LOS HOSPITALES  SIGLOS XVI AL XVIII

VILLAFÁFILA

 

 

 ELÍAS RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

   La hospitalidad con los viajeros, peregrinos y pobres necesitados ha sido una de la obras de misericordia más practicada por la Iglesia a los largo de su historia. Durante la Edad Media fueron surgiendo, sobre todo en las grandes vías de peregrinación, como el Camino de Santiago, hospitales y otras casas de acogida, a cargo de órdenes religiosas, cofradías, fundaciones benéficas, etc. También eran frecuentes en la mayor parte de villas y ciudades, pequeños o grandes establecimientos para la acogida y cuidado de enfermos transeúntes o vecinos del lugar que no tenían medios ni posibilidad de ser atendidos en sus casas. En ellos se llevaba a cabo una labor más de asilo que de hospital, pues solían estar al cargo de hospitaleros sin conocimientos médicos.

En este artículo trato de hacer una relación de las noticias históricas que he recopilado referidas a los establecimientos hospitalarios de la villa de Villafáfila (Zamora) y una aproximación a su funcionamiento.

 En el siglo XVI Villafáfila llegó a contar simultáneamente con 4 instituciones que  mantenían en sus dependencias funciones de hospitalidad. En el año 1541 se hace un completo padrón de todos los vecinos de la villa, junto con la averiguación del valor de todos los bienes y rentas que la Orden de Santiago tenía en Villafáfila, para proceder a su enegeneción de la corona y posterior venta a don Bernardino Pimentel. Se realizan dos padrones paralelos, uno elaborado por los alcaldes y regidores de la villa bajo juramento de certeza “que le diesen los padrones çiertos e verdaderos segund en la dicha provision se contenia so çierta pena” y otro hecho por el juez de comisión, recorriendo las calles de la villa. En ambos padrones se citan simultáneamente cuatro hospitaleros:

- del Hospital de San Pedro

- de Nuestra Señora de Villarigo

- de la Cofradía de la Santa Vera Cruz

- del Hospital de San Juan.

Y en el lugar de Revellinos, incluido en el alfoz de Villafáfila se cita al hospitalero del hospital de la Cruz.

(A.H.N. Sección Nobleza. Osuna. Leg. 2152)

  La población de la villa y su tierra en esa centuria presenta un periodo de expansión desde principios de siglo, que se ve truncado bruscamente en la última década del mismo por el empobrecimiento de sus vecinos, por causa de una presión fiscal excesiva, una sucesión de años de malas cosechas, cuyas consecuencias fueron el incremento de la mortalidad y la emigración, que dejó reducida la vecindad a la mitad de la que se existía en los años 60 del siglo XVI.

    Evolución del vecindario en Villafáfila y su tierra en el siglo XVI

     

  El Hospital de San Pedro

Las primeras noticias documentadas de la existencia de hospital en Villafáfila se remontan a 1515. En esa época la villa pertenecía al señorío de la Orden de Santiago y periódicamente llegaban a la villa los visitadores, generalmente un caballero y un fraile de la orden, con un escribano y su séquito de criados, que tenían como misión enterarse de la situación del señorío, propiedades y rentas, y recibir las quejas que presentaran los vecinos contra los comendadores y oficiales. En las actas de la visitación de ese año puede leerse:

“Día veynte e seys de enero año de myll e quynientos e quynçe años...

 Visitaçión de un espital que se dize de Sant Pedro que es en Villafáfila.

Este dicho día los visitadores visitaron un hospital que se dize de San Pedro,  el qual es una casa, las paredes de la qual son de tapia, e lo de alto de madera tosca; tiene dos cámaras fechas de lo mysmo, e su portada e puertas e çerraduras.

Ropa que tiene el dicho hospital:

dos camas con doze cabeçales e quatro mantas e dos alfamares .

No se mandó reparar el dicho ospital, porque es de una cofradía de vezinos de la villa, los quales tienen a sus cargo de le reparar.”

( A.H.N. OO.MM. Libro 1097, fº 273 -280).

 Este hospital debía de tener alguna vinculación con la Orden de Santiago, aunque fuera de una cofradía de vecinos de Villafáfila, porque los visitadores no visitan otros hospitales, ni ermitas ni las iglesias parroquiales, por hacerlo el obispo de Astorga, bajo cuya jurisdicción diocesana se hallaba la villa.

En la siguiente visitación realizada “A diez e nueve de novienbre de myll e quinyentos e veynte e ocho años” podemos leer:

Hospital de San Pedro.

Es una casa de tapia cubierta de madera en lo alto, e tiene una cámara, e al otro lado una cocina atajada e otras tres cámaras, una tras otra; e asimismo tiene la dicha casa un corral grande e un establo e un portal y está el dicho hospital mal reparado; tiene una huerta con çiertos árboles y un pozo donde se riega.

Tiene la ropa siguiente: 14 cabezales nuevos, quedan 13; tres mantas nuevas de sayal, abianse consumido tres sábanas.”

(A.H.N. OO.MM. Libro 1098, fº 472-479).

En la última visitación que hace la Orden de Santiago a la villa de Villafáfila antes de ser desmembrada de la misma, llevada a cabo en 1538, los visitadores, ante el estado de ruina del hospital, mandan que se vendan sus propiedades y que se aplique su fruto a los otros hospitales de la villa.

Visitación del hospital de San Pedro:

 E después de lo suso dicho, este dicho día, a honze días del dicho mes de abril del dicho año, nos, los dichos visitadores, visitamos el ospital de San Pedro de la dicha villa, el qual es de tapia, esta todo para se caer. Tiene un portal y a la mano derecha dos cámaras y a la esquyerda otras dos, caydas en el suelo, que no tienen más de la tapia; tiene un corral e una huerta con su poço, e la huerta tiene árboles,  y fallose por ospitalero del dicho a Françisco Drago, viejo, e la rropa que tenía es la siguiente-

Ropa:

primeramente tenía seys cabeçales de lana

otros dos cabeçales viejos de lienço

dos mantas viejas rotas

De lo que más avía en el libro de la visitaçión pasada, no se da rrazón ni cuenta dello, eçeto quatro cabeçales muy viejos e rrotos 

Posesiones:

Tiene el dicho ospital dos herreñales, el uno al camino de Valle, linderos  viña de Diego de Robles arçipreste e Fco de Caramaçana, el otro a Carboneros, lindero de Santo  Antón e Santiago que rentan 1 fanega de çebada cada año.

Relaçión:

Fallamos en la dicha visitaçión que hazemos deste dicho ospital de Villafáfila que no tenía más renta de los dichos dos herreñales que rrentan una fanega de çebada, e una huerta o cortina questa dentro del dicho ospital que no rrenta nada, e el dicho ospital está  para se caer e socabados los çimientos y no tiene con que se rreparar, e ay en la dicha villa otros ospitales bien rreparados; paresçionos que sería bien que este dicho ospital e su huerta se vendiese, e lo que por él se diese se aplicase a uno de los otros ospitales de la dicha villa.”  

(A.H.N. O.O.M.M. Libro 1099, fº 410 - 411.).

Parece que el mandato de los visitadores no se cumplió de inmediato, pues todavía en 1541 seguía existiendo, y como hospitalera figura “la de Francº Drago vihuda, espitalera del hospital de San Pedro, ésta es pobre” (A.H.N. Nobleza. Osuna. Leg. 2152).

Del hospital de San Pedro no volvemos a tener noticia, por lo que su desaparición se debió de llevar a cabo en esos años.

 

Nuestra Señora de Villarigo

 

Como único vestigio de la aldea de Villarigo, perteneciente al alfoz medieval de Villafáfila, y citada desde 1155, en el siglo XVI, permanecía su iglesia, que albergaba la imagen de Nuestra Señora de Villarigo, y a la que acudían en romería los vecinos de la villa el día de la primero de mayo. Además con esa advocación existía una cofradía de labradores con sede en la iglesia de Santa María, que en 1682 fue traspasada a los pastores, que la habían pedido hacía tiempo, porque los labradores no cumplían con las obligaciones. (A.D.A. Procesos 2269-14). La ermita, situada a la orilla de la Vereda de Benavente a Toro, camino muy transitado por comerciantes, segadores, pastores y vagabundos, contaría con alguna dependencia aneja para acoger a caminantes o peregrinos, al cargo de la cual estaría un hospitalero, como la documentada en 1541 “la Gileta bihuda pobre, espitalera de Nra Señora de Villarigo”. No sabemos nada de la permanencia de la hospitalidad en la ermita, que se mantuvo en pie hasta 1811, pero esta obra de misericordia debió de desaparecer en el siglo XVI, pues en la visita pastoral de obispo de 1597 sólo se mencionan el hospital de La Cruz y el de San Juan, y una de las quejas de los pastores para solicitar el traspaso de la cofradía en el siglo XVII es que los labradores no cumplían con los cargos. A mediados del siglo XVIII don Francisco Costilla, el principal vecino de la villa, construye una venta en las inmediaciones de la ermita para servir de posada a los pasajeros y caminantes, que arrendaba anualmente a un ventero, que con su familia residía en ella y atendía a los huéspedes.

La cofradía de Nuestra Señora de Villarigo contaba con algunos bienes que se mencionan desde el siglo XV y que se relacionan en el catastro de Ensenada de 1752, consistentes en 26 parcelas de secano que ascendía a 86 fanegas y media y que rentaban cada año 5 cargas y media de pan mediado, trigo y cebada; y una panera en la villa, en la colación de San Martín. También en Otero de Sariegos se relacionan parcelas de Nuestra Señora de Villarigo de Villafáfila.

   

La Cofradía de la Vera Cruz.

 

  Esta cofradía, fundada en la parroquia de San Andrés, al lado de cuya iglesia se encontraba la ermita de la Vera Cruz, es de la que tenemos referencias más antiguas de las múltiples cofradías con las que contaba la villa de Villafáfila en los siglos pasados. Estas referencias son indirectas, pues en la escritura de gasto que se hizo en la testamentaría de Yván de Collantes, que “Fallesçio a sabado treçe dias del mes de hebrero de 1490”, figura el cumplimiento de una manda testamentaria de este hidalgo, que había sido alcaide de la fortaleza de Villafáfila: “se dio a la Vera Crus + çien mrs. Que levo Rodrigo Herrada abad”. Por este documento (A.R.Ch.V.) Pleitos Civiles. Zarandona y Walls 1353-8 olv.), conocemos que ya existía en la Edad Media esta cofradía y que la persona que estaba al frente de la misma recibía la denominación de abad. La existencia de la ermita que acogía a esta cofradía también la conocemos por el mismo documento, pero refiriéndose a unos años después, concretamente a 1513, cuando falleció la viuda de Collantes, María Vázquez, deja mandado en su testamento “A la Vera Cruz e a Sª Mª de Villarigo e a Sª Mª Madalena e a Sª Marta e a Sª Mª la Nueva ermitas de esta villa, a cada una medio real para sus obras”, por lo que es de suponer que el origen de las mismas se remonte a la Edad Media.

  Lamentablemente no se conserva la Regla de la cofradía (aunque cabe la posibilidad de que aparezca algún día entre los legajos del Archivo Diocesano de Astorga, en alguno de los muchos pleitos que aún no están catalogados), y apenas podemos conocer los detalles de su funcionamiento, pero se conservan en el archivo parroquial de Villafáfila dos libros de cuentas de ella (Archivo Parroquial de Villafáfila. Libros 71 y 72), por cuyas referencias podemos hacer una aproximación a sus actividades.

  Las cofradías de la Vera Cruz surgieron con un carácter penitencial de disciplina durante la Edad Media influida por el pensamiento franciscano, y se extendieron por todos los pueblos, y en las afueras de muchos de ellos se construyeron pequeñas ermitas para dar cobijo a los penitentes y ejercer otras funciones asistenciales. Así la de Villafáfila estaba situada cerca de la antigua parroquia de San Andrés, hoy día convertida en el llamado Cementerio Viejo, exactamente en el pico que forman los caminos del Espino y de S. Agustín en su divergencia. La situación precisa de su emplazamiento es conocida gracias a la tradición oral, de viejos vecinos que lo oyeron contar a sus padres. Particularmente a Mauro Vicente Costilla (q.e.p.d.), se lo había transmitido su padre, al que pertenecía el solar de la antigua ermita, conocida como el Salón, o el Humilladero. La ermita tenía los cimientos de piedra y algunas paredes de tapial, y contaba con varias dependencias como el Salón donde se procedía a la disciplina, alrededor de sus paredes había unos poyos de piedra donde se sentaban los cofrades durante la noche del Jueves Santo, y una cocina y otros cuartos anejos para poder cumplir con las funciones de hospitalidad que tenía encomendadas la cofradía.

  En otros pueblos comarcanos también había ermitas de la Cruz, así existen referencias de las de San Agustín y Revellinos en el siglo XVIII, o la de Benavente, extramuros de la villa, donde se encontraba el conde don Alonso, cuando recibió la Provisión Real de nombramiento como comendador de Castrotorafe y de Villafáfila en 1507. En Otero de Sariegos, antes de su despoblación a mediados del siglo XVII, existía una cofradía de la Cruz, cuyo libro de cuentas se depositó, junto con otros documentos, en la iglesia de San Juan de Villafáfila en 1674. La cofradía de Villarrín permaneció en activo hasta este siglo XX, y gracias a la conservación de sus reglas y estatutos han recuperado la carrera del Jueves Santo como tradicionalmente se celebraba.

 Aparte de las misas la cofradía tenía la obligación de mantener un hospital en las dependencias de la ermita para albergar a los pobres enfermos y peregrinos. Al cuidado de ella se encontraba un hospitalero para acoger a los transeúntes necesitados de asistencia. Así en 1541 Fco de Pajares es “espitalero de la cofradía de la Santa Bera Cruz”. Era uno de los cuatro con que contaba la villa en el siglo XVI. Se trataba de pequeños establecimientos con una cocina y un cuarto al cargo de un hospitalero que cuidaba a los pobres. Además de atender a los pobres enfermos la cofradía debía hacerse cargo de los niños que dejaban expósitos en su puerta y llevarlos a los hospicios.

En 1567 Francisco de Cabañas de sesenta años, era el hospitalero “este testigo es lego e casado e que no es rrico, que vive en el hospital de la cofradía de la Cruz de la dicha villa de Villafáfila,... e que la arte que este testigi executa es la de trabajar de cabar y arar por jornal y segar” (ADA 76-3).

A finales del siglo XVI sólo permanecían dos hospitales en la villa como apunté anteriormente, y aún éstos no cumplían con sus obligaciones. Así el obispo deja anotado en el libro de fábrica de San Salvador sus mandatos de la visita pastoral realizada a la villa en 1597: 

atento a que vio por vista de ojos que los hospitales de esta villa cumplen mal y por no aver hospitalidad en esta villa se an muerto pobres algunos por las calles, y algunos sin confesión ni sacramentos, por los mayordomos ser negligentes en cobrar y pagar las rentas del dicho hospital, por tanto mandó su merçed que, so pena de excomunión y de 20 ducados, administren con diligençia los dichos hospitales y cobren con brevedad los alcançes y los gasten y conpren las ropas neçesarias y los tengan bien tapiados y retejados, y tengan aposentos aparte, donde esten los honbres apartados de las mujeres, y cunplan la voluntad de los testadores; y, allende de los administradores, dexó y nonbró por superintendentes en el hospital de San Juan al cura que es o fuere de San Juan, y en el hospital de la Cruz al cura que es o fuere de San Andrés, para que visiten a menudo los dichos hospitales, a cada uno el suyo, y admitan pobres, los quales paresçiere ser neçesarios en ausençia de los administradores, y den notiçia a las justiçias seglares si fuere necesario” .

Archivo Parroquial de Villafáfila. Libro 55.

Durante el siglo XVII seguía habiendo hospitalero al frente de la casa, pues en el Libro de Difuntos de la parroquia de San Pedro se anota en 1644: “Alonso Fernández, de Cional, hospitalero de la Cruz”. Tres años más tarde fallece: “Pedro Pérez, hospitalero de la Cruz”. No he rastreado noticias posteriores de hospitaleros de la Cruz.

Pocas noticias hay de sus funciones como hospicio, situación a la que se veían avocadas las iglesias y ermitas, sobre todo las situadas en las afueras de las villas. Los libros de la cofradía anteriores a 1693 se han perdido y en más antiguo que se conserva se remonta a ese año, y en el se anota que en 1700 y en 1702 aparecieron sendas criaturas en la ermita que tuvieron que ser llevadas al Hospital de Expósitos de Salamanca por el mayordomo de la cofradía.

La cofradía contaba en1752 con treinta y tres parcelas de secano, con una superficie de 82 fanegas, que producían en arrendamiento 14 fanegas de pan cada año. Entre las cargas de la cofradía se anotan las misas anuales, los gastos del Jueves Santo y de la romería del 1º de mayo, sin figurar carga ninguna para mantener el hospital, de lo que se puede deducir que en esa época ya no desarrollaba esos menesteres caritativos. (A.H.P.Za. Ensenada. )

   

Hospital de San Juan

 

La primera noticia que tenemos de la existencia de este hospital, llamado así por ubicase en la parroquia de San Juan, en las inmediaciones de la iglesia, es de 1541, cuando en el padrón se cita entre los vecinos a: “La Toria pobre, espitalera del hospital de San Juan”. Aunque su existencia debe de ser anterior, pues ya he apuntado antes, que en 1538 ya había otros hospitales en la villa aparte del llamado de San Pedro.

El origen de esta fundación pía es dudoso: por un lado en documentación del siglo XVIII se da noticia de que pertenecía a una cofradía de vecinos de la villa, y por otro lado en 1556 en el testamento del arcipreste Hernando de Robles se refiere que había sido fundado y dotado por su padre, y antecesor en el cargo, el arcipreste Diego de Robles: “que dotó y fundó Diego de Robles, mi señor difunto”.

Diego de Robles, clérigo perteneciente a una familia de hidalgos de Villafáfila, que habían llegado a la villa como clientela del Conde de Benavente en 1467, cuando su abuelo se hizo cargo de la alcaidía de la fortaleza de la villa, y que permanecieron en la órbita de los Pimentel, fue designado arcipreste después de 1523. Había nacido en torno al año 1475. Obtuvo los beneficios de San Martín de Faramontanos de Tábara, las capellanías de San Antón de Villafáfila desde 1505, el curato de San Juan de Villafáfila y la capellanía de San Bernabé de San Agustín del Pozo. Falleció en el año de 1546, y dejó fundada una capellanía de misas en San Juan con la advocación de La Concepción. Como no conocemos su testamento, no sabemos si la dotación del hospital se había hecho antes de su muerte (pues ya existía con tal nombre en 1541), o si a su muerte dejó una serie de tierras para dotar un hospital ya fundado.

Le sucedió en el cargo de arcipreste de Villafáfila su hijo, el bachiller Hernando de Robles, que en 1536 había obtenido dispensa para ordenarse por ser hijo de clérigo y menor. Su carrera eclesiástica fue fructífera, pues ese año fue elegido por los feligreses de San Agustín como cura; en 1541 fue designado asimismo cura de San Salvador de Villafáfila, compatibles ambas por dispensa, y en 1546 fue nombrado arcipreste. Conocemos su testamento del año 1556, en el que deja ordenadas una serie de disposiciones testamentarias y fundaciones de obras pías, principalmente una Memoria de Huérfanas, y cumplidas las cuales dispone que:

Dejo por mis universales herederos de todos los bienes restantes a los pobres que vinieren y estuvieren en el hospital de San Juan, que dotó y fundó Diego de Robles, mi señor, difunto”.

Desde la muerte de su padre había administrado el hospital de San Juan, con el que no había hecho cuentas y había cobrado las rentas de las tierras:

Otrosi mando que se averigüe quenta entre el Ospital e mí y me carguen ansimesmo nueve cargas de pan que cobré de Gómez de Olea en trigo e çebada de la renta de las tierras del Ospital este año de çinquenta e seis, y lo que se averigüe que le debo por mis libros y los del hospital, mando que se le paguen”.

 

 Parece que el hospital contaba con un mayordomo, elegido anualmente por los feligreses y el cura:

el dia de San Juan de cada un año cuando se juntan los feligreses y el cura a elexir mayordomo para el hospital de San Juan”.

 Desde que falleció el fundador no se había llevado a cabo todas sus disposiciones sobre su enterramiento y su hijo manda que:

que se pongan dos piedras sobre la sepultura de Diego de Robles, mi señor, y sobre la mia, la primera sera a costa del hospital de la Concepcion de San Juan, porque asi lo dexo mandado Diego de Robles”;

 ni se habían dedicado los edificios mandados para la fundación:

la casa en que vive Masera, clerigo, linderas de las casas que fueron de Luis de Robles, hijo que quedó de Françisco de Robles, y bodega de Françisco Martínez y calle, son del Ospital”,

alguna dependencia que había utilizado é mismo:

 “un pajar que tengo frontero de la casa de Hernando de Castro es del Ospital y no es de esta casa prinçipal”.

Asimismo dispone:

“Que se haga un pozo en el Ospital y se lleve la pila de piedra grande para que se linpien los pobres de él”

Después de la muerte del bachiller Hernando de Robles, fue administrador del hospital y de la memoria de huérfanas su testamentario y persona de confianza, Bernaldino Sayago.

Archivo Parroquial de Villafáfila. Libro 80.

Los bienes del hospital se debieron de seguir administrando y cobrándose regularmente las rentas, pero a finales del siglo XVI, como referí anteriormente, el obispo tiene que mandar al cura de San Juan que se haga cargo de la supervisión del mismo.

Más de un siglo después su sucesor en la mitra, en su visita pastoral en el año 1715, deja escrito en el Libro de Fábrica de San Juan un mandato referido al hospital:

a los pobres se les trate con todo amor y caridad, y que si la hospitalera no lo hiziere asi, se la despida y se busque a otra que cunpla con esta obligación”.

Pero el funcionamiento del hospital seguía siendo defectuoso por lo que que el concejo recurrió a los hermanos del Divino Pastor, que desde su casa de Béjar enviaron 4 hermanos que se hicieron cargo del hospital de San Juan y fundaron una congregación de su orden en el mismo. (A.D.A. Proceso 2264-5.)

Para ello los vecinos de Villafáfila que tenían ciertos derechos sobre el hospital los cedieron a los frailes:

el año 1735 varios vecinos de Villafáfila que se titulaban congregantes de esta obra pía cedieron todos los derechos de posesión y señorío que les competía a los hermanos hospitalarios del Divino Pastor, los cuales también consta que por entonces adquirieron los solares contiguos a dicho hospital.  

En las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada, del año 1752,  se dice “Hay un Hospital para cuidar de los pobres enfermos. Tiene cuatro hermanos del Divino Pastor.

En la relación de Eclesiásticos figuran los cuatro hermanos de la congregación que vivían en el Hospital, que seguramente formarían parte de la primitiva comunidad que habían venido de Béjar 17 años antes:     

               Hermano Martín del Divino Pastor, cincuenta años

              Hermano Rafael del Padre, cuarenta años

              Hermano Tomás de San José, 40 años

              Hermano Alejo de San José, cincuenta años.

Otros dos hermanos habían ya fallecido en el hospital: en 1738, José de San Agustín y en 1742 el hermano Félix de San José.

Pocas referencias tenemos de estos frailes, salvo las anotaciones de sus defunciones en el Libro de Difuntos de San Juan, así en el año 1755 falleció el hermano Martín, al año siguiente el hermano Eugenio García, natural de la villa, que ingresó después de viudo y que a su muerte dejaba tres hijos, en 1767 el hermano Diego García de San Antonio, natural de Cañizo. El hermano José de Soto, falleció en 1778, era natural de Villafáfila, y fue el último hermano que falleció en el hospital antes de que se cerrara definitivamente.

Los bienes inmuebles con que contaba el hospital en 1752 según los datos que figuran en el Catastro de Ensenada eran:

51 parcelas de secano con una cabida de 177 fanegas y 2 celemines, arrendadas a Lucas Rodríguez, que pagaba 8 cargas de pan mediado cada año.

8 fanegas de viña de 3ª calidad, que seguramente utilizaban para su consumo de vino.

Tenían unos censos por valor de 2.372 reales de principal, que le rentaban cada año 71 reales y 10 mrs. En Revellinos tenía una tierra de 2 fanegas de superficie.

El edificio del hospital estaba en la colación de San Juan, y era una casa de 20 varas de largo por 6 varas de alto, que constaba de dos cuartos bajos, la enfermería, la cocina, el oratorio, un cuarto alto, y el corral con un pajar. Limitaba al Levante con la iglesia de San Juan, al Poniente con el corral de José de Muélledes, al Mediodía con casas de Miguel Alonso, y al norte con calles del concejo.

Los hermanos, tenían para su servicio una yegua, un caballo, y un pollino para pedir limosna, lo que nos indica no les bastaba con las rentas para su mantenimiento. (A.H.P.Za. Ensenada Leg 1625-1629)

  La desaparición de la comunidad en el hospital de San Juan se debió de producir después de 1781, en que se registra el último pobre fallecido, coincidiendo además con la anexión de la parroquial de San Juan a la de San Martín, en cuyo inventario de 1794 figura una imagen del Divino Pastor, un Jesús niño, en el Altar de San Martín, que seguramente procediera del desaparecido hospital.

Los bienes del hospital pasaron  a ser administrados por el ayuntamiento, que en 1796 vendió los solares a la Real Hacienda para la erección de la Real Fábrica de Salitres:

 La confraternidad de hermanos hospitalarios, aunque en efecto se puso en planta, años a que se extinguió, desde cuyo tiempo parece que el Ayuntamiento en virtud del patronato que siempre conservó sobre el hospital ha corrido con la administración de sus efectos y procedió a la venta del solar para el establecimiento de las fábricas de salitre, con motivo de que estaba la casa arruinada, no havia caudales para reedificarla, ni tampoco medios para que subsistiese la hospitalidad”.

 La Orden de compra se emitió en 5 de octubre del 95 por 9.650 reales. Pero al hacer las escrituras, la villa no presentó los títulos de propiedad que se le pedían y el Administrador de la Renta de Salinas de Zamora no le quería entregar los reales, muy necesarios en esas fechas para emplearlos en las obras del edificio del ayuntamiento, que estaba en ruina, y necesitaban hacer uno nuevo. Por fin el Caballero-Intendente de la provincia mandó que se entregase el importe de la compra al Ayuntamiento, pero dejando depositados en la Depositaría de Puentes 2.356 R. que debía la villa de contribuciones que no había realizado. (A.G.S. D.G.R. II. Leg. 2041).

 

Procedencia de los fallecidos en el Hospital de San Juan

Los pobres acogidos en el hospital de San Juan tenían diversas procedencias. Gracias a los libros de difuntos de la parroquia de San Juan se puede hacer una aproximación a su número y naturaleza, aunque los datos que reseñan los curas son muy escasos, a veces sólo se anota se enterró un pobre del hospital, sin indicar si era varón o mujer, o de dónde era natural; y parciales, pues en 1748 se abre un proceso en Astorga al párroco, don Julián de la Parra, que lo era desde antes de 1725, por no anotar en el libro las partidas de muchos pobres que habían fallecido en el hospital.

Según las anotaciones 245 personas fallecieron en el hospital desde 1598, que es el primer año que se registran los difuntos de San Juan, en el libro que se conserva, y 1781, en que se menciona el último fallecido de hospital (A.D.A. Procesos I, 2264-5).

Entre los difuntos de hospital se incluyen cinco hospitaleros y el hijo de una hospitalera que fallecieron en la primera mitad del siglo XVII, y seis hermanos de la comunidad del Divino Pastor que se hizo cargo del hospital en el siglo XVIII.

Poco sabemos de los hospitaleros, pero podemos afirmar que eran personas pobres, muchas veces viudas, que se hacían cargo de la atención a los pobres acogidos en el establecimiento, a cambio de vivir en el hospital y mantenerse con sus rentas y limosnas. Ya hemos referido que los 4 hospitaleros que ejercían en 1541 tienen el calificativo de pobres en el padrón. Ese año figuraba como hospitalera de San Juan la viuda del anterior hospitalero. En el vecindario de 1586 se incluye a “La de Pedro del Villar, pobre, hospitalera del hospital de San Juan” (A.G.S. Expedientes de Hacienda. Leg.199-1). No siempre el cargo era desempeñado por viudas, pues en 1614 fallece Cristóbal García, hospitalero de San Juan, en 1631 fallece la hospitalera Ana Prieto, que era viuda. En 1639 son hospitaleros Juan Sánchez e Isabel Gutiérrez, que fallece ese año. El hospitalero vivía en el hospital con toda la familia, así en 1643 fallece el hospitalero, Juan Arias, quedando como hospitalera su viuda hasta su muerte en 1646, que vive en el hospital con sus hijos.

De los 239 difuntos del hospital, 48 eran mujeres y 191 hombres. 132 figuran con el apelativo de pobre, en algunos como única nota.

 Gráfico 1

 De la mayoría de los difuntos no figura el origen geográfico. De los 6 hermanos difuntos en el siglo XVIII sabemos, que algunos habían venido desde Béjar, 2 eran de la villa y 1 de Cañizo. A todos ellos los incluimos como avecindados en la villa. Lo mismo con los 5 hospitaleros y el niño fallecidos en el siglo XVII, que no tenemos constancia que fueran naturales de la villa, pero sí estaban avecindados ya en ella, pues residían en el hospital.

Quitando estos 12, de otros 9 consta que vivían previamente en Villafáfila, aunque de algunos sabemos su origen gallego, y la mayoría eran pobres y gente sin familia. Hay otros 11 difuntos que figuran con su nombre o mote, por lo que supongo que serían vecinos de la villa, o que eran conocidos del cura por haber servido, o ser mendigos asiduos en ella.

 Gráfico 2

 Del resto de los difuntos se menciona su origen sólo en 124 casos, de los que se puede analizar su procedencia.

Procedencia de los difuntos del Hospital de San Juan

(Excluidos los vecinos de Villafáfila)

    Viendo la tabla anterior se observa que la mayoría de los difuntos cuyo origen se refiere son gallegos. El lugar concreto de procedencia no se especifica en 29 casos, de los que sólo se dice que son gallegos o de Galicia. De los que sí se anota el pueblo o la comarca vemos que son mayoritarios los procedentes de Orense, sobre todo de las comarcas de Valdeorras y Tierra del Bollo, integradas en la misma diócesis de Astorga que Villafáfila.

Lugar de origen de los gallegos difuntos en el Hospital de San Juan

La mayoría de los gallegos fallecidos era mendigos y son anotados en la partida como: “un pobre,... una pobre,... el niño de un pobre”. Algunos eran segadores, y otros serviciales y mozos de soldada.

 El segundo grupo en importancia numérica son los procedentes de la provincia de Zamora, excluyendo los que previamente residían en Villafáfila, que analizamos anteriormente. Dieciocho proceden de pueblos de Tierra de Campos y Benavente, quince proceden de las comarcas de Sanabria, Carballeda y Tierra de Tábara, en el mismo territorio diocesano que Villafáfila:

 Lugar de origen de los zamoranos difuntos en el Hospital de San Juan

  El tercer grupo de origen es el de leoneses, la mayoría procedentes de lugares de la diócesis de Astorga:

 El número de extranjeros es de 10 difuntos; siete de ellos son portugueses, de los que sólo a uno se precisa que es de Chaves, y seis de ellos son fallecidos antes de 1640, cuando Portugal estaba unido a la monarquía hispánica; con orígenes más raros se citan a 1 alemán, a un soldado francés, fallecido en 1749 y a un extranjero sin especificar su procedencia.

Por último fallecieron en el hospital 4 asturianos, dos de ellos segadores; 2 burgaleses, 1 madrileño y una gitana forastera. Dos de las localidades de origen no las he localizado: Herreruelos y Santiesteban del Puerto de las Higueras.

Los ingresados en el hospital de San Juan no eran los únicos pobres que fallecían en la villa, pues anteriormente reseñé de finales del siglo XVI, cuando morían pobres por las calles por falta de atención en los hospitales. La falta de registros de difuntos en la mayoría de las parroquias en esos años nos impide un mejor conocimiento de estas situaciones. Durante el siglo XVII se anotan en los libros de difuntos 28 pobres forasteros fallecidos en la villa (sin contar los que fallecieron en el hospital). La procedencia de los mismos es mayoritariamente gallega y de localidades del norte de Zamora.

  FUENTES:

 Archivo Histórico Nacional (A.H.N.)

              Secciones:        Nobleza

                                      Ordenes Militares (OO.MM.)

 Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (A.R.Ch.V.)

              Sección:           Pleitos Civiles

 Archivo Provincial de Zamora (A.P.Za)

              Sección: Catastro del Marqués de Ensenada

 Archivo Diocesano de Astorga (A.D.A.)

              Sección:           Procesos

 Archivo Parroquial de Villafáfila

 Archivo General de Simancas (A.G.S.)

              Secciones:        Dirección General de Rentas (D.G.R.)

                                      Expedientes de Hacienda (E.H.)