PREGÓN - SEMANA SANTA -VILLAFÁFILA 2013

D. ULPIANO CALDERO PINTADO

 

 

D. Ulpiano Caldero Pintado

En primer lugar quiero dar las gracias a Elías por estas palabras hacia mi persona.

En segundo lugar  un saludo afectuoso a nuestro párroco D. Agapito, al Sr. Alcalde y a la Junta Pro Semana Santa por haberme propuesto para pronunciar el Pregón de la Semana Santa de este año.

Honor que acepto orgulloso, pues tolo lo que se hace por nuestro pueblo, se hace por uno mismo.

Quisiera ser breve, para no cansaros, pero permitidme que vaya desgranando ante vosotros mis vivencias que, desde niño, han ido renovándose cada año al llegar la primavera, los actos de nuestra Religión.

Es verdad que no es Zamora, Valladolid, Sevilla, Málaga o tantas ciudades que, con su boato, visten la Semana religiosa del Cristianismo.

Pero también es verdad que tenemos procesiones e imágenes dignas de atraer a todos los que habitamos fuera del pueblo, gran parte del año.

Dice un escritor contemporáneo que los seres humanos nos movemos de un lado a otro, pero el paisaje de nuestras raíces es el que nos queda. Y nuestras raíces son  NUESTRO PUEBLO.

Perdonadme que antes de seguir recuerde en estos momentos a mis padres y a mi hermano Francisco. Y a aquellas personas que formaron parte de Villafáfila durante muchos años y que influyeron en mí:

D. Francisco Lera, párroco.

A los maestros, principalmente a D. Laurentino.

D. Daniel Fuertes, médico, casi perpetuo, humano y servicial.

Y a tantos otros que escribieron páginas especiales en la historia de nuestro pueblo, en los años difíciles del siglo XX.

El Cristianismo tiene dos fechas que son el centro de nuestra Fe:

El Nacimiento y la muerte de Jesús, que es el principio y el fin, pero la culminación de nuestras creencias.

Todos recordamos desde niños esta Semana. Y digo desde niños, porque según pasan los años, los recuerdos más presentes son los que tenemos de la niñez.

Hemos llegado al principio de la Gran Semana, después de dejar atrás “los Compadres” y “las Comadres”, antes de los Carnavales y el Miércoles de Ceniza.

Los niños, contentos de celebrar la merienda con los amigos, pedíamos a nuestras madres, solamente dos huevos, un chorizo y algún dinerillo para hacer aquella “merendola”, que para nosotros era un festín.

Alguna madre o hermana mayor, se prestaba de cocinera para hacer la tortilla y las “Orejas”, típicas en Semana Santa.

“Compadres” para los chicos y “Comadres” para las chicas.

Nosotros salíamos ganando, porque en “las Comadres”, también intentábamos que nos invitaran. Dependía de la amistad que tuviéramos con alguna de las chicas.

••• Hoy Domingo de Ramos, en recuerdo de aquellos niños de Jerusalén, recorremos las calles con el Ramo de Laurel.

Viene a mi memoria, cuando el Sr. Cura nos daba el Laurel a los niños y el Olivo a las niñas y nos daba envidia porque nuestro ramo era pequeño comparado con los del “Banco de la Justicia”, donde estaba el Alcalde, el Juez, los Concejales y la Guardia Civil.

Al terminar la procesión, en la puerta de la Iglesia  cantaban el “Pueri Hebreorum” y con la Cruz, el Párroco golpeaba la puerta, y ya abierta entrábamos para terminar la ceremonia con la misa y el primer Sermón de los ocho,  que durante la Semana pronunciaría el Predicador y que pagaba el ayuntamiento.

Muy importante en este día, era y es, la Subasta de los Santos, que se celebrará a continuación.

Esta puja por llevar ésta o aquella imagen muchas veces era por orgullo entre pandillas de jóvenes (la trompeta, San Juan) y  por devoción o promesas (Jesús Nazareno).

Por eso acudía el pueblo y la cifra, por elevada o baja, sería el comentario. Pero sobre todo, los que habían hecho la promesa de llevarlo formarían parte de los que el Viernes llevarán a Jesús.

••• El Martes Santo y Miércoles Santo tenían lugar las Confesiones Generales.

Varios confesores acudían a perdonar los pecados, grandes o pequeños, a los vecinos que durante todo un año no habían hecho examen de sus faltas y querían estar en paz.

El Martes Santo era el día del Segundo Sermón o Sermón de Lágrimas.

Los niños creíamos que había que llorar al ver al Predicador en el Púlpito, con el crucifijo en la mano llamando a los fieles al Perdón.

Era el momento del arrepentimiento de San Pedro por haber negado a Cristo y que el fallo le había recordado las palabras del Maestro en la Última Cena.

Yo cuando era estudiante en el Seminario, recuerdo que llevábamos los atributos de la Pasión.

Yo llevaba una bandeja con un “Gallo de Plata” y todos los niños se fijaban en el gallo y yo recordaba al predicador de mi pueblo que indicaba las lágrimas de  San Pedro:

Llora, Pedro, tu  ignominia,

llora,   Pedro,  tu    pecado.

Ya   te   lo  dijo  el Maestro,

que    te   avisaría   el  gallo

••• El miércoles Santo tenían lugar las Tinieblas, donde los niños lo pasábamos estupendamente tocando las carracas y matracas. Es un gran día para nuestra Semana Santa, pues sale la Procesión del Cristo de la Misericordia, donde los cofrades, niños, jóvenes y mayores con sus túnicas blancas y verdes recorren las calles en Silencio, sólo alterado por los rezos, la matraca o la campanilla.

¡Van      en    fila     los     cofrades

con      los   vecinos   del  pueblo

el      misterio     y     la     tristeza

de  aquellos que no entendemos:

Que       siendo       Él      inocente

vaya     a     morir      padeciendo.

Termina            la          procesión

y  hay    cantos   y    hay    rezos.

Perdona    a    tu    pueblo, Señor.

Perdona    por  lo  que  ha  hecho!

Esta  procesión, que de niños no conocimos, hoy es de las mejores por su recogimiento y porque acuden los que llegan de otros lugares para pasar estos días.

La hora tardía hace que lleguen a tiempo.

La imagen no entra en la Subasta porque al Cristo de la Misericordia lo llevan los cofrades que cada año van ingresando desde pequeños en la Cofradía.

 Y el canto del Miserere (en latín) en una parada desde el balcón del Ayuntamiento,  sigue siendo el mismo que se cantaba siempre.

••• El Jueves Santo nos lleva a la Iglesia Parroquial para asistir a los Oficios, con el traslado del Santísimo  a lo que llamamos “Monumento”, que siempre lo conocimos en el altar Mayor, pero por ser enorme y muy costoso ponerlo allí, se coloca en el altar de las Angustias, más recogido, pero también muy ornamentado de flores y luces.

A las ocho de la tarde sale la procesión del “ECCE Homo”, imagen de Cristo atado a la columna.

Este paso me recuerda la poesía de Gabriel y Galán “La Pedrada”, cuando un niño lanza una piedra sobre un sayón que azota a Jesús.

-  “¿Por qué, por qué lo has hecho?

-  Porque estaban pegando a Jesús, sin hacer nada malo.”

Entra la procesión y unas horas después, cerca de la media noche sale la

Procesión de la Vera Cruz.

Los que rondan mis años no conocíamos esta procesión, cuya imagen, hermosa, volvió a nuestras calles en el 2010 y el recorrido al cementerio viejo, regresando por San Pedro a la Iglesia de nuevo.

La Junta Pro Semana Santa ha logrado que más de 100  años después,  vuelva a formar parte de nuestras procesiones.

Esta cofradía data de 1700, con mujeres cofrades que luego invitaban a tortas y a vino. La luz y sangre o disciplina con su vestimenta nos recuerda que estamos en los días de penitencia.

••• Esa noche triste de Jesús nos lleva a la mañana del Viernes Santo, día central de la Semana.

La Procesión del Encuentro, que era y es la más querida, porque en ella, junto a San Juan (llevado a hombros de los jóvenes, talla de madera), María y el Nazareno (Jesús).

El semblante de Jesús, hermosa imagen de quien sufre ya que el pueblo siempre ha venerado de una forma especial y a la que se ofrecen: unos a llevarlo y otros con los pies descalzos. Todos con alguna promesa, casi siempre para pedir  o agradecer alguna necesidad de salud de la familia.

Mañana de ayunar y espera a terminar la procesión para tomar el chocolate y los churros que nuestra madre nos preparaba.

Esa mañana, unos años fría otros amortiguada por el Sol de la incipiente primavera al son de la trompeta, nos reuníamos en la Plaza Mayor (todo tierra), después de que los jóvenes habían pasado la noche con limonada y churros. Y escuchábamos al Predicador, desde el balcón de una casa antigua, narrar los acontecimientos de Cristo en esa noche fatídica: la Cena, el Lavatorio,  el Prendimiento, la Condena, los Azotes, las Negaciones y el abandono de sus discípulos.

Los niños, ajenos a la tragedia, corríamos a ver a San Juan, que allá en  una esquina corría a darle la mala nueva a María, en el otro extremo de la plaza y junto con la imagen del Nazareno emprenderían sus pasos por todo el pueblo.

¡Corre,   Juan,   dile   a  María

que a su hijo han condenado

y    lo    llevan    con   la  cruz

después    de   ser    azotado.

Corre,    Juan,     date     prisa

que   lo   llevan   al   Calvario.

Ya   suenan    las  trompetas,

ya    vienen    los    soldados.

Que    quedan    pocas horas,

para    que    pueda   mirarlo!

En la hora postrera, las últimas palabras antes de morir entre los ladrones, con la Virgen y las piadosas mujeres al pie de la Cruz, con los judíos y los soldados ante los acontecimientos postreros.

“Consumatum est” dijo y expiró.

Aquí el Predicador nos decía el Sermón de los 7 Palabras.

Unas hora después los Oficios y la Adoración de la Cruz.

Del Gólgota al Sepulcro. Sale la Procesión del Santo Entierro, con la Urna, la Virgen Dolorosa y las Angustias.

La cofradía formada por mujeres que representan a aquellas que en Jerusalén seguía a Jesús entre la muchedumbre que gritaba que lo crucificara. Ya no estaba el Cirineo, ni la Verónica, en aquella calle de la Amargura. Estas mujeres, con su ropaje de terciopelo negro, acompañaban a María en su dolor.

Ya   se  apagaron  las luces;

Ya     todo    se    oscureció;

no    se    oye    el    griterío

porque  el  cielo   retumbó.

Avisaba que era un crimen,

que aquel hombre era Dios.

Largo había sido el día y más para una madre que esperaba al domingo, ya que no había podido enterrar a su hijo, porque el sábado no se podía hacer nada entre los judíos.

••• Por eso el sábado, larga jornada de espera, las mujeres de Villafáfila quieren acompañar a la Virgen de la Soledad. Que no esté sola. Que ellas, vestidas también de luto y con la luz que les guíe, van señalando el camino por nuestras calles, para que la espera sea más llevadera.

¡Van   rezando las  mujeres

y  van  vestidas  de negro,

con una luz en sus manos,

en   la  noche  mil  luceros.

Lloran  con  ella  sus penas

sienten    su   desconsuelo!

Sin terminar el día, a media noche, vendrá la Vigilia, para que haya otra luz y agua nueva, símbolo de esperanza.

 

••• Ya alborea el nuevo día; es domingo y como había dicho Cristo, ha resucitado.

La tristeza del Viernes se trocará en alegría. Sale la Virgen, aún de luto, hasta la plaza del Ayuntamiento y allí estará el Salvador para encontrarse, Madre e Hijo en su encuentro feliz.

¡Quitadle    el   vestido    negro

y     ponedle     uno     blanco;

Que ya no está en el Sepulcro,

que    Cristo    ha    resucitado!

¡Aleluya!, son otros cantos los que suenan en el procesión acompañados por el repique de campanas y con la misa del Domingo de Gloria termina la esencia de nuestro Credo.

Se pasó la penitencia y el ayuno. De nuevo los jóvenes olvidaban los paseos de domingo por la plaza y volvían al baile.

Ya es Pascua; ya es primavera; de nuevo la vida empieza a florecer.

Esta es la Semana Santa de 2013, pero vendrán más, muchas más y todas tendrán este sabor de nuestro Pueblo, donde todos participaremos y nos alegraremos con nuestras tradiciones, que han sido las de nuestros antepasados y las dejaremos a nuestros nietos.

Yo, como Pregonero os invito a acudir a nuestro Pueblo, siempre que podáis,  porque aquí está nuestra raíz, la de los abuelos y padres que nos inculcaron el espíritu religioso que siempre tuvo el pueblo de Villafáfila.

A los que aquí están siempre y a los que vivimos fuera, que estos días seamos un solo pueblo.

Que las campanas de la torre nos reúnan para indicarnos que somos una familia.

Muchas gracias.

Ulpiano Caldero Pintado

Domingo, 24 de marzo de 2013, Villafáfila


Autor:

José Luis Domínguez Martínez.

 

Texto:

D. Ulpiano Caldero Pintado.

Pregonero de la Semana Santa 2013.

 

Fotografía:

José Luis Domínguez Martínez.

 

Transcripción y montaje:

José Luis Domínguez Martínez.

 

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