se maneja por una puerta que queda enfrente a la de la fábrica ... tiene cinco pozos de agua abundantísimos ... se ha apilado una porción de tierra mui fuerte capaz de mantener 350 coladeras”.

5- El Viñón, acupaba desde el Regato, carretera de La Tabla hasta Panera Comarcal y era un: “sitio el más hermoso y capaz en mi juicio de mantener con el tienpo, de continuo mla panera as de 1500 coladeras, compone su haria o circunferencia 2.583 pies y se halla cercado de tapia 1.220 pies con dos puertas carreteras vastante ermosas, la una y más principal ha 25 pies de la fábrica que es donde se han de conducir las lejías, por la parte opuesta lo cercan las biñas y por la otra con viña del mismo pueblo cuyas tapias, haunque no muy buenas pueden pasar... se compone de tierra de Petra Ruiz, mujer de Francisco González, de otra de Dominga Rodríguez, mujer de Nicolás Rodríguez, y otra de Diego Gutiérrez... ” En éste se habían echado todos los barros que tenía la fábrica de Silvano, y los derribos de las casas y un desmonte de otros sitios, alcanzando la tierra nitrosa una altura de 2 pies, distribuída en ocho tendidos “con su tierra recojida y apilada”, capaz de servir para 1385 coladeras, en espera de aportar más tierra hasta otro pie de altura, y mucho más será si llega ha verificar la idea que tiene el fiel, pues según informes que tenemos  y según emos experimentado en varias escabaciones que se han echo, donde se han encontrado varios cimientos, este paraje pudo estar todo é habitado en lo antiguo”.

Respecto a los útiles necesarios para la fabricación de salitre se iban haciendo a la vez que la obra, y en septiembre “están concluídas con sus haros de Yherro 700 coladeras en lo qual no se deja de trabajar, tambien se han echo 12 quajadores o botazos con sus aros, y no hai más por el habandono y desidia de estos herreros, también está concluída una caldera pero nos falta lo más útil, esto es la madera para fregaderos”.

(D.G.R. II Leg. 2022).

Después de concluídas las obras, a comienzos del 97 se pretende hacer un cuarto en la puerta principal de la fábrica para el sargento que ha llegado a la villa pueda custodiar  el establecimiento  de día y de noche.

Las sustituciones de materiales, en especial la madera procedente de Soria, de mejor calidad, por vigas de las Pedrajas de San Esteban, trajo como consecuencia el fallo de una viga en el verano de 1798, dos años después de acabada la obra, además los hornos de las calderas estaban resentidos por el efecto del calor que derribaba la cal de su interior y doblaba los hierros de las parrillas. Se dio parte al arquitecto Castellot para que pasase a conocer el daño y propusiera el remedio, llevándose a cabo diversos reparos.

 

Funcionamiento de la fábrica

 En el año 1794 se inició la fabricación de salitre afinado por cuenta de la Real Hacienda en las viejas instalaciones de la fábrica de Silvano. Al frente de la empresa se pusieron el Administrador  General y Visitador de las fábricas de Salitres de Castilla la Vieja y León, con residencia en Zamora, Don Juan García de Bujanda, y al contador de las Rentas Reales de esta provincia, don Manuel de Húmara, que pronto dejó de participar en la administración de la fábrica de Villafáfila para encargarse de sus cuentas de las rentas provinciales de Zamora. El proceso técnico de fabricación estaba a cargo de un maestro de salitres entendido en el oficio.

Durante los primeros meses estuvo ejerciendo como maestro, el antiguo fabricante de salitre de Villafáfila, Manuel Badallo, que ahora era empleado de la Renta de la Pólvora, y en agosto llegó a la villa por orden de los DD.GG. don Manuel de Herranz, Fiel de las fábricas de salitre de Alcazar de San Juan, con otros tres manchegos, expertos en la fabricación. Reconocieron y tasaron las viejas instalaciones y la tierra nitrosa que Silvano tenía extendida en los tendidos y mandaron barrer nueva tierra por las calles. La presencia de Badallo en Villafáfila, como maestro de salitres en funciones, se prolongó hasta que vino don Francisco González de Caunedo, en mayo del 95 con el empleo de Fiel-Interventor de la fábrica. Mientras se desarrollaban las obras y en espera de su pronta conclusión se seguía aportando tierra nitrosa y tendiéndola en los sitios dedicados para ello y no se paralizó la producción de salitre, porque mantuvieron en pie la fábrica vieja, aunque hubo un tiempo en que se sacaron las viejas calderas a la calle y allí se procedió a la obtención de salitre. En septiembre del 96, a punto de acabarse las obras, se envía un informe pormenorizado del estado de los sitios de la fábrica, y se manifiesta que se han hecho dos cocidas de salitre en la caldera vieja.

En esos momentos la escasez de pólvora en los ejércitos obliga a los DD.GG. a apremiar a todos los adminstradores a enviar la mayor cantidad de salitre:

como nos estrechan las órdenes con que nos hallamos para remplazar de Pólvora los Exércitos por la decadencia en que quedaron en la Ultima Guerra, nos obliga a apremiar a Vm como a los demás Administradores del Reino para el acopio de los Salitres”.

Pero en los almacenes de la fábrica sólo había 68 @ de salitre sencillo, y para afinarlo encontraban dificultades, porque la caldera que servía para ello se inutilizó, la otra era pequeña y las cuatro nuevas eran demasiado grandes.En 26 de noviembre ya estaban concluidas las obras de la Fábrica, y las intenciones de Bujanda eran que las labores de salitre empezaran el día de la Concepción, pero los DD.GG. le mandan que lo deje para el tiempo bueno, además “el tiempo está tan sumamente incómodo con tantas Aguas Nieves y Yelos que es uno de los Ynviernos más crueles que he conocido en Castilla”.

(D.G.R. Leg.2022).

Antes de finalizar el año 1796 llegaron a la villa los nuevos empleados: El Sobrestante Mayor, Isidro Santiago Martínez, y como Maestro de salitres Diego Pérez. Juan Antº Díaz, que era yerno de Manuel Badallo y llegó a la villa el año 95, actuando de ayudante de su suegro, permanece en la fábrica con el cargo de sobrestante.

En 14 de febrero del 97, Caunedo da un informe pormenorizado sobre lo necesario para el buen funcionamiento de la Fábrica, antes de su puesta en marcha, haciendo hincapié en el abastecimiento de leña y en la recogida de tierra nitrosa, para lo que propone a sus superiores:

-que den una Orden explícita para sacar tierra de todos los corrales y caballerizas de la villa, separándose una vara de los edificios, y reponiéndole la que hubieran extraído por cuenta de la fábrica; y de los sitios eriales propicios que se pueda sacar la tierra útil dejando el sitio a la altura de la calle con su vertiente de aguas preciso, y en caso de encontrar piedra se avisará a los dueños para que la recojan. Igual proceder se seguiría en los terrenos de fuera de la villa. De no hacerse con una Orden de la Dirección General:

todo se bolberán discordias, y la fábrica carecerá de este beneficio, por haber en este pueblo quatro henrredadores que no dejarán de tirar a la fábrica y sus dependientes para que esta no logre los beneficios arriba espresados, pues sin embargo que este pueblo desde que se ha principiado la fábrica no se conoze en él la miseria que antiguamente había, sin embargo de esto solo tienen la queja quatro ambiciosos de bociferar que sólo ha sido esta fábrica para los pobres trabajadores, con perjuicio de ellos por estar enseñados a valerse de la necesidad de los miserables”.

-respecto a la leña señala que no faltará al precio de 12 mrs. si se cumplen una serie de condiciones. Una Orden a los dueños de los montes de este lado del río Esla (margen izquierda) para que por tiempos o turno den permiso para podar los árboles por cuenta de la fábrica, sin perjudicar al monte, por la rotación que se hará en la poda, dando tiempo a su recuperación. En cuanto al otro lado del río (margen derecha), donde se encuentra “ un sitio que llaman la Carbajosa sumamente poblado de leña que no se puede andar por él por su mucha espesura toda leña de jara de carrasco y de encina”, habría que poner una barca por cuenta de la Real Hacienda y dos hombres que la manejen. Sería conveniente ajustarse con los dueños de los montes en las condiciones que lo venían haciendo los vecinos de estos lugares, que sacan toda la leña que necesitan por doscientos o trescientos reales al año.

- por último propone comprar cinco mulas para dos carros, para la conducción de lejías, tierra, y leña en caso de necesidad.

Con la llegada del buen tiempo empezó la producción de la fábrica y trabajaban en ella, además de sus dependientes fijos, una serie de obreros eventuales: 24 empiladores, que ganaban 5 reales diarios, estaban encargados de apilar la tierra, y filtrarla en las coladeras añadiéndole agua de los pozos, y el líquido resultante, denominado lejía, era llevado hasta las calderas. Allí los 4 lumbreros, estaban encargados del mantenimiento de los cuatro hornos:

desde las quatro de la mañana hasta las nueve de la noche, y se les deberá pagar seis reales cada día que cuezan las calderas; y si tubiéramos orden de los Señores para que cuezan las calderas de día y de noche, se les deberá dar jornal y medio”.

Para cuidar las calderas arriba con un horario igual y con un sueldo de 5 reales había un “obrero inteligente”. Para conseguir el mayor rendimiento de los operarios se establece un sistema de castigos:

lo primero el empilador que se le coja sin limpiar bien las coladeras del barro, sin dejar bozera alguna, ni estropear la coladera con la azada, tener los asientos como corresponde, echando la ceniza en ellos quando se les mande, tener bien llenas las coladeras de tierra; siempre que se les encuentre en falta el castigo deberá ser por una semana de suspenso, y si bolbiere a reincidir por quince días, y la tercera vez despedido para siempre, y si no asisten en echarles agua como corresponde y los que no tuvieren con limpieza los recibidores teniendo cuidado de que la lexías se depositen con toda limpieza, se les deberá dar el mismo castigo y en las demás maulas que suelen hacer los empiladores como son el descargar la mitad de las coladeras de barro y echar tierra seca encima, y para que dé la lejía pronto hacen sus bujeros en medio, ya con palo o con los dedos para que les dé a mayor brebedad la lexía, a estos no me contento con el castigo que arriba espreso, sino despedirlos inmediatamente.

A los lumbreros debeá hacerse lo mismo, si no gastan la leña como se les mande con toda economía ya por abrebiar las coziones o por echarse a dormir.

Y lo mismo sucederá con el que cuida de las calderas

El principal objeto de estas normas era:

tener aquí los obreros de mejor conducta, y la mayor parte casados para menos perjudicar al pueblo”.

Además de los jornaleros estaba contratado un escribiente para ayudar al Fiel, que figuraba como obrero con un real más de sueldo.

El resto de los trabajos: desmontes de tierra, barrido y recolección de tierra nitrosa, regado y  tendido de los barros, retirada de los cantos, arado y trillado de la tierra para dejarla molida, amontonamiento junto a las coladeras, se hacían a destajo, pagándoles a los obreros según la cantidad y calidad de la tierra recolectada. En el 98 se propone pasar la leña de la leñera a los hornales también a destajo y no a jornal, por resultar más barato.

La cantidad de tierra que se recogía dependía en cierta medida de la climatología, así el año 95 fue húmedo y se recogió tierra hasta la víspera de Navidad, “y en estos últimos, en especial en el presente (97), en que en 7 meses no ha llovido en Castilla, se ha barrido muy poca tierra”.

La mayor cantidad de tierra nitrosa que se benefició durante los primeros años procedía de las tapias caídas de los edificios viejos como los derribados para la construcción de la fábrica, incluído el Hospital, y de otros que se iban derribando en esos años, como la iglesia de San Andrés, o el Ayuntamiento; pero también se recogía por las calles siendo la estación precisa la primavera, siempre que ésta no fuera ni muy húmeda ni muy seca, y en el mes de septiembre y octubre.

(D.G.R. II. Leg. 2023).

El Maestro de la fábrica debía llegar al amanecer, dando instrucciones al Sobrestante Mayor, sobre lo que tenían que hacer los empiladores ese día. El Sobrestante era como un capataz que pasaba lista a los empiladores mientras echaban el agua a las coladeras, y cuidaba de que tratan bien las herramientas, las que controlará tanto a la entrega como a la recogida.

 Cuando llegó el tiempo de la siega, en la que los segadores podían ganar 7 u 8 reales, los obreros se presentaron ante el Administrador para tratar de conseguir una subida de los jornales para todo el año. Este no atendió a sus demandas: “les eché a pasear”, por lo que todos menos tres empiladores se marcharon a la siega, quedando la fábrica parada. No era novedad este comportamiento de los obreros pues los años anteriores había sucedido algo parecido con los obreros encargados de la construcción:

“pues en llegando la hoz nadie los puede contener, olvidados de que en los tiempos que no ganaban un quarto se les daban 5 reales diarios”.

El Administrador tomó la determinación de poner a trabajar a ocho o diez soldados, de los que habían llegado a la villa en enero, que harán tarea y media diaria. La participación de los soldados en las labores de la fábrica era una práctica habitual y un modo de obtener unos ingresos extras al margen de su paga. Así conocemos el caso de Patricio González, Sargento del Batallón de Voluntarios de Valencia, que estuvo empleado de escribiente en la fábrica por 4 R. al día de jornal desde mayo del 96 hasta Reyes del 97 y durante la 4 semanas que estuvo arrestado el sobrestante Juan Antº Díaz, por orden del Intendente por haber fabricado cohetes en contra de la prohibición de las actividades pirotécnicas, cobró a 6 reales por que hizo de sobrestante interino. También un cabo del Batallón estuvo abriendo un pozo en el huerto de Caunedo en compañía de otro albañil a cuenta de la fábrica, y otros soldados y sus mujeres estuvieron empleados como domésticos en casa del Fiel. La utilización de soldados para trabajar en la fábrica durante los periodos de la siega siguió siendo práctica en los años siguientes. En junio del 98 el Administrador Bujanda solicita al coronel del Regimiento de África, con plaza en Zamora, que le facilite 30 ó 40 soldados para las labores de la fábrica de Villafáfila, por acercarse el tiempo de la siega. Asimismo durante el verano, cuando se necesitaban caballerías o bueyes para la recolección de tierra nitrosa, no los encontraban, porque los labradores estaban dedicados al acarreo de sus mieses, debiendo recurrir a la justicia para que obligase a concurrir a los trabajos de la fábrica en el año 1797:

que con motivo de la recolección de frutos se ensobervezen de tal suerte que en el día a 20 reales el jornal estoy viendo no an de ir a trabajar a la fábrica porque no paran de acarrear”,

pero al año siguiente, como la disposición de la justicia ordinaria de la villa era contraria la la fábrica no pudieron acudir a ella, por lo que el Fiel solicita de los DD.GG. licencia para comprar 3 ó 4 yuntas de bueyes para los trabajos de la fábrica.

El proceso de fabricación propiamente dicho consistía en someter los caldos o lejías obtenidos por la filtración de la tierra nitrosa en los coladeras, a un proceso de cocción en las cuatro calderas de cobre, a las que se les aplicaba el calor de la combustión de la leña en los cuatro hornos situados debajo, removiendo  con las espumaderas de cobre para que el proceso fuera homogéneo. Después se pasaban los caldos por unos conductos o encañaduras hasta el cuarto cuajador, donde se llebvaba a cabo la solidificación o “cuajo” en unos botazos situados allí. Así se obtenía el salitre sencillo. Con este, junto con el entregado por los salitreros particulares que estaban obligados con la Real Hacienda, se procedía en los meses de frío a su afinado mediante nuevos procesos de cocción en una caldera más pequeña. El salitre afinado era envíado a los Almacenes Reales de Carabanchel o directamente a las fábricas de pólvora de la capital si era necesario. Todos estos procedimientos debían estar al cargo del Maestro de Salitres que era técnico en la materia, y que además debía asesorar a los salitreros particulares en la calidad de las tierras y sitios nitrosos y en las operaciones de fabricación. Para su ayuda contaba con el trabajo de Angel Robles, que era entendido en las labores del salitre desde los tiempos que había estado empleado en la fábrica particular de Badallo por los años setenta. Para el traslado del salitre afinado a Madrid se contrataron los servicios de Blas Tejedor, un vecino de la villa, originario de Tiedra, a razón de 7 reales y medio por arroba puesta en la Corte.

El Fiel-Interventor tenía encomendadas la contabilidad y asistencia a todas las labores de la fábrica. Debía llevar los libros donde se anotaban los inventarios de efectos y caudales, las cuentas, las nóminas, las obligaciones de los salitreros particulares, y supervisar las tareas de los empleados y jornaleros y ser el responsable de las entradas y salidas, tanto de personas, como de objetos y  salitre en la fábrica. Para ello contaba con la subordinación del Sobrestante y con la ayuda de un escribiente en la oficina. Todas estas funciones debía realizarla bajo las órdenes y supervisión del Administrador de la fábrica, que era la máxima autoridad del establecimiento y al que le dirigían sus providencias y órdenes los DD.GG. de Rentas desde Madrid. Pero desde su llegada a la villa en mayo del 95, antes de comenzar las obras, el Fiel se había ido haciendo con las riendas de la fábrica, ante la pasividad y dejadez del Administrador, que agoviado con los quehaceres (Bujanda era Regidor Perpetuo de Zamora y Administrador General de Salitres de Castilla y León) y por el deterioro de su salud, permanecía en Zamora la mayor parte del tiempo. Como Caunedo era el factótum de la fábrica, quería intervenir en todo lo concerniente a los procesos ténicos por lo que no tardaron en surgir diferencias con los otros dependientes de la fábrica, en especial con el Maestro, que tuvo que abandonar du destino, siendo sustituído por un nuevo Maestro que llegó de Madrid en el verano del 97.

Enterados los DD.GG., posiblemente por denuncia de alguno de los dependientes de la fábrica, de que se estaban haciendo experimentos de fabricación que se salían de los usados habitualmente en otros establecimientos similares, y encaminados a la producción de potasa, por parte del Fiel, ordenaron al Administrador que acudiera a Villafáfila para hacer una investigación sobre los hechos.

El 29 de septiembre se presenta Bujanda en la villa para hacer información sobre el particular. A las 7 de la mañana se personó de improviso en la fábrica y recogió las llaves de los cuartos cuajadores, e interrogó a los dependientes. Después de la investigación que hizo, interrogando a los dependientes, que conocedores de la complicidad entre el Fiel y el Administrador, se limitaron a respuestas vagas e imprecisas, responde a los DD.GG. defendiendo la actuación de Caunedo, su integridad y valía. Este se presenta, crecido por el apoyo del Administrador, como muy ofendido de las dudas que se han suscitado en torno a su persona y dice “que no es hijo de ningún zapatero de viejo, y que sus padres  le criaron con la correspondiente religión igual a su nacimiento, y su casa dimana de los Condes de Balazote”. Justifica su actuación como una innovación en los métodos de extracción del salitre, y defiende su proceder de no hacer caso a los maestros, porque éstos son unos ignorantes que no actualizan los procedimientos y llevan a la ruina a las fábricas.

Ante estos incidentes, y los informes contradictorios que llegan a Madrid, se instala en la Dirección General la duda de la viabilidad de la fábrica cuando no llevaba ni un año de funcionamiento:

haciéndosenos cada día mayores y más fundadas las sospechas y aún fundadas dudas que tenemos de que los terrenos de esa villa y fábrica abundan considerablemente en sales y que su nitro es menos copioso del que se ha intentado hacernos creer”.

Se envía una orden para que se reúnan en octubre en las oficinas de la fábrica, el Administrador, el Fiel y los dependientes, para que den todos su opinión libremente sobre la fábrica, actuando el contador Manuel de Húmara de secretario con voz y voto. Se les pide un informe concreto, pormenorizado y verdadero de la fábrica, de sus sitios y posibilidades de producción futuras. Los DD.GG. insisten ante el Administrador para que imponga su autoridad evitando toda desavenencia e indisposición entre los vocales que conformarán la conferencia. Húmara con excusas, ante las complicaciones que podrían surgir por los enfrentamientos, alega no puede asistir a las conferencias por hallarse en Zamora ocupado en la elaboración de las cuentas, y actúa como secretario el Sobrestante Mayor. El recién llegado Maestro de la fábrica, Francisco Pérez se marchó a la Corte, antes de acabar la conferencia con intenciones de informar directamente de la situación a sus superiores, y no pudo ser disuadido por Bujanda. Como sustituto se nombró a Angel Robles que anteriormente trabajaba como ayudante.

Después de recibir los informes de esta conferencia los DD.GG. reconvienen al Administrador por la situación de la fábrica y por haberse suspendido las conferencias sin llegar a uu aclaramiento de la situación, en medio de grandes desavenencias entre los dependientes “dejando en la perplejidad a esta dirección sin los conocimientos prácticos que necesita para fundar sus providencias ... y que demuestra que no hai en V.M. tesón ni firmeza para hacer prevalecer en debida forma las órdenes que se le comunican, y que mira un objeto de tanta utilidad o con mucha indeiferencia o con absoluto interés”, pero le mantienen al frente de la administración de la fábrica durante casi todo el año 1798, coincidiendo con el periodo de peores relaciones con los vecinos de la villa.

(D.G.R. II. Leg. 2023).

Durante los experimentos realizados a lo largo de 1797 se habían obtenido 81 barriles de salitre que no se habían pesado, ni calculado la pureza, prueba del descontrol que se estaba instalando en la fábrica.

En diciembre de 1798 se envía un informe-resumen del salitre obtenido durante todo el año, teniendo en cuenta que la recogida de tierra de los corrales particulares, de donde se esperaba obtener la mayor riqueza, no se había podido llevar a cabo ese verano por la mala disposición de los vecinos, para evitar nuevos incidentes “y hecharan de ver que ni con mucho puede llegar la elavoración de salitres a lo del año anterior”.

Uno de los productos colaterales del proceso de obtención del salitre era la sal común, que estaba sujeta a una ordenación muy estricta en cuanto a su producción y consumo. Los DD.GG. mandan que se entierre la que se vaya obteniendo por no considerarla apta para el consumo humano. El fiel de la fábrica se queja manifestando “desde hace más de treinta años los salitreros de este pueblo, la sal que sacaban la vendían y nadie se quejó de que le hiciese daño”. Pero la orden se mantiene y se procede a su enterramiento en un pozo seco del sitio de los Ruices bajo la vigilancia de un oficial de la ronda de Zamora.

(D.G.R. II.Leg.2024).

A finales del año 97 los DD.GG. emiten una orden para que todos los salitreros particulares entreguen su salitre en Villafáfila, con el fin de centralizar las entregas y para proceder a su afino en la fábrica. Esto debió de causar algunos perjuicios a salitreros que entregaban sus productos en las receptorías de Benavente o Zamora que le quedaban más cerca de sus pueblos, por lo que en febrero del 98 los salitreros de Torres del Carrizal y Molacillos, Manuel Cordero mayor y menor, padre e hijo naturales de Villafáfila, se quejan del perjuicio que se les seguirá de entregar su salitre en la fábrica de Villafáfila y no en Zamora, de donde están más cercanos, y a donde acuden con más frecuencia.

A finales del verano del 98, después de los enfrentamientos que tienen lugar entre los empleados de la fábrica, especialmente el Fiel y el Administrador, con los vecinos y autoridades locales de Villafáfila, por fin en Madrid se convencen del perjuicio que está causando don Francisco González de Caunedo, tanto a la fábrica misma como a la Real Hacienda, al confirmarse que había manejado los bienes y los caudales de la Real Fábrica en su provecho, por lo que fue suspendido de empleo y sueldo en septiembre, aunque la entrega de caudales y efectos de la fábrica no tuvo lugar hasta el 31 de octubre, quedando encargado provisionalmente de la fábrica el Sobrestante Mayor don Isidro Santiago.

 (D.G.R. II. Leg. 2041).

En diciembre de 98 escribe Bujanda a los DD.GG, reconociendo sus errores y su negligencia al permitir a Caunedo actuar a su conveniencia, y solicita el regreso de Badallo, el antiguo fabricante, buen conocedor de de la fábrica, que se hallaba en un estado de descontrol: “La fábrica ba de mal en peor y sólo Badallo será capaz de ponerla en pie”. Este empleado que estaba destinado en los molinos de pólvora de Reino de Murcia, había solicitado varias veces su restitución en el empleo de maestro en la de Villafáfila, alegando los dilatados años de servicio a la Renta de la Pólvora en diferentes destinos, y la permanencia de su familia en el pueblo.

Los DD.GG. recurren al contador Manuel de Húmara, hombre íntegro y fiable para que dé su parecer sobre el asunto, y éste en su informe propone una serie de soluciones para remediar los males que aquejaban a la fábrica en esos momentos:

creo que es indispensable, y a la mayor brevedad la reformación de la fábrica de Villafáfila, estableciendo en ella una administración que entienda inmediatamente, no solo de sus operaciones, sino del giro y distribución de los caudales y demás que sea relativo a ella. Para ello es preciso un Administrador, que además de su circunspección y exactitud, tenga conocimiento práctico de estas fábricas. Un Maestro inteligente, celoso y laborioso que, de acuerdo con el administrador, disponga y ejecute todas sus labores, experimentos y demás operaciones que se ofrezcan, sin el cual no puede subsistir ninguna fábrica, porque el solo ha de ser el quicio, o cimiento de todo este edificio. Un oficial Contador interventor capaz, inteligente y exacto para intervenir la cuenta y razón de la Administración. Un Sobrestante que presencie y vigile las operaciones y trabajos. Un Guardaherramienta que constituyéndose responsable de la que se le entregue, la dé y recoja a los trabajadores. En fin, crear desde luego todas aquellas plazas que los Srs Directores conceptúen precisas, dotándolas competentemente, a fin de que la necesidad no sea causa de abusar de la confianza, y dando a todos una instrucción en que se declaren las funciones de cada uno, con el más estrecho encargo y apercibimiento sobre su cumplimiento. Si desde el principio se hubiera adoptado este método, seguramente que no se verían hoy tantas inordinaciones y unas resultas tan funestas como experimentos

(D.G.R. II. Leg. 2023).

Depués de leídos los informes en Madrid se toma la decidión de suspender de empleo y sueldo también al Administrador Bujanda, “si el Administrador hubiera reflexionado sobre el despilfarro, mal gobierno, y ninguna economía que ha habido en aquella fábrica, principalmente en el punto de los utensilios, huviera conocido la grabísima diferencia que hai del proponer al ejecutar” (D.G.R. II. Leg 2024), nombrando como Administrador interino a don Manuel de Húmara:

Que desde 1º del corriente mes [Abril 99] quede separado del conocimiento y manejo y sueldo de dichas fábricas el referido don Juan Ignacio García de Bujanda, al mismo tiempo que nombrar a Vm ( Manuel de Húmara) como desde luego lo hacemos por Administrador encargado de ellas”.

(D.G.R. II. Leg. 1999).

 Éste  lleva  a cabo entre marzo y septiembre del 99 una investigación exhaustiva de las actuaciones del Fiel suspendido, tomando declaraciones a diferentes testigos y escrutando las cuentas, tanto en Villafáfila como en Zamora.

De los testimonios se conocen que las trampas, enredos y corruptelas del Fiel se extendieron a todo tipo de actuaciones:

 1-Utilización de los obreros, utensilios y bienes de la fábrica en provecho propio:

-empelando criados domésticos a cuenta de la fábrica:

que este testigo estuvo sirviendo en casa de Cunedo con su mujer y le pagaba a razón de 4 reales al día y a ella no le pagaba nada hasta que entró en la fábrica una cuadrilla de mujeres a recoger cantos de los tendidos, que entonces le pagaba el jornal de una mujer”

“Caunedo tenía a un criado a cuenta de la fábrica para labrar su huerto, vender su hortaliza ir a la Aceña a moler y en cuanto se le ofrecía”.

- utilizando la leña y la lumbre de las calderas para su provecho y el de sus amigos:

“que a casa de don Francisco Caunedo se llevó lumbre de los hornos de la fábrica y cuando no andaban las calderas se quemaba leña de la fábrica para cebar los braseros de las tres casas ( la de Caunedo, la de don Narciso Melgar y la del abogado Argenti Leis) empleándose en esto y llebarlos Carlos Robles a quien corría su jornal por la fábrica”.

-como no le gustaba el agua de Villafáfila por su mal sabor, enviaba a los obreros de la fábrica a buscar agua al río Esla y a la fuente de Barcial para la casa de Caunedo.

-vendió asimismo ladrillos y tejas para la obra del Ayuntamiento y a particulares, de los que había fabricado de más el tejero, al que se las compró a un precio inefior para la la fábrica. También dispuso de las maderas, piedras de portada, o escaleras de las casas demolidas para venderlas en su provecho o regalarlas a sus amigos. Incluso dejó un carro de cal de los que se traían de Cerecinos del Catrrizal para la obra de la fábrica, como limosna para el Cristo para ser  empleado en obras que se realizaban en la iglesia de Villarrín.

 2- Malversación de los caudales de la fábrica, con parte de los cuales se quedaba él:

-pagando menos dinero a los obreros del que apuntaba en las cuentas, pues desde octubre del 95 hasta octubre del 97 pagaba a los jornaleros 3 r. en invierno y en verano a 4 r., cuando figuraba en los estadillos de cuentas que les pagaba a 5 reales.:

que nunca se ajustaron de antemano los destajos y lo que hacía don Francisco Caunedo era enviar la cuadrillas donde quería y al fin de la semana medía las varas y arreglaba los precios como quería, resultando de esto que, trabajando una cuadrilla más que otra, sacaba menos jornal porque nadie sabía como ordenaba la cuenta y aunque se quejaron varias veces sobre este perjuicio nada adelantaron”.

“lo que hacía Caunedo era mandarles trabajar en tal o qual sitio y al fin de la semana iba y hacía una medida que nunca la pudieron entender, ni el que declara ni sus compañeros, y en vista de la medida hacía Caunedo la cuenta a su antojo, de forma que hubo semanas que, trabajando poco, salieron a mucho jornal y trabajando mucho a mui poco, pues había quadrilla que no trabajaban ni con mucho menos que la del que declara y salía siempre por mayor jornal, sin más motivo que ser el del cariño de Caunedo, sin que se atreviesen a reclamar, porque el que lo hacía sin más motivo se le despedía y, como faltaba donde poder ganar el jornal,  les precisaba aguantar y pasar por lo que Caunedo quería hacer”.

“ que muchas veces vio que desquitaba medios días y quartos y horas de trabajo a los jornaleros porque iban tarde a trabajar, y aunque les cobraba su importe, pocas o ninguna vez dejo de cargarlo por entero en las relaciones semanales, sucediendo lo mismo con los ratos que se revajaban a dichos trabajadores por el mal temporal y otras causas”

-poniendo en las relaciones semanales plazas supuestas de obreros que no trabajaban o no dejaba de poner los que fallecían o abandonaban la fábrica, para abultar las nóminas y disponer del exceso de dinero:

un peón que trabajó en la fábrica y era vecino de Valderas que según tiene entendido se mudó el nombre y apellido en esta fábrica, enfermó en esta villa y se retiró a su pueblo y murió en él, y después hasta una semana siguiente a su muerte lo puso el que declara de orden de Caunedo en la relación de obreros trabajadores, cargando por lo mismo todos estos jornales que no se debengaron

 “recogía los recibos en blanco de las quadrilla y después les pagab ... solo se acuerda que en un recibo cargó de más, doscientos cincuenta reales y se presume que en los demás recibos hiciera lo mismo”.

Además su carácter autoritario y despótico le llevaba a extralimitarse en sus atribuciones, usurpando la jurisdicción ordinaria y actuando él mismo de juez.

Dice el sobrestante Isidro Santiago Martínez:

“cuando vine a esta fábrica noté que inmediato al cuarto cuajador había un cepo de madera con 12 ó 13 agujeros el que se decía se tenía allí para que sirviese de prisión, como en algún caso se verificó. Dicho cepo permaneció en aquel sitio hasta que se suscitaron las contiendas con el correxidor, quien en sus escritos lo representó a la Sala de Valladolid, y, sabido por Caunedo inmediatamente lo retiró y desvarató

O un obrero que cuenta:

que es cierto que en la fábrica había cepo y grillos, y al testigo le mandó poner preso en él Don Juan de Bujanda porque jugaba y estuvo allí”.

Además practicaba otros dispendios por cuenta de la Real Hacienda, en las compras de materiales:

en octubre del 97 dos cántaros de aceite a Fcº Moreno de tierra de Gata, a 144 reales, y estando encargada la economía en todos los gastos, parece que para el servicio que tiene de luces de caballerizas, de fábrica y de untar los carros, con la de arder que se saca en aquella villa (que costará menos) podía hacerse uso de ella[1] ; o “los 2.400 reales satisfechos por 18 tenajas y 417 recibidores de barro de Pereruela los considero como perdidos a la vuelta de quatro meses y antes si las heladas apuran,por ser este un barro sumamente poroso, y así en los principios del establecimiento de fábricas de salitre en Castilla, se empezaron a hacer uso de él para coladeras, se desengañaron del perjuicio que recibían y compravan de los barreñones de Valladolid y tenajas de Cantalapiedra, que son de más consistencia y duración

Depués de recoger los testimonios, el informe que eleva el nuevo administrador interino, don Manuel de Húmara, a los Directores Generales en octubre de 1799, recoge todos los desmanes que habían ocurrido en la Real Fábrica de Villafáfila:

hacer patentes los excesos que constan justificados y cometieron en la Real Fábrica de Villafáfila, don Ygnacio García de Bujanda, su administrador general y don Francisco Caunedo, fiel que fue de ella, el primero por un abandono y confianza punible y el segundo por las muchas y muy considerables estafas que desde que llegó a ella cometió, no solo contra la real Hacienda, sino, lo que es más, contra el afligido jornalero, cuios clamores llegan al Cielo; esto además de otros también mui considerables que a la misma Real Hacienda y vecinos de Villafáfila, se causaron con despojarlos de sus Casas, comprándolas áquellas con mucho dispendio para la erección de la Fábrica, quando la Real Hacienda a mucho menos coste y sin tanto perjuicio de tercero podía haverla establecido en el sitio de San Andrés, inmediato a la población, cuia obra tal vez no hubiera tenido el coste de la Casas compradas, después de que la situación la juzgo más a propósito y podía estar bajo una cerca y llave ... Tal ha sido el abandono, el despilfarro, la estafa, y el despotismo que ha havido en la Fabrica de Villafáfila, llegando este ultimo a tal estremo como que se apropió jurisdicción real Bujanda y Caunedo en el hecho de tener en ella cepo y grillos para castigar como sucedió, a los que sin duda no condescendían con sus ideal, ó querían oponerse a ellas”.

Durante los primeros meses de la investigación Caunedo permaneció sin sueldo en el pueblo, elevando quejas a Madrid de la situación de extrema necesidad en la que se halla su familia. En septiembre se desplaza a la Corte solicita su reintegro en el empleo de Villafáfila. Caunedo debía de tener buenos conocimientos e influencias favorables de personas importantes de la Corte, en esos tiempos de gobierno de Godoy, cuando la corrupción en los altos niveles de decisión era asunto corriente, y así por Real Orden de 31 de Enero de 1800 se le mandó reintegrar a Caunedo en su plaza de fiel de la Real Fábrica de Villafáfila y se presentó el 2 de marzo reclamando sus haberes desde esa fecha. Permaneció unos meses más en Villafáfila hasta su abandono definitivo con destino a Madrid.

 Respecto al funcionamiento administrativo ordinario de la fábrica, disponemos de las cuentas del año 1797. En el capítulo de ingresos consta que:

Empezó el año con un alcance del administrador de 55.924 Reales y 33 maravedíes

Recibió durante el año 1797, las cantidades de:

160.074 R. y 14 mrs. procedentes de las diferentes rentas provinciales de Zamora: Plomo, Azufre, Pólbora, Naipes y Salinas.

5.975 R. obtenidos de la venta de los 5 bueyes de la fábrica

516 R. y 15 mrs. para el Montepío de Oficinas del sueldo de Caunedo

181 R. al Montepío por el sueldo de Bujanda

30.766 R y 26 mrs que debían  los salitreros  obligados, por los anticipos a cuenta del salitre que tenían que entregar

1200 R. que tenía que haber cobrado de los dependientes don Isidro Santiago y a Diego Pérez, a los que se les anticipó esa cantidad cuando salieron de Madrid para venir destinados a la fábrica en el año 1796

Total del Cargo: 254.638 R. y 26 mr.

 En el capítulo de gastos figuran:

134.413 R. y 29 mrs. de los gastos de jornales y gastos causados en la fábrica

10.938 R. y 9 mrs. por jornales y materiales de la obra del año 97

1.875 R. de alimentos que Caunedo suministró al arquitecto Castellot durante la dirección de obras.

6.000 R. de gratificación al arquitecto

Por 42@ y 16 libras de Salitre entregado por los salitreros obligados a entregar en la Administración General, a 89R. por arroba 3.780 R. y 23 mrs.

Por 15@ y 24 libras y 8 onzas de salitre afinado que entregaron en la fábrica 1.396 R y 22mrs.

A  salitreros consignados en la receptoría de Medina del Campo por 1.20@  y 16 libras 11.375 R. y 20 mrs.

Sueldo de Bujanda 7.700 R

Sueldo del Contador 1.100

Ayuda de costa al receptor del salitre de Medina del Campo a 1 R por @, 120 R y 22 mrs

Gastos ordinarios de la Administración 180 R.

Gastos ordinarios de la fábrica 300 R.

Los salitreros obligados quedaron debiendo ese año 29.841 R. y 30 mrs.

Se le reciben en data los 1.200 R. de los anticipos a los dependientes por no haberlos cobrado.

Total de la Data: 210.222 R. y 29 mrs.

 Alcance  que debe el Administrador 44.415 Reales.

 En el año 1798

Cargo: 226.849 R. y 6 mrs.

Data: 156.904 R. y 19 mrs.

Alcance: 69.944 R. y 21 mrs.

 Y el alcance a 1º de Marzo del 99 era de 72.900 R. y 20 mrs.

Se observa un incremento de la deuda, prueba su falta de viabilidad económica de este establecimiento.

(D.G. R. II. Leg. 2041).

 Durante los años de administración interina por don Manuel de Húmara, las órdenes procedentes de la Dirección de Rentas de Madrid se dirigían a él mismo en Zamora si eran temas políticos o administrativos, y al Sobrestante Mayor, Isidro Santiago en Villafáfila, si eran temas técnicos. Todavía en 1800 los caudales que llegaban de la Administración de Zamora a la fábrica de Villafáfila se seguían acompañando de dos ministros montados de las rondas, pero desde Madrid se ve la precaución como algo excesivo y se manda que se retiren: “no habiendo unos evidentes recelos de que en su tránsito, respecto de ser corto , anden algunos malechores, podrá omitirse dar esta ocupación al resguardo”, y se recomienda al Administrador que acudan a buscarlos acompañados de uno o dos peones de la fábrica. Húmara no se muestra de acuerdo con la orden, pues no quiere correr riesgos: “ por estar este País infestado de malhechores segun voz común”.

En 22 de diciembre de 1800 se nombra administrador interino de la Real Fábrica de Salitres de Villafáfila a don Juan Pío de Mezquia, natural de Larrea, Alava, que había estado destinado en Madrid, al servicio de la Real Hacienda.

Se incorpora inmediatamente a su destino con la intención de empezar cuanto antes con el funcionamiento de la fábrica, aunque algunas contrariedades se lo impiden, escribiendo el 23 de enero Mezquia a Madrid: “noticiandole el mal temporal que nos está impidiendo el curso de las labores”.

Los problemas de los salitreros particulares obligados con Hacienda Real a entregar su salitre  a la fábrica de Villafáfila, seguían basándose en los enfrentamientos con los pueblos donde tenían sus factorías, como ocurrría con don José de Frías, nuevo fabricante particular de Benavente, que en 1801 escribe:

La adversión que he esperimentado de parte de los moradores de este Pueblo, y oposición que siempre he esperimentado en ellos a la Fábrica, la han puesto en estado de quedarse sin maestro ni oficial alguno en la actualidad, y nunca le he tenido que goce de exemciones o pribilegios ni pienso tomarle, y sí vender la Fábrica o dejarla para libertarme de tener enemigos como antes de ahora he avisado. Por lo mismo si el Rey me la quisiere tomar se la daré y perderé en este caso la tercera parte de lo en que se tase y me dirá Vm a quien he de remitir mi título y Cédulas de exemciones para hacerlo, pues mi oficio de abogado que estoy ejerciendo, me da las que necesito y aunque mi fin ha sido servir a S.M. ya veo que no puedo continuar

En enero de 1801 faltaron varios enseres de la antigua casa de habitación del administrador y se sospechaba del dueño de la casa.

Durante todo el año 1 estuvo funcionando la fábrica, produciendo salitre y recibiendo salitre de los fabricantes particulares de los pueblos cercanos, y remiténdolo a Madrid, ese año estaban obligados a la fábrica los salitreros Manuel Cordero, vecino de Molacillos, Francisco Pelayo Gonzalez, de Fuentes y Francisco García de San Miguel del Valle. Anteriormente lo habían sido de la receptoría de Zamora, y tenían deudas con la Hacienda, que habían sido transpasadas a la de Villafáfila, don Juan Lombard, de Zamora por valor de 15.399 R, don José Pérez Martínez, de Rioseco por 8.798 R., y José del Río, de San Agustín por 6. 913 R..

A pesar de los empeños del nuevo Administrador no se conseguía que los rendimientos de la fábrica pudieran hacerla viable en un plazo próximo:

Por el estado de los gastos y producto de estas fábricas del año de 1800 se habrá servido observar, la cortedad de estos últimos y lo crecido de los primeros, además de lo cual expongo a V.I. que aunque se ejecutan las operaciones lo mejor y más económicamente posible, me parece que de año en año minorará sensiblemente el salitre y que, a proporción, saldrá a mayor coste, procediendo todo ello de que, ni los sitios contribuyen a la salitrificación de las tierra, mientras son de naturaleza absorventes, debiéndose el poco salitre de que se hallaban algo impregnadas y que ordinariamente rinden la mayor parte en la primera y segunda filtración, a la putrefacción, o sea, adhesión que han adquirido en el estado de tapias, a que la mayor parte de ellas han estado destinadas”, escribe el administrador Mezquia a sus superiores en agosto de 1801.

(D.G.R. II. Leg.1999).

                                    Relaciones de los vecinos con la fábrica y sus dependientes

 Si al principio la disposición de los vecinos y de la justicia  de la villa ante la Real Fábrica había sido favorable, coincidiendo con el inicio de los trabajos, empiezan a surgir algunos encuentros: “en Villafáfila todos los dias andamos en disputa con los Alcaldes”. Así Bujanda se queja en 12 de Septiembre del 95 de que los alcaldes de la villa le estorban los trabajos de construcción de la Fábrica:

                “unas veces quieren sacar los obreros de la fábrica para vagages, otras para guardar presos, y otras para mil diabluras que se imbentan, que todas ellas vienen a reducirse a sacar multas de vino para su diversion”.

Pide que los Directores Generales envíen instruciones sobre el particular:

                 “porque si no, todos los días son ruidos, y como no estoy allí de continuo, aunque el fiel se las disputa muy bien, todo se volveran questiones”,

reclamando la inmunidad ante la justicia ordinaria de la villa.

 Los Directores le responden que los que logran el privilegio de exención el las Reales Fábricas de Salitres son el Fiel, el Maestro y los empiladores, pero que éstos han de profesionales: “ser gente inteligente en la filtración de las tierras de honradez y buenas costumbres, de conformidad que nunca tengamos por algún defecto que tengan questiones con la justicia”, pero todo esto tendría efecto después de que se hayan concluido las obras de albañileria que  se están haciendo, mientras tanto:

no les alcanza exempcion alguna; en este concepto puede VMd pasar a estar con el Caballero Yntendente, y hacerle presente los sugetos que tiene VMd empleados en las empiladas o coladeras, a fin de que los alcaldes no los molesten con sus cargas vecinales, mediante el servicio que están haciendo y que no se pueden perder para las lavores del Salitre” (D.G.R.II Leg. 2021).

Además de los conflictos con el ayuntamiento, pronto empiezan a surgir los vecinos agraviados con la construcción de la Real Fábrica. Así el cura párroco de San Pedro, don Pablo Costilla, que ya conocemos como perteneciente a una familia de hidalgos de la villa, que ya se había opuesto a las labores de Silvano, presenta un memorial de queja ante el Ayuntamiento en el que expresa su protesta por haber permitido la justicia de la villa poner los destiladores de la fábrica en la calle del Sacramento y en la calle que va del castillo a la actual carretera, echando allí tierra y otros materiales que habían estrechado las calles y detenido las aguas, lo que provoca que su casa y las contiguas sufran los efectos de la humedad. Además, la estrechez de las calles como consecuencia de esa ocupación, impide el libre tránsito de carros y ganados de los labradores, y a él mismo ejercer sus labores parroquiales de llevar el viático a los enfermos o asistir a los entierros, y el discurrir normal de las procesiones. También manifiesta que en la feligresía de San Pedro hay sobrado terreno donde se podrían edificar las casas de los catorce vecinos a los que se le han demolido para construir la fábrica, y señala una serie de cortinas y solares como las contiguas a las casas de don Bernardo Costilla, don Fco Caballero y las otras que siguen al Pozo.

El ayuntamiento del año 95, en un principio, rechaza el memorial por no venir escrito en papel sellado y después de presentado otro “es devuelto con las fribolas excusas”. Vuelve a expresar sus quejas en el mes de enero del 96 ante el nuevo ayuntamiento, que se muestra más receptivo, tal vez por estar formado por parientes del cura, y nombra cuatro peritos para que, auxiliados del Procurador Síndico General de la villa, emitan un informe sobre el particular. Después de examinadas las calles declaran en su informe jurado ser ciertos los hechos relatados.

Don Pablo envía el memorial de quejas a los Directores Generales exponiéndoles que los administradores (se referiría al Administrador Bujanda y al Fiel-Interventor Francisco de Caunedo) no habían querido ensanchar la vieja fábrica de Silvano en la dirección de los caminos de Villarrín, Otero y la Granja, por donde no había obstaculo, sino hacia su feligresía, y que a los catorce vecinos a los que se les había comprado sus casas:

con total repugnancia se pasaron a las otras feligresías de la villa y que hubieran muy bien aceptado permanecer en mi feligresía, si los administradores les hubieran construido casa en los sitios mencionados, ... que se les estrechó a la venta de ellas, aunque suene voluntaria, más por el temor y respeto, que por los medios regulares, y que, aun no alcanzando estos, ni el despacho del Sr. Intendente de Zamora para que vendiesen y desocupasen sus casas, les sirvio de despecho y violencia para venderlas y desocuparlas, el ver trasladados los destiladores de los sitios comprados a Silvano al medio de la calle, ympidiéndoles el libre uso de sus casas”.

Deja constancia de su opinión respecto a los posibles motivos para contruir la nueva fábrica en los terrenos de las casas y no en otros solares: “los administradores apremiaban a la venta para poder utilizar las tapias para obtener más y mejor salitre”. Sobre la situación de los vecinos después de vender sus casas cuenta que: “algunos, consumido su precio, suspiran sin casa y sin arvitrios para erigirla”. Por último pide a los Directores que se componga la calle, ensanchándola, que se  dé curso a las aguas y que “no se intenten comprar más casa de mi feligresía, porque algunos feligreses me han propuesto se les amenaza”. Y al final de la misiva manifiesta a las claras sus propósitos: como en su parroquia se paga el diezmo de los frutos del campo y del trabajo personal de los obreros, y que la producción de salitre no paga diezmos, al reducirse la feligresía, ha visto reducidos sus ingresos sin que la actividad de la fábrica le reporte beneficio alguno, por lo que solicita le sea concedido a él o a su sobrino, Martín Costilla, una recompensa o un beneficio eclesiástico.

Bujanda contradice el informe del cura, justificando sus actuaciones:

                “las catorce casas estaban tan unidas a la fábrica que se metían por todas partes dentro de ella, por consiguiente un incendio por una u otra parte que podía resultar, sería un perjuicio irreparable”.

Dice que a los vecinos no se les obligó a vender y que a todos se les pagó lo que pidieron, excepto en un caso que se nombraron peritos para hacer el justiprecio. Apunta otro motivo para las quejas de don Pablo, aparte de la reducción de sus feligreses:

                “el mismo cura tenía prestadas diferentes cantidades de mrs. a estos feligreses, los quales habían impuesto estas cantidades sobre sus mismas casas, y le pagaban los réditos”.

Es decir, tenían hipotecadas las casas por préstamos que recibían de este cura, pues se trataba de jornaleros pobres:

                “ninguno de ellos tenía labranza pues todos heran jornaleros, a escepción de dos, de los cuales el más principal o rico se ha quedado en la misma feligresía”.

No solamente el cura tenía prestado dinero a censo a los propietarios de las casas, sino que algunas estaban hipotecadas, con foros perpétuos de gallinas al Duque del Infantado, señor de la villa. En enero del 96 todavía no se había redimido el censo de cuatro gallinas que debían al Duque del Infantado por algunos solares “que estoy por momentos esperando su contestacion”.              

 En resumen:

Cinquenta y dos son las casas y terrenos comprados, lo menos son quarenta y cinco los vecinos que han dejado sus casas, y en el día de hoy (5 de enero del 96), no hay existentes en pie, más que ocho ó nueve, que todas quedarán desocupadas en el proximo mes de febrero y reducidas a solares; esta operación la hemos empezado á hacer en el mes de Julio del año proximo pasado... ni a VSS. ni a este Caballero Yntendente ni a nadie ha habido la más mínima queja, ni recurso; y todos han quedado contentos”.

Respecto de los 14 vecinos de la feligresía de San Pedro:

todos ellos han quedado acomodados, como no sean dos que están esperando licencia del señor del pueblo para edificar arrimado al castillo”.

En cuanto a las calles estrechadas, promete que, si los del pueblo aportan piedras y arena, cuando acabe la obra de la fábrica, las adecentará por cuenta de la Real Hacienda.

(D.G.R. Leg. 2022).

Aparte de los inconvenientes derivados de la construcción de la fábrica, dos asuntos podían servir de causa de conflicto entre la fábrica y los vecinos del pueblo y de los comarcanos. Estos eran el acopio de leña y la recogida de tierra nitrosa para producir salitre.

Los problemas con la leña parece que no surgieron al principio, después de las dificultades que encontró Silvano, el anterior fabricante, para surtirse de combustible. En 1795 Bujanda informa que por su cuenta han puesto:

                “una barca en el Esla para pasar la leña, y los monjes bernardos de Moreruela quieren trasladar la que tienen en Bretó al sitio que más nos acomode, y lo mismo el Duque con la de Quintos”.

Es decir que los principales dueños de montes de la comarca ponían la leña a disposición de la fábrica. Pero las cosas no debían de ser tan sencillas o la disposición favorable se fue volviendo contraria.

Para el abastecimiento de la leña a la fábrica se estableció un plan que preveía la rotación de la extración entre los diferentes montes que circundaban la zona:

En los años pasados de 94 y 95 hice acopio de Leña para la Fábrica de Villafáfila, de diferentes parajes comunes, pues como tengo dicho a VSS. son tantos los montes que circundan aquel País, que de luego a luego me prefijé en que, cada cinco años, se había de hacer acopio de Leña para la fábrica de un paraje distinto, de suerte que en este intermedio se diese lugar a que se criase, y por consiguiente nunca nos pudiese faltar”.

En febrero de 1796 se dispuso que se cortase leña del monte que tocaba, que era el que los frailes de Moreruela tenían en el sitio y paraje llamado el Priorato y Fazera, para lo cual el Administrador acudió al Caballero Intendente de Zamora, que era la autoridad política de la provincia, precursor de los gobernadores civiles, y sacó un Despacho, para que, bajo ciertas precauciones, se cortase las clases de leña permitida para la fábrica, llevando los leñadores una papeleta firmada por el Administrador de la fábrica, para presentarla a los guardas del monte. Los frailes nombraron como Alcalde Mayor de sus montes a un abogado de Villafáfila, Ambrosio Díaz Costilla, que formó autos judiciales contra los que cortaban la leña, alegando tres cuestiones: que primero se había de sacar de los montes públicos, antes que de los particulares; que sólo sacaran cuatro cargas de leña para cada arroba de salitre afinado que se fabricara; y que los leñadores tenían que acudir a presentar una papeleta firmada por el administrador al monasterio antes de ir al monte, de donde distaba una legua. La verdadera intención de los frailes era que se les pagara algo por la corta de la leña de sus montes:

pues estos frailes dicen que embiando yo criados de la fabrica, daran la leña rocera de valde, pero que mediante que a los que conducen la leña se les paga, que estos deven de pagarsela a ellos”.

Si se consienten estas pretensiones aumentarían los costes de la leña y ya no podría comprársela la fábrica a 12 mrs a los leñadores

(D.G.R. II. Leg. 2022).

En 1797 se hizo un camino por el monte de Bretó para que pudieran transitar los carros, a cuenta de la Real Hacienda, pero Caunedo les iban descontando a los carreteros la cuota que les correspondían por cada viaje para amortizar los costes, aunque posiblemente se quedó con lo recaudado.

El contador Húmara, que se hizo cargo provisionalmente de la administración de la fábrica, dice en 1800, refiriéndose restrospectivamente a la actuación del Fiel de la Fábrica, Francisco de Caunedo, en los años anteriores:

es publico y notorio la acritud, altivez y arrogancia con que procedía con todos, queriendo abasallar a cuantos se oponían a sus ideas como sucedió entre otros con el Párroco de Villaveza, que lo quiso traer atado a la fábrica y meterlo en el cepo y grillos que tenía en ella para semejantes tropelías, tomando a cada paso indiscretamente la voz del Rey para atemorizar a todos, de que resultó la controversia con el Alcalde Mayor de Villafáfila en las que no ha gastado poco dineo de la Real Hacienda sin fruto alguno,... y los montaraces y justicias regalaban a Caunedo en vez de recibir de éste, pues con pretesto de la corta que hacía la Real Hacienda, la hacían también las justicias y sus vecinos, lo que no se atrevían a efectuar sin la anuencia de Caunedo, por haberse hecho dueño del monte

( D.G.R. II. Leg. 1999).

Bujanda pidió en 1796 a los DD.GG. que le envíasen una Instrucción General de funcionamiento de las Reales Fábricas de Salitre para su aplicación en la de Villafáfila y para contar con un instrumento legal que le permitiera la saca de leña y tierra sin estar sometido al beneplacito de los vecinos. En la contestacion de Madrid se le pide que:

evite todo motivo de pleito ni competencia con ninguno, asi de los montes donde traigan la leña como con los vecinos del pueblo, por que si en el principio empezamos con desavenencias no se podrá conseguir el fin a que se aspira”.

No le envían la Instruccion Geneal que pidió, porque cada fábrica se regía con arreglo al País en donde estaba establecida.

El propio Administrador de la Fábrica redactó

una Ynstrucción por Capítulos, sobre el aprovechamiento de tierras y Leña ... deseando por nuestra parte compativilizar y aunar en lo posible, el servicio a S.M., Aumento y Utilidad de la Fábrica, con el menor gravamen posible, utilidad y provecho de los vecinos, que es el objeto Principal y fomento que se deve apetecer en este genero de establecimientos, uniendo siempre el menor perjuicio que padezcan o puedan padecer todos los dueños de Montes y Dehesas que circundan esta Real Fábrica”.

Se establecen unas series capítulos relativos a la corta de leña y a la extracción de tierra nitrosa, regulando ambas actividades, imprescindibles para el funcionamiento de la fábrica, y tratando de evitar conflictos.

En los dos primeros capítulos se determina que el juez competente para resolver los pleitos será: “el Yntendente de Exto que reside en la ciudad de Zamora, éste es es el subdelegado y juez privativo de la fábrica de salitre de Villafáfila”, en virtud de la Real Cédula de 16 de agosto de 1766. Ante él deben pasar: “todas quantas causas se fomenten por parte de la Rl Hacienda, o por el contrario cualesquiera demanda que por sugeto particular, concejo o comunidad se entable contra o en favor de la misma fábrica”, pudiendo acudir en apelación ante el Consejo de Hacienda.

Siendo el punto del aprovechamiento de leña; simple de los más precisos en estas fábricas, y sin el qual no pueden subsistir, uno de los más contravertidos y del que han resultado y resultan diferentes desavenencias, vien por la mala fee de los dueños de los montes, o por el abuso de los que la conducen a las mismas fábricas,... el aprovechamiento de la leña es una carga que deven sufrir todos los montes, dehesas y Baldíos que circundan la Rl fábrica de Villafáfila, sufran por igual esta gavela”,

se regula su extracción de los montes y se establece un turno rotatorio de saca teniendo en cuenta la extensión de los diferentes montes que circundan Villafáfila. Se dispone que:

                “La Leña que deverá sacar la fábrica para sus cocidas es el Romero, la Yniesta, Aliaga, Sargatilla, Esplieguera, Tomillo, Jara, Tovas, Zaguazo, Escobón, Junco, Carrizo, Pajón, Chaparro pardo, Carrasca muerta, Reviejo, y todas las Leñas que se nombran muertas y en la clase de rocera que son aquellas que no llegan a planta mayor”.

La leña se podrá sacar de los montes determinados sin pagar por ella precio ni carga ni otra cantidad alguna, para lo cual avisará el Administrador al dueño del monte o dehesa, dándole relación semanal de las personas autorizadas para el acarreo, y los conductores llevarán una papeleta que mostrarán al guarda o montaraz, y:

                “qualesquiera conductor que tomada la paeleta para traer leña para Villafáfila, cometiese fraude, o hiciese siniestro uso de ella, será castigado con un mes de prisiónaplicado a las obras públicas, a disposiión del Yntandente de Zamora, y para siempre privado de poder lograr los beneficios que en sí produce este establecimiento para los jornaleros y demás personas que se ocupan en él”.

Cuando se hiciera corta o poda general por los vecinos en los montes concejiles se dará aviso a la fábrica para poder aprovecharse de la leña, así como:

                “es frecuente carvonear aquella pate de los montes que están en disposición, y siendo inutil todo el ramage, el qual se desperdicia, tendrá la fábrica facultad de poderse aprovechar de esta corta de arbustos”.

En el caso de falta de leña en la fábrica se podrá enbargar los carros y caballerías para conducirla desde los montes sin alterar los precios que se vinieran pagando.

Respecto a la extracción de tierra salitrosa que se encuentra en las calles de los pueblos, en los corrales, bodegas y bodegones, así como en las tapias caídas, se establecen una serie de disposiciones:

                “En las calles, plazuelas, parages comunes y sitios bagos del pueblo, podrán siempre que lo hallen por conveniente, y con orden del Administrador, o del que estuviere mandando la fábrica, raer la tierra con ralladera, rastro  de yerro o azadón, y a media bara de donde hubiere edificio, casa o bodega ha de ser con pala de palo y escova blanda, y en toda bodega, sótano o badegón en que se encontrase nitro para extraerla tierra se ha de usar escoba blanda”.

Los particulares no podrán oponerse a que se saque la tierra de sus corrales, siéndoles restituída la tierra que se sacara por otra nueva, pues:

                “muchos sugetos más quieren padecer el perjuicio que en sí tiene el salobre de la tierra, que no que se aproveche otro de lo que a él le perjudica”.

Asimismo se podrá utilizar la tierra de todos los edificios o tapias que se arruinen.  Para facilitar las labores de recogida de tierra:

Desde primero de Julio asta fin de Noviembre de cada año, tendrá la Justicia limpias las calles, plazas y sitios de estiercol, y si los dueños no lo levantasen, dispondrá la justicia de Villafáfila que lo hagan con todo rigor, y de lo contrario se hará responsable de sus resultas

Estas disposiciones que suponían una intromisión de las labores de la fábrica en la vida cotidiana de los vecinos provocaban que las relaciones de éstos y del Ayuntamiento con la fábrica y sus dependientes se fueran deteriorando, sobre todo a medida que las actuaciones de estos ùltimos se hacían más despóticas, aunque al principio el Fiel-Interventor, Francisco de Caunedo, principal responsable de los conflictos, contaba con el beneplácito del Administrador Bujanda, que permanecía en Zamora la mayor parte del tiempo, y con la aquiescencia de los Directores de Rentas en Madrid .

El 11 de Noviembre de 1796, al tiempo que finalizaban las obras de construcción, el Ayuntamiento de Villafáfila eleva un escrito ante los DDGG, quejándose de las actuaciones del Administrador:

“Señores Directores.

Muy Señores nuestros: esta villa y su común desde el principio del establecimiento de esta fábrica de salitres, manifestó su afecto al Real Servicio, franqueando generosamente quanto podía contribuir a su erección, pribándose los vecinos de sus comodidades, dejando sus casas y cediendo algunos terrenos que a los vecinos le eran, no sólo útiles, sino precisos, y entre ellos una calle del mejor servicio del pueblo, con la precisa condición de haber de dejar paso de día para la servidumbre de ir a labar, y a otros negocios, como paso preciso. Esta generosidad de que ha usado este Ayuntamiento por formal acuerdo con don Juan García de Bujanda, la convirtió éste en un detestable despotismo, y habusando de ella, y de la honrrosa atención con que los vecinos distinguidos del pueblo le faborecían en quanto le ocurría para el objeto del establecimiento, se propasó, no sólo a negar el paso por dicha calle poniendo centinela para impedirlo, sino que se tomó la potestad absoluta, quanto se ha imaginado y le ha dictado el deseo, cerrándonos algunas calles, estrechando otras, dejando otras intransitables, de suerte que no pueden los labradores conducir sus mieses, ni servirse con sus labranzas, y se porta en modo tal, que con la voz del servicio del Rey, parece que quiere echarnos de nuestras casas, pues hasta la teja para cubrirlas quiere quitarnos; y sobre esto acudió al Jefe inmediato, el Yntendente de Zamora, con un Pedimeinto que no puede ser más arrojado ni menos verídico, producirse su acaloramiento y ligereza, escitó a este Ayuntamiento a dar la respuesta que forma este expediente, cuyo testimonio incluimos a V.SS., persuadidos de que dicho don Juan, pintará su pretensión a V.SS. por muy interesante al Real Servicio, como si S.M. quisiera quitarle a este pueblo lo que precisamente necesitan para su conservación; y para que V.SS. sepan quanto esta villa se ha esmerado en el servicio de este establecimiento y se dignen hacer entender a este Administrador qual es el verdadero interés en el Real Servicio en las servidumbres que gozan para el útil de sus labores, suplican a V.SS. se sirvan tomar la molestia de pasar la vista por el adjunto testimonio, con la solicitud que hacemos de que se nos deje libre el paso de la calle de la laguna, a lo menos de día para el uso común de ir a lavar a las Pilas, y tránsito de camino Real, y que la calle que viene de San Pedro y va a San Juan, que la estrecharon de tres partes dos, se buelba al estado que tenía, a lo menos que puedan pasar dos carros si se encuentran; y todo lo demás que se ha prestado, de su potestad absoluta lo cede la villa con gusto, como hizo con otros terrenos, por no hacer tanta falta al pueblo, pues en ello se interesa el mejor servicio de S.M.q.D.g. y el Bien de estos vecinos.

Nº Sºr Guíe la vida de V.S.M. Villafáfila y Noviembre 11 de 1796

Besan las manos de V.S. sus más atentos servidores. La Xª y Ayuntamº que lo componen:

D. Manuel Gómez de la LLamosa, D. Manuel Horduña, D.Gregorio Costilla, Santiago Ruiz, Manuel Torío, Domingo del Río.

Por mandado del Ayuntamiento: Diego Gutiérrez.

Sres Directores de la Rl Hacienda”.

 Las alegaciones de la villa sobre el señalamiento de los terrenos para la construcción de la fábrica se había tratado en una reunión que había tenido lugar en marzo anterior, entre el arquitecto de la Renta de Salinas, Manuel de la Ballina, el Fiel de la fábrica, Francisco González de Caunedo, el mayoral, sobrestante y otros trabajadores, con el Alcalde Mayor, con uno de los escribanos y otros miembros del Ayuntamiento:

habiendo quedado tan contentos con lo que acordamos y señalamos, de conformidad que me dieron gracias, siendo efectivo que se prestaron con franqueza para el servicio de la fábrica”, según el testimonio del arquitecto, que sólo se explica la protesta de la villa por que el encargado de la obra, Caunedo, hubiera alterado los planteamientos primitivos.

El malestar de los vecinos de la villa se incrementó, cuando el Administrador, apremiado por las prisas en cubrir el nuevo edificio de la fábrica, había requerido para que le entregaran las tejas que se fabricaban en el tejar de la villa, destinadas a las necesidades particulares de los vecinos, a lo que se negaron la justicia y ayuntamiento, y motivó un pedimiento de Bujanda al Caballero Intendente de Zamora, para que obligara a los de Villafáfila a entregarle la teja necesaria para acabar la obra.

(D.G.R. II. Leg. 2022).

Las actitudes del Fiel de la fábrica, cada vez más autoritarias, a medida que se iba convirtiendo en el verdadero amo de la fábrica desde su llegada a la villa en mayo de 1795, por dejadez del administrador Bujanda, que cada vez delegaba más decisiones en Caunedo, y favorecidas por el carácter intrigante de éste, junto con la apariencia de unos modos de vida por encima de sus posibilidades, despertaron los recelos de los habitantes del pueblo, incluso antes de finalizarse las obras de construcción de la fábrica. En el verano del 96 un vecino de Villafáfila, Juan Barrera, había enviado un escrito a D. Pedro Varela, supongo que un alto cargo de la corte, quejándose de los excesos que cometían el Administrador y Caunedo en el trato con los vecinos, y del tren de vida de este último, muy por encima de las posibilidades que le permitiría su sueldo. Pero el Fiel contaba con la opinión favorable del Administrador, que en septiembre, cuando debieron iniciarse los rumores por la villa, informa a los DD.GG.:

sólo la cabilosidad y poco talento pueden haber dado motivo a quejas infundadas y a incomodar a V.SS., las quales ni merecen ni se les deberá dar otro castigo que el desprecio”.

Los DD.GG, pidieron informe secreto a Don Francisco Miguel Costilla, uno de los párrocos de Villafáfila, y al contador de la Administración de Correos de Benavente, Antonio de la Fuente, funcionario de confianza. Este responde en carta fechada el 17 de febrero del 97, que es cierto todo lo que había informado el párroco don Francisco Miguel Costilla:

Me persuado que el demasiado porte del Interventor Don Francisco Cahonedo da en los ojos de los principales vecinos de aquella villa, por contemplar que el corto sueldo que goza no puede sufrir tanto gasto, y esto les ha hecho desconfiar de su manejo... y creo muy bien que la falta de continua asistencia en aquella fábrica de su Administrador Don Juan García de Bujanda, puede contribuir mucho a que Cahonedo tenga secretas inteligencias, pues estoy informado que la mayor parte del tiempo permanece en Zamora, yendo y viniendo por pocos días a Villafáfila, por cuyo motivo residen en el Iterventor unas y otras facultades, sin tener quien le vaya a la mano, lo que puede muy bien ser la causa de algún exceso”.

Los Directores Generales iban recibiendo los informes sobre los dependientes de la fábrica pero mantienen una actitud condescendiente con los mismos, pues en carta que dirigen al párroco antedicho le recriminan que haya contado en varias casas del pueblo la existencia de la denuncia de Barrera y de los informes que le habían pedido los DD.GG. pidiéndole que se abstenga en lo sucesivo de hacer comentarios y dar lugar a chismes sobre los empleados de la Fábrica

Una vez acabada la Fábrica, en enero de 1797 llegaron a la villa los soldados y establecieron el cuartel contiguo a la casa del Alcalde, lo que fue motivo de nueva desazón por “ éste temer que los soldados le hurtasen las gallinas”.

Las demoliciones de las casas para construir la fábrica y la llegada de empleados de la misma, ocasionó una escasez de viviendas, con los problemas de alojamiento para otros empleados, que no pueden traer a sus familias:

“el Sobrestante y el Maestro están en una Posada, que siendo de las mejores casas del pueblo, viven como en el Arca de Noé, Patrones, Bueyes, y Cerdos, todos en una Pieza”.

El Ayuntamiento requiere en junio al Administrador para que deje libre una de las dos casas que ocupan los dependientes de la fábrica, que las tienen arrendadas. La villa las necesita para morada del nuevo médico, pues por razón de no tener casa se ha despedido el anterior; y la otra para el recién llegado cura de San Martín. El Intendente envía una provisión en la que manda abandonar una de las dos casas. Además la escasez provoca una carestía en los arrendamientos pues la panera que tenían alquilada para meter los utensilios de la fábrica, se quedaba pequeña y tenían que alquilar otra, y “cada año toman mayor incremento y la lebantan de precio”.

   Otro de los motivos de roce entre la fábrica y los vecinos fue la aplicación de las disposiciones que obligaban a éstos a permitir que sacasen tierra salitrosa de sus corrales y bodegas, para que sirviera de materia prima en la obtención del salitre. En Julio del 97 los DD.GG. dirigen carta al Alcalde Mayor, D. Manuel Gómez de la Llamosa, para que permita y facilite la saca de tierra salitrosa de los corrales de las casas del pueblo, no arrimándose a las paredes de los edificios, y restituyéndoles la misma cantidad que se saque. El Alcalde Mayor, para no comprometerse en el asunto, de por sí muy comprometido, convocó concejo público el domingo siguiente en la plaza, para que los vecinos decidieran. El Administrador Bujanda le intenta disuadir de su intención de juntar el concejo porque para evitar que la reunión acabara en tumulto: “en un pueblo, por quieto  y pacífico que sea, nunca falta un díscolo que conmueba e ynquiete a los demás, ... se puede esperar nada equibocamente que lo nieguen o se propasen ha otra cosa maior”.

(D.G.R. II. Leg 2023)

Otra discrepancia surgió también entre el Ayuntamiento y el Administrador a propósito del pago de los reales procedentes de la venta del Hospital de San Juan:

el año 1735 varios vecinos de Villafáfila que se titulaban congregantes de esta obra pia cedieron todos los derechos de posesion y señorio que les competia a los hermanos hospitalarios del Divino Pastor, los cuales tambien consta que por entonces adquirieron los solares contiguos a dicho hospital. La confraternidad de hermanos hospitalarios aunque en efecto se puso en planta, años a que se extinguió desde cuyo tiempo parece que el Ayuntamiento en virtud del patronato que siempre conservó sobre el hospital ha corrido con la administración de sus efectos y procedió a la venta del solar para el establecimiento de las fabricas de salitre, con motivo de que estaba la casa arruinada, no havia caudales para redificarla, ni tampoco medios para que subsistiese la hospitalidad”.

Se compró en 5 de octubre del 95 por 9.650 reales. Pero al hacer las escrituras, la villa no presentó los títulos de propiedad que se le pedían y el Administrador no le quería entregar los reales, muy necesarios en esas fechas para emplearlos en las obras del edificio del ayuntamiento, que estaba en ruina, y necesitaban hacer uno nuevo. Por fin el intendente mandó que se entregase el importe de la compra al Ayuntamiento, pero dejando depositados en la Depositaría de Puentes 2.356 R. que debía la villa de contribuciones que no había realizado. (D.G.R. II. Leg. 2041).

A medida que pasaban los meses la disposición de los vecinos de la villa y de las autoridades, desde los alcaldes ordinarios hasta el nuevo Alcalde Mayor, D. Vicente Pedro Rebollo, hacia la fábrica se hacía más hostil cada día, llegando enfrentamientos judiciales que crearon un conflicto de competencias entre la justicia ordinaria representada por el Alcalde Mayor, y la especial a cargo del Caballero Intendente de Zamora, al entrar áquel en la fábrica acompañado de los soldados con bayoneta calada y con un alguacil con bara levantada, para detener a un empleado de la misma, un lumbrero, mientras estaba trabajando en los hornos, el cual fue defendido por el Fiel, consiguiendo huir después a Toro. Las quejas del Fiel muestran su incomodidad por:

estar combatiendo todos los días con unos vasallos que no tiran a otra cosa que a destruir esta Real Fábrica, pues cada día estoy viendo mayor oposición a ella, tanto en avasallar a los operarios, como a los que traen la leña, pues ayer me dijeron éstos no bolberían más por estarlos sofocando las xusticias de esta, por cuio motibo no pueden traerla y así no me determino a hacer los tendidos”.

El Caballero Intendente  de Zamora envió a Villafáfila una comisión para hacer autos sobre lo ocurrido, pero la justicia al frente del alcalde ordinario Ambrosio Díaz Costilla, sin estar el Alcalde Mayor de la villa, les quitó la comisión, teniendo que regresar a Zamora sin poder haber levantado los autos, y el ánimo del pueblo era tal que “haunque viniese el Caballero Yntendente harían lo mismo según lo que se está viendo”. Por ello el Fiel solicita la presencia de nuevos soldados en la villa para que vigilen permanentemente la fábrica y su casa.

Ante la marcha de los acontecimientos, los Directores Generales, que conocen la situación a través de las versiones que les envían Caunedo y Bujanda, reclaman una intervención más expeditiva por parte del Caballero Intendente de Zamora, que conociendo mejor las pormenores de los incidentes, se muestra más flexible:

                “cada día son maiores los excesos de éste [el Alcalde Mayor de la Villafáfila] y más graves los peligros a que están expuestos los empleados y dependientes de la fábrica, impidiéndose en consecuencia las labores de ésta, y resultando de todo graves perjuicios al Real Servicio, cuias ocurrencias, si no se cortaran, llegarán a un extremo de la maior altura”.

Incluso llegan a exigirle su activa intervención para evitar que los alborotos lleguen a traer consecuencias más graves para la fábrica:

                “la jurisdicción que usted regenta la qual seguramente se halla gravemente ofendida y vulnerada, a que se une el ningún decoro con que mira áquel, un establecimiento propio de S.M., y en que se interesa no solo el  servicio de su Real Persona, sino el bien del Estado y de la Nación. Estas consideraciones que anteriormente también tenemos insinuadas a VS nos ponen en la necesidad de exigir  de su celo mire esta negocio con la maior eficacia y con la urgencia y preferencia”.

La contestación del Caballero Intendente no se hace esperar, exponéndoles su opinión sobre la causa principal de los incidentes:

                “Estoy persuadido que no llegarían al extremo que esperimentamos los subcesos de Villafáfila, si allí hubiese una persona de carácter y representación que sostubiere los derechos de la Real Hacienda, y al mismo tiempo guardase la mejor armonía con aquellos naturales, o los principales que promueben semejantes discordias; pero faltando aquella, y siendo la de más suposición a la vista de la fábrica, el Fiel don Fcº Caunedo, a quien no considero con las circustancias que para ello se requieren

El Alcalde Mayor había recurrido ante la Real Chancillería de Valladolid, que era el Tribunal Supemo de justicia, en defensa de su capacidad para ejercer la jurisdicción en toda la villa incluida la Real Fábrica. El día 19 de febrero un clérigo de Benavente le trajo la plausible noticia de que la Chancillería de Valladolid formaba competencia a este tribunal, es decir, que prevalecía la jurisdicción ordinaria sobre la especial que representaba el Consejo de Hacienda. Esa misma noche el Alcalde Mayor mandó tocar el reloj del Ayuntamiento, recién estrenado, encender luminarias y tirar cohetes:

combidó en la sala del Ayuntamiento a refrescar, more patrio, a la Xusticia y los magnates del pueblo, siguió un gran baile, hubo su cena correspondiente, todo autorizado por la Xusticia, y él a su cabeza y con soldados con baioneta calada haciéndoles guardia. No se contentaron con esto, sino que, siguiendo la idea, le dieron una zenzerrada al fiel con expresiones nada decorosas, pues la menor hera ¡Viva Villafáfila!, y  esto pasó el día 19 hasta amenecer el 20”.

La situación derivó incluso en manifestación:

                “Para esto dispuso dicho alcalde mayor luminarias y coetes y mucho bayle y algazara en la Casa de Ayuntamiento y una dilatada cena con muchos conbidados en la casa del Mayordomo de Propios, que así éstos como áquel no se propusieron otro objeto que el de burlarse del Señor Intendente y de los dependientes de la Fábrica, y conmober los animos de la gente sencilla, que a la sombra de algunos de su fación, repetían por las calles la detestable expresión: ¡viba el Alcalde Maior y muera Zamora!”.

Otros relatos corroboran el ambiente soliviantado de esa noche:

                “tirar cohetes, hacer bayles de hombres y mugeres en la casa de Ayuntamiento, poner luminarias y conmober algazara de donde salida la voz ¡Viva Villafáfila y muera Zamora!, que se oyó repetidas veces en la calle y se vertió en el mismo Ayuntamiento por alguno de sus apasionados y dixo el Alcalde Mayor: caballeros no hay que decir eso desde el Balcón del Ayuntamiento ..., querer entorpecer la verdad de los hechos, confundiendo el Vayle que tubiron los mozos y mozas por la tarde en la calle como acostumbran a hacerlo los dias festivos con el que hubo en el Ayuntamiento de noche  .... asistieron mui de paso el Cura de San Pedro y el de San Salvador y dos jovenes clérigos   ... no ygnorando que en todo tiempo expecialmente en el de Carnaval estar prohibidas las juntas nocturnas en las casas publicas con vayles iluminaciones y cohetes, causando algazara y confusion de hombres y mugeres que al avrigo de la noche y entregados al desenfreno de los excesos de Carnaval suelen producir escandalosas ruinas y voces de conmoción”.

El Capitán General mandó retirar los soldados de la villa por haber obedecido al Alcalde Mayor y para evitar su participación en los alborotos, a la vez que se quejó a S.M. sobre lo ocurrido con el corregidor de Villafáfila.

Los ánimos siguieron exaltados los días sucesivos y el mismo Administrador Bujanda, que estaba en Villafáfila intentando que no pasaran las cosas a mayores, tuvo que salir huyendo de la villa el 27 de marzo:

                “pues tuve aviso que el Alcalde Maior de Villafáfila tenía dada Orden para ponerme en la cárzel y por no exponer así mi persona, como comprometer al pueblo, salí de Villafáfila como un foragido uiendo; pareze que se funda en que por doscientos ducados que les pueda costar un atentado quiere tener este gusto”.

Se trasladó a Villaveza para tratar sobre el abastecimiento de la leña y halló que en el monte había mucha cantidad cortada, pero no se la querían dar para la fábrica, por que tuvo que pasar a Benavente para requerir al Corregidor de esa villa, que mandara a los vecinos de Villaveza que franquearan la leña para la fábrica bajo la pena de 50 ducados.

En mayo persistía la situación conflictiva y el Fiel escribe a los DD.GG relatándoles su versión de los hechos y culpando al Alcalde Mayor de los hechos:

Participo a V.SS., como me veré en la precisión de cerrar la fávrica, respecto ver con la insolencia con que se conduce este alcalde mayor con el nombre de Correxidor. Este hombre, a tres o cuatro dias de estar en esta villa, se dio en estrellar con los de la fávrica y sus dependientes, sin darle el menor motivo; averiguando por qué este hombre hacía esto, sacamos en limpio, que por haver tenido una competencia donde havía estado anteriormente con una fávrica de Papel, le havía sido la causa de haberle mudado aquí; se hizo parcial con algunos de los labradores, que por fines particulares miran con mal aspesto a la fávrica, prometiéndoles que, si le auidan, él haría de forma que se quitase ésta; ... un día a las diez de la mañana envió un Alguacil y dos soldados Armados a la favrica ha prender un lumbrero en el acto de estarse rematando una caldera, ... mandé llamar a un escrivano para que diese testimonio de este arrojo, a quien inmediatamente llamó el corregidor y le mandó no lo diese; ... el Yntendente imbió un comisionado para la averiguación de este echo, quien tubo que sufrir de prenderlo el Correxidor y quitarle los papeles, .... biéndose culpante el Correxidor cojió y se fue a amparar de la Real Chancillería de Valladolid ... tomó ésta la mano de dar comisión a el Correxidor de Benavente, parcial de el Correxidor de esta villa, para hacer la averiguación de los excesibos absurdos cometidos por este Alcalde mayor; ... que en dos años y meses que el correxidor que salio jamas tuvo la más minima queja con los dependientes  de esta fávrica; .... tanto que ha tenido la avilanted de exponer a la Chancilleria, diciendo que los dependientes de esta fávrica, coaiubados con un sujeto como el Licenciado Don Felipe Argentis de Leys, nos dirijía a varios excesos contra el sosiego publico, siendo un falso testimonio de mucha magnitud; ... un corexidor que procede con la feé mas inhumana, peor que la que han practicado los Franceses, ... pretestando que varias probidencias que el Correxidor havia dado contra los de la fávrica, por no quererles conceder más privilejios que los que tenían concedidos por la Real Cedula de 16 de Enero de 91;... tanto que a tenido a bien la Chancilleria decretar se reprenda a los dependientes de la fávrica, estando ignocentes de cuanto este corexidor ha expuesto a aquel tribunal;... pues vibimos mortificados con un hombre cabiloso, falto de Religión, ... un alegato que ha echo este correxidor de un embrollo que a echo en la Elección de un Diputado de esta villa, pretextando que ha sido conjuración nuestra”.[2]

 La resolución de la Sala del Crimen de la Real Chancillería acuerda que los dependientes de la Real Fábrica se conduzcan:

“con mas buena fee absteniéndose de proponer quejas indevidamente y con expecialidad contra los Magistrados publicos, pues de lo contrario la Sala tomará la probidencia que combenga; y su señoría en consecuencia manda que los dependientes de esta fabrica obserben con la Justicia y vecindario la armonía y buena correspondencia que tanto combiene al Real Servicio

La situación jurídica se complicó al elevarse los autos a las instancias superiores. Los  formados por el Intendente de Zamora, don Cesáreo Gardoqui, al Ministro de Hacienda, don Francisco de Saabedra, que los remitió para su informe a los Directores Generales, que a su vez pidieron el dictamen de un promotor fiscal. Mientras tanto el gobernador de las Salas del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid, había solicitado la intervención del Rey en el conflicto:

respecto a que haviendo representado al Rey el Gobernador de las Salas del Crimen de la Chancillería de Valladolid la competencia de jurisdicción formada por el Yntendente de Zamora y el Alcalde Mayor de Villafáfila con motivo de haber extraido á Manuel de Muélledes de la Real Fábrica de Salitres donde se había refugiado”.

La determinación de Su Majestad fue que las dos jurisdicciones a su máximo nivel, representadas, la ordinaria por el Fiscal del Consejo de Castilla, y la especial por el Fiscal del Consejo de Hacienda, dirimieran la competencia de los autos:

“había resuelto S.M. se remitiesen al Fiscal del Concejo de Castilla los Autos de la Jurisdicción ordinarialo mismo de los del Yntendente al Fiscal del Consejo de Hacienda para que conferenciando entre sí se dirima esta competencia con arreglo a las Reales Cédulas que bersan en el asunto”.

Por ello el 9 de abril había pasado un oficio el Ministro de Gracia y Justicia, don Gaspar Melchor de Jovellanos a don Francisco de Saabedra, Superintendente General de la Real Hacienda, para que le devolviera los autos para enviarlos al Fiscal del Consejo de Hacienda.

En  junio de 1798 todavía no estaba resuelto el conflicto:

No habiendo aun tenido resolución y continuando el expresado Alcalde Mayor de Villafáfila sus excesos contra el dicho Establecimiento y sus Dependientes, según nos manifiesta en carta del 25 de Mayo antecedente su encargado Don Fco González de Caunedo, nos ha parecido combeniente trasladarlo á noticia de V.Y. para que si lo tuviese por conveniente y no se hubiese despachado por los Fiscales se sirva hacerles un recuerdo para que se verifique con la mayor brevedad y contar los perjuicios que se estan irrogando a la Real Hacienda”.

(D.G.R. II. Leg.2024).

A mediados del año siguiente el Alcalde Mayor fue relevado de su cargo por el Duque del Infantado y trasladado a Tordehumos, nombrando para el cargo al Licenciado Antonio Argenti y Leis[3], de disposición menos recelosa hacia la fábrica. ( A.R.Ch.V. Masas olv 1172-6)

En 1800 el contador Manuel de Humara, recriminando la actitud de Caunedo, relata el resultado de la controversia, desfavorable a los interes de Hacienda:

tomando a cada paso indiscretamente la voz del Rey para atemorizar a todos, de que resultó la controversia con el Alcalde Mayor de Villafáfila en las que no ha gastado poco dineo de la Real Hacienda sin fruto alguno” (D.G.R. II. Leg.1999).

Aunque la suspensión del Fiel relajó algo las tensiones con el vecindario, pues en diciembre del 98 eran muchos los vecinos de Villafáfila que solicitaron papeletas para aportar leña de los montes cercano, y por esos días los vecinos de Barcial ofrecían 100 carros de leña, sin levantar los precios, a la vez que se solicita al administrador del Duque del Infantado en Tábara para que proporcione la leña de sus montes; en los años posteriores surgieron nuevos incidentes como el ocurrido con leñadores que se hallaban cortando leña en el monte de Villaveza el año 1799 y fueron prendidos y sus caballerías embargadas por el Corregidor de Benavente (A.G.S. Secretaría y Superintendencia. Leg. 2121).

 

  Cierre de la fábrica

En 1806 don Juan Pío de Mezquia fue nombrado Fiel-Interventor de la Salina de Rosío en el Partido de Poza en Burgos, pasando a residir allá. Como Administrador de la Fábrica de Villafáfila es nombrado don Francisco Xavier Sánchez de Hedrado, que había sido Director de la de Alba de Tormes.

La existencia de la Real Fábrica de Salitres en Villafáfila fue una de las causas de la pronta ocupación de la villa por los franceses en 1808, donde permanecieron hasta septiembre de 1812, causando diversos estragos en la misma, tanto en personas y haciendas, como en los principales edificios: el Palacio de Duque, donde establecieron el Cuartel General, o la panera del Pósito de la villa, que fue saqueada de los pocos granos que tenía, y en casas particulares. A la vez en 1808 la justicia e individuos de la Junta de Villafáfila habían sacado de los caudales de la Fábrica 3.760 Reales, no sabemos si para evitar su incautación por los invasores o para hacer frente a alguna de las múltiples exigencias de dinero por parte de las tropas napoleónicas.

Durante la ocupación francesa, al menos en los últimos años no se paralizó la producción pues en el inventario que se hace en octubre, después de abandonar los franceses la villa se anotan diferentes cantidades de salitre:

también se hallan en estado de afino en dichos almazenes trescientas veinte arrobas y diez libras de salitre labrado en esta fábrica que se entregaron para afinar, y por estar aún cristalizándose no se han podido pesar ni fixar la cantidad que dicho genero producirá en afinado”,

y se habían recogido 100 carros de polvo nitroso a fines de 1812.

                Después de idos los franceses se realiza un:

                “Ynventario General de todos los sitios, enseres, efectos y utensilios pertenecientes a S.M. que quedaron existentes en esta Real Fábrica en fin de septiembre de 1812, según el recuento y revisión que se ellos se hizo por los Dependientes Principales de ella, en virtud de orden del Sr Yntendente General de esta provincia de Zamora, con citación de la Justicia y Procurador Síndico General de esta Villa

                                                                Edificios y Terrenos.

Primeramente consta esta Fábrica de cinco sitios cercados que se llaman S. Pedro y Matadero, Leñera, Viñón, S.Juan y Los Ruices: en el primero se halla la pieza del quarto de calderas, el quarto cuajador, la oficina y la caseta del portero, y tiene cinco puertas, una sin cerradura y las quatro restantes con ella; La Leñera con dos  con sus cerraduras y llaves, y los otros tres sitios restantes se hallan sin puertas por baverse mandado quitar.

Un sitio ereal en la parroquia de S.Slvador que fue de Silvano

Una casa en el sitio de los Ruiz que ocupa el Sobrestante-Interventor don Juan Antonio Díaz, libre de pago de arrendamiento, en virtud de la Real Orden de 25 de Abril de 1804, comunicada a esta Administración por el Gefe del ramo, D. Domingo García Fernández.

                                                                Salitre sencillo de particulares

En los almacenes de esta fábrica un botazo con 73 @, 18 libras y 2 onzas de salitre sencillo que tiene entregado el salitrero particular del lugar de Torres, y cuyo género no se pudo ver por tener el interesado la llave del botazo donde está encerrado  por orden del Gefe de este ramo.

                                                                Salitre labrado en esta Real Fábrica

También se hallaron en estado de afino en dichos almacenes 320@ y 10 libras de salitre labrado en esta fábrica que se entregaron para afinar, y por estar aún cristalizando no se pudo pesar ni fixar la cantidad que producirá en afinado.

                                                                Caldos-Aguas madres

Se hallaron existentes en dichos almacenes como unas doscientas arrobas poco más o menos de caldos o aguas madres resultantes de los reopuros de las legías que se han cocido en esta Rl Fábrica.

                                                                Tierra salitrosa

Una porción como de cien carros poco más o menos de tierra o polvo nitroso que se ha barrido y recogido para filtrar.

                                                                Peltrechos de cobre

Nueve arrobas y seis libras de cobre nuevo cuadradillo

Dos estañadores de dicho quadradillo con sus mangos de hierro que pesan tres libras y tres quarterones.

Dos calderas grandes colocadas en los hornos de esta Fábrica.

Otra caldera de cabida de 150 cántaros.

Otra pequeña rota para pruebas.

Una caldereta para sacar las asoladas de las calderas.

Catorce paños nuevos para formar una caldera grande .

Una vacía de cobre nueva para armar dicha caldera grande.

Un perol.

Veintiocho cazas con sus cañones inútiles.

Diez sin cañón.

Una que sirve de cazo para la pez con su armadura de hierro.

Tres espumaderas bastante viejas.

                                                Peltrechos de hierro

Tres azadas en estado de inútiles.

Siete de mediano servicio.

Tres azadones.

Doce raederas.

Nueve ralladeras.

Dos zapapicos.

Tres piquetas.

Dos hurgas.

Dos horquillas.

Una pala de hierro.

Seis tornaderas u horcas nuevas.

Tres hachas de partir leña.

Una romana grande y otra pequeña de platillo.

Dos garfios.

Una barra de mano.

180 cellos de coladeras, los 92 grandes y los 88 chicos, que quedaron por vender en el año 1805.

Un candil.

6 candados con sus llaves.

Una gradilla para hacer texas.

Un par de tixeras.

Una azuela.

Un puntero de cantero.

Un hierro de zepillo.

Una polea cuya armadura pesa 24 libras y costó 84 reales.

Quatro cebicones de carro.

Seis volanderas de carro.

Un martillo de orejas.

Doce orejas para herradas.

Seis tejuelos de las puertas que se quitaron.

Tres cerraduras con sus llaves.

                                                                Metal

Un relox de péndola real descompuesto.

Un velón regular con su pantalla.

                                                                Peltrechos de madera

Treinta botazos con ochenta y cinco cellos de hierro.

199 coladeras con dos cellos de hierro cada una.

Una coladera pequeña para pruebas.

Diez barriles con treinta cellos y veinte asas de hierro.

Diez y seis herradas o cubos quasi inútiles.

55 recibidores de madera para las legías.

Una porción de dogas de coladeras como quinientas de ellas.

Treinta y un trozos de ondones de botazos.

Dos cubas para conducir las legías.

Tres botacillos para recoger las espumas.

Dos carretones de mulas, el uno estropeado y el otro corriente.

Dos carros de bueyes desarmados.

Dos exes de carro.

Tres trillos grandes herrados y un trillo chico.

Quatro baras de barriles.

Quatro canales de nueve pies de tabla de Soria.

Una canal de 18 pies de largo que vale 30 reales.

Otra de vara y media de largo que vale 4 reales.

Un torno.

Dos biguetas de roble.

Dos balazas de madera de un peso de pesar piedra.

13 poínos para debaxo de los botazos.

Una tapadera para el perol y otra grande para la caldera.

Sesenta y tres burros o banquillos para colaredas.

Quarenta y seis escaleras para dichas coladeras.

Ciento y quatro ondones para coladeras.

Tres bancos para asentarse.

Tres lanzas para los trillos.

Dos escaleras de 9 y 16 peldaños.

Una regla de 9 pies y un reglón de 14.

Dos arquetones para contener el salitre.

Quatro mesas de pino con ocho caxones con sus llaves y tres cubiertas de paño verde.

Otre de castaño con su caxon y cerradura.

Otra más pequeña de pino.

Una puerta alacena con cuatro hojas.

Tres puertas que se quitaron cada una de dos hojas y con los machones de los marcos.

241 tablas de Soria y 15 tablones.

Tres bancos para poner a escurrir el salitre.

Veinte y ocho palas de madera de haya.

Dos arcas, una de pino para los caudales y otra de nogal con sus cerraduras.

Una silla poltrona de madera de pino.

Una balija de baqueta sin llave.

Una medida de media fanega, otra de celemín y medio  y otra de cuartillo.

Una medida de pie cúbico.

Un archivo de pino de dos piezas de color caoba, con regilla de alambre y cerraduras.

Doce gradilla para hacer adobes.

Dos mesetas para verter los botazos.

Unas aguaderas de mimbre.                                                            

                                                               Peltrechos de barro

Quarenta y un recibidores de barro

Una olla vidriada para el aceyte

Dos tinteros y dos salvaderas de barro de Rioseco.

Trescientos ladrillos viejos de los hornos deshechos.

                                                                Peltrechos de esparto

85 espuertas, 44 capachos, 56 sogas y quatro felpudos para la oficina.

                                                                Peltrechos de cáñamo y estopa

 Tres maromas de cáñamo y estopa muy usadas.

62 sacos de cañamo y estopa para el empaque del salitre muy usados.

                                                                Cartapacios

Dos cartapacios de cabretilla encarnada para la oficina o despacho.

                                                                Oxa de lata y vidrio

Dos faroles con sus candilexas.

Tres medidas de oxadelata de media libra, quarteron y de dos onzas.

Treinta y seis vidriod en las ventanas de la oficina.

                                                                Omenage de mulas y bueyes

Tres sufras, dos sillones, una collera y dos horcales.

Una silla de montar.

Dos frenos viejos y muy estropeados.

Una criba para la paja y otra estropeada.

Un arnerito para la cebada.

Quatro yugos de bueyes con sus cornales y otro de mulas.

Dos campanillas de metal.

Dos sogueos pequeños poco usados y otros dos algo usados.

Dos cabezadas de lana vieja sin ramal.

 Así lo certificamos y firmamos en Villafáfila a 10 de octubre de 1812.

Fco Sánchez de Hedrado. Juan Antº Díaz. José Ramírez. Luis Badallo.”

(A.H.P.Za. Desamortización C. 187).

 Como la rentabilidad de la fábrica era cada vez más negativa, y sumados los efectos de la ocupación francesa, cuando ésta desaparece a fines del año 12, desde el gobierno de Cadiz, con la intención de desprenderse de cargas inútiles y de obtener recursos para atender a la reconstrucción nacional, se plantea la venta de la fábrica en 1813. Pero las dificultades prácticas para esta venta debían de ser muchas por lo que el gobierno propone que se arriende si se encuentra algún interesado. Así se manifiesta en carta escrita por la Dirección General de la Hacienda Pública al Intendente de Zamora el 8 de diciembre desde Cadiz:

Con la exposición de VS de 7 de Noviembre último ha recivido esta Dirección General, el Inventario de Edificios, Deudas y Efectos correspondientes a la Fábrica de Salitres de Villfáfila, y enterada de todo ha resuelto se le conteste que, atendida la dificultad que presenta la enagenación de la Fábrica, por las causas que expresa el Administrador en su oficio, tome VS todas las disposiciones convenientes para que se arriende, sacando el mejor partido posible, con relación al capital que en ella tiene la Hacienda Pública, y actual estado de las cosas, sin perjuicio de dar parte de todo con la remisión del espediente para su aprobación

Mientras esto se dilucida, los dependientes de la fábrica se hallan en situación precaria, reclamando que se les socorra con el pago de sus sueldos:

31 de Diciembre. Cadiz... se  ha recibido el oficio original de Administrador de la fábrica de Villafáfila en que reclama por segunda vez se le socorra y a los demás dependientes de ella, .... se conteste que debiendo seguir éstos la misma suerte que los demás empleados, dispondrá lo que se halla determinado para los de igual clase, pagándoles lo corriente de los fondos con que antes eran socorridos”.

Los sueldos del Administrador y dependientes de la fábrica se satisfacían de los valores en general de la Renta de Salinas, a la cual se cargaban por no rendir los productos de la fábrica para satisfacer sus gastos , con cuyo objeto el Administrador sacaba una cantidad indeterminada de la contaduría de Zamora, generalmente 6.000 R. cada dos meses.

Todavía el 30 de marzo del 14 escribe la D.G. de Hacienda:

que se continúe socorriendolos como a los demás en cuanto lo permitan los fondos públicos y sus atenciones

    NÓMINA DE LOS SUELDOS DEVENGADOS POR LOS INDIVIDUOS DE LA FABRICA

                                                                                 Febrero 1814

                                                                                 Sueldo Febrero     Contribución a la Guerra   Líquido

D. Fco Sánchez de Hedrado, Administrador.                                           550 reales                             22 reales                                               528 r.

Dotación anual 600 Ducados.

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D. Jan Antº Díaz, Sobrestante-Interventor.

Dotación anual 3.650 Reales.                                                 280 r.                      5r. y 20 mrs                                          214r.-14 mrs

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D. José Ramírez, Maestro.

Dotación anual 3.650 Reales                                                  280 r.                      5 r. y 20 mrs                          214 r.-14 mrs

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Luis Badallo, Portero.

Dotación anual 730 Reales.                                                    56 r.                        1r. y 4 mrs                             54 r.-30 mrs

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Los haberes correspondientes a febrero los recibieron el 16 de abril.

 Conocemos el estado de la fábrica al finalizar la Guerra de Independencia, por un informe del escribano de la villa, Felipe de Vitacarros, que a su vez ofrece sus opiniones sobre el futuro de la misma:

La Fábrica de Salitres de esta Villa, desde la Revolución a paralizado, de cuios echos no puede inorar esa Contaduría y Caballero Yntendente, como que su Administrador y Dependientes han repetido sus quejas.

El pormenor de su situación es prolijo también que don Manuel de Húmara, por sus conocimientos en la creación y estado en que la dejó, podrá dar a V. el más completo desiño.

Yo se lo puedo decir como todos los repúblicos compatriotas, que tiene efectos y muebles de mucho interés que están sin uso desde aquel entonces, que su Administrador y subalternos se an conserbado pasando mil miserias en mano del enemigo y principalmente dicho Administrador, bibiendo en la misma Fábrica ha podido conseguir la conserbación de dichos útiles y que no se aya desmontado y quemado el casco y todo ello al modo que lo hemos esperimentado en casas particulares desamparadas; el tal Administrador se queja infinitamente de que nada se le ha dado y da de sus sueldos, lo mismo a los dependientes. Que no desea mas que se le de licencia para ir a su País mientras el Gobierno decide si ha de continuar o no.

El miserable estado en que han quedado los montes es el obstáculo que a mi se me ofrece para que no pueda propagar en aquelos términos que antes la advertida Fábrica, a no ser que pueda ocupar la falla la paja y el junco, que es el único auxilio que presta esta circunferencia, a pesar de que se notaría no poco perjuicio en la menutención de la labranza, lumbre de los hornos y ogares y en los pastos del ganado.

Que la Real Hacienda esté pensionada con el sueldo del Administrador, Fiel, Maestro y Portero, no lo juzgo económico ni puesto en rrazón, sólo a la mira del resultado, y con la sombra de custodiar este monumento, y sería bastante en el caso de marchar el Administrador encargar con un sobresueldo a un subjeto de confianza hasta la determinación difinitiba.”

 En Agosto de 1814 el Administrador de  Villafáfila se había presentado en Zamora ante Don Juan Altés Valcárcel[4], que era Administrador de Salitres de Medina del Campo, adonde estaban agregados provisionalmente todas las de Castilla la Vieja, desde la suspensión de don Juan García de Bujanda. Altés para comprobar la situación y con ánimo de solucionarla después llamó al Maestro e Interventor:

se me han presentado el Ynterventor y el Maestro de dicha Fábrica, a quienes he hecho varias preguntas sobre aquel establecimiento y en nada se delantan a lo expuesto por el Administrador en cuya interinidad y que no hay Administrador principal de Salitres en Castilla, ni la superioridad resuelbe sobre el movimiento o giro de esta fábrica, cuios efectos se están inutilizando y los empleados están inservibles, soy de parecer para minorar tales perjuicios que interin S.M. determina o se nombra Administrador general de este ramo, corra a cargo de esta Administración General de Rentas o de don Manuel de Húmara particularmnete a quien conbendría mucho ohir por haber manejado de contador muchos años el establecimiento; y si informase que las ideas de VS podrán realizarse sin perjuicio de la Real Hacienda; a saber que la fábrica vuelba a ponerse en movimiento aunque no sea más que para que sus útiles no se pierdan con la falta de uso y los empleados ganen sus sueldos, soy de parecer que VS acuerde la fabricación atemperándose por ahora a dichos defectos y dandola más extensión si se vieren favorables resultados.

Por las cuentas veo que la fábrica produce unas decentes cantidades de sal consumible, y este deberá ser otro de los fondos de su apoyo, y desde luego el salitre existente produce para los primeros gastos y sueldos, haciendo traer a Zamora una porción proporcionada. 3.760 reales que debe la villa, el arrendamiento de aquellos terrenos, y los descubiertos en que se hallan algunos particulares y si pueden cobrarse alguna cantidad de los 31.500 reales, que se deben a la fábrica según el Ymbentario. Todas estas cantidades bastarán por de pronto para poner en movimiento la fábrica sin aventurar cantidad grabe.

Y pues que se hallan aquí el Maestro y el Ynterventor, VS podrá si gusta oirlos y le inclinarán  a estas ideas o que los examine Húmara ó el Administrador General que informando sobre todo a VS.”.

(A.H.P.Za. Desamortización C. 187).

Con este parecer favorable se retableció el funcionamiento de la fábrica en febrero de 1815 pero su rentabilidad seguía siendo imposible, pues ni se conseguían rendimientos de salitre, ni se podían cobrar las deudas que estaban pendientes a favor del establecimiento, por lo que pronto cerró definitivamente, antes de 1817.

En septiembre de 1826 se vendieron en remate público los efectos de la Real Fábrica de Salitres de Villafáfila, entre los que figuraban desde las calderas de cobre o barriles de madera hasta mesas de nogal o un reloj de péndola.

Con la Desamortización de Mendizábal se pusieron a la venta los terrenos y edificios de la Fábrica, y se adjudicaron en 1844. La Casa del Salitre o edificio principal salió a la venta en 2.345 reales y se adjudicó en el remate final en 52.255 reales a don Marcelino Trabadillo, profesional liberal perteneciente a la burguesía madrileña, aunque natural de Villafáfila, y adquiriente de numerosas fincas desamortizadas del clero. Al mismo se le adjudicaron 4 quiñones correspondientes a cuatro de los antiguos sitios de la fábrica por un precio de 48.355 reales, saliendo en  precio de 13.377 reales. El otro quiñón fue adjudicado a Ezcequiel Díaz, hijo del último Sobrestante de la fábrica en un precio de 23.110 reales, que había salido a 1.619 reales, posiblemente debido a lo reñido de las pujas.

Edificio de la fabrica y paneras

Fachada principal

(A.H.P.Za. Desamortización. Caja 14).

A principios del siglo XX el viejo edificio de Real Fábrica de Salitres de Villafáfila fue reformado por don Luis Trabadillo para su utilización como fábrica de harinas, que se inauguró en 1914, actividad a la que se dedicó durante casi medio siglo, después el edificio fue abandonado con el tiempo deteriorando y cayéndose, en el año 2007 todo el solar donde se integraba la fábrica fue adquirida por una constructora para construir pisos adosados. Pero Patrimonio al tener declarado el edificio como lugar histórico, ha obligado a mantener y restaura para hacer un museo de la parte donde están las máquinas para la molienda.

Fabrica, en su inaguración como fábrica de harinas

 


Autor:

Elías Rodríguez Rodríguez:

Historia de las explotaciones salinas en las lagunas de Villafáfila. Págs. 115 a 158. Zamora: Instituto de Estudios Zamoranos "Florián de Ocampo", 2000. ISBN 84-86873-87-8.

 

Ampliación del final

Historia desde el cierre de la fábrica a la actualidad.

José Luis Domínguez Martínez.

  

Fotografía:

Elías Rodríguez Rodríguez.

J. F. Lorenzo.

H. Larrén.

José Luis Domínguez Martínez.

 

Transcripción y montaje:

José Luis Domínguez Martínez.

 

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Todo texto y fotografía ha sido autorizado el almacenamiento, tratamiento, trabajo, transcripción y montaje a José Luis Domínguez Martínez, su difusión en villafafila.net, y cualquier medio que precie el autorizado.


[1]En efecto por esos años funcionaba en Villafáfila una fábrica de aceite de linaza, pues en un informe que hacen los empleados de la Real Fábrica de Salitres al Intendente de Zamora sobre los comercios y granjerías del pueblo en el año 1801 se reseña: “se nos quedó fuera del calculo también el de una fábrica de azeyte de linaza” (D.G.R. II. Leg. 2940).

[2]Se refiere a unas diferencias en las elecciones de oficios municipales de ese año, que fueron recurridas ante el Tribunal de Valladolid: “en un pleito que sostienen Tomas Fernández contra Ambrosio Fernández sobre la Elección de Diputado Personero”, en la que tomaron partido los vecinos agrupados en dos bandos.

[3]El Ldo Argenti y Leis, había sido uno de los amigos de Caunedo, el Fiiel-Interventor, vivía en la villa dedicado a su oficio de abogado, casado con una vecina procedente de una familia de hidalgos, de escasos recursos, enfrentada a los Costilla.

[4]Altés debía de tener un ánimo favorable a la continuación de la Real Fábrica, aunque sólo fuera por sus vinculaciones con Villafáfila. En 1804 había contraído matrimonio en San Martín con Bábara Trabadillo Cuadrado, perteneciente a una de las familias emergentes de la villa. También el Administrador Fco Sánchez de Hedrado se vinculó familiarmente a Villafáfila al contraer matrimonio en 1814 con Gaspara Costilla Rodríguez.