Reino de Castilla y León

CONCORDIA DE VILLAFÁFILA

27 DE JUNIO DE 1506

 Reino de Aragón

 

 

Antecedentes

El día 26 de Noviembre de 1504 muere en Medina del Campo la reina Isabel La Católica, dejando como heredera de la corona de Castilla a su hija doña Juana La Loca, casada con Felipe El Hermoso, conde de Flandes, donde a la sazón se hallaba. Como la reina era consciente del estado de salud mental de su hija y de la poca disposición de su yerno hacia los reyes, y de que las disensiones que pudieran surgir a su muerte podrían poner en peligro la unión entre las coronas de Castilla y Aragón, que con tanto empeño habían logrado a lo largo de su vida, dejó establecidas en su testamento algunas cláusulas por las que designaba a Fernando como gobernador, para que rigiese los reinos en caso de ausencia o incapacidad de la Princesa Juana:

 “... al tiempo que  ... la dicha Princesa mi hija no esté en estos mis reynos o despues que a ellos veniere en algund tiempo haya de ir e estar fuera dellos, o estando en ellos no quiera o no pueda entender en la gobernación dellos.... que en cualquier de los dichos casos el Rey, mi señor, debía regir e gobernar e administrar los dichos mis reynos e señoríos por la dicha Princesa mi hija ... . E, asimismo, ruego e mando muy afectuosamente a la dicha Princesa, mi hija, ... e al dicho Principe, su marido, que siempre sean muy obedientes e subjetos al Rey, mi señor, e que no le salgan de toda reverencia e obediencia e mandado...” (Testamento de la reina Isabel la Católica. Tomado de Hª de España. Menéndez Pidal. Tomo XVII-II).

Fernado e Isabel "Reyes Catolicos"

Isabel I de Castilla "La Católica"

Muerte de Isabel la Católica

El rey Católico proclamó inmediatamente a su hija como reina en la plaza de Medina y convocó a los procuradores de las ciudades con voto, a las Cortes de Toro en 1505, donde se juró reina a doña Juana y se reconoció a Fernando como gobernador y administrador.

En Castilla fueron surgiendo dos bandos bien definidos, el de los partidarios de Felipe, que fue agrupando a los nobles y grandes del reino que paulatinamente iban abandonando a Fernando, el cual, por otra parte, tenía su apoyo en los representantes de la ciudades.

Desde Flandes, donde los nuevos reyes preparaban su venida a Castilla, se maniobraba hábilmente para ganarse a su causa a la mayoría de los nobles, enviándoles cartas de Felipe, prometiéndoles nuevas mercedes para cuando él estuviera en los reinos. El partido felipista estaba encabezado por don Juan Manuel, señor de Belmonte, y camarero mayor de los nuevos reyes, personaje de gran ambición política y adversario declarado del rey Católico.         

El conflicto que se avecinaba no se puede reducir al ámbito de las relaciones personales entre yerno y suegro, sino que tenía una dimensión internacional, tanto para Castilla, que veía peligrar la unidad conseguida con Aragón, como para los Países Bajos, que temían la influencia francesa; por eso la intervención de Francia, con intereses, además, en Nápoles, y menos manifiesta la de Maximiliano, padre de Felipe y emperador electo, se hizo sentir desde el principio. En abril de 1505, se firmó en Blois un tratado entre el rey Luis XII de Francia, el emperador Maximiliano, y el archiduque Felipe el Hermoso, por el cual estos últimos ayudarían al rey francés a conquistar Nápoles, a cambio de su ayuda para hacerse con la corona de Castilla.

       Ante la situación internacional y el peligro en que quedaba el reino de Nápoles, Fernando reaccionó con rapidez y habilidad, y propició un acercamiento a Francia que culminó con el matrimonio entre el rey Católico y Germana de Foix, sobrina del rey de Francia, por poderes en octubre de 1505 y efectivamente en marzo de 1506 (Hª de España. XVII-II: 658).

Ante este cambio de alianzas, Felipe adelantó los preparativos de su viaje a Castilla a fines de 1505, pretendiendo realizarlo a través de Francia, más rápido con y menos peligro, pero no obtuvo el consentimiento del rey Luis XII.

Germana de Foix

Mientras tanto sus embajadores negocian con su suegro y llegan a un acuerdo plasmado en la Concordia de Salamanca, firmada el 24 de noviembre, que estableció el gobierno conjunto de Castilla por parte de Juana y Felipe, como reyes propietarios, y de Fernando, como gobernador perpetuo, repartiendo las rentas reales, por mitad entre padre e hijos; y la provisión alternativa de las vacantes en los cargos, incluidas las que surgiesen en los maestrazgos de la órdenes militares, pero las rentas de los maestrazgos quedaban enteramente para el rey Católico. El archiduque, que no estaba muy conforme con los términos de la concordia, se ve obligado a contemporizar, mientras llega a Castilla, a donde pretende arribar a través del mar, embarcándose en pleno invierno, con los riesgos que eso conllevaba. Forzada por las inclemencias del tiempo, la flota flamenca tuvo que desembarcar en Inglaterra, donde hubo de permanecer hasta finales de abril de 1506.

 Entretanto el rey Fernando se había instalado en Valladolid en espera de las noticias de la llegada de sus hijos a alguno de los puertos cantábricos. Cuando se había desplazado a Burgos para estar más cerca, recibe la noticia del desembarco de los nuevos reyes en La Coruña, y hacia el Bierzo se dirige con la intención de recibirlos cuanto antes. Ante la llegada de los nuevos reyes a Castilla, algunos nobles del partido fernandino trataron de convencer a Fernando de que no permitiera la entrada de Felipe en estos reinos, a lo que siempre se opuso el rey Católico:

Algunos de los nobles que estaban con el Rey en Castilla quisieron persuadirle a que no dexase entrar en estos Reinos a Don Phelipe, suçesor en ellos por su muger, salvo con condiçion que fuese Governador con el e con su hija, por la mucha practica que el tenia de las cosas destos Reinos, como por la poca edad del nuevo Rei, que no conoçia los grandes de Castilla y estado dellos, y por el defecto de la Reina.

Quien mas en esto apretaba al Rei Catholico, Don Fernando, fueron Don Bernardino de Velasco, Condestable de Castilla, y Don Fadrique de Toledo, Duque de Alva, mas nunca le pudieron mover a ello, puesto que ansi de antes estaba capitulado que para la paz y sosiego destos Reinos el Rei Don Fernando governase juntamente con sus hijos. Este conçierto deshiço Don Juan Manuel, el qual governaba al Rei Don Phelipe a toda su voluntad” (Alcocer: 266).

El rey Fernando envía a tres personas de su confianz : don Ramón de Cardona, don Fernando de Vega, señor de Grajal, y al secretario Miguel Pérez de Almazán, “para tratar sobre las vistas y platicar de los medios de la concordia con el Rey D.Felipe... y el Rey se detuvo en Astorga hasta quinze del mes de Mayo” (Zurita: 50).

Hasta entonces no se había hecho pública la intención del nuevo rey de no cumplir lo capitulado en la Concordia de Salamanca: “Mostraron entonces, que traian muy solapadas, y encubiertas las quexas que tenian de la Concordia, que se auia asentado en Salamanca”. Se quejaban sus privados de que Fernando llevara las rentas de los maestrazgos de las Ordenes Militares por entero, y de que usara el título de Rey de Castilla. A la vez se hacía correr en la Corte, en la Coruña, con intención de dilatar las posibilidades de una concordia entre suegro y yerno, rumores acerca de las ocultas intenciones del rey Católico de liberar a su hija, para lo que estaba preparando gentes de armas en Castilla.

En un principio se pensó en tratar las diferencias en Santiago de Compostela, por lo que Fernando, desde Villafranca del Bierzo, hasta donde se había adentrado, con el propósito de verse cuanto antes con sus hijos, envío al arzobispo de Toledo, don Francisco Jiménez de Cisneros, con los más amplios poderes para poder alcanzar un nuevo acuerdo que sustituyera al de Salamanca, sin que descartara entonces un posible recurso a las armas para resolver la cuestión:

 “Entonces envio a dezir al Rey D.Felipe, que porque auia sabido que se uenia a Benauente, él se iria á algun lugar por alli cerca, para que se pudiesen ver, y en lo secreto, aunque le parecia que era tarde, para tomar por entonces una tal empresa contra su yerno, en favor de la Reyna su hija, y de su derecho, tuuo pensamiento de irse a la Ciudad de Toro, y juntar alli con los Prelados y Señores que iban con él, alguna gente de guerra y publicar querella por todo el Reyno, y en teneindo junta su gente, ir adonde quiera que tuuiessen a la Reyna, y trabajar con fuerça de armas de ponerla en su libertad, y emprender el remedio de todo lo que mas conuiniera.”.

Así lo manifiesta en algunas cartas de apercibimiento que envió “á los Señores, y Pueblos que tuuo confiança que le auian de seguir”, en las que les daba cuenta de la situación de la reina:

e han passado, é passan otras cosas en su desacatamiento, é deshonor, que no son para oyrlas sus Naturales; tanto que si vna muger de vn Escudero fuesse assi detenida, é tratada, se ternia por muy malauenturada”, declarando el interés que, desde antes de fallecer la reina Isabel, había tenido su yerno de “poner á la dicha Serenissima Reyna mi fija en alguna casa, ó fortaleza apartada, dó la guardassen; en que parece que ya desde entonces tenia fin de la tener fuera de su libertad”; y manifestando su intención de recurrir a la fuerza, si no llegaba a un acuerdo con su yerno: “ he deliberado, con el ayuda de nuestro Señor de la poner en su libertad, poniendo para ello mi persona, y Estado a todo riesgo, como padre lo deue hazer por hija”; solicitándoles su ayuda “vista esta, vengays con toda la gente de vuestra casa e tierra a do quera que yo estuuiere para os juntar conmigo, para poner en su libertad á la dicha Serenisima Reyna, mi hija”. Y continúa el crónista: “Pero era esto antes que el Rey Don Felipe tuuiesse por si tan declarados los Grandes; y no fue esto tan secreto á los principios, que el Rey no hiziese demostracion, que no queria estar tan descuydado”. (Zurita: 57- 58).

Otro cronista contemporáneo, el cura de Los Palacios, Andrés Bernáldez, nos cuenta que:

 “Entonçe enbió al arçobispo de Toledo, don Françisco Ximénez, a le hazer saber cómo iva a los reçebir y quedava en tal lugar, que se viniesen para allí. El rey don Felipe proveía o tenía proveído que la reina en nenguna manera viese ni hablase al rey su padre; e ansi se hizo. E el arçobispo de Toledo no volvió más con la enbaxada al rey don Fernando, antes se metió luego en el consejo del rey don Felipe, y se quedó con él.” (Bernáldez, 1962 : 498)

Pero las intenciones de Felipe no pasaban por darse prisa en concertar las vistas sino que eran otras: evitar el encuentro con con su suegro, dilatando la hora de la entrevista, mientras iban llegando los grandes nobles a su lado, no esperando ya nadie que respetara los acuerdos de Salamanca; y, en vez de dirigirse directamente hacia Castilla por el camino de Santiago, tomó la ruta de Orense para entrar por Puebla de Sanabria. Pedro Mártir de Anglería nos da cuenta de la llegada de muchos nobles a Galicia para engrosar la Corte de Felipe: “ por diversas direcciones, dando de lado al rey Fernando, diversos nobles volaron al encuentro de los recién llegados”, todos con la esperanza de conseguir mejores mercedes de los nuevos reyes.

Fernando se vuelve desde Villafranca del Bierzo, y escribe al Arzobispo Cisneros desde la Bañeza, donde se halla el día 7 de junio, “ que la dilacion de la conclusion de la concordia causaba cada dia mas alteracion en el Reyno, y dañaba mucho la paz dél” (Zurita: 59), viendo como abandonan su cortejo las últimas personas importantes que lo componían, como el obispo Deza, presidente del Consejo Real, o del Condestable de Castilla, con gran despecho para el viejo rey por tratarse de su yerno. El cronista Alcocer, que acompañaba al rey Católico como paje de Pedro López de Padilla, procurador por Toledo, nos relata la defección del Condestable,: “....e visto el Condestable que el Rei no se alargaba y que sus secretos eran con el Duque de Alva, determino de irse con el Rei Don Phelipe, e desde la villa de la Vañeza, çerca de Venavente se fue, ... e, como el Duque de Alva vido su ultima voluntad le dixo. Digote que no pense que tenias honrra asta aora que te la veo perder.” (Alcocer : 266 v).

Durante esos días iba comprobando Fernando su aislamiento y los desaires que procuraban hacerle los nobles. Relata Anglería en su epístola dirigida esos días al arzobipo de Granada y al Conde de Tendilla que:

 “Felipe -en el vasto torbellino de sus consejeros- descuidó por completo salir al encuentro de su suegro, que en Villafranca de Galicia estaba esperando, dispuesto a acogerlo de muy buen grado. Para evitar el encuentro con el suegro tomó otra dirección, caminando desde Compostela -sepulcro de Santiago-, a través de Ribadavia y de Lemos, por las quebraduras de unas montañas casi intransitables. Fernando a su vez regresó a Ponferrada. Enterados de esto el Marqués de Astorga y el Conde de Benavente, por cuyas tierras se suponían iba a pasar, cerraron las puertas de Astorga y de Benavente... Por todas las poblaciones de sus señoríos publicaron un edicto, en virtud del cual prohibían que ninguno de sus vecinos diera acogida a Fernando ni le facilitase alimentos.”, (Codoin X. Ep.308).

Coincide en el testimonio Bernáldez:

En esta buelta çerraron las puertas en Astorga a los aposentadores del rey don Fernando, e fuese a aposentar en el Valduerna, en un lugar que llaman la Vanieça. E de alli fueron a pasar çerca de una venta, una legua e media; e estos rodeos fizieron por los puertos e sierras, que no se podían andar” (Bernáldez : 498)

 Cisneros alcanzó a los reyes en Orense, y según Fernández de Retana llevó a cabo trabajosas gestiones para lograr la entrevista de los dos reyes, pero se dio cuenta de que la situación era cada vez más desfavorable para el viejo rey, y desde la ciudad gallega le escribió, proponiéndole que se fuera a poner a buen resguardo en Toledo o en Madrid o cualquiera otra plaza fuerte de su arzobispado, para ganar tiempo y dar lugar a una concertación más sosegada. Pero Fernando “ auia perdido mucha parte de la confiança que en el puso y lo tuuo por sospechoso” (Zurita: 61), e interpretó la carta como una artimaña del prélado, y determinó que de cualquier manera quería entrevistarse con Felipe.

Cardenal Cisneros

Fernado II de Aragón, V de Castilla " El Católico"

Fernando II de Aragón y V de Castilla "El Católico"

Pero la firme voluntad del flamenco era que Fernando abandonara Castilla, para poderla regir sin interferencias y en Orense dio poder a don Juan Manuel y a Juan de Luxemburgo, Señor de Vila, para que se concertaran con Cisneros en la Concordia, enviando a su suegro el ruego de que desistiera de la entrevista hasta que él llegara a Benavente y estuviera la Concordia asentada. No obstante, Fernando no quería dejarla asentada sin antes haberse entrevistado con su hija y yerno.

Desde La Bañeza, Fernando se dirigió a Redelga de la Valduerna, donde se encontraba el día 10 de junio (R.G.S.), persistiendo en su voluntad de encuentro con sus hijos, le escribió a Felipe, diciéndole  por medio de un mensajero que :

pues tardaua tanto su venida a Benauente, él se queria ir a ver con él a do quiera que le topase ... porque él estaba determinado de verle en todo caso, y aunque él respondiese desviando, ó difiriendo las vistas, se iria derecho camino para donde él estuuiese” (Zurita: 61 )

 y en espera de la respuesta siguió adelante, confiando que una entrevista en la cumbre eliminaría los recelos y el respeto que suponía de sus hijos propiciaría un acuerdo satisfactorio.

El día 13 de junio Fernando se hallaba en Rionegro y Felipe en Verín, desde donde envía a tres caballeros para que apartaran a su suegro del propósito que traía y decirle que, cuando llegase a Benavente, ya daría orden de la manera de verse, además le comunica que “ auia tantas esterilidad en aquella tierra de mantenimientos y tan mal recaudo de posadas”, que no se podrían sustentar los respectivos séquitos si coincidían allá, y “ ... Demás desto les auia mandado que si por caso topassen a su Alteza allá dentro en Galicia, ó en Senabria, procurasen que se boluiese a la tierra llana, ó que a lo menos se passasse a otra parte del camino, porque no se viessen, sino con toda paz y plazer, y quando lo quisiesen”.

 Después de muchas negociaciones entre los tres comisionados para la Concordia, se acordó que “ se hiziese lo de las vistas y que por el camino se concertarian, para en saliendo a tierra llana. Pero pusieron coomo condición los de Felipe que para mayor seguridad quedase el Duque de Alba en rehenes. Concertadose esto detuuose el Rey en Rionegro, y entretanto llegó el Rey Archiduque a la Puebla de Sanabria, y él se paso a un lugarejo que llaman Asturianos y de alli fue el Duque a la Puebla” (Zurita : 61).

 

Las Vistas de Remesal

    El itinerario de entrada en la provincia de Zamora del cortejo del Católico, estimado en doscientas personas, es muy confuso, pues difieren las fuentes en sus referencias.

Según las datas de los documentos del R.G.S. el 13 de junio se hallaba la Corte en Santa Marta, Zurita la sitúa en Rionegro, y Bernáldez dice:

 “E ansi fueron derechos, en que entró por donde venía el rey don Felipe, fasta un lugarejo que llaman Esturianos, de hasta çinquenta vezinos. E allí pusieron tiendas, e estuvo el rey don Fernando ocho días. Allí llegó el lunes a comer, y aquel propio día entró el rey don Felipe en la Puebla de Senabria”(Bernáldez : 498),

 conforme a esto llegó a Asturianos el día 15, concordando con el R.G.S. que fecha ese día en Asturianos, aunque el día siguiente hace la data en Cernadilla, por lo que no se puede descartar que, siendo aquella tierra escasa de recursos para hospedar a tanta gente, los diferentes cortesanos de distribuyeran por todos aquellos lugares cercanos buscando su acomodo. Según Fernández de Retana:

Itinerario de Fernado por la provincia de Zamora

Itinerario de Felipe en la provincia de Zamora

Al otro día ( 17 de junio ) entraba el Rey Felipe en la Puebla de Sanabria, primer pueblo de cierta importancia de la provincia de Zamora, mientras el Católico llegaba a Asturianos, a dos leguas de allí” ( Fernández de Retana, 1929, I, 363 ).

 Alcocer es el que más difiere del itinerario pues sitúa el punto de partida de Fernando, para acudir a la entrevista con su suegro en Anta de Rioconejos :

 “Y ido el Condestable el Rei Don Fernando se fue a reçivir a los Reyes sus hijos y entro en Galiçia asta un lugar que llaman Llanta  de Conexos, a donde paro, y alli se conçertaron las vistas de los Reyes en el campo entre la Puebla de Sanabria y el lugar dicho, y que se viesen como reyes de Castilla y Aragon. E para negoçiar e tratar esto vino al Rei Don Fernando Don Juan Manuel, el qual no quiso venir sin que quedase el Duque de Alva en rehenes en poder del Rei Don Phelipe y ansi se hiço”.

 Anglería escribe:

 “Tras muchas idas y venidas de correos, tras varias componendas de los embajadores y muchos pasos por los caminos, se convino que se entrevistarían en los desfiladeros frente a Galicia por donde venían Felipe y su esposa, en los campos de Sanabria. Así, saliendo Felipe de Puebla de Sanabria - plaza fuerte- y Fernando de la pequeña aldea de Río Negro, se encontraron en el insignificante pueblecito de Remesal ”.

Aunque la noticia de Anglería parece referirse a Rionegro del Puente, por el contexto creo que, más bien, se podría tratar de Rionegrito, situado entre Anta y Remesal pues la entrevista tiene lugar en Remesal, a mitad de camino entre Anta de Rioconejos y Puebla, a unos ocho kilómetros de ambos, y más alejado de Rionegro del Puente a casi treinta kilómetros.

Sobre el desarrollo de la vista existen varias versiones, pero casi todas coinciden en que la misma tuvo lugar el día 20 de junio en el campo de Remesal. A las mismas acudieron los reyes con gran disparidad de séquitos y de disposición, pues a Felipe le acompañaban multitud de gente armada, tanto de los que habían venido con él desde Flandes, como de los que se le habían ido juntando desde su llegada a la Coruña. A Fernando le acompañaba un séquito de doscientas personas de su casa y corte y algunos nobles de sus reinos.

Guión Real de Fernando en 1506

Bandera de Felipe el Hermos en 1506

Escudo de Felipe

 Según la versión de Bernáldez, que equivoca la fecha de la vista, aunque en nota marginal en su manuscrito se corrige:

“ E viéronse en lunes quinze días de jullio, entre Sanabria y Esturianos, en un llano, en unos barbechos, en un robledal ralo. Y allegados el uno al otro, a las cortesias, ansí cavalgando, el uno al otro se querian besar las manos, y anduvieron ansí un poco a el rededor. Y entonçes se abraçaron, y estuvieron allí un grand rato los reyes, y junto con ellos mosior de Bere, enbaxador y pariente del rey don Felipe, y el arçobispo de Toledo, y el almirante y el duque de Alva y el comendador Pedro de Baçan, señor de la Balduerna. Todos los otros grandes e caballeros estavan a defuera y armados, todos los mas debaxo del sayo las corazas, y algunos ençima, públicamente ... Motejó el rey don Fernando al conde de Benavente, yéndole a besar la mano, lo abrazó y le dixo:

- Conde, ¿ cómo os habéis fecho gordo?

El respondió que andando con el tiempo. E eso mesmo al duque de Nájera dixo ciertas palabras. E dixo al comendador mayor don Garcilaso;

-¿ Y aun tú García, también?

Y él respondió :

-Do la fe de vuestra alteza que todos venimos ansí.

Y continúa su relato:

... Estavan de la parte de Senabria las batallas e Ordenanças de la gente del rey don Felipe, en que aviía más de tres mill onbres de pie, con sus picas, de los que avia traído de Flandes. Avía también mucha gente de Galizia y de Castilla, y mucha gente de cavallo, todos de abto de guerra, de los que avían ido al reçibimiento. El rey don Fernando no tenía consigo sino los cavalleros ya dichos, que salieron con él de Valladolid, y los ofiçiales de su casa”.

Felipe I de Castilla  "Ell Hermoso"

Juana I de Castilla "La Loca"

Juana I de Castilla  "La Loca"

De acuerdo con Pedro de Alcocer los hechos transcurrieron de la manera siguiente, contraponiendo la hostilidad del yerno y la disposición al diálogo del suegro:

Conçertadas las vistas el Rei Don Fernando partio del Anta de Conexos e fueron con el Rei, Diego Fernandez de Cordova, Alcaide de los Donçeles, primer Marques de Comares, y Don Garci Lopez de Padilla, comendador mayor de Calatrava, y su hermano Pero Lopez de Padilla, Procurador de Cortes por la çiudad de Toledo y Hernando de Vega, comendador mayor de Castilla, y otros muchos Cavalleros, Procuradores de Cortes e otros Aragoneses, Valençianos, Catalanes e Napolitanos.

Yendo por el camino, el Rei vido un paxe del Alcaide de los Donçeles con una lança e una adarga, e dixo a el alcaide que hiçiese volver aquel paxe, por que, a lo que alli era venido, mas se habia de negoçiar con palabras que con armas, e el alcaide lo mando volver.

Legado el Rei Don Fernando a un llano adonde estaba conçertado que se viesen, quando supo que el Rei Don Phelipe venia, hiço poner todos los Cavalleros en orden, de manera de una calle, dexando una entrada, por donde los Caballeros que venian con el rey Don Phelipe pudiesen llegar a donde el estaba, y estando asimesmo el rei Don Phelipe con don mil Alemanes de su guarda armados con coseletes e picas y arcabuçes, luego venian los grandes y Caballeros sus personas bien armadas de secreto y los paxes con las otras Armas.

Llego alli el comendador mayor de Leon, Garçilaso de la Vega con unas coraças de raso negro y pasose adelante, y dende a poco llego el Duque de Najera ... Luego llego Don Françisco Ximenez, Arçobispo de Toledo, fraile de la orden de San Françisco, e hiço grande acatamiento a el Rei e porfio de besarle la mano, e el Rei le hablo e abraço amorosamente, e ansi mesmo a el embaxador del Rei de Romanos.”.

Alcocer continúa su narración :

Passado esto, los Reyes se juntaron e vinieron a hablarse. El Rei Don Fernando iba vestido de grana morada y un quartago castaño y el Rei Don Phelipe venia vestido de terçiopelo con franxas de oro y brocado; el Rei Don Fernando dixo al Rei Don Phelipe : quien mandaba estuviese a la habla, y el Rei Don Pelipe le dixo que quien quisiese. Con esto se apartaron a hablar debaxo de una ençina los dos Reyes e el Arçobispo de Toledo y el embaxador del Rei de Romanos y Don Juan Manuel y el secretario Miguel Perez de Almaçan. La habla fue muy breve y el despedirse descontentos”.

Pedro Mártir de Anglería en su carta al Conde de Tendilla y al Arzobispo de Granada, citada anteriormente, les da cuenta de la entrevista :

Preceden a Felipe ante los ojos del suegro, en perfecta formación, cerca de mil flamencos armados, quienes rodean a Fernando como si lo quisieran prender y llevárselo prisionero. Aparece, por fin, Felipe. Suegro y yerno empiezan a andar para salir el uno al encuentro del otro, el primero sin arma alguna, el segundo completamente armado. Desde lejos parecía que el yerno hablaba al suegro en tonos áspeos y hostiles. Yo así lo deducía de la menera de gesticular de Felipe”.

Ermita de Remensal

La versión que da nos da Zurita de la entrevista es la siguiente:

 “De Asturianos, y la Puebla salieron los Reyes á verse en vn robledal en vnos baruechos de vna alqueria que llaman Remessal, con harta desigualdad del aconpañamiento, porque el Rey Catholico iba con los suyos en habito de paz, y el Rey su yerno venia con gran aparato, y estruendo de gente de guerra, Alemanes y Flamencos ... Quedaban a la parte de la Puebla de Senabria ordenadas las batallas de la gente de guerra que traía el Rey Don Felipe en que auia mas de dos mil soldados con picas de los que vinieron de Flandes ... y muchas conpañias de gente de a caballo, todos a punto de guerra, con los que auian ido con los Grandes de Castilla al recibimiento, que era muy escogida, y muy  lucida gente y pasaron delante hasta mil Alemanes bien en orden, como para reconocer el campo, y asegurarse, y ponerse en su fuerte. Seguian despues todos los caballeros de la Corte del Rey Don Felipe y a la postre venia él en vn caballo y con armas secretas, acompañado de su guarda, y en su retaguarda venian los Archeros, y otras compañias de gente de a cauallo.

Iba el Rey Catholico compañado bien diferentemente, y llevaba consigo al Duque de Alua, y algunos Señores sin los caballeros de su Casa, y sus Oficiales, que serian todos hasta doszientos de mula, sin ningunas armas, y llegaronse los Reyes haziendose gran cortesia...

Iunto con ellos se apartaron el Arçobispo de Toledo, el Duque de Alua, el Almirante de Castilla, que llegó a hallarse en las vistas, el Señor de Vere, y Pedro de Baçan, señor de Valduerna, y todos los otros Grandes estauan apartados, y los mas dellos con sus coraças, y jacos debaxo de los vestidos, y algunos mas a la descubierta. ...

Pero no pudo disimular tanto sentimiento ... y lo que fue mas graue, que no se le quiso dar lugar que viese a la Reyna su hija que quedaba en la Puebla, y ansi quedaron en lo secreto mas desauenidos y exasperados sun animos que antes. ...

Las platicas fueron muy breues. Fueron estas vistas vn Sabado a XX del mes de Iunio deste año de M.D.VI.

El relato que del encuentro nos hace Fernández de Retana, basado en el testimonio del secretario de Cisneros, Vallejo, difiere en cuanto al marco de su desarrollo, pues cuenta que:

  “Después de Su Alteza el Rey Felipe haber oído misa, se partió de la sobredicha villa de Sanabria, y con él muchos musiores y caballeros, que con Su Alteza venían de Flandes, y otros muchos señores de Castilla... antes que Su Alteza saliese, iban delante hasta 3.000 alemanes, gente de guerra, entre los cuales serían los 2.500 piqueros y los 500 escopeteros... Y luego en pos de ellos venía la guarda de caballo, que eran 200 lanças... y en medio de todos ellos venía el sobredicho muy serenísimo y poderoso Rey don Filippo, nuestro señor, al cual traían en medio el Reverendísimo Señor Arçobispo de Toledo, que venía á la manio derecha, y el magnífico señor don Juan Manuel, su contador y mayordomo mayor y grand privado”.

 En contraste con el séquito del rey Fernando era de

 “hasta 200 cabalgaduras de mula, que ninguno vino a caballo, todos con sus capuzes negros, con sus espadas y sus tocas, á manera de mucha paz”.

Encuentro entre D. Fernando y Felipe en Remensal

Mantiene Fernández de Retana que la ceremoniosa entrevista tuvo lugar en una mísera ermita que allí había y que don Juan Manuel quería hallarse presente a la misma, cosa que le impidió el arzobispo Cisneros:

 “señor don Juan Manuel, porque Sus Altezas querrán hablar, démosles lugar, y yo quiero ser el portero y guardar la puerta. Y ansí Su Señoría Reverendísima çerró la puerta de la ermita con su çerradura, é se fue á asentar en un poyo adonde los serenísimos reyes, padre é hijo, estaban. Adonde todos tres estuvieron bien dos horas grandes hablando”.

Del contenido de la conversación nos reseña que el rey Fernando estuvo aconsejando a su yerno sobre la forma de gobernar los reinos, y sobre la disposición y calidad de los Grandes de Castilla, rogándole encarecidamente que tuviera por su mejor consejero a Cisneros. Es extraño que Vallejo sea el único que menciona la ermita en esta primera entrevista, y por el contenido de las pláticas parece más bien estar refiriéndose a la segunda reunión que según Bernáldez se desarrolló en una ermita cerca de la barca de Barcial, o a las vistas que tuvieron lugar en la sacristía de la iglesia de Renedo a los pocos días de la Concordia, según concuerdan otros cronistas, y en las que se trataron de los asuntos generales de la buena gobernación del reino. Además el testimonio del propio rey Fernando en el manifiesto que publicó en Tordesillas el día primero de julio, es que “el Rey mi fijo y yo nos vimos en el campo” ( Zurita: 70).

 

 De Remesal a Villafáfila

 También de lo que ocurrió después de esta primera entrevista hay cierta disparidad en las fuentes coetáneas. Parece que se despidieron sin haber llegado todavía a un acuerdo sobre la Concordia y se volvieron a sus respectivos puntos de partida, mientras tanto seguía la negociación, pues Cisneros siguió a Felipe tratando de acabar de asentar y capitular los términos precisos del acuerdo definitivo.

  Según Alcocer, que estuvo al servicio de Pedro López de Padilla, representante de Toledo en las Cortes, que acompañaba al rey don Fernando hasta la entrevista de Remesal, y, después, se ve obligado a continuar con el séquito de don Felipe:

El Rei Don Fernando se fue a Anta de Conexos y no habia acabado de comer, quando llegaron los aposentadores del Rei Don Phelipe con tanta priesa e sobervia, que el Rei se levanto de la mesa y cavalgo y se fue a Valladolid con mucho sentimento.”.

Ignora los avatares de Fernando desde que abandona precipitadamente Anta de Rioconejos, hasta la entrevista de Renedo, porque Pedro López de Padilla, es obligado por el nuevo rey a acompañarlo en su corte:

 “y estando alli en Anta de Conexos llego mandado del Rei Don Phelipe a Pero López de Padilla, procurador en estas cortes por Toledo, que no fuese con el Rei de Aragón, sino que siguiese al Rei de Castilla”.

Pedro Mártir de Anglería, que venía desde La Coruña acompañando a Felipe, en Remesal se incorpora de nuevo al escaso séquito que desde allí escolta al rey Fernando hasta Villafáfila, nos cuenta que:

“Regresan, devorando su descontento, el  suegro a Rió Negro, el yerno a la pequeña aldea de Asturias. Se acordó que Fernando abandonara los reinos de Castilla y no se le consintió ver a su hija. De esta manera se retiraron ufanos los de Felipe con sus pretensiones alcanzadas; llorando, empero, y medio descaecidos de tanta maldad, los de Fernando. Para añadir mal sobre mal, aquella misma tarde le llegó a Fernando un correo pidiéndole que no estorbe el tránsito a Felipe por los lugares que ha de atravesar y que le ceda el paso. Regresan, pues, Felipe a Benavente y Fernando a Villafáfila ”.

 Zurita como siempre es más explícito en su relato:

 “y el Rey se entró en Asturianos y el Rey su yerno se boluio a la Puebla de Senabria, de donde le enbiaron a dezir al Rey con harta descortesia, que por causa que venia el Rey don Felipe a Benavente , seria bien, porque no le enbaraçase el camino, que mudase el suyo a otra parte, y el se pasó otro dia a Santa Martha. El mismo dia, escriuió el Rey Don Felipe al Rey vna carta, en que le daua esperança que las cosas vernian a buena concordia, y era de su mano, deste tenor:

Muy alto, y muy poderoso Señor.

Vine tan enojado del poluo, y del estrecho camino, que hasta esta hora he tenido que hazer; y porque yá es tarde, para llegar a Astutianos, ha sido necessario partir, é assi no he podido hazer lo que quisiera, aunque he hablado con el Arçobispo, y quedamos en esto, que vuestra Alteza se parta mañana a dormir a tres, ó quatro leguas de esse Lugar donde está, é yo, y la Reyna irémos tambien a dormir mañana al mismo Lugar por poder llegar la Vispera de San Ioan a Benavente. Suplico a vuestra Alteza que aya por bien, que el Arçobispo solo hable con vuestra Alteza en los negocios, hasta Benavente, y luego desde alli yo enbiaré a los otros a Villafafila, donde vuestra Alteza estará, y alli dse concluirá todo sin dilacion, porque cierto yo no la deseo en este caso. Guarde nuestro Señor, y prospere vuestra Real persona, y Estado. De la Puebla de Sanabria, á veynte de Iunio.

De V.A.

Muy humil y obediente hijo, que sus Reales manos besa.

El Rey. ”.

( Zurita: 65 ).

 

Otra copia de esta misiva parece que se encuentra en la colección Salazar, A.12, de la Real Academia de la Historia. (Fernández de Retana, 1929 : 367).

Se desprende de este texto que la estancia en Villafáfila hasta que se realizara la Concordia fue imposición de la Corte de Felipe o se decidió en la vistas de Remesal. Aunque tampoco se puede descartar que hubiera sido propuesta por Fernando cuando se hallaba en el Bierzo y decidió retroceder hacia Castilla, pues según Zurita refiriéndose a esas jornadas:

“ embió al Arçobispo, para asentar todo lo que le conuenia, sobre lo de la gouernacion, y juntamente con esto se boluió de Villafranca, sin passar adelante; y en lo publico embió á dezir al Rey Don Felipe, que porque auia sabido que él iba á Benauente, él de iba á algun Lugar alli cerca, porque alli se pudiesen ver, y entretanto podria asentar toda cosa con el Arçobispo”.

La posibilidad de que el lugar ofrecido fuera Villafáfila se debería a que el rey podía allí esperar la llegada de Felipe a Benavente, cómodamente asentado en una villa de la Orden de Santiago, de la que era su Administrador, con suficiente vecindario para poder sufrir los huéspedes del séquito real. Pero teniendo en cuenta que entonces, en el propósito secreto de Fernando entraba la posibilidad de ir a Toro:

          Estandarte de la Orden de Santiago

Escudo de la Orden de Santiago

pero en lo secreto, aunque era ya tarde para tomar por entonces empresa contra el Rey Don Felipe, en fauor de la Reyna su hija, y de su derecho, pero iba con pensamiento de ir a la Ciudad de Toro y juntar alli con los Prelados y Señores que iban con él, alguna gente de guerra y publicar querella por todo el Reyno, y en teneindo junta su gente, ir adonde quiera que tuuiessen a la Reyna, y trabajar con fuerça de armas de ponerla en su libertad, y emprender el remedio de todo lo que mas conuiniera”;

 Villafáfila, que quedaba estratégicamente situada, junto a la Vereda de Benavente a Toro, un poco más cercana a la primera, podía servir de punto de partida tanto de una entrevista en Benavente como de una partida precipitada hacia Toro.

Rastreando la ruta de Fernando desde Remesal a Villafáfila sabemos por Zurita que el día 21 de junio se hallaba el rey en Santa Marta de Tera cuando envió una carta a Gonzalo Fernández de Córdova, el Gran Capitán, para ofrecerle el maestrazgo de la Orden de Santiago. En esas fechas Fernando recelaba del Gran Capitán, que se hallaba en el reino de Nápoles, conquistado para la corona aragonesa con soldados y dinero castellanos. Ante la incertidumbre de la Concordia con su yerno, asegurar la conquista de Nápoles, frente a las tradicionales apetencias de Francia, como de una virtual intervención de Maximiliano desde los dominios de los Habsburgo, era la principal prioridad de Fernando. Por ello, además de esa oferta que llevaba aparejada unas sustanciosas rentas, en secreto, el rey aragonés, desde el mismo lugar de Santa Marta y fechado el día 22, envió a su hijo bastardo, el Arzobispo de Zaragoza, una carta disponiendo que se trasladara a Nápoles, con gran acompañamiento, entre el que figuraba el que esos días era el comendador de Castrotorafe y de Villafáfila, don Alonso de Aragón, Duque de Villahermosa, y primo del rey, con el encargo de lograr la detención del Gran Capitán.

Y nos sigue diciendo:

“Prosiguieron los Reyes su camino a tres, y quatro leguas el vno del otro, y tratauan siempre de la concordia; y aunque el Rey Don Felipe tuuo en Beneuente la fiesta de San Ioan, á donde se le hizo gran recibimiento, y fiesta, se detuuo en la tierra del Conde, y del Marques de Astorga, el Rey por su camino apartado no dexó de mouer todos los medios que podian induzir a su yerno, á que acetasse vn honesto partido”.

Bernáldez es más escueto en su reseña :

Despedidos de allí, el rey don Fernando se bolvió por çerca de Benavente, a Villafáfila, y estuvo allí. El rey e la reina se vinieron con el Conde de Benavente a Benavente, donde él fizo muchas fiestas; y estava el un rey del otro quatro leguas. E otro jueves después de Sant Juan dizen algunos que se vieron e hablaron segunda vez, en una ermita, en la barca de Barçial

La llegada de la corte del rey Fernando a Villafáfila se debió de producir el día 22 de junio, pues reseña Zurita: “estando el Rey en Villafáfila a veynte y tres del mes de Iunio”; aunque algunos de su séquito pudieron haber llegado antes, pues Pedro Mártir de Anglería, fecha una de sus epístolas  “Desde Villafáfila, de la encomienda de Santiago, a 20 de junio de 1506”.

Teniendo en cuenta que el Católico no pasó por Benavente, “se bolvió por çerca de Benavente”, la singladura del río Esla tuvo que hacerse por una de las barcas que atravesaban el río, bien en la barca de Barcial o la que funcionaba por esas fechas en Quintos, en el camino de Távara a Villafáfila, o bien aprovechando el estiaje, salvar el río a caballo por el vado que existía cerca de Barcial, ya que no existía puente desde Benavente hasta Ricobayo, pues, tanto el Puente del Priorato, entre Villaveza y Milles, como el puente de Castrotorafe, estaban derrumbados.

Los tratos de la Concordia fueron llevados a cabo por don Juan Manuel, el arzobispo Cisneros y Juan de Luxemburgo, señor de Wilt, camarero mayor de los reyes, “ puestos por ambas partes para entender en esta negociación”, que se desplazarían diariamente de Benavente a Villafáfila para tratar las propuestas y contrapropuestas con Fernando. Las negociaciones de última hora debieron ser arduas, pues la tradición oral nos cuenta, que eran tan altas las voces que daban, que, desde la iglesia de San Martín, donde se encontraban reunidos, se oían en la casa que en la Plaza Mayor tenía la viuda de don Pedro Pimentel, doña Inés Enríquez, prima carnal del rey, donde probablemente, se hospedaba éste. El alojamiento de todos sus acompañantes, tanto nobles, como pajes y escuderos, se tuvo que hacer en las casas de los vecinos del pueblo.

 Aunque los hidalgos y los clérigos estaban exentos de la obligación de tomar huéspedes en su casa, al tratarse, muchos de ellos, de nobles o clérigos de alta alcurnia es posible que se hiciera una jerarquización del hospedaje, y los nobles se alojaran en casa de hidalgos y los clérigos en las casas de los clérigos locales, recibiendo los pecheros a los pajes y acompañantes.

Mientras tanto, en Benavente se hallaban Felipe y Juana alojados y agasajados en su palacio por don Alonso Pimentel, Conde de Benavente, uno de los grandes de Castilla, integrados en su bando desde el principio:

 “el Rei Don Phelipe vino a Venavente, adonde el Conde le hiço grandes fiestas, y alli quisiera el Rei çelebrar las cortes y detener a la Reina, si no lo estorvara una cosa que adelante dire, ... estando el Rei e la Reina en la villa de Venavente, un dia, despues de comer, la Reina se quiso ir al bosque de los Pavos a holgar y fueron, con su liçençia, el Conde de Venavente y el Marques de Villena y estuvo alla buen rato. El Rei estava a este tiempo en Palaçio. La Reina, como huvo estado en la guelga un buen rato, vinose a la villa a casa de una Pastelera y alli se sento en el umbral de la puerta, porque alguno la aviso que la queria el Rei dexar en Benavente y governar el solo y, como aquesto le dixeron a el Rei, se fue a donde la Reina estava, a la qual el, ni los grandes, pudieron mover de alli, a donde durmio, no sin grande alvoroto de toda la corte que deçian que el Rei Don Fernando, su Padre, venia por ella, y ansi estuvo la guardia del Rei, de dos mil hombres Alemanes, toda la noche en guarda de su Alteza” ( Alcocer : 269 ).

Otra anécdota de esos días nos cuenta Fernández de Retana, siguiendo a Gómez de Castro:

Celebráronse con motivo de la llegada del Rey Felipe, grandes festejos en Benavente, que duraron quince días. Ocurrió en uno de ellos un curioso suceso. Llegó Cisneros a la plaza de la ciudad con parte de su séquito, a tiempo que iba a dar comienzo la corrida de toros, a la que asistía el Rey Felipe y toda la corte. Habíase ya tocado la señal de salida del toro, cuando pasaba el Arzobispo por medio del ruedo, y apareció delante de él el bravo animal. Cisneros prosiguió caminando sin inmutarse, con su paso resuelto y firme, mientras los de su séquito procuraban ponerse a salvo, no sin que algunos fueran revolcados aparatosamente por la bestia, y más hubiera ocurrido, sin la intervención de los ministros reales, que dieron muerte al toro.

Festejo taurino ofrecido por el Conde de Benavente en honor de Felipe el Hermoso, a su paso por la villa en el año de 1506. Cuadro realizado por un pintor flamenco de la corte del Rey

Llegado Cisneros al estrado del Rey, preguntóle Felipe riendo, - si se había asustado. A lo que respondió el Prelado sencillamente:- que no; pues siempre confio en la ayuda de los ministros regios. Y dirigiéndose al conde Pimentel le dijo : - que amonestase seriamente a sus alguaciles, para otra vez : tuviesen más cuenta con la vida del público. A lo que replicó aquel riendo : - en cuanto se toca a la salida, señor, ya no hay más recurso que salvarse el que pueda.”. (Fernández de Retana, 1929 . 369 )

Menos explícito es Zurita que reseña: “ Don Felipe estuuo en Benauente la fiesta de San Ioan, á donde se le hizo gran recibimiento, y fiesta”.

 

 LA  CONCORDIA DE VILLAFÁFILA

 Lo capitulado en Villafáfila después de las negociaciones se reflejó en una introducción, diez epígrafes y la ratificación.

En la introducción se hace referencia a que se trata de una capitulación de paz, concordia y amistad y unión perpetua, concordada entre ambos reyes de Aragón y de Castilla, para servicio de Dios, bien de sus reinos y para que a todo el mundo le sea manifiesto el mucho amor y la muy estrecha unión, amistad y confederación que hay entre ambos. Esto era lo que más le interesaba a Fernando en estos momentos: dar la impresión en sus reinos y en toda Europa de que mantenía una estrecha alianza con el rey de Castilla, su yerno.

Se trata del último tratado  firmado entre las coronas de Aragón y de Castilla como reinos soberanos, pero reconociendo el carácter español de ambos estados, bajo el mismo patronazgo de Santiago Apóstol: “e del apostol señor Santiago, patron de nuestra España”.

Documento de la Concordia

En el primer punto el rey don Fernando hace una renuncia expresa a la gobernación de los reinos de la Corona de Castilla y a cualquier derecho que pudiera alegar a la misma, en favor de don Felipe y doña Juana, sus hijos, y, en caso de fallecimiento, enfermedad o negativa o imposibilidad de la reina doña Juana para hacerse cargo de la gobernación, se deja ésta al rey don Felipe para siempre jamás. Y lo hace porque lo quiere así la razón y la justicia y por el amor que les tiene, anteponiendo la paz y bien del reino a cualquier interés suyo, y porque no quiere que sobre ello se de lugar a guerras y disensiones, teniendo en cuenta cuánto tiempo, afanes y trabajos puso en la consecución y mantenimiento de la paz, y considerando que estarán mejor regidos por sus hijos solos, que por los tres juntos. Por eso, desde que se murió la reina doña Isabel, se quitó el título de rey de Castilla, y mandó alzar pendones por los nuevos reyes.

Placa recordatoria donde se celebró conversaciones de la Concordia.

En el segundo punto se reconoce el derecho de Fernando a cobrar la mitad de las rentas, provechos e intereses de las Indias, a percibir diez quentos o millones de maravedíes, situados en las alcabalas de los maestrazgos, y a la administración plena y en solitario, por autoridad apostólica, de los maestrazgos de Santiago, Calatrava y Alcántara. Por ello, el rey Felipe se compromete a dejárselos percibir libremente, y a facilitarle la administración de las órdenes militares y libre ejercicio de la jurisdicción sobre las tierras y los los vasallos de las mismas,  y al nombramiento y provisión de las vacantes que se produzcan en los priorazgos, encomiendas, claverías y otros cargos. El rey don Fernando, se compromete, por su parte, a nombrar y proveer con naturales de estos reinos las vacantes que se produzcan dentro de los territorios de la corona real de Castilla, para mostrar el amor que siempre ha tenido a los naturales de los reinos de Castilla.

El tercer punto trata de la coordinación de los embajadores de ambos reyes ante la Santa Sede, para trabajar en favor de conseguir que el Papa conceda la administración de los maestrazgos de las órdenes militares, después de los días del rey Fernando, a los reyes de Castilla, haciendo unión y anexión perpetua de los mismos a la corona.

En cuarto lugar acuerdan hacer un tratado de paz, amistad, alianza y confederación perpetua de amigo y enemigo, entre ambos reyes, y se comprometen a ayudarse mutuamente  para la defensa, conservación y pacificación de sus respectivos estados, incluyendo Flandes y Nápoles, como si el caso fuera suyo propio, siendo pagada esa ayuda por quien la solicite. Proponen enviar esta capitulación al emperador electo, Maximiliano de Habsburgo, para que participe en este tratado de unión y amistad.

 Asientan la ayuda diplomática recíproca ante el Santo Padre, en todos los asuntos concernientes a sus coronas, de manera que en Roma, y en todo el mundo, se conozca la unión que existe entre ellos.

Convienen que, si alguno de los súbditos de cualquiera de ellos trataran de ir contra lo acordado, será castigado por el rey correspondiente.

Se comprometen a ayudarse mutuamente en una de las tareas que había dejado mandada la reina Isabel en su testamento: la guerra contra los infieles; con gente, mantenimientos y navíos, a costa del que demandare la ayuda.

Concuerdan que los que hayan sido servidores de ambos reyes sean tenidos por el otro como buenos y leales servidores, sin que se les haga daño ni perjuicio. Este capítulo va dirigido a evitar represalias contra los castellanos que habían permanecido fieles a Fernando, hasta los últimos momentos y quedaban con sus personas y estados bajo el señorío de Felipe.

Manifiestan la preeminencia de estas capitulaciones sobre cualquier otro tratado o compromiso que ambas partes tuvieran hechos anteriormente o hicieran en el futuro con cualesquier príncipe o señor.

Para dar más validez a la capitulación, acuerdan que sean juradas por los procuradores de las Cortes de Castilla que están convocadas, y que se celebrarán en Valladolid en los próximos días.

La capitulación fue otorgada, jurada y ratificada por el rey Católico en la desaparecida iglesia de San Martín de Villafáfila, ante los tres negociadores como testigos y sellada con el sello de las armas reales de Aragón, actuando como escribano el secretario del Rey, Miguel Pérez de Almazán.

Parte de la fachada de la Iglesia de San Martín

Interior de la Iglesia San Martín en ruinas

 

Parte de la antigua torre de la iglesia de San Martín

Parte Trasera de la Iglesia de San Martin

Jerónimo de Zurita reseña que:

Iuró esta concordia el Rey a veynte y siete de Iunio, puestas sus manos en la ara del Altar de la Iglesia de Villafáfila, estando presentes el Arçobispo de Toledo, Don Ioan Manuel, y el Señor de Vila, que entendieron en el asiento della por las dos partes, y el dia siguiente la juró en Benauente el Rey Don Felipe.”.

Escribe Modesto Lafuente, siguiendo a Zurita y a Abarca, que:

 “Declarose además la incapacidad de doña Juana, y por consecuencia quedaba la gobernacion y regimiento del reino esclusivamente á cargo de don Felipe, en tal manera que si ella por sí misms ó por induccion de otros quisiese o intentase algun dia entrometerse en el gobierno del Estado, se obligaban los dos reyes á impedirlo y á darse mutua ayuda para estorbarlo”.

Desde luego, esto no se deduce del texto de la capitulación pública, pues la incapacidad de la reina se menciona como condicional:

mas, sy ella  yncurriese en qualquyer grave enfermedad, o por que no quisyese o no pudiese entender e ocuparse en la gobernaçion destos reynos, o, si Dios dispusyese de la llevar desta vida, lo qual a el no pluga, desde agora, en todos los dichos casos, quyere e le plaze de dexar e dexa la dicha gobernaçion destos reynos al dicho señor rey don Felipe, por agora e para syenpre jamas”.

 A no ser que hubiera cláusulas secretas fuera de la capitulación, verbales o que no se quisieran hacer públicas.

Zurita, el cronista más exhaustivo de estos hechos nos lo corrobora:

 “ Huuo otra cosa en esta concordia tan á proposito del Rey Don Felipe, que no le estuuo menos bien, que sacar al Rey de Castilla, con que quedaba tan absoluto, y libre de reynar, que no lo pudiera quedar mas, si heredara aquellos Reynos como legitimo sucesor. Esto fue la firma de una cláusula secreta en la que se declaraba la incapacidad de la reina doña Juana para reinar, por lo que quedaba inhabilitada para el gobierno de Castilla perpetuamente. A muchos de  los que conocieron esta claúsula en le bando de Felipe desplugo grandemente, y mas que á todos al Condestable, y Almirante, y nació entre ellos mismos harta materia de disensio”.

El texto completo de la cláusula, publicado por el cronista aragonés, (Zurita, J. 1580.VII: 68) es el siguiente:

“Don Felipe por la gracia de Dios Rey de Castilla, de Leon, de Granada, &c. Principe de Aragon, y de las Dos Sicilias, &c. Archiduque de Austris, Duque de Borgoña, y de Brauante, &c. Conde de Flandes, y del Tirol,&c. Fazemos saber á los que la presente vieren, que oy dia de la fecha desta, fue asentada cierta capitulación de amistad, y vnion, y concordia entre Nos, y el Serenissimo Principe el Señor Don Fernando Rey de Aragon, de las Dos Sicilias, &c. nuestro padre, y por la honestidad, y lo que de deue á la honra de la Serenissima Reyna nuestra muy cara, y muy amada muger no fueron alli expressadas algunas cosas, y  cusas; conuiene a saber, como la dicha Serenissima Reyna nuestra muger, en ninguna manera se quiere ocupar, ni entender en ningun genero de regimiento, ni gouernacion, ni otra cosa, y aunque lo quisiesse fazer, seria total destruycion, y perdimiento destos Reynos, segun sus enfermedades, y pasiones, que aqui no se expresan, por la honestidad como dicho es.

Queriendo proueer, y remediar, y obuiar á los dichos daños é inconuinientes que desto se podrian seguir, fue concordado, y assentado entre Nos, y el dicho Señor Rey nuestro padre, que en caso que la dicha Serenissima Reyna nuestra muger por si misma, ó induzida por qualesquier personas de qualquier estado, ó condicion que fuessen, se quisiesse, ó la quisiessen entremeter en la dicha capitulacion, que Nos, ni el dicho Señor Rey nuestro padre, no lo consentiremos, antes seremos muy conformes en lo remediar, y siendo requeridos para ello el vno por el otro, nos ayudaremos, é daremos ayuda para contra qualesquier Grandes, o personas que para ello se juntaran y esto farenmos sana, y derechamente, sin arte, é sin cautela alguna, la qual ayuda daremos la vna parte a la otra, y la otra a la otra, a costa de la parte que la pidiere, y assi juramos á Dios nuestro Señor, y a la Cruz, y a los Santos quatro Euangelios con nuestras manos corporalmente tocados, y puestas sobre su ara de lo guardar, y cumplir.

En testimonio de lo qual mandamos fazer la presente firmada de nuestra mano, y sellada con el sello de nuestra Camara.

Dada en la Villa de Benauente, a veynte y ocho dias del mes de Iunio, año del Nacimiento de nuestro Señor Iesu Chisto, de M.D.VI. años. Yo el Rey.

Yo Gilles Vanden Damen Secretario del Rey nuestro Señor la fize escriuir por su mandado, y fui presente a lo susodicho con lod dichos testigos . Vanden Damen.”.

 

“ Firmó el Rey la suya en Villafáfila, quando la concordia” dice Zurita, que justifica la firma de este documento, basándose en el peligro que corría Fernando, después de haberse fíado de su yerno, y estar a su  merced, sin posibilidades de defensa o escapatoria; y sigue:

por tanto por conseruacion de su derecho, y cumplir lo que deuia por derecho natural á la Reyna su hija, para que cobrase su libertad, no pudiendo protestar publicamente por esos miedos, y peligros, protestó, y denundió delante de Micer Thomas Malferit Regente de su Cancelleria, y de Mossen Ioan Cabrero su camarero, ambos de su consejo, y del Secretario Miguel Perez de Almazan, y reclamó, que el dicho auto, y concordia, que aquel dia auia de hazer, las firmaria, y juraria por fuerça, impression, y miedo, y por salir de los peligros que representaua, y sacar su persona en libertad, y euitar la perdicion, y daño de sus Reynos, y lo que por muchos respetos le pertenecia. Ni le plazia, ni consentia en la priuacion de libertad de la Reyna su hija, antes proponia ayudar á la libertad de la Reyna, y cobrar la administracion que por muchos respetos le pertenecia de derecho.”

 Lafuente también justifica la existencia de esta cláusula:

Esta ultima cláusula es tan extraña de parte de Fernando, que no se concebiría á no explicarse por la protesta semisecreta que tuvo cuidado de hacer ante tres testigos, á saber, Micer Tomás de Manferit, regente de la chancillería de Aragón, Mosen Juan Cabrero, su camarero, y el secretario Miguel Pérez de Almazán, en la cual se decía que iba á firmar la concordia contra su voluntad, y solo por salir de la peligrosa situación en que se hallaba, pero que su ánimo y resolución era rescatar del cautiverio á su hija y recobrar la administración del reino tan pronto como pudiese”( Lafuente, M.1869:281).

El contenido de la cláusula secreta aparta definitivamente a la reina doña Juana de su derecho al gobierno de Castilla, y a cualquier posibilidad de recuperarlo en el futuro, pues su padre, que podría ser su última esperanza, se compromete a ayudar a su marido a estorbar e impedir los intentos por parte de la reina o de otras personas para restaurarla en el trono. Así quedaba Felipe con las manos libres para la gobernación de Castilla por los días de su vida, que sería efímera pues fallece antes de transcurridos tres meses de la firma de la Concordia

La existencia del documento secreto sólo es conocida a través de Zurita, que disculpa, como buen panegerista, al rey aragonés de toda mala intención, al verse obligado por la situación y los reveses de esos días. Otra posible interpretación es que a Fernando lo que verdaderamente le interesaba en esos momentos era conseguir de su yerno la firma de cualquier concordia, para que conociesen el tratado de unión entre ellos todos los demás príncipes y estados de Europa, y no tuvo escrúpulos en firmar la incapacidad de su hija.

Ya la reina Isabel en su testamento había previsto, conociendo el carácter y estado de su hija la posibilidad de que ésta no quisiera hacerse cargo de la gobernación de los reinos:

por quanto puede acaescer que ... la dicha Princesa mi hija no esté en estos mis reynos ... o estando en ellos no quiera o no pueda entender en la gobernación dellos”.

Igualmente Fernando conocía la dolencia de su hija, y todas las protestaciones que hace, públicas o secretas, de defensa del derecho de Juana al gobierno de los reinos, esconden su deseo de manejo por él mismo de los asuntos de Castilla. A lo que por otra parte tenía derecho basándose en el testamento de Isabel:

“que en cualquier de los dichos casos el Rey, mi señor, debía regir e gobernar e administrar los dichos mis reynos e señoríos por la dicha Princesa mi hija”

 Por esa razón, después de la muerte de Felipe, no la rehabilitó y puso al frente del gobierno de Castilla, sino que fue recluida definitivamente en el monasterio de Santa Clara de Tordesillas.

   Las diferencias entre la Concordia de Salamanca y la de Villafáfila con sólo siete meses de distancia en el tiempo se explican por la adversa coyuntura que se le había ido produciendo en el entorno de Fernando. En la de Salamanca, se acordó: “que las Cortes jurarían a Juana y a Felipe como reyes propietarios y a Fernando como gobernador perpetuo, que la administración de justicia se haría en nombre de los tres y que las rentas del reino, descontadas la parte destinada a cubrir los gastos generales, se repartirían por mitades entre Fernando, por un lado, y la pareja real por otro. De igual modo la delicada cuestión de la provisión de oficios vacantes se haría alternativamente por Fernando y por Felipe, incluidos los que quedasen en los maestrazgos”(Hª de España XVII-II:662 ).

En Villafáfila, Fernando renuncia totalmente al gobierno de Castilla, a las rentas del reino, exceptuadas las de las Indias y los diez quentos de mrs., a  cambio de la libertad para administrar los maestrazgos de las órdenes militares y percibir sus rentas enteramente. Las contradicciones entre ambas concordias, los cronistas las achacan a debilidades de un carácter que mostraba signos ya de vejez. Cisneros le reprochó su pasividad y el no poner al reino en estado de defensa para impedir a Felipe la ejecución de sus planes:

“Que si S.A. le hubiera creído a los principios cuando se lo dixo, y toviera hechos dos o tres mil hombres de guerra. que él hiciera hacer el partido que quisiera; y pues no fue, que esto se había acabado.” ( Fernández de Retana, 1929: I, 359 ).

 

Manifiesto de Tordesillas

 Desde Villafáfila el rey se volvió a entrevistar en Renedo con su yerno pero antes hizo públicos los extremos de la concordia en un manifiesto dirigido a diversos embajadores y personalidades, para conocimiento de los pueblos:

Acabado lo cual, pasó á Tordesillas, donde publicó un largo manifiesto á todos los pueblos ( 1º de julio ), en que declaraba, que libre y espontáneamente había renunciado sus derechos y facultades en favor de doña Juana y don Felipe, según había pensado siempre hacerlo tan pronto como sus hijos llegasen á España ” (Lafuente M. 1869: 10, 281).

Bernáldez nos cuenta que:

El rey don Fernando se fue a Tordesillas, donde estuvo más de ocho días, e de allí a Tudela de Duero, a tres leguas de Valladolid”.

Relata Zurita:

Acabado esto, no solo con desden, y desgracia, pero con tanta afrenta del Rey, y de la Reyna su hija, el Rey tomó su camino por Tordesillas, y estando en aquella Villa, por justificar mas su intencio, mandó despachar diuersas cartas por todos los Reynos de España, y fuera della, para que se declarasse a todos su animo, y zelo que tuuo al bien, y á la paza vniuersal dellos”, que inseta una de estas cartas sin declarar el destinatario.

También se conoce el mismo manifiesto o carta  publicada en Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, Tomo VIII pág.385-393, que va dirigida a su embajador en Venecia, en la que al final le requiere para dar a conocer la Concordia al gobierno veneciano:

 “Diréis de mi parte todo lo susodicho a esa Ilma. Señoría porque sé cierto que folgará mucho de ver tanto amor y tan estrecha union entre mi y el Rey é la Reina mis fijos, y tanta union y paz y sosiego de nuestros reinos y señoríos.”.

El manifiesto es un alegato justificativo de su actuación desde que muriera la reina Isabel. Dice Fernando que desde antes de que falleciera su mujer, había comunicado a sus hijos que deseaba:

que se fallasen aqui en el Reyno él y la Reina mi fija su muger, para que sin inconvenientes recibiesen la posesion destos Reynos, que yo se la daria y se los dexaria pacificamente, y me iria á los mios ... El mismo dia que murio la dicha Reyna mi muger, contra el parecer de muchos, yo sali á la plaça de Medina del campo, y subi en un cadaharso, y alli publicamente me quite el titulo de Rey de Castilla, y se lo di al Rey, y á la Reyna mis fijos, y los alçé por Reyes, y fize que los alçassen por Reyes en todo el Reyno”.

La ausencia de los reinos de los jóvenes reyes y las maledicencias de algunos consejeros fueron creando un ambiente de desconfianza contra Fernando:

“y por algunas cosas que le dieron á entender los que deseauan poner discordia entre él, y mi, y queriendo poner sospecha, que yo no tenia la voluntad que por la obra le mostraua”.             Relaciona las causas que le movieron a ceder todos los derechos a la gobernación, a la que defiende su derecho, basado en el testamento de la reina, “ pero por otra parte no me desplacia que el Rey mi fijo supiese que tenia yo claro derecho á la gobernacion destos Reynos”. Dice “ determiné de posponer mi particular interese por el bien general dellos”, teniendo en cuenta que había dedicado toda su vida a la pacificación y engrandecimiento del reino.

Y continúa :

Los que deseaban la discordia entre mí y mis fijos ... ponian cada dia grandes sospechas de mí al Rey mi fijo ... yo obe por bien que se asentase como se asentó entre mí y el dicho Rey mi fijo vna capitulacion de concordia, sobre la gobernacion destos Reynos... . Y así asentada la dicha concordia solicité con mucha instancia la venida en estos Reynos del Rey é de la Reyna mis fijos... Y yendome yo derecho camino.. sin pensamiento ni memoria de concertar vistas, sino de ir á do quiera que los fallase como verdadero padre á sus fijos... Y para esto aunque todos veian que yo iba de paz, y ahorrado... trabajaron de poner sospecha de mí al Rey mi fijo, diciendo que yo lleuaba fin de juntarme con la Reyna mi fija para contra él ... y pusieron en plática que se concertasen vistas entre el Rey mi fijo, y mí para que en la negociacion dello huuiesse lugar de dilatar nuestra vista...; yo sufri con tolerancia la dilacion que procuraron poner en las vista, y las otras circustancias que procuraron que huuiese en ellas, como fue fazer, que el Rey mi fijo viniesse con gentes de guerra, y que todos los que con él venian viniesen armados á las dichas vistas, yendo yo, y los que conmigo iban de paz, y sin ningunas armas... el Rey mi fijo y yo nos vimos en el campo... . Alli le dixe breuemente, y consexé como verdadero padre, lo que deuia fazer en la gobernacion destos Reynos”.

Después describe sucintamente el contenido público de la concordia, sin hacer mención a lo asentado sobre la inhabilitación de la reina, su hija, y manifiesta:

 “ Lo que yo despues desto he determinado de fazer, es verme otra vez de aqui á cinco ó seys dias con el Rey mi fijo, y dezirle y aconsejarle todo lo que me parece que deue fazer, para conseruar estos Reynos en la paz, y sosiego, y justicia, y obediencia, y buena gouernacion en que yo los he tenido”.

 

Las Vistas de  Renedo

  Mientras tanto “El rey don Felipe se fué de Benavente a Valderas, donde el marqués de Astorga le fizo fiesta; y dende el conde lo truxo a Villalón por su tierra, e a Castromocho e Çigales, que son todos del conde de Benavente. Y en cada lugar le fizo fiestas” (Bernáldez: 500 ).

Zurita, refiere que la entrevista de Renedo tuvo lugar antes de la apertura de las Cortes de Valladolid:

De Tordesillas  se pasó el Rey á una Aldea, que está junto de Valladolid, que se llama Tudela, sobre la ribera de Duero, y el Rey Don Felipe se fue con la Reyna a Muzientes... Antes que entrassen el Rey Don Felipe, y la Reyna en Valladolid, se trató que los Reyes se viesen otra vez, y determinose que fuessen las vistas en una aldea, que se llama Renedo, a vna legua de Valladolid, y a dos leguas y media de Muzientes, donde el Rey Don Felipe y la Reyna estauan aposentados, y media de Tudela, donde se aposentó el Rey... Fueron ambos Reyes a Renedo, a cinco del mes de Iulio, después de comer, y el Rey llegó antes, y se apeó en la Iglesia, y alli esperó a su yerno, y lo recibió, a donde passaron entre ellos autos de mucha demostracion de amor, y estuuieron solos dentro de una Capilla, y alli hablaron por vna hora y media... y aconsejarle por menudo, en todo lo que pareció, que lo deuiahazer,p para la buena gobernacion de aquellos Reynos, y aduertirle de otras cosa, que tocauan a sus comunes Estados, y de sus amigos, y despues pusieron al habla al Arçobispo de Toledo, y pasaron en su presencia cosas de muy gran amor, y assi se despidieron”.        Mientras Alcocer dice que fue posterior:

 “Acabadas las cortes, de Mucientes, el Rei e la Reina se fueron a la villa de Tudela y, estando alli, se trataron vistas en Renedo, como padre e hijo, e asi se hiço; que el Rei Don Fernando vino por la mañana e entrose en la iglesia e subiose a la tribuna, e, dende a un rato, vino el Rei Don Phelipe y entro en la iglesia y mientras hiço oraçion, baxo el Rei Don Fernando despaçio, y el Rei Don Phelipe fue a gran paso haçia el y tomole en el escalon postrero como suelen, y, con gran reverençia, se quito la gorra y el le porfio que le diese la mano. El Rei Don Fernando, el Catholico, la gorra en la mano no lo consintio, mas abraçandole, le dio paz y sobre la mano derecha porfiaron un poco, y al fin el Rei Don Fernando le llevo a su mano derecha y ansi se fueron asta la mitad de la iglesia, y alli el Rei Don Phelipe se puso a la mano izquierda e luego se entraron en la sacristia, juraron a el Rei Don Fernando, el Arçobispo de Toledo y Don Juan Manuel y el embaxador del Rei de Romanos, que havian entrado con los Reyes, y el secretario Miguel Perez de Almazan, que la Reina su hija estaba loca; con esto salieron y el rei Don fernando se fue a Valladilid para irse de alli a Aragon y el Rei Don Phelipe se fue a Tudela”.

El rey de Aragón, después de recoger a la reina doña Germana que permanecía en Valladolid, se fue hacia la frontera de Aragón, acompañándole hasta la misma, donde le despidieron, el duque de Alba, don Fernando de Vega y otros pocos caballeros castellanos.

Escribe Zurita:

 “Salio el Rey por Monteagudo de Castilla, y entró en Hariza a treze del mes de Iulio”. “ Consideró el Rey en esta su salida de Castilla, que comunmente se tuuo por muy afrentos, que conuenia pasar por entonces por las condiciones que se pusieron, y no auenturar lo cierto por lo que no lo era”.

En su precipitada y afrentosa ( “porque en algunos pueblos que pasaua, se vsó de tanta descortesia, y villania, que le cerraron las puertas, y no le quisieron recibir en ellos” ) salida de Castilla el rey Fernando mantuvo siempre el ánimo y le vemos “mantener constantemente dos actitudes, una pública y otra secreta, y dispuesto a hacer prevalecer la segunda sobre la primera, en cuanto los acontecimientos lo permitiesen. Hasta entonces, y como buen perdedor, conocedor perfecto de que nada hace más daño a un político que mantener inútiles rencores, o actitudes de hostilidad manifiesta, procuró en todo momento adoptar una compostura serena, incluso ante los grandes que mayor daño le habían hecho, en lo cual Fernando sí demostró que seguía siendo el consumado político que había admirado el propio Maquiavelo” Hª de España XVII-II: 669).

Así lo manifiesta Zurita:

y él disimuló con tanta mansedumbre, que se contentó  con dezir, que mas solo iba, y menos conocido, quando entró a ser Principe y sucessor de aquellos Reynos, y con mas contradicion, y auia permitido nuestro Señor, que reynase en ellos el tiempo que auia reynado.”.

 

 La muerte de Felipe I

    Los nuevos reyes fueron jurados en las Cortes de Valladolid:

y a doze del mes de Iulio hizieron el juramento los Procuradores de Cortes... Iuraronla por Reyna, y Señora natural, y al Rey Don Felipe, como su legitimo marido, y al Principe Don Carlos como á Principe heredero, y sucessor de aquellos Reynos ... y hizose seruicio en aquellas Cortes de cient cuentos por dos años, para la guera de los Moros, aunque se tuuo por muy graue, por la gran esterilidad que huuo este año en Castilla, y por padecer la mayor parte della mucha hambre.” (Zurita: 75).

   Antes del juramento de la Cortes ya había querido Felipe encerrar a su esposa, y contaba para ello con el beneplácito del arzobispo Cisneros, y persistió en su intento, pero se encontró con la firme oposición de algunos Grandes, encabezados por el Almirante de Castilla, y de algunos de los procuradores de las ciudades, como el representante de Toledo:

                “en quanto a la detencion de la Reina estuvieron dudosas los procuradores; con la voluntad del Rei se conformo Burgos y León y la mitad de Granada y ores algunas çiudades; e Toledo reprobaba esta proposicionecha de la Reina y con el eran Guadalaxara, Madrid, Salamanca y otras muchas çiudades e villas”( Alcocer : 269 ),

por lo que en principio desistió de recluir a la reina Juana. Ella recelaba de la actitd de su marido, hasta el punto de pasar toda una noche al raso, cerca de Cojeces, para evitar que la dejaran prisionera en su fortaleza. Después de este episodio siguieron camino hacia la ciudad de Burgos.

Mientras tanto el rey empezaba a desposeer a los fieles de los Reyes Católicos de las mercedes y fortalezas que detentaban desde antes de fallecer la reina Isabel, y a entregárselas a sus incondicionales, especialmente al privado don Juan Manuel, y algunas a señores flamencos, pese al mandato explícito de la reina Católica  en una de las cláusulas de su testamento.

Nos refiere Zurita:

 “Fue assi, que al principio del Reynado del Rey Don Felipe, en lo primero que se entendió con gran diligencia, fue proueer que se quitasen las fortalezas, y compañias de gente de guerra, y los garcargos y oficios a los que los tenian”.

El mismo nos relata que al llegar a Burgos los reyes se instalaron en el palacio del Cordón, que era del Condestable, y la mujer de éste, Juana de Aragón, hija bastarda del rey Católico, fue compelida a abandonar su casa para evitar el contacto con la reina:

Luego que el Rey Don Felipe llegó á Burgos, como fue á posar á las casa del Condestable, lo primero que proueyeron fue mandar salir de Palacio á Doña Ioana de Aragón, que era muger del Condestable, porque no tuuiesse la Reyna su hermana con quien comunicar sus cosas

Juana la loca velando fereto de Felipe el Hermoso

Poco duró el reinado de Felipe I, apenas si le dio tiempo a disfrutar de las fiestas que en su honor se prepararon en la ciudad de Burgos.

Adoleció el Rey Don Felipe de vna fiebre pestilencial, y en muy breues dias estuuieron desconfiados de su vida, porque al tercer dia que adolecó le sibreuino vn desmayo, y luego le tuuieron por muerto. Considerando las cosas que auian precedido, y la naturaleza de la dolencia, que le acabó lavida, tan arrebatadamente, no se dexo de tener alguna sos pecha de le le huuiessen dado ponçoña, pero desta opinion salieron los mismos Flamencos sus seruidores, en cuyo poder estaua, porque los physicos que el traya, de quien confiaba su salud, que curaron de su dolencia,... descubrieron la causa de su enfermedad, y se entendió auerle sobreuenido de demasiado exercicio, y de una reuma de donde se encendió la fiebre, de que muchos morian en el mismo tiempo en aquella Ciudad, y falleció un Viernes á veynte y cinco de Setiembre”.

 Hay alguna disparidad en cuanto a la fecha, pues otro cronista, Bernáldez, que otras veces equivoca las fechas nos relata “Murió el rey don Felipe, desdichado, deseoso de vivir, tenprana muerte de dolençia que le dio, estando en Burgos, en lunes veinte y ocho dias del mes de setienbre e del mismo año que entro a reinar en Castilla”. Fernández de Retana, por su parte dice que “ el 19 de septiembre salió a pasear, en un caballo blanco a la gineta, porque era muy aficionado ... tornando bien tarde, casi a la hora de la oración”, y siguiendo a otro cronista contemporáneo que no cita : “paseó mucho, y se acaloró demasiado, y ansi que volvió, quiso jugar a la pelota con un capitán vizcaíno de la su guardia que era mucho jugador y luego bebió agua fría, en un jarro que le dieron, y luego adoleció”. Completa la reseña siguiendo las actas del Regimiento de la ciudad de Burgos, y asegura que falleció el 25 poco después del mediodía (Fernández de Retana, L.1929: 377).

Reunidos los principales nobles de Castilla, bajo la dirección del arzobispo Cisneros, se dibujaron claramente dos bandos, uno encabezado por el Condestable y por el Almirante, partidarios de que Fernando regresara cuanto antes para hacerse cargo del gobierno de Castilla y el bando de los que más se habían opuesto al rey Católico, con el Conde de Benavente y el el Duque de Nájera al frente que negaban cualquier posibilidad de vuelta al gobierno del viejo rey.

Cisneros se hizo cargo provisionalmente de la Regencia hasta que regresara el rey Fernando desde Nápoles y mientras tanto se fue ganando la voluntad de los nobles más reacios a su retorno con la promesa de mercedes, como la promesa al Conde de Benavente de concederle la encomienda de Castrotorafe.

Bibliografía:

        Autor: Elías Rodríguez Rodríguez: CONCORDIA DE VILLAFÁFILA 27 DE JUNIO 15006