FLORA - TAPIZ VEGETAL RESERVA NATURAL LAGUNAS DE VILLAFÁFILA |
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A veces resulta complejo definir las características de la vegetación natural del entorno tan transformado por el hombre como este. Sin embargo, del análisis de la cubierta vegetal actual de una zona y de sus condiciones climáticas y edáficas, los botánicos han llegado a predecir con un cierto grado de fiabilidad que asociaciones de plantas existieron antes de la intervención humana. De esta manera podemos encuadra la Reserva en el dominio de los encinares y definir dos series climatófilas en sus facciones típicas: serie supra-mesomediterránea salmantina, lusitano-duriense y orensano- sanabriense silicícola de QUERCUS RUTINDIFOLIA o encina (GENISTO HYSTIRICI - QUERCETO ROTUNDIFOLIAE SIGMETUM) y serie supramediterránea castellano-maestrazgo-manchega basófila de la encina (JUNIPERO THURIFARAE - QUERCETO ROTUNDIFOLIAE SIGMETM). La primera se extendería por los términos de San Agustín del Pozo, Villafáfila, Villarrín de Campos, Manganeses de la Lampreana y parte de Villalba de la Lampreana y Revellinos, mientras que la otra serie climatófila ocuparía el resto de espacio natural. En los terrenos que temporal o permanentemente si inundaban con el agua proveniente de los ríos, acuíferos subterráneos, escorrentías superficiales, etc., se localizaría una vegetación riparia silicífila mediterráneo-iberoatlántica donde predominarían los alisos.
Llevando esta terminología compleja a un lenguaje más cercano y cerrando los ojos ante este mar de cereal, podemos imaginarlo en otro tiempo convertido en un inmenso e impenetrable bosque de encinas y surcado por bosquetes lineales de mayor altura a lo largo de pequeños arroyos, con álamos, alisos, fresnos, etc. Entre estos bosques habría un rosario de lagunas, quizás más numerosas, quizás de diferente forma que las actuales y probablemente rodeadas de tarays (Tamarix sp.). En el interior de estas lagunas, más profundas que las actuales, se encontraría prácticamente cubierto de vegetación palustre formada por plantas de los géneros TIPHA, PHRAGMITES Y SCIRPUS, que dificultarían los desplazamientos de personas y animales. Con la llegada de la agricultura y la ganadería el hombre habría empezado a eliminar la vegetación leñosa, lo que debió de ocurrir hace más de 3000 años, pues en los yacimientos de la edad de bronce localizados en la Reserva se han encontrado molinos banquiformes, utilizados habitualmente para moler el cereal, lo que demuestra la existencia en dicha época de una importante actividad agrícola en la zona, actividad que siempre ha ido unida al un proceso de deforestación. El mismo proceso de eliminación de la vegetación leñosa se habría producido en bordes de las lagunas, ya que los poblados instalados en sus orillas para extraer la sal eliminaban la vegetación leñosa para despejar zonas y para su uso como combustible.
En la época de la conquista romana en el siglo II a. de C., la meseta castellana era gran parte un campo de cereal con escasas vegetación leñosa, así el cronista romano Apiano describe lo que probablemente fuera la actual Tierra de Campos como una zona "libre y descubierta" y Escipión, al referirse a la travesía de sus tropas romanas por la meseta, indicaba que se vieron obligados a atravesarla por la noche, debido al gran calor y la ausencia de masas boscosas donde ocultarse del enemigo. LA VEGETACIÓN DE LA LLANURA Como queda patente, este vasto territorio no posee un elenco florístico especialmente destacable por su grandeza o espectacularidad. Más bien al contrario el paisaje vegetal resulta, en una observación superficial, algo desalentador al consistir básicamente en especies cultivadas o en formas silvestres de carácter herbáceo. Las unidades de vegetación más características son, por lo tanto cultivos, los prados naturales o linderos y los retazos de vegetación leñosa.
LOS CULTIVOS La gran mayoría de los campos cultivados se explotan en secano mediante labor intensiva, produciéndose principalmente cebada (HORDEUM VULGARE) o trigo (TRITICUM AESTIVUM) y en menor medida alfalfa (MEDICAGO SATIVA) que es especialmente abundante en la mitad de la Reserva. Algunos años se han plantado importantes superficies de girasol (HELIANTHUS TUBEROUS), aunque este cultivo está totalmente ligado a la cuantía de las subvenciones de la Política Agraria Común (PAC). El resto de los cultivos tales como avena (AVENA SATIVA), melón (CUCUMIS SATIVUS) sandía (CITRULLUS LANATUS), maíz, etc., no pasan de ocupar pequeñísimas superficies testimoniales. Antiguamente los cereales y barbechos solían alternarse, manteniéndose generalmente todos los años la cuarta parte de las tierras en barbecho, si bien el sistema tradicional se ha visto modificado por los requisitos de las ayudas PAC. Las variedades más usadas de cebada son Caballar y Berta, mientras que en el segundo cereal más sembrado, el trigo produce variedades Pané, Candeal y Champlaine. La alfalfa, cuya variedad más utilizada es "Tierra de Campos" puede mantenerse en cultivo hasta diez años y por ello se convierte en un elemento importantísimo para muchas especies de fauna. Como es bien conocido por los lugareños una vez que la alfalfa llega al final de ciclo no se puede repetir otra vez el mismo cultivo, lo que obliga a una alternancia de alfalfa y cereal de varios años.
Con respecto a los cultivos de la vid, según describe Madod (1845-1850), era un cultivo importante en la zona, pero la concentración parcelaria llevada a cabo en los años 60 y 70 siglo XX supuso la práctica erradicación de los viñedos, dándose la paradoja de que aún se sigue elaborando importantes cantidades de vino en las numerosas bodegas que se han conservado en los pueblos, vino que se obtiene de uvas compradas en otras zonas de la provincia de Zamora.
LOS PRADOS NATURALES, ERIALES Y LINDEROS En estos últimos años los prados y eriales han sido arados con más asiduidad para ponerlos en cultivos o en barbecho, lo que parece estar relacionado directamente con las subvenciones agrícolas de la PAC. En muchos casos la productividad de este tipo de terrenos es muy baja por sus condiciones del suelo y acaban siendo lo que siempre fueron, eriales naturales con gran diversidad de especies de flora típica de pastizales. Entre ellas podemos citar: correhuela (CONVOLVULUS LANEATUS Y C. ARVENSIS) arenaria (SPERGULARIA RUBRA), escobilla parda (ARTEMISIA CAMPESTRIS), achicoria (CICHORIUM INTYBUS), achicoria dulce (CHONDRILLA JUNCEA), toba (SCOLYMUS HISPANICUSD), escornocera enana (SCORZERA HUMILIS), hierba cana (SENECIO VULGARIS), diente de león (TARAXACUM OFFICINALE), lengua de buey (ANCHUSA AZUREA), viborera (ECHIUM VULGARE), malva (MALVA SILVESTRIS), amapola (PAPAVER RHOEAS), seguidilla (PLANTAGO LANCEOLATA) Y P MAJOR), alfalfa (MEDICAGO SATIVA) trébol (TRIFOLIUM REPENS), arveja (VICARA CRACCA), yeros (VICIA ERVILIA), veza (VICIA SATIVA), acedera (RUMEX ACETOSA), cardo corredor (ERYNGIUM CAMPESTRE), cigüeñas (ERODIUM CICONIUM), hierba de San Roberto (GENANIUM ROBERTIANUN) VULPIA BRAMODES, etc. Es obligado destacar una de las actividades tradicionales de la zona que se realizaba avanzando el verano, como es la recogida de la manzanilla fina o noble (CHAMAEMELUM NOBILE), cuyas propiedades y aroma son muy conocidas en la provincia.
LA VEGETACIÓN LEÑOSA Como ya hemos comentado la vegetación leñosa de la Reserva es simbólica, pues aparece como reminiscencias del pasado lejano, tan solo se destaca la presencia de unas pocas encinas aisladas (QUERCUS ILEX), en los límites de la Reserva, dos ejemplares de taray (TAMARIX sp.) en el borde de las lagunas y unas reducidas alamedas, situadas generalmente cerca de los pueblos y formadas por álamos blancos (POPULUS ALBA), Chopo del país (POPULUS NIGRA) y negrillos (ULMUS MINOR). Los arbustos se han mantenido también a duras penas y aún se pueden localizar de forma aislada, algunos de los más significativos son el rosal silvestre (ROSA CANINA), zarza común (ROBUS sp.), retama de olor (SPARTIUM JUNCEUM), retama (RETAMA SHAEROCARPA) y cambronera (LYCIUM EUROPAEUM). Estos arbustos, a modo de oasis en la planicie, son hábitats excepcionales para la fauna del pequeño tamaño. En los últimos años se han observados un cambio de actitud entre los habitantes de Tierra de Campos, que comienzan a valorar de nuevo los árboles y arbustos, favoreciendo la creación de pequeñas masas, asociadas generalmente a áreas recreativas. Fruto de esta situación son las repoblaciones puntuales de pino piñonero (PINUS PINEA), Chopo americano (POPULUS HIBRIDA), encina (QUERCUS ILEX), y árboles ornamentales que aparecen en las cercanías de algunos pueblos de la Reserva. FLORA DE HUMEDALES Como contraste a la escasa riqueza botánica de la PSEUDOESTEPA CEREALISTA, las comunidades halófilas presentes en las cercanías de las lagunas o charcas, así como la vegetación de su interior, poseen unas características muy particulares al presentar especies más apropiadas del litoral de áreas continentales, circunstancia ésta que les confiere una originalidad reseñable en Europa.
LOS PRADOS SALINOS Se han agrupado en esta unidad las comunidades vegetales propias de los suelos salitrosas, frecuentemente húmedos o estacionalmente anegados, que se sitúan en las depresiones del terreno y en la periferia de las lagunas. Están constituidos por plantas de escaso porte, especializadas en soportar grandes concentraciones de sal, circunstancia que, por lo general, las hace poco apreciables para el ganado. Entre ellas aparecen otras de mayor porte como los juncos, que sirven de refugio y lugar de cría de numerosas especies de fauna.
Esta vegetación, especializada en la colonización de suelos excesivamente salinos de la mayoría de las especies, ejerce en algunos casos importantes papeles ecológicos, como por ejemplo, reteniendo el suelo impidiendo con ello su arrastre debido a la escorrentía superficial. Las agrupaciones de guarrapo (SUAEDA VERA) son las comunidades que más destacan en este sentido. Mezcla a menudo de éstas o formando muchas aparte, surgen otras especies como, lechuginas (SALICORNIA EUROPAEA), barrilla o peralejo (SALSOLA DODA y S. VERMICULATA), arrastradera (ATRIPLEX HASTATA), rabaniza de los soseros (SPERGULARIA MARINA), tomillo sapero (FRANKENIA THYMOFALIA), segadilla (PLANTAGO MARITIMA y P. CORONOPUS), junquillo (POA BULBOSA), junco (JUNCUS ACUTUS, J. CONGLOMERATUS, J. EFFUSUS y J. GERARDI), flor de golondrina (FRANKENIA PULVERULENTA), gamón (AELUROPUS LITTORALIS), espiguera (HORDEUM MARITIMUM), BOMBYCILEANA DISCOLOR, etc., típicos componentes todos ellos de estas interesantes comunidades.
LAS LAGUNAS La vegetación de las lagunas está influenciada por la continentalidad del clima, por la elevada tasa de salinidad del suelo y por el ciclo anual de inundación-desecación, lo que las confiere una elevada riqueza botánica. Gracias a estos condicionantes podemos encontrar especies propias de aguas de moderada salinidad como la TOLIPELLA GLOMERATA (en las lagunas inundadas por las lluvias de invierno y primavera) y otras especies que soportan muy bien la salinidad como la CHARA CANESCENS y la CHARA GALIODIDES. La importancia botánica de estos humedales quedó patente en 1992, cuando el Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) realizó un estudio botánico sobre los principales humedales españoles en función de su vegetación acuática, con el objeto fue determinar cuáles eran los más importantes y tomar medidas para favorecer su conservación. El complejo lagunar de Villafáfila fue clasificado con las máximas categorías previstas por dicho estudio "Zona Húmeda de Importancia Europea" y "Zona Húmeda de Interés Singular".
En el interior de las lagunas las especies más características es la juncia o castañuela (gen. SCIRPUS) de la que existen tres especies: SCIRPUS LACUSTRIS, SCIRPUS LITORALIS y SCIRPUS MARITIMUS), si bien únicamente de las dos últimas eran realmente las abundaste en las lagunas. Desde hace varios años el género SCIRPUS está sufriendo una fuerte regresión en todo el complejo lagunar, proceso de desaparición ligado, entre otros factores, a las altas concentraciones de anátidas que se dan cita en este lugar, alimentándose de sus tubérculos.
Otras especies presentes en las lagunas son: TOLIPELLA GLOMERATA, CHARA VULGARIS, TOLYPELLA HISPANICA, CHARA CANESCENS, CHARA ASPERA, CHARA CALIODES, RUPPIA CIRRHOSA, LAMPROTHAMNIUN PAPULOSUM, CALLITRECHE PLATYCARPA, CALLITRECHE TRUNCATA, ELEOCHARIS PALUSTRI, ISOETES VALATUM, RANUNCULUS TRICHOPHYLLUS, CHARA GLOBULARIS, ZANNICHELLIA PALUSTRIS, espadaña o enea (TYPHA DOMINGUENSIS) y lenteja de agua (LEMNA MINOR). Aunque la mayoría de ellas no tiene nombre vulgar y serán difíciles de recordar, su referencia da idea de la riqueza florística de estos humedales.
Autor: José Luis Domínguez Martínez.
Bibliografía -Textos:
Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila. 2000. Pág. 41 a 60. Autor - Textos: Mariano Rodríguez Alonso y Jesús Palacios Alberti, Ana María Martínez y José Ángel Arranz Sanz. Fotografía: José Mª. Diez Laplaza.
Fotografía: Casa del Parque Lagunas de Villafáfila "El Palomar". José Luis Domínguez Martínez.
Transcripción y montaje: José Luis Domínguez Martínez. Autorización y difusión. Patrimonio Natural de C. y L. Todo texto, fotografías, transcripción y montaje, sus derechos son pertenecientes a sus autores, queda prohibida sin autorización cualquier tipo de utilización. Todo texto y fotografía ha sido autorizado al almacenamiento, tratamiento, trabajo, transcripción y montaje a José Luis Domínguez Martínez, su difusión en villafafila.net, y cualquier medio que precie el autorizado. |