ELÍAS RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ
La hospitalidad con los
viajeros, peregrinos y pobres necesitados ha sido una de la obras de
misericordia más practicada por la Iglesia a los largo de su
historia. Durante la Edad Media fueron surgiendo, sobre todo en las
grandes vías de peregrinación, como el Camino de Santiago,
hospitales y otras casas de acogida, a cargo de órdenes religiosas,
cofradías, fundaciones benéficas, etc. También eran frecuentes en la
mayor parte de villas y ciudades, pequeños o grandes
establecimientos para la acogida y cuidado de enfermos transeúntes o
vecinos del lugar que no tenían medios ni posibilidad de ser
atendidos en sus casas. En ellos se llevaba a cabo una labor más de
asilo que de hospital, pues solían estar al cargo de hospitaleros
sin conocimientos médicos.
En este artículo trato de hacer una
relación de las noticias históricas que he recopilado referidas a
los establecimientos hospitalarios de la villa de Villafáfila
(Zamora) y una aproximación a su funcionamiento.
En el siglo XVI Villafáfila llegó a
contar simultáneamente con 4 instituciones que mantenían en
sus dependencias funciones de hospitalidad. En el año 1541 se hace
un completo padrón de todos los vecinos de la villa, junto con la
averiguación del valor de todos los bienes y rentas que la Orden de
Santiago tenía en Villafáfila, para proceder a su enegeneción de la
corona y posterior venta a don Bernardino Pimentel. Se realizan dos
padrones paralelos, uno elaborado por los alcaldes y regidores de la
villa bajo juramento de certeza “que le diesen los padrones
çiertos e verdaderos segund en la dicha provision se contenia so
çierta pena” y otro hecho por el juez de comisión, recorriendo
las calles de la villa. En ambos padrones se citan simultáneamente
cuatro hospitaleros:
- del Hospital de San
Pedro
- de Nuestra Señora de
Villarigo
- de la Cofradía de la Santa Vera
Cruz
- del Hospital de San
Juan.
Y en el lugar de Revellinos, incluido en
el alfoz de Villafáfila se cita al hospitalero del hospital de la
Cruz.
(A.H.N. Sección Nobleza. Osuna. Leg.
2152)
La población de la villa y su tierra
en esa centuria presenta un periodo de expansión desde principios de
siglo, que se ve truncado bruscamente en la última década del mismo
por el empobrecimiento de sus vecinos, por causa de una presión
fiscal excesiva, una sucesión de años de malas cosechas, cuyas
consecuencias fueron el incremento de la mortalidad y la emigración,
que dejó reducida la vecindad a la mitad de la que se existía en los
años 60 del siglo XVI.
Evolución del
vecindario en Villafáfila y su tierra en el siglo XVI
El Hospital de San Pedro
Las primeras noticias documentadas de la
existencia de hospital en Villafáfila se remontan a 1515. En esa
época la villa pertenecía al señorío de la Orden de Santiago y
periódicamente llegaban a la villa los visitadores, generalmente un
caballero y un fraile de la orden, con un escribano y su séquito de
criados, que tenían como misión enterarse de la situación del
señorío, propiedades y rentas, y recibir las quejas que presentaran
los vecinos contra los comendadores y oficiales. En las actas de la
visitación de ese año puede leerse:
“Día veynte e seys de enero año de
myll e quynientos e quynçe años...
Visitaçión de un espital que se dize
de Sant Pedro que es en Villafáfila.
Este dicho día los visitadores
visitaron un hospital que se dize de San Pedro, el qual es una
casa, las paredes de la qual son de tapia, e lo de alto de madera
tosca; tiene dos cámaras fechas de lo mysmo, e su portada e puertas
e çerraduras.
Ropa que tiene el dicho hospital:
dos camas con doze cabeçales e quatro
mantas e dos alfamares .
No se mandó reparar el dicho ospital,
porque es de una cofradía de vezinos de la villa, los quales tienen
a sus cargo de le reparar.”
( A.H.N. OO.MM. Libro 1097, fº 273
-280).
Este hospital debía de tener alguna
vinculación con la Orden de Santiago, aunque fuera de una cofradía
de vecinos de Villafáfila, porque los visitadores no visitan otros
hospitales, ni ermitas ni las iglesias parroquiales, por hacerlo el
obispo de Astorga, bajo cuya jurisdicción diocesana se hallaba la
villa.
En la siguiente visitación realizada
“A diez e nueve de novienbre de myll e quinyentos e veynte e ocho
años” podemos leer:
“Hospital de San Pedro.
Es una casa de tapia cubierta de
madera en lo alto, e tiene una cámara, e al otro lado una cocina
atajada e otras tres cámaras, una tras otra; e asimismo tiene la
dicha casa un corral grande e un establo e un portal y está el dicho
hospital mal reparado; tiene una huerta con çiertos árboles y un
pozo donde se riega.
Tiene la ropa siguiente: 14 cabezales
nuevos, quedan 13; tres mantas nuevas de sayal, abianse consumido
tres sábanas.”
(A.H.N. OO.MM. Libro 1098, fº 472-479).
En la última visitación que hace la
Orden de Santiago a la villa de Villafáfila antes de ser desmembrada
de la misma, llevada a cabo en 1538, los visitadores, ante el estado
de ruina del hospital, mandan que se vendan sus propiedades y que se
aplique su fruto a los otros hospitales de la villa.
“Visitación del hospital de San
Pedro:
E después de lo suso dicho, este
dicho día, a honze días del dicho mes de abril del dicho año, nos,
los dichos visitadores, visitamos el ospital de San Pedro de la
dicha villa, el qual es de tapia, esta todo para se caer. Tiene un
portal y a la mano derecha dos cámaras y a la esquyerda otras dos,
caydas en el suelo, que no tienen más de la tapia; tiene un corral e
una huerta con su poço, e la huerta tiene árboles, y fallose
por ospitalero del dicho a Françisco Drago, viejo, e la rropa que
tenía es la siguiente-
Ropa:
primeramente tenía seys cabeçales de
lana
otros dos cabeçales viejos de lienço
dos mantas viejas rotas
De lo que más avía en el libro de la
visitaçión pasada, no se da rrazón ni cuenta dello, eçeto quatro
cabeçales muy viejos e rrotos
Posesiones:
Tiene el dicho ospital dos
herreñales, el uno al camino de Valle, linderos viña de Diego
de Robles arçipreste e Fco de Caramaçana, el otro a Carboneros,
lindero de Santo Antón e Santiago que rentan 1 fanega de
çebada cada año.
Relaçión:
Fallamos en la dicha visitaçión que
hazemos deste dicho ospital de Villafáfila que no tenía más renta de
los dichos dos herreñales que rrentan una fanega de çebada, e una
huerta o cortina questa dentro del dicho ospital que no rrenta nada,
e el dicho ospital está para se caer e socabados los çimientos
y no tiene con que se rreparar, e ay en la dicha villa otros
ospitales bien rreparados; paresçionos que sería bien que este dicho
ospital e su huerta se vendiese, e lo que por él se diese se
aplicase a uno de los otros ospitales de la dicha villa.”
(A.H.N. O.O.M.M. Libro 1099, fº 410 -
411.).
Parece que el mandato de los visitadores
no se cumplió de inmediato, pues todavía en 1541 seguía existiendo,
y como hospitalera figura “la de Francº Drago vihuda,
espitalera del hospital de San Pedro, ésta es pobre” (A.H.N.
Nobleza. Osuna. Leg. 2152).
Del hospital de San Pedro no volvemos a
tener noticia, por lo que su desaparición se debió de llevar a cabo
en esos años.
Nuestra Señora de
Villarigo
Como único vestigio de la aldea de
Villarigo, perteneciente al alfoz medieval de Villafáfila, y citada
desde 1155, en el siglo XVI, permanecía su iglesia, que albergaba la
imagen de Nuestra Señora de Villarigo, y a la que acudían en romería
los vecinos de la villa el día de la primero de mayo. Además con esa
advocación existía una cofradía de labradores con sede en la iglesia
de Santa María, que en 1682 fue traspasada a los pastores, que la
habían pedido hacía tiempo, porque los labradores no cumplían con
las obligaciones. (A.D.A. Procesos 2269-14). La ermita, situada a la
orilla de la Vereda de Benavente a Toro, camino muy transitado por
comerciantes, segadores, pastores y vagabundos, contaría con alguna
dependencia aneja para acoger a caminantes o peregrinos, al cargo de
la cual estaría un hospitalero, como la documentada en 1541 “la
Gileta bihuda pobre, espitalera de Nra Señora de Villarigo”. No
sabemos nada de la permanencia de la hospitalidad en la ermita, que
se mantuvo en pie hasta 1811, pero esta obra de misericordia debió
de desaparecer en el siglo XVI, pues en la visita pastoral de obispo
de 1597 sólo se mencionan el hospital de La Cruz y el de San Juan, y
una de las quejas de los pastores para solicitar el traspaso de la
cofradía en el siglo XVII es que los labradores no cumplían con los
cargos. A mediados del siglo XVIII don Francisco Costilla, el
principal vecino de la villa, construye una venta en las
inmediaciones de la ermita para servir de posada a los pasajeros y
caminantes, que arrendaba anualmente a un ventero, que con su
familia residía en ella y atendía a los huéspedes.
La cofradía de Nuestra Señora de
Villarigo contaba con algunos bienes que se mencionan desde el siglo
XV y que se relacionan en el catastro de Ensenada de 1752,
consistentes en 26 parcelas de secano que ascendía a 86 fanegas y
media y que rentaban cada año 5 cargas y media de pan mediado, trigo
y cebada; y una panera en la villa, en la colación de San Martín.
También en Otero de Sariegos se relacionan parcelas de Nuestra
Señora de Villarigo de Villafáfila.
La Cofradía de la
Vera Cruz.
Esta cofradía, fundada en la
parroquia de San Andrés, al lado de cuya iglesia se encontraba la
ermita de la Vera Cruz, es de la que tenemos referencias más
antiguas de las múltiples cofradías con las que contaba la villa de
Villafáfila en los siglos pasados. Estas referencias son indirectas,
pues en la escritura de gasto que se hizo en la testamentaría de Yván de Collantes, que “Fallesçio a sabado treçe dias del mes de
hebrero de 1490”, figura el cumplimiento de una manda
testamentaria de este hidalgo, que había sido alcaide de la
fortaleza de Villafáfila: “se dio a la Vera Crus + çien mrs. Que
levo Rodrigo Herrada abad”. Por este documento (A.R.Ch.V.)
Pleitos Civiles. Zarandona y Walls 1353-8 olv.), conocemos que ya
existía en la Edad Media esta cofradía y que la persona que estaba
al frente de la misma recibía la denominación de abad. La existencia
de la ermita que acogía a esta cofradía también la conocemos por el
mismo documento, pero refiriéndose a unos años después,
concretamente a 1513, cuando falleció la viuda de Collantes, María
Vázquez, deja mandado en su testamento “A la Vera Cruz e a Sª Mª
de Villarigo e a Sª Mª Madalena e a Sª Marta e a Sª Mª la Nueva
ermitas de esta villa, a cada una medio real para sus obras”,
por lo que es de suponer que el origen de las mismas se remonte a la
Edad Media.
Lamentablemente no se conserva la
Regla de la cofradía (aunque cabe la posibilidad de que aparezca
algún día entre los legajos del Archivo Diocesano de Astorga, en
alguno de los muchos pleitos que aún no están catalogados), y apenas
podemos conocer los detalles de su funcionamiento, pero se conservan
en el archivo parroquial de Villafáfila dos libros de cuentas de
ella (Archivo Parroquial de Villafáfila. Libros 71 y 72), por cuyas
referencias podemos hacer una aproximación a sus actividades.
Las cofradías de la Vera Cruz
surgieron con un carácter penitencial de disciplina durante la Edad
Media influida por el pensamiento franciscano, y se extendieron por
todos los pueblos, y en las afueras de muchos de ellos se
construyeron pequeñas ermitas para dar cobijo a los penitentes y
ejercer otras funciones asistenciales. Así la de Villafáfila estaba
situada cerca de la antigua parroquia de San Andrés, hoy día
convertida en el llamado Cementerio Viejo, exactamente en el pico
que forman los caminos del Espino y de S. Agustín en su divergencia.
La situación precisa de su emplazamiento es conocida gracias a la
tradición oral, de viejos vecinos que lo oyeron contar a sus padres.
Particularmente a Mauro Vicente Costilla (q.e.p.d.), se lo había
transmitido su padre, al que pertenecía el solar de la antigua
ermita, conocida como el Salón, o el Humilladero. La ermita tenía
los cimientos de piedra y algunas paredes de tapial, y contaba con
varias dependencias como el Salón donde se procedía a la disciplina,
alrededor de sus paredes había unos poyos de piedra donde se
sentaban los cofrades durante la noche del Jueves Santo, y una
cocina y otros cuartos anejos para poder cumplir con las funciones
de hospitalidad que tenía encomendadas la cofradía.
En otros pueblos comarcanos
también había ermitas de la Cruz, así existen referencias de las de
San Agustín y Revellinos en el siglo XVIII, o la de Benavente,
extramuros de la villa, donde se encontraba el conde don Alonso,
cuando recibió la Provisión Real de nombramiento como comendador de
Castrotorafe y de Villafáfila en 1507. En Otero de Sariegos, antes
de su despoblación a mediados del siglo XVII, existía una cofradía
de la Cruz, cuyo libro de cuentas se depositó, junto con otros
documentos, en la iglesia de San Juan de Villafáfila en 1674. La
cofradía de Villarrín permaneció en activo hasta este siglo XX, y
gracias a la conservación de sus reglas y estatutos han recuperado
la carrera del Jueves Santo como tradicionalmente se celebraba.
Aparte de las misas la cofradía tenía
la obligación de mantener un hospital en las dependencias de la
ermita para albergar a los pobres enfermos y peregrinos. Al cuidado
de ella se encontraba un hospitalero para acoger a los transeúntes
necesitados de asistencia. Así en 1541 Fco de Pajares es
“espitalero de la cofradía de la Santa Bera Cruz”. Era uno de
los cuatro con que contaba la villa en el siglo XVI. Se trataba de
pequeños establecimientos con una cocina y un cuarto al cargo de un
hospitalero que cuidaba a los pobres. Además de atender a los pobres
enfermos la cofradía debía hacerse cargo de los niños que dejaban
expósitos en su puerta y llevarlos a los hospicios.
En 1567 Francisco de Cabañas de sesenta
años, era el hospitalero “este testigo es lego e casado e que no
es rrico, que vive en el hospital de la cofradía de la Cruz de la
dicha villa de Villafáfila,... e que la arte que este testigi
executa es la de trabajar de cabar y arar por jornal y segar”
(ADA 76-3).
A finales del siglo XVI sólo permanecían
dos hospitales en la villa como apunté anteriormente, y aún éstos no
cumplían con sus obligaciones. Así el obispo deja anotado en el
libro de fábrica de San Salvador sus mandatos de la visita pastoral
realizada a la villa en 1597:
“atento a que vio por vista de ojos
que los hospitales de esta villa cumplen mal y por no aver
hospitalidad en esta villa se an muerto pobres algunos por las
calles, y algunos sin confesión ni sacramentos, por los mayordomos
ser negligentes en cobrar y pagar las rentas del dicho hospital, por
tanto mandó su merçed que, so pena de excomunión y de 20 ducados,
administren con diligençia los dichos hospitales y cobren con
brevedad los alcançes y los gasten y conpren las ropas neçesarias y
los tengan bien tapiados y retejados, y tengan aposentos aparte,
donde esten los honbres apartados de las mujeres, y cunplan la
voluntad de los testadores; y, allende de los administradores, dexó
y nonbró por superintendentes en el hospital de San Juan al cura que
es o fuere de San Juan, y en el hospital de la Cruz al cura que es o
fuere de San Andrés, para que visiten a menudo los dichos
hospitales, a cada uno el suyo, y admitan pobres, los quales
paresçiere ser neçesarios en ausençia de los administradores, y den
notiçia a las justiçias seglares si fuere necesario” .
Archivo Parroquial de Villafáfila. Libro
55.
Durante el siglo XVII seguía habiendo
hospitalero al frente de la casa, pues en el Libro de Difuntos de la
parroquia de San Pedro se anota en 1644: “Alonso Fernández, de
Cional, hospitalero de la Cruz”. Tres años más tarde fallece: “Pedro
Pérez, hospitalero de la Cruz”. No he rastreado noticias
posteriores de hospitaleros de la Cruz.
Pocas noticias hay de sus funciones como
hospicio, situación a la que se veían avocadas las iglesias y
ermitas, sobre todo las situadas en las afueras de las villas. Los
libros de la cofradía anteriores a 1693 se han perdido y en más
antiguo que se conserva se remonta a ese año, y en el se anota que
en 1700 y en 1702 aparecieron sendas criaturas en la ermita que
tuvieron que ser llevadas al Hospital de Expósitos de Salamanca por
el mayordomo de la cofradía.
La cofradía contaba en1752 con treinta y
tres parcelas de secano, con una superficie de 82 fanegas, que
producían en arrendamiento 14 fanegas de pan cada año. Entre las
cargas de la cofradía se anotan las misas anuales, los gastos del
Jueves Santo y de la romería del 1º de mayo, sin figurar carga
ninguna para mantener el hospital, de lo que se puede deducir que en
esa época ya no desarrollaba esos menesteres caritativos. (A.H.P.Za.
Ensenada. )
Hospital de San Juan
La primera noticia que tenemos de la
existencia de este hospital, llamado así por ubicase en la parroquia
de San Juan, en las inmediaciones de la iglesia, es de 1541, cuando
en el padrón se cita entre los vecinos a: “La Toria pobre,
espitalera del hospital de San Juan”. Aunque su existencia debe
de ser anterior, pues ya he apuntado antes, que en 1538 ya había
otros hospitales en la villa aparte del llamado de San Pedro.
El origen de esta fundación pía es
dudoso: por un lado en documentación del siglo XVIII se da noticia
de que pertenecía a una cofradía de vecinos de la villa, y por otro
lado en 1556 en el testamento del arcipreste Hernando de Robles se
refiere que había sido fundado y dotado por su padre, y antecesor en
el cargo, el arcipreste Diego de Robles: “que dotó y fundó Diego
de Robles, mi señor difunto”.
Diego de Robles, clérigo perteneciente a
una familia de hidalgos de Villafáfila, que habían llegado a la
villa como clientela del Conde de Benavente en 1467, cuando su
abuelo se hizo cargo de la alcaidía de la fortaleza de la villa, y
que permanecieron en la órbita de los Pimentel, fue designado
arcipreste después de 1523. Había nacido en torno al año 1475.
Obtuvo los beneficios de San Martín de Faramontanos de Tábara, las
capellanías de San Antón de Villafáfila desde 1505, el curato de San
Juan de Villafáfila y la capellanía de San Bernabé de San Agustín
del Pozo. Falleció en el año de 1546, y dejó fundada una capellanía
de misas en San Juan con la advocación de La Concepción. Como no
conocemos su testamento, no sabemos si la dotación del hospital se
había hecho antes de su muerte (pues ya existía con tal nombre en
1541), o si a su muerte dejó una serie de tierras para dotar un
hospital ya fundado.
Le sucedió en el cargo de arcipreste de
Villafáfila su hijo, el bachiller Hernando de Robles, que en 1536
había obtenido dispensa para ordenarse por ser hijo de clérigo y
menor. Su carrera eclesiástica fue fructífera, pues ese año fue
elegido por los feligreses de San Agustín como cura; en 1541 fue
designado asimismo cura de San Salvador de Villafáfila, compatibles
ambas por dispensa, y en 1546 fue nombrado arcipreste. Conocemos su
testamento del año 1556, en el que deja ordenadas una serie de
disposiciones testamentarias y fundaciones de obras pías,
principalmente una Memoria de Huérfanas, y cumplidas las cuales
dispone que:
“Dejo por mis universales herederos
de todos los bienes restantes a los pobres que vinieren y estuvieren
en el hospital de San Juan, que dotó y fundó Diego de Robles, mi
señor, difunto”.
Desde la muerte de su padre había
administrado el hospital de San Juan, con el que no había hecho
cuentas y había cobrado las rentas de las tierras:
“Otrosi mando que se averigüe quenta
entre el Ospital e mí y me carguen ansimesmo nueve cargas de pan que
cobré de Gómez de Olea en trigo e çebada de la renta de las tierras
del Ospital este año de çinquenta e seis, y lo que se averigüe que
le debo por mis libros y los del hospital, mando que se le paguen”.
Parece que el hospital contaba con un
mayordomo, elegido anualmente por los feligreses y el cura:
“el dia de San Juan de cada un año
cuando se juntan los feligreses y el cura a elexir mayordomo para el
hospital de San Juan”.
Desde que falleció el fundador no se
había llevado a cabo todas sus disposiciones sobre su enterramiento
y su hijo manda que:
“que se pongan dos piedras sobre la
sepultura de Diego de Robles, mi señor, y sobre la mia, la primera
sera a costa del hospital de la Concepcion de San Juan, porque asi
lo dexo mandado Diego de Robles”;
ni se habían dedicado los edificios
mandados para la fundación:
“la casa en que vive Masera, clerigo,
linderas de las casas que fueron de Luis de Robles, hijo que quedó
de Françisco de Robles, y bodega de Françisco Martínez y calle, son
del Ospital”,
alguna dependencia que había utilizado é
mismo:
“un pajar que tengo frontero de la
casa de Hernando de Castro es del Ospital y no es de esta casa
prinçipal”.
Asimismo dispone:
“Que se haga un pozo en el Ospital y
se lleve la pila de piedra grande para que se linpien los pobres de
él”
Después de la muerte del bachiller
Hernando de Robles, fue administrador del hospital y de la memoria
de huérfanas su testamentario y persona de confianza, Bernaldino
Sayago.
Archivo Parroquial de Villafáfila. Libro
80.
Los bienes del hospital se debieron de
seguir administrando y cobrándose regularmente las rentas, pero a
finales del siglo XVI, como referí anteriormente, el obispo tiene
que mandar al cura de San Juan que se haga cargo de la supervisión
del mismo.
Más de un siglo después su sucesor en la
mitra, en su visita pastoral en el año 1715, deja escrito en el
Libro de Fábrica de San Juan un mandato referido al hospital:
“a los pobres se les trate con todo
amor y caridad, y que si la hospitalera no lo hiziere asi, se la
despida y se busque a otra que cunpla con esta obligación”.
Pero el funcionamiento del hospital
seguía siendo defectuoso por lo que que el concejo recurrió a los
hermanos del Divino Pastor, que desde su casa de Béjar enviaron 4
hermanos que se hicieron cargo del hospital de San Juan y fundaron
una congregación de su orden en el mismo. (A.D.A. Proceso 2264-5.)
Para ello los vecinos de Villafáfila que
tenían ciertos derechos sobre el hospital los cedieron a los
frailes:
“el año 1735 varios vecinos de
Villafáfila que se titulaban congregantes de esta obra pía cedieron
todos los derechos de posesión y señorío que les competía a los
hermanos hospitalarios del Divino Pastor, los cuales también consta
que por entonces adquirieron los solares contiguos a dicho hospital.
En las Respuestas Generales del Catastro
de Ensenada, del año 1752, se dice “Hay un Hospital para
cuidar de los pobres enfermos. Tiene cuatro hermanos del Divino
Pastor.
En la relación de Eclesiásticos figuran
los cuatro hermanos de la congregación que vivían en el Hospital,
que seguramente formarían parte de la primitiva comunidad que habían
venido de Béjar 17 años antes:
Hermano Martín del Divino Pastor, cincuenta años
Hermano Rafael del Padre, cuarenta años
Hermano Tomás de San José, 40 años
Hermano Alejo de San José, cincuenta años.
Otros dos hermanos habían ya
fallecido en el hospital: en 1738, José de San Agustín y en 1742 el
hermano Félix de San José.
Pocas referencias tenemos de estos
frailes, salvo las anotaciones de sus defunciones en el Libro de
Difuntos de San Juan, así en el año 1755 falleció el hermano Martín,
al año siguiente el hermano Eugenio García, natural de la villa, que
ingresó después de viudo y que a su muerte dejaba tres hijos, en
1767 el hermano Diego García de San Antonio, natural de Cañizo. El
hermano José de Soto, falleció en 1778, era natural de Villafáfila,
y fue el último hermano que falleció en el hospital antes de que se
cerrara definitivamente.
Los bienes inmuebles con que contaba el
hospital en 1752 según los datos que figuran en el Catastro de
Ensenada eran:
51 parcelas de secano con una cabida de
177 fanegas y 2 celemines, arrendadas a Lucas Rodríguez, que pagaba
8 cargas de pan mediado cada año.
8 fanegas de viña de 3ª calidad, que
seguramente utilizaban para su consumo de vino.
Tenían unos censos por valor de 2.372
reales de principal, que le rentaban cada año 71 reales y 10 mrs. En
Revellinos tenía una tierra de 2 fanegas de superficie.
El edificio del hospital estaba en la
colación de San Juan, y era una casa de 20 varas de largo por 6
varas de alto, que constaba de dos cuartos bajos, la enfermería, la
cocina, el oratorio, un cuarto alto, y el corral con un pajar.
Limitaba al Levante con la iglesia de San Juan, al Poniente con el
corral de José de Muélledes, al Mediodía con casas de Miguel Alonso,
y al norte con calles del concejo.
Los hermanos, tenían para su servicio
una yegua, un caballo, y un pollino para pedir limosna, lo que nos
indica no les bastaba con las rentas para su mantenimiento. (A.H.P.Za.
Ensenada Leg 1625-1629)
La desaparición de la comunidad
en el hospital de San Juan se debió de producir después de 1781, en
que se registra el último pobre fallecido, coincidiendo además con
la anexión de la parroquial de San Juan a la de San Martín, en cuyo
inventario de 1794 figura una imagen del Divino Pastor, un Jesús
niño, en el Altar de San Martín, que seguramente procediera del
desaparecido hospital.
Los bienes del hospital pasaron a
ser administrados por el ayuntamiento, que en 1796 vendió los
solares a la Real Hacienda para la erección de la Real Fábrica de
Salitres:
La confraternidad de hermanos
hospitalarios, aunque en efecto se puso en planta, años a que se
extinguió, desde cuyo tiempo parece que el Ayuntamiento en virtud
del patronato que siempre conservó sobre el hospital ha corrido con
la administración de sus efectos y procedió a la venta del solar
para el establecimiento de las fábricas de salitre, con motivo de
que estaba la casa arruinada, no havia caudales para reedificarla,
ni tampoco medios para que subsistiese la hospitalidad”.
La Orden de compra se emitió en 5 de
octubre del 95 por 9.650 reales. Pero al hacer las escrituras, la
villa no presentó los títulos de propiedad que se le pedían y el
Administrador de la Renta de Salinas de Zamora no le quería entregar
los reales, muy necesarios en esas fechas para emplearlos en las
obras del edificio del ayuntamiento, que estaba en ruina, y
necesitaban hacer uno nuevo. Por fin el Caballero-Intendente de la
provincia mandó que se entregase el importe de la compra al
Ayuntamiento, pero dejando depositados en la Depositaría de Puentes
2.356 R. que debía la villa de contribuciones que no había
realizado. (A.G.S. D.G.R. II. Leg. 2041).
Procedencia de los
fallecidos en el Hospital de San Juan
Los pobres acogidos en el hospital de
San Juan tenían diversas procedencias. Gracias a los libros de
difuntos de la parroquia de San Juan se puede hacer una aproximación
a su número y naturaleza, aunque los datos que reseñan los curas son
muy escasos, a veces sólo se anota se enterró un pobre del hospital,
sin indicar si era varón o mujer, o de dónde era natural; y
parciales, pues en 1748 se abre un proceso en Astorga al párroco,
don Julián de la Parra, que lo era desde antes de 1725, por no
anotar en el libro las partidas de muchos pobres que habían
fallecido en el hospital.
Según las anotaciones 245 personas
fallecieron en el hospital desde 1598, que es el primer año que se
registran los difuntos de San Juan, en el libro que se conserva, y
1781, en que se menciona el último fallecido de hospital (A.D.A.
Procesos I, 2264-5).
Entre los difuntos de hospital se
incluyen cinco hospitaleros y el hijo de una hospitalera que
fallecieron en la primera mitad del siglo XVII, y seis hermanos de
la comunidad del Divino Pastor que se hizo cargo del hospital en el
siglo XVIII.
Poco sabemos de los hospitaleros, pero
podemos afirmar que eran personas pobres, muchas veces viudas, que
se hacían cargo de la atención a los pobres acogidos en el
establecimiento, a cambio de vivir en el hospital y mantenerse con
sus rentas y limosnas. Ya hemos referido que los 4 hospitaleros que
ejercían en 1541 tienen el calificativo de pobres en el padrón. Ese
año figuraba como hospitalera de San Juan la viuda del anterior
hospitalero. En el vecindario de 1586 se incluye a “La de Pedro
del Villar, pobre, hospitalera del hospital de San Juan” (A.G.S.
Expedientes de Hacienda. Leg.199-1). No siempre el cargo era
desempeñado por viudas, pues en 1614 fallece Cristóbal García,
hospitalero de San Juan, en 1631 fallece la hospitalera Ana Prieto,
que era viuda. En 1639 son hospitaleros Juan Sánchez e Isabel
Gutiérrez, que fallece ese año. El hospitalero vivía en el hospital
con toda la familia, así en 1643 fallece el hospitalero, Juan Arias,
quedando como hospitalera su viuda hasta su muerte en 1646, que vive
en el hospital con sus hijos.
De los 239 difuntos del hospital, 48
eran mujeres y 191 hombres. 132 figuran con el apelativo de pobre,
en algunos como única nota.
Gráfico 1
De la mayoría de los difuntos no figura
el origen geográfico. De los 6 hermanos difuntos en el siglo XVIII
sabemos, que algunos habían venido desde Béjar, 2 eran de la villa y
1 de Cañizo. A todos ellos los incluimos como avecindados en la
villa. Lo mismo con los 5 hospitaleros y el niño fallecidos en el
siglo XVII, que no tenemos constancia que fueran naturales de la
villa, pero sí estaban avecindados ya en ella, pues residían en el
hospital.
Quitando estos 12, de otros 9 consta que
vivían previamente en Villafáfila, aunque de algunos sabemos su
origen gallego, y la mayoría eran pobres y gente sin familia. Hay
otros 11 difuntos que figuran con su nombre o mote, por lo que
supongo que serían vecinos de la villa, o que eran conocidos del
cura por haber servido, o ser mendigos asiduos en ella.
Gráfico 2
Del resto de los difuntos se menciona su
origen sólo en 124 casos, de los que se puede analizar su
procedencia.
Procedencia de los
difuntos del Hospital de San Juan
(Excluidos los
vecinos de Villafáfila)
Viendo la tabla anterior se observa que la mayoría de
los difuntos cuyo origen se refiere son gallegos. El lugar concreto
de procedencia no se especifica en 29 casos, de los que sólo se dice
que son gallegos o de Galicia. De los que sí se anota el pueblo o la
comarca vemos que son mayoritarios los procedentes de Orense, sobre
todo de las comarcas de Valdeorras y Tierra del Bollo, integradas en
la misma diócesis de Astorga que Villafáfila.
Lugar de origen de
los gallegos difuntos en el Hospital de San Juan
La mayoría de los gallegos fallecidos
era mendigos y son anotados en la partida como: “un pobre,... una
pobre,... el niño de un pobre”. Algunos eran segadores, y otros
serviciales y mozos de soldada.
El segundo grupo en importancia numérica
son los procedentes de la provincia de Zamora, excluyendo los que
previamente residían en Villafáfila, que analizamos anteriormente.
Dieciocho proceden de pueblos de Tierra de Campos y Benavente,
quince proceden de las comarcas de Sanabria, Carballeda y Tierra de
Tábara, en el mismo territorio diocesano que Villafáfila:
Lugar
de origen de los zamoranos difuntos en el Hospital de San Juan
El tercer grupo de origen es el de leoneses, la mayoría
procedentes de lugares de la diócesis de Astorga:
El número de extranjeros es de 10
difuntos; siete de ellos son portugueses, de los que sólo a uno se
precisa que es de Chaves, y seis de ellos son fallecidos antes de
1640, cuando Portugal estaba unido a la monarquía hispánica; con
orígenes más raros se citan a 1 alemán, a un soldado francés,
fallecido en 1749 y a un extranjero sin especificar su procedencia.
Por último fallecieron en el hospital 4
asturianos, dos de ellos segadores; 2 burgaleses, 1 madrileño y una
gitana forastera. Dos de las localidades de origen no las he
localizado: Herreruelos y Santiesteban del Puerto de las Higueras.
Los ingresados en el hospital de San
Juan no eran los únicos pobres que fallecían en la villa, pues
anteriormente reseñé de finales del siglo XVI, cuando morían pobres
por las calles por falta de atención en los hospitales. La falta de
registros de difuntos en la mayoría de las parroquias en esos años
nos impide un mejor conocimiento de estas situaciones. Durante el
siglo XVII se anotan en los libros de difuntos 28 pobres forasteros
fallecidos en la villa (sin contar los que fallecieron en el
hospital). La procedencia de los mismos es mayoritariamente gallega
y de localidades del norte de Zamora.
FUENTES:
Archivo Histórico Nacional (A.H.N.)
Secciones: Nobleza
Ordenes Militares (OO.MM.)
Archivo de la Real Chancillería de
Valladolid (A.R.Ch.V.)
Sección:
Pleitos Civiles
Archivo Provincial de Zamora (A.P.Za)
Sección: Catastro del Marqués de Ensenada
Archivo Diocesano de Astorga (A.D.A.)
Sección:
Procesos
Archivo Parroquial de Villafáfila
Archivo General de Simancas (A.G.S.)
Secciones: Dirección
General de Rentas (D.G.R.)
Expedientes de Hacienda (E.H.) |