CONCORDIA DE VILLAFÁFILA

27 JUNIO 1506

 

 

Antecedentes

 

El día 26 de Noviembre de 1504 muere en Medina del Campo la reina Isabel La Católica, dejando como heredera de la corona de Castilla a su hija doña Juana La Loca, casada con Felipe El Hermoso, conde de Flandes, donde a la sazón se hallaba. Como la reina era consciente del carácter y de los problemas de mentales de su hija y de la poca disposición de su yerno hacia los reyes, y sabia que las disensiones que pudieran surgir a su muerte podrían poner en peligro la unión entre las coronas de Castilla y Aragón, que con tanto empeño habían logrado a lo largo de su vida, dejó establecidas en su testamento algunas cláusulas por las que designaba a Fernando como gobernador, para que rigiese los reinos en caso de ausencia o incapacidad de la Princesa Juana:

 

"ordeno e mando que cada e quando la dicha Prinçesa mi hija no estoviere en estos dichos mis reynos o después que ellos viniere en algund tiempo aya de yr e estar dellos, o estando en ellos no quisiere o no pudiere entender en la gobernaçión dellos que en qualquier de los dichos casos el Rey, mi señor, rija administre e govierne los dichos mis reynos e señoríos e tenga la governaçión e administración dellos por la dicha prinçesa segund dicho es, fasta en tanto que el ynfante don Carlos, mi nieto, hijo primogénito heredero de los dichos príncipes e prinçesa sea de hedad legítima o lo menos de veyte años cumplidos para los regir e governar..."

 

"E, asimismo, ruego e mando muy afectuosamente a la dicha Princesa, mi hija,... e al dicho Principe, su marido, que siempre sean muy obedientes e subjetos al Rey, mi señor, e que no le salgan de toda reverencia e obediencia e mandado...[1].”

 

Testamento de la reina Isabel la Católica, A.G.S. P.R: Leg. 30, doc.2

 

Antes de morir la reina, Fernando e Isabel promulgaron unas pragmáticas sobre el gobierno de los reinos de Castilla y de León ante las evidencias de que iban a ser sus sucesores de ellos los príncipes Felipe y Juana[2] en la que dejaban muy claro su preocupación por el futuro de los ríenos y como querían que fueran regidos Respecto al príncipe Felipe dicen:

 

"por ser de otra naçión y de otra lenga, sy no se conformase con las costumbres de la tierra, y ´él  y la princesa nuestra hija no los governasen segun las leys e usos e costumbres della, podrían dello tomar escándalo e no les tener amor, que nos querríamos que los tovyesen y conosçiendo que cada reyno tiene sus fueros y leys e usos e costumbres e se govyernan mejor por sus naturales".

 

Los reyes con acuerdo de los "grandes y perlados que con nosotros están y de los del nro consejo" disponen de una serie de recomendaciones todas ellas encaminadas a evitar que los flamencos se hicieran con la gobernación de Castilla. En resumen ordenan:

 

- que no se den las tendencias ni las alcaldías de las fortalezas, ni jurisdicciones de villas o ciudades a ningún extranjero.

 

- que los oficios de justicia que conlleven ejercicio de jurisdicción no se otorguen a extranjeros.

 

- asimismo se hará con los oficios de hacienda, de la casa y corte de los reyes, los oficios municipales de ciudades, villas o lugares y las designadas eclesiásticas.

 

- que el tráfico de las recién descubiertas tierras de las Indias se hagan desde puertos de estos reinos de Castilla.

 

- que las cartas y misivas que emitan desde el extranjero cuando los reyes estén ausentes sean escritas en castellano, y no lleven fuera de los reinos presos, ni advoquen causas judiciales hasta donde se hallen.

 

- que no se convoquen cortes durante la ausencia de los reyes y guarden las mercedes y privilegios de los grandes, prelados hidalgos e iglesias.

 

-  que durante sus ausencias de estos reinos dejen:

 

"bien adovada la governaçión y justiçia destos reinos... que el hijo heredero, siendo en edad de governar, que quede en estos reynos, y siendo menor, queden con él personas escogidas por los principes y en Cortes con acuerdo de los procuradores conformándose con la segunda partida y otras leyes".

 

El rey Católico proclamó inmediatamente después de muerta Isabel a su hija como reina en la plaza de Medina según lo manifiesta a su embajador en Venecia por carta en 1506:

 

"Y el mismo día que murió la dicha Reina, mi mujer, contra el parecer de muchos, yo salí a la plaza de Medina del Campo y subí en un cadahalso, y allí públicamente me quité el título de Rey de Castilla y lo di al Rey y la Reina, mis fijos, y los alcé por Reyes, y fice que los alzasen por Reyes en todo el Reino"[3].

 

Retrato de Isabel la Católica

 

y convocó a los procuradores de las ciudades con voto, a las Cortes de Toro en 1505, donde se juró reina a doña Juana y se reconoció a Fernando como gobernador y administrador, siendo informados de la enfermedad de la reina Juana:

 

"avieno sydo ynformados partycularmente de la ynfermedad de la dicha Reina, doña Juana, nra sra... están todos conformes en nombre destos dichos reynos e señoríos, syendo ynformados partycularmente y constándoles de la enfermedad, que es tal la dicha Reina doña Juana, nra sra, no puede governar"[4].

 

En Castilla fueron surgiendo dos bandos bien definidos, el de los partidarios de Felipe, que fue agrupando a los nobles y grandes del reino que paulatinamente iban abandonando al viejo monarca aragonés, el cual, por otra parte, tenía su apoyo en los representantes de las ciudades, pocos nobles fieles, y caballeros de las órdenes militares.

 

Así, como ejemplos de posicionamiento que se empiezan a producir, tenemos noticias que inmediatamente después de las Cortes de Toro, Filiberto, señor de Veyre, embajador en Castilla de los reyes Felipe y Juana, recomienda al conde de Fuensalida que tome 50 lanzas y las tenga bajo su mando, hasta que vuelvan los reyes[5].

 

Retrato de Fernando el Católico

Kunsthistorisches Museun, Viena

 

Desde Flandes, donde los nuevos reyes preparaban su venida a Castilla, se maniobraba hábilmente para ganarse a su causa a la mayoría de los nobles, enviándoles cartas de Felipe, prometiéndoles nuevas mercedes para cuando él estuviera en los reinos. El partido felipista estaba encabezado por don Juan Manuel, señor de Belmonte, y camarero mayor de los nuevos reyes, personaje de gran ambición política y adversario declarado del rey Católico. En  Bruselas se había granjeado la confianza de Felipe, que le había nombrado caballero del "Teison d´Or" en el capítulo de Middelborg en 1505.

 

El conflicto que se avecinaba no se puede reducir al ámbito de las relaciones personales entre yerno y suegro, sino que tenía una dimensión internacional, tanto para Castilla, que veía peligrar la unidad conseguida con Aragón, como para los Países Bajos, que temían la influencia francesa; por eso la intervención de Francia, con intereses, además, en Nápoles, y menos manifiesta la de Maximiliano, padre de Felipe y emperador electo, se hizo sentir desde el principio. En abril de 1505, se firmó en Blois un tratado entre el rey Luis XII de Francia, el emperador Maximiliano, y el archiduque Felipe el Hermoso, por el cual estos últimos ayudarían al rey francés a conquistar Nápoles, a cambio de su ayuda para hacerse con la corona de Castilla.

 

Ante la situación internacional y el peligro en que quedaba el reino de Nápoles, Fernando reaccionó con rapidez y habilidad, y propició un acercamiento a Francia que culminó con el matrimonio entre el rey Católico y Germana de Foix, sobrina del rey de Francia, por poderes en octubre de 1505 y efectivamente en marzo de 1506[6].

 

Germana de Foix

 

Otro importante centro de diplomacia mundial estaba en Roma, donde maniobraban los distintos embajadores para que el Papa apoyara los intereses de sus respectivas naciones. Así Fernando obtuvo del Papa Julio II una bula de confirmación de lo dispuesto en el testamento de Isabel para la gobernación de los reinos emitida en diciembre de 1505[7].

 

Ante este cambio de alianzas, Felipe adelantó los preparativos de su viaje a Castilla a fines de 1505, pretendiendo realizarlo a través de Francia, más rápido con y menos peligro, pero no obtuvo el consentimiento del rey Luis XII.

 

Mientras tanto sus embajadores negocian con su suegro y llegan a un acuerdo plasmado en la Concordia de Salamanca, firmada el 24 de noviembre.

 

En ella se establece el gobierno conjunto de Castilla por parte de Juana y Felipe, como reyes propietarios, y de Fernando, como gobernador perpetuo, y  con el nombre de los tres se despacharían todos los documentos oficiales y se impartirían la justicia, pormenorizando cómo se tenían que  los documentos y hacer los pregones.

 

En un segundo capítulo acuerdan que cuando los nuevos reyes lleguen a castilla se reunirán los procuradores en las cortes para jurarlos como reina propietaria a doña Juana, a Felipe como su legítimo marido y a Fernando como gobernador perpetuo, al mismo tiempo que juren como heredero al príncipe don Carlos.

 

En tercer lugar acuerdan que todas las rentas de los reinos de "Castilla, de León, de Granada, de las Canarias y de las Indias", después de pagados todos los gastos de guerra y de funcionamiento ordinario del estado, se repartan  por mitad entre padre e hijos. Además se requiere la licencia de ambos reyes, Felipe y Fernando, para poder repartir y cobrar de los súbditos cualquier servicio extraordinario. De lo recaudado, cada uno de ellos puede administrarlo según las necesidades poniendo tesoreros independientes.

 

Se determinan la provisión alternativa de las vacantes en los cargos de oficios que pertenecen a la corona, incluidas las que siguieren en los maestrazgos militares, pero las rentas de los maestrazgos quedan enteramente para el rey Católico.

Se aclara si el rey Fernando tuviere un hijo varón, éste no pueda alegar ningún derecho de sucesión a los reinos de Castilla.

 

Finalmente se hace una declaración de paz, amistad y confederación perpetuas, de amigos y enemigos, y de ayuda mutua para la conservación de sus estados, con supremacía sobre cualesquier otras capitulaciones o tratados que tuvieren firmados.

 

Para mayor vigor de lo capitulado en Salamanca, nombran conservadores del tratado a los reyes de Portugal e Inglaterra, al emperador electo, Maximiliano, y al Santo Padre, enviando las capitulaciones a la Santa Sede para que las apruebe y mande guardar[8].

 

Desde el mismo día de la firma de la concordia de Salamanca se ponen de manifiesto las diferencias entre Fernando y el embajador de Felipe, Monsier Filiberto de Veyre[9], cuando este solicita que antes de que queden vacantes, pueda nombrar al rey Felipe los alcaides de diez fortalezas de la corona, encontrándose con la dilación de Fernando, remitiendo el particular para la venida de su yerno cuando tratarán este asunto, y si no llegan a entenderse lo remitirán en manos de un tercero, y en el caso de que no lleguen a encontrarse, el resto de lo concordia seguirá en vigor. También solicita el embajador que las rentas que han producido los reinos desde la muerte de la reina Isabel se repartan por mitad entre Fernando y sus hijos, pero la respuesta del viejo rey es que todo lo que han rentado se han consumido en:

 

"las cosas ordinarias y del estado destos reynos y en otras cosas en que se suelen gastar, y en lo del testamento y descargas de la dicha y sereníssima reyna, mi mujer, y no ha sobrado nada.

Que los contadores y el tesorero muestren las cuentas y si algo ha sobrado lo partiremos por mitad".

 

Así mismo promete don Fernando que a la venida de don Felipe podrá proveer tres o cuatro capitanías en persona de su confianza. Además manifiesta el deseo de que entre ambos reyes se pongan de acuerdo para empresas exteriores:

 

"como quiera fazer algunas empresas en servicio de Dios nuestro señor, y acecentamiento de la Cristiandad y para recobrar los derechos que a cada una de las partes pertenece, quando venga en rey".

 

El rey Felipe, que recibió el tratado en Flandes antes de partir hacia Castilla, parece en lo público que está de acuerdo con lo capitulado en Salamanca, y así lo manifiesta en una carta que escribe a su suegro[10].

 

"Muy alto, y muy poderoso señor.

 

La carta que Vuestra Alteza me envió de 23 de noviembre, me dio más placer que podría decir: por ver atajados los inconvenientes tan grandes que se podían seguir; y ver que no queda al que hacer, sino servir a Vuestra Alteza: qué ciertamente es lo que más deseaba: y para venir a lo que agora se ha hecho entre Vuestras alteza, y mi, de que doy gracias a Dios, él sabe que yo he querido más, lo que el presente parecía que era mi daño, que mi provecho: porque deseo tener causa de se a Vuestra Alteza tan obediente hijo, cuanto es posible a quien más quiera amar, y obseder a su padre: y para que contra esto no se pueda decir, ni tratar, yo suplico a Vuestra Alteza, que haga por su parte, como yo por la mía. Yo señor envío la ratificación firmada solamente de mi nombre: porque más bien del negocio: la cual envío con Pérez, por ser hombre cierto, y diligente: y de Zelanda, para do yo me parto mañana, trabajaré de enviar la ratificación de la reina; y digo que trabajaré en ello, porque no sabe Vuestra Alteza, que es menester trabajarse. Nuestro Señor guarde, y prospere vuestra real persona, y estado.

 

De Gante a diez de diciembre, de 1505.

 

De V.A. Muy humil, y obediente hijo, que sus reales manos besa.

 

El Rey"

 

Aunque en lo privado no estaba muy conforme con los términos de la Concordia de Salamanca, pero se ve obligado a contemporizar, mientras llega a Castilla, a donde pretende arribar a través del mar, embarcándose en pleno invierno, con los riesgos que eso conlleva. Forzada por las inclemencias del tiempo, la flota flamenca tuvo que desembarcar en Inglaterra, donde hubo de permanecer hasta finales de abril de 1506. Allí ratifica el acuerdo firmado por su embajador, pero ya deja entrever la desconfianza entre Fernando y Felipe por es asunto de la necesidad o no de ratificación:

 

"El Rey

 

Por cuanto en la escritura de capitulaçión y asiento que se tomó entre my e la serenisima reyna e princesa, mi muy cara e muy amada muger, con el muy alto y muy poderoso rey don Fernando, mi señor y padre, sobre la gobernaçión e administraçión de los reynos de Castilla e de León por medio de nuestro embaxador y procurador mosieur de Vey re, ay un capítulo en el qual yo e la dicha serenísima reyna y princesa nos obligamos a dar o enbíar al dicho señor rey, mi padre, nuestra ratificaçión y aprovaçión de lo en la dicha capitulaçión contenido lo más breve que posible me sea e jurada e firmada de nuestros reales nombres, segund que en la dicha capitulaçión se contiene, y porque la dicha capitulaçión e asiento se tomó con el dicho señor rey, mi padre, con poder bastante myo y de la dicha serenísima reyna y priçesa, mi muger, y para su firma no avía neçesidad ny ay de la dicha ratifiçión, pero por mayor firmeza de lo en l la dicha caputulaçión contenido, y porque en ella no quede cosa que no por entero no sea cumplida, porl a presente digo que se plaze y consiento quedando la dicha capitulaçión y todo lo en ella contenido en su fuerça y vigor como agora está, y sin azer en ella y no ynobación alguna en todo ni parte de ello, que la dicha capitulaçión se quite la dicha clausula de retificaçión como sy nunca en la dicha scriptura se pusiera, e que abré por bien y he y consiento que se haga otra tal scriptura y capitulaçión de palabra a palabra como agora está, salvo quitando la dicha clausula de ratificaçión y aprovaçión como si nunca en ella se obiera puesto, con la misma data de día mes y año y testigos y que dende agora lo que asy se hizyere lo he por bueno y lo apruevo como si en la dicha escritura y capitulaçión no oviera claúsula de obligaçión para la retificar, aprovar. Pero todavía prometo y do mi fe y palabra real y juro a Dios y a esta señal de + que con todas mis fuerças a my leal poder procuraré y trabajaré de aver ratificaçión de la dicha capitulación de la serenísima reyna y prinçesa, mi muger, firmada de su real nombre y a vida la daré y entregaré o haré dar y entregar en su poder al dicho señor rey, mi padre.

 

Dada en el Castillo de Vinsor en Ynglaterra, a nueve días del mes de febrero año de mill e quinientos e seys.

 

Yo el Rey.

Por mandado del Rey Pero Ximénez"[11].

 

Felipe El Hermoso y Juana la Loca en Flandes. Tríptico de Zierikzee. Museo Reales de Bruselas

 

En el último párrafo y en la anterior misiva que escribió a su suegro se percibe la negativa de la reina a firmar los documentos de gobierno, lo que no tantas ocasiones posteriores se repetiría, y durante esos días Felipe pretendió devolver a la reina Juana a Flandes y dejarla allá, prosiguiendo él solo el viaje a Castilla para hacerse cargo del reino, para lo que pidió el parecer de su suegro, que se negó a ello:

 

"y dede allí de Inglaterra embío a procurar conmigo el dicho Serenísimo Rey mi fijo, que yo huuiesse por bien que él hiziese boluer de allí a Flandes a la dicha Serenísima Reyna mi fija, é la dexasse allá, e se viniesse él solo... y o le respondí, quan féo, e quan gruase sería fazer tal cosa é que ageno del amor, que yo como padre, é él como marido le dauiamos"[12].

 

Entretanto el rey Fernando se había instalado en Valladolid en espera de las noticias de la llegada de sus hijos a alguno de los puertos cantábricos. Cuando se había desplazado a Burgos para estar más cerca, recibe la noticia del desembarco de los nuevos reyes en La Coruña, y hacia el Bierzo se dirige con la intención de recibirlos cuanto antes. Ante la llegada de los nuevos reyes a Castilla, algunos nobles del partido fernandino trataron de convencer a Fernando de que no permitiera la entrada de Felipe en estos reinos, a lo que siempre se opuso el rey Católico:

 

Algunos de los nobles que estaban con el Rey en Castilla quisieron persuadirle a que no dexase entrar en estos Reinos a Don Phelipe, suçesor en ellos por su muger, salvo con condiçion que fuese Governador con el e con su hija, por la mucha practica que el tenia de las cosas destos Reinos, como por la poca edad del nuevo Rei, que no conoçia los grandes de Castilla y estado dellos, y por el defecto de la Reina.

 

Quien mas en esto apretaba al Rei Catholico, Don Fernando, fueron Don Bernardino de Velasco, Condestable de Castilla, y Don Fadrique de Toledo, Duque de Alva, mas nunca le pudieron mover a ello, puesto que ansi de antes estaba capitulado que para la paz y sosiego destos Reinos el Rei Don Fernando governase juntamente con sus hijos. Este concierto deshiço Don Juan Manuel, el qual gobernara al Rei Don Phelipe a toda su voluntad"[13].

 

El rey Fernando envía a tres personas de su confianza: Don Ramón de Cardona, Don Fernando de la Vega, señor de Grajal, y al secretario Miguel Pérez de Almazán (aunque parece que esté no llegó a trasladarse, pues sigue ejerciendo de escribano y testigo de los documentos reales en los días sucesivos).

 

"para tratar sobre las visitas y platicar de los medios de la concordia con el Rey D. Felipe... y el Rey se detuvo en Astorga hasta quize del mes de Mayo"[14].

 

Hasta entonces no se había hecho pública la intención del nuevo rey de no cumplir lo capitulado en la Concordia de Salamanca:

 

"Mostraron entonces, que traian muy solapadas y encubiertas las quexas que tenían de la Concordia, que se auia asentado en Salamanca".

 

Retrato de Felipe el Hermoso. Museo de Lourve. Paris.

 

Se quejaban los cortesanos, "tenían sobre esto muy a martillo al Rey Don Felipe"[15], de que Fernando llevara las rentas de los maestrazgos de las Ordenes Militares por entero:

 

"dixo el Señor de Veré a Hernando de Vega, que no era cosa razonable que Rey estraño tuuiesse más en el Reino que cuyo era; y siendo todas las cosas partidas igualmente, el rey Don Hernando sacaua para si todas las rentas de los Maestrazgos enteramente, sin dar a sus hijos dellas ninguna parta... por cosa muy perjudiciál, y graue, que gozasse el Rey de Aragón de las rentas reales de Castilla, y que el que era Rey de Castilla no tuuiesse parte en las de las órdenes".

 

Y de que usara el título de Rey de Castilla, además de manifestar su desacuerdo con las segundas nupcias del rey aragonés:

 

"que si assí huuiese de passar en lo del título, era notorio agrauio en lo por venir hijos, podría pretender el primogénito, que era hijo del Rey de Castilla, porque en nombrarse Reyes y Principes se daua a entender que el Rey Don Hernando era tan Rey de Castilla el que de razón y justicia lo era".

 

A la vez se hacía correr en la Corte, en la Coruña, con intención de debilitar las posibilidades de una concordia entre suegro y yerno, rumores acerca de ocultas intenciones del rey Católico de liberar a su hija, y ponerla en contra de su marido, para lo que estaba preparando gentes de armas en Castilla, rumores que se confirmaron cuando se conocieron misivas que el Rey Católico había enviado a algunas ciudades y nobles declarando estas intenciones de liberar a su hija y pidiendo que acudieran con gente de armas a donde él estuviese, como la que publica Zurita (1580: 58).

 

Las negociaciones

 

En un principio se pensó en tratar las diferencias en Santiago de Compostela, por lo que Fernando, desde Villafranca del Bierzo, hasta donde se había adentrado, con el propósito de verse cuanto antes con sus hijos, envío al arzobispo de Toledo, don Francisco de Cisneros, con los más amplios poderes para poder alcanzar un nuevo acuerdo que sustituyera al de Salamanca, sin que descartara entonces un posible recurso a las armas para resolver la cuestión.

 

Los poderes que se entrega el rey Fernando a Cisneros en Villafranca el 2 de junio son universales para que el arzobispo negocie y firme lo que crea más conveniente, manifestándole el rey se entera confianza. En él poder, llamémoslo principal, para tratar la concordia pública, hace  un alegato de la necesidad de la concordia y de las buenas intenciones, y algunos de los términos se transcriben textualmente en la concordia definitiva:

 

"Don Fernando rey de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalen, de Valencça, de Mayorça, de Çerdeña, Conde de Barcelona, Señor de Indias de mar Occéano, duque de Atthenas, y de Neopatrioa, Conde del Rosellón y de Çerdeña, marqués de Oristan y de Gociano, administrador y gobernador perpetuo de los reynos de Castilla y León y de Granada, considerando que ninguna cosa hay más natural y devida que haver mucho amor y unión y concordia entre padres y fijos, ny cosas más grave que lo contrario desto, y mirando assimismo quanto tiempo y con quantos afanes y tragaios y la serenísima reyna doña Ysabel, mi muger, de gloriosa memoria, pedimos con el ayuda de nuestro señor quitar destos reynos las guerras y rovos y tiranyas y los otros grandes males que dentro dellos havía, y ponerlos en paz y sosiego y justicia y buena gobernación en que por la gracia de nuestro señor fasta aquí han estado, con que solamente estos reynos se han conservado, mas se han mucho acrecentado y deseando que assí se conserve todo esto daquí adelante y se creciente si fuera posible, y que nuestros trabjos y afanes se haya sido en balde y haviendo assí mismo respecto a lo que  en esta caso obligan Dios nuestro señor, y el derecho y la ley de reyno, y el testamento de la dicha serenísima reyna doña Ysabel, mi muger, que gloria aya, y lo que los procuradores de cortes de las ciudades y villas destos reynos nombre dellas, conformándose con el derecho y los la ley del reyo, y con el testamento de la dicha serenísima reyna Ysabel, mi muger, que gloria haya en cortes generales teniendo jurado y yo a ellos, y mrando a que si entre my y el serenísimo Rey don Felipe, my caro y amado fijo, sobre la governación desso reynos o sobre otra quaquiera cosa hubiesse concordia, se seguirían grandes guerras y muertes y daños yrreparables en total destrucción destos reynos, y aún en mucho daño de la Cristiandad, y desseando yo más que mi propia vida el remedio para ello, y coincidiendo que el remedio consiste en la verdadera unión y con concordia mya y del serenísimo rey, my fijo, como quiera que entre él y my y la serenísima reyna doña Juana, my muy cara y muy amada fija, ésta asentada, firmada y jurada por nos ambos los dichos reys cierta capitulaçión de concordia sobre la diga governación destos reynos y sobre otras cosas en ella contenidas, la qual dicha capitulación de concordia yo quiero guardar muy enteramente, pero por que se dize que para mayor unión y concordia mya y del dicho serenísimo rey mi fijo, y mayor paz  y sosiego destos reynos conviene que entre my y el dicho serenísimo rey my fijo se declaren algunas cosas e que de nuevo se assienten otras y yo por el mucho amor que tengo al dicho serenísimo rey my fijo como por el bien y paz y sosiego destos reynos he por bien de facer en todo aquello que justa y derechamente pudiere o deviere fazer para la dicha nuestra mayor unión y concordia, por ende teniendo bien conocida y esperimentada de muchos años y en muy grandes y arduos negocios de la governación destos reynos, la grande virtud y religión y bondaz y mucha prudencia y muy bueno y santo zelo, que vos el muy reverendo in Xpo padre Francisco Ximénez, arçobispo de Toledo, primado de las Españas y Chanciller mayor de Castilla, haveys siempre tenido y teneys en todas las cosas tocantes al servicio de Dios nuestro señor y a la paz e sosiego e pro e bien común que tan grande y tan arduo negocio como éste y en que tanto va, no se podría enconmendar a persona de mayor confianza que vos ni que mayor fructo en él pudiese facer, por la presente do y otorgo todo mi poder conplido libre e llano a vos el dicho muy reverendo in Xpo padre arçobispo de Toledo e vos fago e constituyo e crío e ordeno mi legítimo y bastante procurador en la meior forma e manera que puedo meior puede e deve valer de derecho que en tal caso de requiere general y especialmente, assi que la generalidad, para que por  mí  yen mi nombre trataeys, concordeys, assenteys y firmeys entre muy de la una parte e los dichos sereníssimos reyes don  Felipe y doña Juana mis muy  caros e muy amados fijos de la otra, conn ambos juntamente o con cualquiera dellos, por sí, sobre la gobernación destos reynos e señoríos de Castilla y de León y de Granada, e sobre otras qualesqier cosas e materias que se ofrecieren, quialquier concordia y yguala que a vos pareciere e vien visto vos fuere, assí sobre cualquier diferencia que pudiese ocurrir sobre otras que agora e en qualquier tiempo de nuevo pudiesen suceder e pensarse, que lo que assí concordáredes e sassentáredes sea cierto e seguro e se guarde  siempre, por ambas partes y podades por my en mi nombre prometer e dar qualesquier seguridades que para ello se pudiesen pensar e fallar, e otras tales seguridades que para ello se pudiessen pensar e fallar, e otras tales seguridades podades asymismo en my nombre accetar e recibir de los dichos serenísimos rey y reyna mis fijos e de qualesquiera dellos e para que de todo lo susodicho e de qualquier cosa e parrte dello podades por mí y en mi nombre asentar e firmar qualesquier capitulación e capiutulaciones e otras qualesquierer scrituras con qualalesquier condiciones e vínculos e firmezas que a vos pareciere o bien visto fuere; e otrosy vos doy poder para que en my nombre y en mi ánima podades jurar e juredes que yo terné e guardaré e compliré todo lo susodicho e cada una cosa y parte dello que vos por my en mi nombre concordáredes, assentáredes, firmáredes e juráderes y de la misma forma e manera que vos lo assentáredes y firmarédes e juráderes, e generalmente vos doy e otorgo todo my poder complido con libre e general administración para que por my nombre y en mi nombre podades fazer, concordar e firmar todas las otras cosas que para muy verdadera y perpétua unión y concordia mya y de los dichos serenísimos rey y reyna mis fijos, vos pareciere que debays fezer e firmar con todas sus incidencias, dependencias, emergencias, anexidades e conexidades, ahunque sea tal que segund derecho requiera mi especial mandato, e prometo por mi fe y palabra e juro a Dios nuestro señor e a la santa crus e a los santos quatro evangelios por mi mismo corporalmente tocados que terné, guardaré e compliré e havré por firme e veladero, rato e grato, todo lo que por vos el dicho Muy Reverendo Arzobispo de Toledo, por virtud deste mi poder cerca de lo susodicho fuere fecho, concordado, concluyendo, asentando, otorgando, firmando e jurando e que no yré ni verné contra ello ni contra parte alguna dello en tiempo alguno ni por alguna manera, con obligación que para ello fago de todos mys reynos e señoríos e vienes patrimoniales e fiscales, en testimonyo de lo que mandé facer la presente firma de mi mano e sellada con mi sello pendiente.

 

Dada en la villa de Villafranca de Valcácer a dos días del mes de junio, año del nascimiento de nro salvador jesucristo de mil e quinientos y seys años.

 

Yo el Rey.

Yo, Miguel Pérez de Almaçán, secretario de su alteza la fize escrivir por su mando"[16]. Singo

 

El mismo día el rey Fernando redacta dos cartas dirigidas también al arzobispo Cisneros, una de ellas para que tratarse y acordase con su yerno el asunto de la incapacidad de la reina, que seguramente habían hecho saber a Fernando que era condición imprescindible para poder llegar a un acuerdo con Felipe, pero que convenía mantener la discreción y no debía figurar en el texto público de la concordia:

 

"Comoquiera que oy, día de la data de la presente, yo he dado o e otorgado my poder complido a vos el muy Rdo In Xto padre Don Françisco Ximénez, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, Chançiller mayor de Castilla, para que por my en mi nombre assenteys y firmeys con el serenísimo Rey don Felipe, muy caro e muy amado fijo, todo aquello que viéredes que convenga e sea menester parra que él y o estemos en muy verdadera y perpetua unión y concordia y porque yo deseó que entre él y muy no haya ni pueda haver causa ninguna de desconfiaça, sino que todas las cosas estén entre nosotros tan assentadas y declaradas y concordadas que ninguna quede sin acordar de que pueda succeder discordia, y porque entre otras cosas dizen que el dicho serenísimo Rey my fijo, se recela que yo me juntaré con la dicha serenísima Reyna, mi fija, su muger, para contra él o es su perjuyzyo y por que no es de fazer cosa contra él, ni en su perjuycyo, sino trabajar porque ellos estén en mucho amor y paz y conformidad como es razón, por la presente digo que si el dicho serenímo Rey, mi fijo, quisiere en mi nombre prometays e assentays algunas cosas acerca deste árticulo de la dicha serenísima Reyna, mi fija, que yo remito a vos y a vuestra conçiençia para que por my y en mi nombre assenteys e prometays sobe todo aquello que segund Dios y buena conçiençia vos pareçiese que por my en mi nombre deveya assentar e prometer y por esta misiva prometo e seguro en mi fe y la palabra real y juro a Diós, nuestro señor, y a la cruz,  a los santos quatro evangelios por mis manos corporalmente tocados, que yo guardaré e conpliré real y verdaderamente todo lo que vos el dicho muy Reverendo arzobispo, cerca de los sususdicho, por mí y en mi nombre promietiéredes y assentáredes como si yo en persona lo prometiese y assentasse y firmase, en testimonio de lo cual mandé fazer la presente y la firmé de mi mano y mandé sellar con el sello de mi cámara. Fecha en Villafranca de Valcácer a dos días del mes de junio, año del nascimiento de nro salvodor jesuscristo de myl e quinientos e seis años.

 

Yo el Rey.

Por mandado de su Alteza, Miguel Pérez de Almaçán"[17].

 

Poder del rey Fernando a Cisneros para negociar la concordia, (fragmento) , A.G.S P.R.: C. 56-23

 

Y para conseguir el consentimiento de los grandes y, sabiendo que debían ablandar algunas voluntades que persistentemente se oponían a la consecución de un acuerdo entre ambos reyes, le encarga que les ofreciera mercedes y recompensas si era preciso:

 

"El Rey

 

Porque demás de lo que yo desseo la veradera unyón y concordia mya y de los serenísimos reyes don Felipe y doña Juana, mis muy caros e muy amados fijos, desseo assimismo que los grandes destos reynos y señoríos estén bien verdaderamente en la dicha unión y concordia y ayuden como es razón (*) primero a que del todo se assiente y después a que se conserve por los grandes bienes que dello se esperan seguir, y porque esto se faga de la mejor voluntad por la presente seguro y prometo en mi fe y palabra real y juro a Dios nuestro señor e a la cruz a los santos quatro evangelios que todo lo que vos el muy Reverendo in Xto padre Don Francisco Ximénez, arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, y chanciller mayor de Castilla, en mi nombre prometiéredes a los dichos grandes y a cada uno dellos, que yo consentiré y faré en sus negocios y en sus interesses, de la misma manera que vos con ellos y en mi nombre lo assentáredes e prometiérades, en tistimonio de lo cual mandé fazer la presente y la firmé de mi mano y la mandé sellar con el sello de mi cámara.

 

Fechada en Villafranca de Valcárcer a dos días del mes de junio, año del nascimiento de nro salvador jesucristo de myl e quinientos e seys años.

 

*tacacho"porque desta manera estes reynos estarán en toda paz e sosiego, y yo e los dichos sereníssimos Rey y Reyna, mis fijos, podremos más libremente emplearnos en guerras de infieles y enemygo de nrº fe"[18].

 

Pero las intenciones de Felipe y de los consejeros que le asesoraban no pasaban por darse prisa en concretar las visitas sino que eran otras: evitar el encuentro con su suegro, dilatando la hora de la entrevista, mientras iban llegando los grandes y nobles a su lado, no esperando ya nadie que respetara los acuerdos de Salamanca; y, en vez de dirigirse directamente hacia Castilla por el camino de Santiago, tomó la ruta de Orense para entrar por Puebla de Sanabria. Pedro Mártir de Anglería nos da cuenta de la llegada de muchos nobles a Galicia para engrosar la Corte de Felipe:

 

"Por diversas direcciones, dando de lado al rey Fernando, diversos nobles volaron al encuentro de los recién llegados".

 

Todos con la esperanza de conseguir mejores mercedes de los nuevos reyes. Algunos Grandes ante la dificultad para luego acudir a La Coruña enviaban sus misivas y mensajeros, manifestando su apoyo al nuevo rey, incluso aportando gente, como lo hace el duque de Infantado[19], a lo que Felipe de momento se opone:

 

"y cerca de la gente que traéis en vuestra compañía, no es necesario por ahora que venga sino de paz".

 

Y otros partieron tan precipitadamente para Galicia que tuvieron que aguantar ciertas incomodidades:

 

"los más de los señores, gentileshombres y oficiales del rey iban a pie o mal montados, por que los unos tenían sus caballos en Castilla, los otros aún no habían comprado caballos... y los peatones estaban fatigados por el mucho calor que hacía, que muchos estaban enfermos y delicados"[20].

 

Retrato de Juana de Castilla. Juana de Flandes, Kunsthistoriaches Musem, Viena

 

Desde la Coruña, Felipe envía a los nobles de su confianza a las ciudades con instrucciones secreta, posiblemente para que las pusieran a su servicio. Se conservan las cartas del rey dirigida al corregidor y a los jurados de Toledo el 27 de mayo ordenándoles, bajo acusación de traición con la consiguiente pena de muerte e incautación de bienes, obedecer a su enviado, el conde de Fuensalida, a quien manda:

 

"a cosas cumplideras a nro servyçio e al procomún e utilidad destos nuestros reynos, por ende yo vos mando que en todo lo que el dicho conde de my parte vos dixere e mandare le dedes entereza fee creençia e asy lo pongays en obra, porque demás de hacer lo que soys obligados como leales servidores a seguir la lealtad que esa çibdad siempre ha tenido e guardado a los reyes mys anteçesores, en ello me hareys mucho serviçio, y por cabsa ni cosa alguna no dexeis de lo assy complir, so pena que qualesquier que lo contrario hiziese yncurrirá en caso de traydor y como tal en pena de muerte e de perdimiento de todos sus bienes para la nra cámara"[21].

 

En su trayecto hacia castilla y mientras las negociaciones para la concordia entre los reyes se demoran, Felipe va concediendo mercedes a los nobles que van pasando a su bando. Sirvan como ejemplo el: 7 de junio en Orense Felipe confirma al Conde de Benavente las alcabalas que anteriormente cobraba don Juan Pimentel[22]; y el 11 desde Alleriz, Felipe I ordena al concejo de Toledo que admitan al conde de Fuensalida con su voz y voto en los Ayuntamientos en la misma forma que lo disfrutaron sus antepasados[23].

 

En el cortejo de Felipe no dejaban de sucederse desconfianzas entre los grandes para conseguir mayor influencia ante el nuevo rey:

 

"crecía el aborrecimiento de los Flamencos con todos, y estavan en mucho descontentamiento los unos de los otros, e íbase más descubriendo la embidia entre los mismos del consejo"[24].

 

Así como incidentes entre los soldados alemanes que le sirven de escolta y los naturales del país[25].

 

Mientras tanto Fernando se vuelve desde Villafranca del Bierzo y llegando a la Bañeza, donde se halla el día 7 de junio, escribe al Arzobispo Cisneros[26], apremiándole para que firme cuanto antes un acuerdo con Felipe, y después de firmado podrían entrevistarse ambos reyes, aceptando incluso Fernando que el lugar de encuentro sea Benavente, capital de los estados de uno de sus mayores enemigos políticos del momento, el Conde don Alonso Pimentel, si a Cisneros le parece conveniente, aunque guardando las precauciones y seguridades convenientes. Le insiste en que se mantenga en su poder la administración de los maestrazgos y las rentas que le pertenecen, como si el resto de sus derechos ya los diese por perdidos Mientras llegan los reyes a Benavente, él se desplaza a la ciudad de Toro:

 

"Porque la dilación de la conclusión de la concordia mía y del rey, mi fijo, faza cada día más alteración en e reyno y daña mucho a la paz dél, y su una vez esta se quebrase sería mala de remediar. Paréceme que la concordia que se huvyere de asentar debe ser luego sin dilación y deverys facer que se ponga por scrito y que el rey mi fijo la firme y jure, y vos en mi nombre, sin consultarme, porque yo confío tanto de vos, que sé que fereys en ello lo que yo faría si estuviese presente; y por que dizen que el rey y la reyna mis fijos, vienen a Benavente, yo me vaya a Toro por esta cerca dellos y paréceme que en habiendo jurado el rey mi fijo la concordia, que asentáredes de nos concertar que luego nos veamos y juntemos y quando a vos pareciere que las visitas deven ser en Benavente yo fe fiaré del conde con la seguridad que vos tomáredes. Todo esto lo digo para solo vuestro aviso y para que sin dilación se faga lo que se ha de fazer, y en siendo fecho, fazérmelo saber por las postas.

 

En lo de la administración de los maestrazgos y en lo que claramente es mío no se me toque en ninguna manera,  y en todo lo otro fazer como a vos meior pareciere y luego sin consultarme se asienten y firme y jure como he dicho".

 

A la vez envía una nota privada a sus embajadores ante Felipe, que le habían comunicado que una de las condiciones para que se celebraran las visitas entre ambos reyes era la entrega en rehenes del Duque de Alba, lo que hacía desconfiar a Fernando de las verdaderas intenciones de sus contrarios:

 

"A todos tres:

 

Lo que toca a los negocios al arzobispo lo scrito.

 

Lo que decís de la yda del Duque de Almazán (creo que es una errata del secretario y se refiere a de Alba, pues el titúlo de Duque de Almazán fue concedido en 1698) sabed que os engañan, porque quando allá creyades que havía de venir don Juan Manuel, ya havía aqúi carta firmada del rey en que dezía que no havía de venir y assí fe el arzobispo, y agora por desvyar la negociación del arzobispo piden que vaya otro; dígolo porque lo que parece negocian con tanto engaño que no es de creer sino lo se se viere por obra".

 

Francisco Jiménez de Cisneros. Universidad Complutense de Madrid

 

Y por parte del secretario Almazán, aunque seguramente impulsado por el rey, se envía otra carta al arzobispo, advirtiéndole de los manejos de algunos nobles en la corte de Felipe para estorbar la concordia:

 

"Mya

 

Al arzobispo:

 

Al Condestable y a Garçi Lasso, entre los otros, les pesa en el alma que se concierten el rey y su fijo, porque piensan que ganarían más si quedan con sólo el rey don Felipe.

 

También sepa V.S. que don Juan Manuel envío por carta al Almirante que V.S. no faría nada ny concluyría con el ningún concierto; e que se alteza está determinando de fazer luego el concierto como por su carta lo escrive y si no se faze luego, que se faze por otra vía lo que se deba fazer, y esto no lo dexará de fazer aunque quedase solo con una espada y una capa en la mano, que piensa que, pues tiene rezón y justicia y no ha ydo con engaño, y aunque al comienzo trabare, que al cabo Dios le dará Victoria y se levantarán fuerzas de do las gentes no piensan. Y digo que quiere luego la conclusión o saber lo que le cumple, porque cada día le andan sonsacando los que están cerca dél, y si en el reyno estuviese declarada y publicada su querella, fazer serya de otra manera.

 

Suplico a V.S. que esto no lo sienta nadie,, sino V.S que solamente lo diga para su aviso y para que dé por esto en concluir y fazerlo firmar y jurar allá sin colsultar con su alteza.

 

En la Bañeza a VII de junio de D V I"

 

En otra letra "escripta por Miguel Pérez de Almazán el secretario, puédese sospechar que el rey se la fizo escribir".

 

Todavía en  estas fechas no descartan en la corte de Fernando que tengan que romperse negociaciones y ser inevitable el conflicto armado, a pesar de que por el momento el rey aragonés no quiere publicar por el reino las diferencias que tiene con los flamencos con la esperanza de concluir algún acuerdo con su yerno, por las que esas amenazas que transmite el secretario Almazán, posiblemente inducido por Fernando, para que Cisneros las traslade a la parte contraria, más parecen un farol que una posición de Fuerza.

 

El viejo monarca se ve como abandonan se cortejo las última personas importantes que la componían, como el obispo toresano fray Diego de Deza, presidente del Consejo Real, que había sido preceptor del príncipe don Juan, o del Condestable de Castilla, con gran despecho para Fernando por tratarse de su yerno. El cronista Alcocer, que acompañaba al rey Católico como paje de Pedro López de Padilla, procurador por Toledo, nos relata da defección del Condestable:

 

"...e visto al Condestable que el Rei no se alegraba y sus secretos eran con el Duque de Alva, determinó de irse con el Rei Don Fhelipe, e desde la Villa de la Vañeza, çerca de Venavente se fue,.. e, como el Duque de Alva vido su última voluntad de dixo. Digoté que no pensé que tenías honrra asta aora que te lo veo perder"[27].

 

 Durante esas jornadas iba comprobando Fernando se aislamiento y los desaires que procuraban hacer los nobles. Relata Anglería en su epístola dirigida esos días al arzobispo de Granada y al conde de Tendilla que:

 

"Felipe --en el vasto torbellino de sus consejeros- descuidó por completo salir al encuentro de su suegro, que en Villafranca de Galicia estaba esperando, dispuesto a acogerlo de muy buen grado. Para evitar el encuentro con el suegro tomó otra dirección, camino desde Compostela -sepulcro de Santiago-, a través de Ribadavia y de Lemos, por las quebraduras de unas montañas casi intransitables. Fernando a su vez regresó a Ponferrada. Enterados de esto los Marqueses de Astorga y el Conde de Benavente, por cuyas tierras se suponían iba a pasar, cerraron las puertas de Astorga y de Benavente... Por todas las poblaciones de sus señoríos publicaron un edicto, en virtud del cual prohibían que ninguno de sus vecinos diera acogida a Fernando ni le facilitase alimentos"[28].

 

Coincide con el testimonio de estos desaires perpetrados por dos de sus enemigos más poderosos el cronista Bernáldez:

 

"En esta buelta çerraron las puertas de Astorga a los aposentadores del rey don Fernando, e fuese a aposentar en la Valduerna en un lugar que llaman la Vanieça. E de alli fueron a pasar çerca de una venta una legua e media; estos rodeos fizieron por los puertos e sierras que no podían andar"[29].

 

Desde la Bañeza, Fernando ofrece a la corte de su yerno la posibilidad de asentarse en lugar cercano a Benavente (posiblemente en Villafáfila) a la espera de la prevista llegada de Felipe a Benavente para entrevistarse tranquilamente, pero sus intenciones secretas son dirigirse a Toro para prepararse en esa ciudad ante una posible ruptura de las hostilidades, según nos cuenta Zurita, siempre bien informado de los avatares del rey aragonés:

 

"Entonces envío a dezir al Rey D. Felipe que porque auía sabido que se uevía a Benavente, él se iría a algún lugar por allí cerca, para que se pudiesen ver, y en lo secreto, aunque le parecía que era tarde, para tomar por entonces una tal empresa contra su yerno, en favor de la Reyna, su hija y su derecho, tuuo pensamiento de irse a la Ciudad de Toro, y  juntar allí con los prelados y Señores que iban con él, alguna gente de guerra y publicar querrella por todo el Reyno, y entiendo junta su gente, ir donde quiera que tuuiessen a la Reyna, y trabajar con fuerça de armas de ponerla en su libertad, y emprender el remedio de todo lo que más conuiniera".

 

Así lo manifiesta en algunas cartas de apercibimiento que envió “á los Señores, y Pueblos que tuuo confiança que le auian de seguir”, en las que les daba cuenta de la situación de la reina:

 

e han passado, é passan otras cosas en su desacatamiento, é deshonor, que no son para oyrlas sus Naturales; tanto que si vna muger de vn Escudero fuesse assi detenida, é tratada, se ternia por muy malauenturada”,

 

declarando el interés que, desde antes de fallecer la reina Isabel, había tenido su yerno de.

 

poner á la dicha Serenissima Reyna mi fija en alguna casa, ó fortaleza apartada, dó la guardassen; en que parece que ya desde entonces tenia fin de la tener fuera de su libertad”;

 

y manifestando su intención de recurrir a la fuerza, si no llegaba a un acuerdo con su yerno:

 

he deliberado, con el ayuda de nuestro Señor de la poner en su libertad, poniendo para ello mi persona, y Estado a todo riesgo, como padre lo deue hazer por hija”;

 

solicitándoles que acudieran en su ayuda:

 

vista esta, vengays con toda la gente de vuestra casa e tierra a do quera que yo estuuiere para os juntar conmigo, para poner en su libertad á la dicha Serenisima Reyna, mi hija”.

 

Itinerario del rey Fernando por tierras de Zamora. Junio de 1506. Sobre el mapa de Nolín. S. XVIII. El 9 llega a Matilla de Arzón, el 12 pernocta en Santa Marta de Tera, el 13 y 14 en Ríonegro del Puente, del 15 al 19 en Asturianos, el 20 tiene lugar la entrevista en Remensal y ese día a parte de dormir en Ríonegro, el 21 lo hacen en Santa Marta de Tera, de donde sale para llegar a Villafáfila el 22, permaneciendo allí hasta el día 28 en que parte para Tordesillas.

 

Y continúa el cronista:

 

Pero era esto antes que el Rey Don Felipe tuuiesse por si tan declarados los Grandes; y no fue esto tan secreto á los principios, que el Rey no hiziese demostracion, que no queria estar tan descuydado[30].

 

El rey Fernando llega hasta Matilla de Arzón, primer pueblo de la actual provincia de Zamora, donde se halla el 9 de junio[31] y allí parece que cambia de opinión y toma de decisión de forzar los acontecimientos y no esperar a que se firmara una buena concordia para entrevistarse con su yerno, sino buscar cuanto antes el encuentro y mediante la persuasión tratar de limar las grandes diferencias que entre ellos existían. Las causas que no le movieron a este cambio de actitud[32] fueron principalmente:

 

"viendo entonces el Rey junto casi todo el Reyno contra si,... y deseauan ver mudança en las cosas de gouierno; y considerando quan solo quadaua, y que estava tan apartado de sus Reynos, y que es esta sazón no auía preuenido al Rey de Francia, para lo que le pudiera valer el aquel caso, y también que en estos Reynos no se auía hecho níngun aparejo de guerra, y sobre todo, sospechando que el Gran Capitán estaua prendado, en lo que tocaua al Reyno de Nápoles, y que si se supiesse por acá en guerra, aquello passaua mucho peligro de perderse: por todas estas causas acordó de disimular".

 

e insistiendo en su voluntad de encuentro con sus hijos, le escribió a Felipe, diciéndole por medio de un mensajero que:

 

"pues tardaua tanto su venida a Benavente, él se quería ir a ver con él a do quisiera que le topase".

 

Mientras tanto envío un embajador al Rey de Francia para afianzar la alianza que tenían suscrita, y pedirle que en caso de que las negociaciones con su yerno acabaran en discordia:

 

"entonces que el Rey de Francia le pussiese en sus estados de Flandes, toda la necesidad y guerra que pudiese".

 

Cisneros alcanzó a los reyes en Orense, y según Fernández de Retena llevó a cabo trabajosas gestiones para lograr la entrevista de los dos reyes, pero se dio cuenta de que la situación cada vez era más desfavorable para el viejo rey, y desde la ciudad gallega le escribió, proponiéndole que se fuera a poner a buen resguardo en Toledo o en Madrid o cualquier otra plaza fuerte de su arzobispado, para ganar tiempo y dar lugar a una concentración más sosegada. Pero Fernando que en esa fecha pasaba por sus horas mas bajas:

"auía perdido mucha parte de la confiança que en él puso y lo tuuo por sospechoso"[33].

 

e interpretó la carta como una artimaña del prelado, y determinó que de cualquier manera quería entrevistarse con Felipe.

 

Otro cronista contemporáneo, el cura de Los Palacios, Andrés Bernáldez, nos da cuenta de la actitud de Cisneros al llegar a la corte de Felipe, dejando entrever cierta hostilidad hacia el primado:

 

 “Entonçe enbió al arçobispo de Toledo, don Françisco Ximénez, a le hazer saber cómo iva a los reçebir y quedava en tal lugar, que se viniesen para allí. El rey don Felipe proveía o tenía proveído que la reina en nenguna manera viese ni hablase al rey su padre; e ansi se hizo. E el arçobispo de Toledo no volvió más con la enbaxada al rey don Fernando, antes se metió luego en el consejo del rey don Felipe, y se quedó con él[34].

 

Fernando siguió su camino por tierras zamoranas, rodeando Benavente por Santa Marta de Tera, dirigiéndose a Ríonegro del Puente con determinación de ver a sus hijos o de forzar la ruptura:

 

"... porque él estaba determinado de verle en todo caso, y aunque él respondiese desviando, ó difiriendo las visitas, se iría derecho camino para donde él estuuiese"[35].

 

 y en espera de la respuesta siguió adelante, confiando que una entrevista en la cumbre eliminaría los recelos y el respeto que suponía de sus hijos propiciaría un acuerdo satisfactorio.

 

Pero la firme voluntad del flamenco era que Fernando abandonara Castilla, para poderla regir sin interferencias y en Orense dio poder a don Juan Manuel y a Juan de Luxemburgo, Señor de Vila, para que se concertaran con Cisneros en la Concordia, enviando a su suegro el ruego de que desistiera de la entrevista hasta que él llegara a Benavente y estuviera los términos de la  concordia asentados. No obstante, Fernando insistía en el encuentro personal antes de firmar el acuerdo definitivo.

 

En un principio se pensó en tratar las diferencias en Santiago de Compostela, por lo que Fernando, desde Villafranca del Bierzo, hasta donde se había adentrado, con el propósito de verse cuanto antes con sus hijos, envío al arzobispo de Toledo, don Francisco Jiménez de Cisneros, con los más amplios poderes para poder alcanzar un nuevo acuerdo que sustituyera al de Salamanca, sin que descartara entonces un posible recurso a las armas para resolver la cuestión:

 

El día 13 de junio Fernando se hallaba en Ríonegro del Puente, donde recibe las cartas de Cisneros dándole cuenta de las negociaciones, y en las que le manifiesta la inquietud que se creó en la corte de Felipe al tener conocimiento de los preparativos que había dispuesto Fernando para en caso de ruptura y la conveniencia de que envíe firmada y sellada una cédula declarando que no tiene dispuesto ni negociado con nobles o con ciudades ningún acuerdo para ir en contra de Felipe. Desde allí escribe[36] a sus embajadores anunciándoles su disposición a ir al encuentro de su yerno desarmado, pidiéndoles y que disipen las desconfianzas creadas entre los partidarios de Felipe, y previniéndoles de las maniobras de algunos grandes, especialmente del Condestable, que había jugado a dos barajas:

 

"Esta tarde por dos postas he recibido vna carta y las dos del açzobispo de X y XI del presente, yo le respondo en claro como vereys el plazer que he havydo de saber que las cosas están ya puestas en manos y que continuaré my camino fasta topar y me juntar con el rey y la reyna, mys fijos, y assy lo haré de manera que no lo puedan estorbar todos quantos allá lo estorvan.

 

Además desto, direys al arçobispo que esto de my yda allá yo lo fago por seguyr su voto y consejo, que es que me confíe enteramente, y también porque veo y creo que ést es la salud para todos estos negocios; más le direys que los que allá han dicho que yo proveya, que no es verdad, como ya se le ha escrito, que algunas cosas estaban ordenadas por si fuera menester se pusieran en obra, mas que mi fin quedando se ordenavan no fue para que se pusiessen en obra, salvo que hove por bien que se ordenassen por contentar al condestable, que lo solicitaba y atizava extrañamente, y entonces no caya yo que él lo fazía por poner discordia, pero, en fin podeys certificar que de my parte ninguna cosa dello se ha puesto ny porná en obra ny en todo el reyno se hallará carta ni misiva ni renglón myo que toque a esta materia.

 

Y aunque yendo solo de la manera que voy al rey, my fijo, estava cierto que yo no havía de firmar cosa alguna, pero que por mayor satisfación del arçobispo que con tanto zelo dessea nuestra concordia, yo envío aquí firmada y sellada la cédula que él demanda y me plazerá que, como dize, cobre otra tal del rey , my fijo, pero que para my yda yo no esperaré la dicha cédula ni otra cosa alguna y que, pues de my parte no está fecho ni proveydo nada, ni enviadas castas a grandes ni cuidades ni fecha otra cosa alguna, que sea bien que el arçobispo provea de suyo que si alguna cosa hay proveydo el rey, my fijo, para fin de discordia las suspenda y envíe por las provisiones o mensajeros, si algunos fueron enviados, porque él no haga alguna alteración en el reyno, que quando estemos juntos, si plaze a Dios, se proveeran todas las cosas sin alteración y como cumple a la paz y bien del reyno.

 

El condestable fizo y dixo aqí muchas cosas trabaiando que otros grandes y caballeros se juntesen y juramentasen con él, para estorvar que entre my y el rey, my fijo, no haya concordia y que en caso que no la pudiessen estorvar que se juramentasen con él para que tomasen la boz de la reyna contra el rey, mi fijo, y contra my, y ciertamente yo no pudiera creer dél tal cosa y solamente lo digo para que el arçobispo esté sobre aviso, que creo que esto que aqá el condestable procuraba, lo procurará mejor allá, porque hallará más que le sigan para ello. También se dize que va con ardíz de concertarse con don Juan Manuel y dar a su hijo la encomienda del Castilnovo que yo le di para que mejor pueda por su mano estorvar la concordia. Estad en todo sobre aviso y no participéis nada de esto sino al arçobispo.

 

Paréceme bien que vos don Pedro vengays luego y que vos Fernando de la Vega y el comendador quedeys allá".

 

Junto con estas instrucciones a sus embajadores firma y manda sellar una cédula de promesa de no buscar alianzas con prelados, ni grandes, ni procuradores de las ciudades y villas, ni con ellas, para ir en contra de Felipe, y que su intención verdadera es tratar de llegar a la concordia por todos los medios, según le había recomendado Cisneros que enviase, para despejar recelos de Felipe:

 

"El Rey

Porque siempre ha sido y será my desseo que entre my y los sereníssimos rey don Felipe y reyna doña Juana, e príncipes, muy caros y amados fijos haya mucha y muy verdadera y perpetua paz y unión y concordia como es razón y como quiera que yo no he fecho ny tongo volutndad de facer jamás cosa alguna contra esto, pero para mayor cumplimiento por la presente prometo en muy buena fee, y palabra real que no innovaré cosa alguna con los perlados e grandes ni con los procuradores de las cortes de las ciudades y villa destos reynos ni con las mismas ciudades y villas, ni trataré otra cosa de compromiso ni para que haya discordia entre muy y el dicho serenísimo rey my fijo, antes espero que con vernos y  juntarnos se acabarán de facer nuestra concordia de manera que sea cosa duradera y perpetua como de  debe ser entre padre y fijos, por seguridad lo qual firmé la presente de mi mano y la mandé sellar con el sello de mi cámara.

Fecha en Rionegro XIII días de junio de DVI".

 

Vista de la villa de Puebla de Sanabria con su Castillo de los Condes de Benavente

 

Ese mismo día  Felipe se encuentra en Verín, desde donde envía a tres caballeros para que apartaran a su suegro del propósito que traía y decirle que, cuando llegase a Benavente, ya daría orden de la manera de verse, además le comunica que:

 

“auia tantas esterilidad en aquella tierra de mantenimientos y tan mal recaudo de posadas que sería muy trabajoso poder passar con tanta gente,... Demás desto les auia mandado que si por caso topassen a su Alteza allá dentro en Galicia, ó en Senabria, procurasen que se boluiese a la tierra llana, ó que a lo menos se passasse a otra parte del camino, porque no se viessen, sino con toda paz y plazer, y quando lo quisiesen”.

 

El viaje del cortejo de Felipe se hizo con no pocas penalidades como testimonia el autor anónimo del Segundo Viaje de Felipe el Hermoso[37]:

 

"Pero debéis entender que las dichas montañas no fueron pasadas por tan gran número de gente y tantos bagajes sin grandes trabajos, gastos y miseria, y que varios perdieron sus cofres, baúles y equipajes... hubo muchos del acompañamiento que no tuvieron sus cofres hasta quince días después de la llegada del rey al dicho Benavente".

 

 Después de muchas negociaciones entre los tres comisionados para la Concordia, se acordó que don Juan Manuel, don Juan de Luxemburgo por parte de Felipe, y Cisneros por parte de Fernando, el día 14 de junio se acordó que los reyes mantuviesen una entrevista previa a la finalización de las negociaciones de la concordia, y para ello se desplazó el duque de Alba a Puebla de Sanabria para quedar en rehenes mientras se celebraba la entrevista:

 

se hiziese lo de las vistas y que por el camino se concertarían, para en saliendo a tierra llana. Pero pusieron como condición los de Felipe que para mayor seguridad quedase el Duque de Alba en rehenes. Concertándose esto detúuose el Rey en Rionegro, y entretanto llegó el Rey Archiduque a la Puebla de Sanabria, y él se paso a un lugarejo que llaman Asturianos y de allí fue el Duque a la Puebla[38].

 

Las visitas de Remesal

 

El itinerario de entrada en la provincia de Zamora del cortejo del católico, estimado en doscientas personas, es muy confuso, pues difieren las fuentes en sus referencias.

 

Según las datas de los documentos del R.G.S. el 13 de junio se hallaba la Corte en Santa Marta, Zurita la sitúa en Rionegro, y Bernáldez dice:

 

“E ansi fueron derechos, en que entró por donde venía el rey don Felipe, fasta un lugarejo que llaman Esturianos, de hasta çinquenta vezinos. E allí pusieron tiendas, e estuvo el rey don Fernando ocho días. Allí llegó el lunes a comer, y aquel propio día entró el rey don Felipe en la Puebla de Senabria[39].

 

 conforme a esto llegó a Asturianos el día 15, concordando con el R.G.S. que fecha ese día en Asturianos, aunque el día siguiente hace la data en Cernadilla, por lo que no se puede descartar que, siendo aquella tierra escasa de recursos para hospedar a tanta gente, los diferentes cortesanos de distribuyeran por todos aquellos lugares cercanos buscando su acomodo. Las datas de los registros de la Corona de Aragón entre el 15 y 20 de junio se localizan en Asturianos[40], según Fernández de Retana:

 

Al otro día (17 de junio) entraba el Rey Felipe en la Puebla de Sanabria, primer pueblo de cierta importancia de la provincia de Zamora, mientras el Católico llegaba a Asturianos, a dos leguas de allí”[41].

 

 Alcocer es el que más difiere del itinerario pues sitúa el punto de partida de Fernando, para acudir a la entrevista con su suegro en Anta de Rioconejos:

 

 “Y ido el Condestable el Rei Don Fernando se fue a reçivir a los Reyes sus hijos y entro en Galiçia asta un lugar que llaman Llanta  de Conexos, a donde paro, y alli se conçertaron las vistas de los Reyes en el campo entre la Puebla de Sanabria y el lugar dicho, y que se viesen como reyes de Castilla y Aragon. E para negoçiar e tratar esto vino al Rei Don Fernando Don Juan Manuel, el qual no quiso venir sin que quedase el Duque de Alva en rehenes en poder del Rei Don Phelipe y ansi se hiço”.

 

 Anglería escribe:

 

 “Tras muchas idas y venidas de correos, tras varias componendas de los embajadores y muchos pasos por los caminos, se convino que se entrevistarían en los desfiladeros frente a Galicia por donde venían Felipe y su esposa, en los campos de Sanabria. Así, saliendo Felipe de Puebla de Sanabria - plaza fuerte- y Fernando de la pequeña aldea de Río Negro, se encontraron en el insignificante pueblecito de Remesal”.

 

Entrevista de Remesal de Sanabria, pintura sobre tabla, mediados del S. XVI, Chateâu de La Follie, Bruselas. Fernando a la izquierda con su reducido séquito y humildes atuendos. Felipe a la derecha, con gran despliegue de soldados y nobles, con lujosas vestimentas

 

Aunque la noticia de Anglería parece referirse a Rionegro del Puente, por el contexto creo que, más bien, se podría tratar de Rionegrito, situado entre Anta y Remesal pues la entrevista tiene lugar en Remesal, a mitad de camino entre Anta de Rioconejos y Puebla, a unos ocho kilómetros de ambos, y más alejado de Rionegro del Puente a casi treinta kilómetros.

 

Felipe entró en la provincia de Zamora el día 17, miércoles, pues la noche anterior llegó a dormir a Villavieja, último pueblo de Orense, y desde allí se adelantaron don Juan Manuel y el Señor de Vila para entrevistarse con Fernando y Concretar los pormenores de las Visitas.

 

Sobre el desarrollo de la visita existen varias versiones, pero casi todas coinciden en que la misma tuvo lugar el día 20 de junio en el campo de Remesal. A las mismas acudieron los reyes con gran disparidad de séquitos y de disposición, pues Felipe le acompañaba multitud de gente armada, tanto de los que habían venido con él desde Flandes, como de los que se le habían ido juntando desde su llegada a La Coruña. A Fernando le acompañaba un séquito de doscientas personas de su casa y corte y algunos nobles de sus reinos.

 

Guión de Fernando

Guión de Felipe

Escudo de Felipe, Cruz San Andrés

 

Según la versión de Bernáldez, que equivoca la fecha de la vista, aunque en nota marginal en su manuscrito se corrige:

 

“E viéronse en lunes quinze días de jullio, entre Sanabria y Esturianos, en un llano, en unos barbechos, en un robledal ralo. Y allegados el uno al otro, a las cortesias, ansí cavalgando, el uno al otro se querian besar las manos, y anduvieron ansí un poco a el rededor. Y entonçes se abraçaron, y estuvieron allí un grand rato los reyes, y junto con ellos mosior de Bere, enbaxador y pariente del rey don Felipe, y el arçobispo de Toledo, y el almirante y el duque de Alva y el comendador Pedro de Baçan, señor de la Balduerna. Todos los otros grandes e caballeros estavan a defuera y armados, todos los mas debaxo del sayo las corazas, y algunos ençima, públicamente... Motejó el rey don Fernando al conde de Benavente, yéndole a besar la mano, lo abrazó y le dixo:

 

- Conde, ¿cómo os habéis fecho gordo?

 

El respondió que andando con el tiempo. E eso mesmo al duque de Nájera dixo ciertas palabras. E dixo al comendador mayor don Garcilaso;

 

- Y aun tú García, también?

 

Y él respondió:

 

-Do la fe de vuestra alteza que todos venimos ansí".

 

Y continúa su relato:

 

"Estavan de la parte de Senabria las batallas e Ordenanças de la gente del rey don Felipe, en que aviía más de tres mill onbres de pie, con sus picas, de los que avia traído de Flandes. Avía también mucha gente de Galizia y de Castilla, y mucha gente de cavallo, todos de abto de guerra, de los que avían ido al reçibimiento. El rey don Fernando no tenía consigo sino los cavalleros ya dichos, que salieron con él de Valladolid, y los ofiçiales de su casa”.

 

 

Felipe I "el Hermoso"

Juana I " la Loca"

 

De acuerdo con Pedro de Alcocer los hechos transcurrieron de la manera siguiente, contraponiendo la hostilidad del yerno y la disposición al diálogo del suegro:

 

Conçertadas las vistas el Rei Don Fernando partio del Anta de Conexos e fueron con el Rei, Diego Fernandez de Cordova, Alcaide de los Donçeles, primer Marques de Comares, y Don Garci Lopez de Padilla, comendador mayor de Calatrava, y su hermano Pero Lopez de Padilla, Procurador de Cortes por la çiudad de Toledo y Hernando de Vega, comendador mayor de Castilla, y otros muchos Cavalleros, Procuradores de Cortes e otros Aragoneses, Valençianos, Catalanes e Napolitanos.

 

Yendo por el camino, el Rei vido un paxe del Alcaide de los Donçeles con una lança e una adarga, e dixo a el alcaide que hiçiese volver aquel paxe, porque, a lo que alli era venido, mas se habia de negoçiar con palabras que con armas, e el alcaide lo mando volver.

 

Legado el Rei Don Fernando a un llano adonde estaba conçertado que se viesen, quando supo que el Rei Don Phelipe venia, hiço poner todos los Cavalleros en orden, de manera de una calle, dexando una entrada, por donde los Caballeros que venían con el rey Don Phelipe pudiesen llegar a donde el estaba, y estando asimesmo el rei Don Phelipe con don mil Alemanes de su guarda armados con coseletes e picas y arcabuçes, luego venían los grandes y Caballeros sus personas bien armadas de secreto y los paxes con las otras Armas.

Llego allí el comendador mayor de Leon, Garçilaso de la Vega con unas coraças de raso negro y pasose adelante, y dende a poco llego el Duque de Najera... Luego llego Don Françisco Ximenez, Arçobispo de Toledo, fraile de la orden de San Françisco, e hiço grande acatamiento a el Rei e porfio de besarle la mano, e el Rei le hablo e abraço amorosamente, e ansi mesmo a el embaxador del Rei de Romanos”.

 

Alcocer continúa su narración:

 

Passado esto, los Reyes se juntaron e vinieron a hablarse. El Rei Don Fernando iba vestido de grana morada y un quartago castaño y el Rei Don Phelipe venia vestido de terçiopelo con franxas de oro y brocado; el Rei Don Fernando dixo al Rei Don Phelipe: quien mandaba estuviese a la habla, y el Rei Don Pelipe le dixo que quien quisiese. Con esto se apartaron a hablar debaxo de una ençina los dos Reyes e el Arçobispo de Toledo y el embaxador del Rei de Romanos y Don Juan Manuel y el secretario Miguel Perez de Almaçan. La habla fue muy breve y el despedirse descontentos”.

 

Pedro Mártir de Anglería en su carta al Conde de Tendilla y al Arzobispo de Granada, citada anteriormente, les da cuenta de la entrevista:

 

Preceden a Felipe ante los ojos del suegro, en perfecta formación, cerca de mil flamencos armados, quienes rodean a Fernando como si lo quisieran prender y llevárselo prisionero. Aparece, por fin, Felipe. Suegro y yerno empiezan a andar para salir el uno al encuentro del otro, el primero sin arma alguna, el segundo completamente armado. Desde lejos parecía que el yerno hablaba al suegro en tonos ásperos y hostiles. Yo así lo deducía de la manera de gesticular de Felipe”.

 

 

Ermita de Remensal

 

La versión que da nos da Zurita de la entrevista es la siguiente:

 

 “De Asturianos, y la Puebla salieron los Reyes á verse en vn robledal en vnos baruechos de vna alqueria que llaman Remessal, con harta desigualdad del aconpañamiento, porque el Rey Catholico iba con los suyos en habito de paz, y el Rey su yerno venia con gran aparato, y estruendo de gente de guerra, Alemanes y Flamencos ... Quedaban a la parte de la Puebla de Senabria ordenadas las batallas de la gente de guerra que traía el Rey Don Felipe en que auia mas de dos mil soldados con picas de los que vinieron de Flandes ... y muchas conpañias de gente de a caballo, todos a punto de guerra, con los que auian ido con los Grandes de Castilla al recibimiento, que era muy escogida, y muy  lucida gente y pasaron delante hasta mil Alemanes bien en orden, como para reconocer el campo, y asegurarse, y ponerse en su fuerte. Seguian despues todos los caballeros de la Corte del Rey Don Felipe y a la postre venia él en vn caballo y con armas secretas, acompañado de su guarda, y en su retaguarda venian los Archeros, y otras compañias de gente de a cauallo.

 

Iba el Rey Catholico compañado bien diferentemente, y llevaba consigo al Duque de Alua, y algunos Señores sin los caballeros de su Casa, y sus Oficiales, que serian todos hasta doszientos de mula, sin ningunas armas, y llegaronse los Reyes haziendose gran cortesia...

 

Iunto con ellos se apartaron el Arçobispo de Toledo, el Duque de Alua, el Almirante de Castilla, que llegó a hallarse en las vistas, el Señor de Vere, y Pedro de Baçan, señor de Valduerna, y todos los otros Grandes estauan apartados, y los mas dellos con sus coraças, y jacos debaxo de los vestidos, y algunos más a la descubierta. ...

 

Pero no pudo disimular tanto sentimiento... y lo que fue mas graue, que no se le quiso dar lugar que viese a la Reyna su hija que quedaba en la Puebla, y ansi quedaron en lo secreto mas desauenidos y exasperados sun animos que antes. ...

 

Las pláticas fueron muy breues, porque aunque el Rey Don Felipe venía muy enseñado de lo que deuía hazer, y dezir,... los suyos señaladamente Don Iuan Manuel, no se fíaban de dexarlos solos, temiendo no se desengañasse por la gran prudencia y maña de su suegro. Fueron estas vistas vn Sabado a XX del mes de Iunio deste año de M.D.VI.

 

El anónimo que reata el segundo viaje de Felipe el Hermoso nos cuanta su versión del encuentro:

 

"El rey don Felipe, en un sábado por la mañana, 20 de junio, salió del dicho lugar de Sanabria y caminó por el campo hasta una buena legua de allí, acompañado de tantos duques, condes, marqueses, barones y caballeros, que era hermosa cosa de ver, y cerca de seiscientos alemanes, muy gentiles compañeros y muy en su punto, con cien arqueros de acaballo y cien caballeros alemanes a pie, todos de su guardia. Y el rey don Fernando de Aragón salió de su alojamiento muy temprano y cabalgó cerca de una legua, acompañado de algunos príncipes y de cerca de doscientos caballos. Y en el campo se encontraron uno y otro y hablaron juntos".

 

Por su parte Fernández de Retana, basado en el testimonio del secretario de Cisneros, Vallejo, difiere en cuanto al marco de su desarrollo, pues cuenta que:

 

  “Después de Su Alteza el Rey Felipe haber oído misa, se partió de la sobredicha villa de Sanabria, y con él muchos musiores y caballeros, que con Su Alteza venían de Flandes, y otros muchos señores de Castilla... antes que Su Alteza saliese, iban delante hasta 3.000 alemanes, gente de guerra, entre los cuales serían los 2.500 piqueros y los 500 escopeteros... Y luego en pos de ellos venía la guarda de caballo, que eran 200 lanças... y en medio de todos ellos venía el sobredicho muy serenísimo y poderoso Rey don Filippo, nuestro señor, al cual traían en medio el Reverendísimo Señor Arçobispo de Toledo, que venía á la manio derecha, y el magnífico señor don Juan Manuel, su contador y mayordomo mayor y grand privado”.

 

 En contraste con el séquito del rey Fernando era de solamente:

 

          “hasta 200 cabalgaduras de mula, que ninguno vino a caballo, todos con sus capuzes negros, con sus espadas y sus tocas, á manera de mucha paz”.

 

Mantiene Fernández de Retana que la ceremoniosa entrevista tuvo lugar en una mísera ermita que allí había y que don Juan Manuel quería hallarse presente a la misma, cosa que le impidió el arzobispo Cisneros:

 

 “señor don Juan Manuel, porque Sus Altezas querrán hablar, démosles lugar, y yo quiero ser el portero y guardar la puerta. Y ansí Su Señoría Reverendísima çerró la puerta de la ermita con su çerradura, é se fue á asentar en un poyo adonde los serenísimos reyes, padre é hijo, estaban. Adonde todos tres estuvieron bien dos horas grandes hablando”.

 

Del contenido de la conversación nos reseña que el rey Fernando estuvo aconsejando a su yerno sobre la forma de gobernar los reinos, y sobre la disposición y calidad de los Grandes de Castilla, rogándole encarecidamente que tuviera por su mejor consejero a Cisneros. Es extraño que Vallejo sea el único que menciona la ermita en esta primera entrevista, y por el contenido de las pláticas parece más bien estar refiriéndose a la segunda reunión que según Bernáldez se desarrolló en una ermita cerca de la barca de Barcial, o a las vistas que tuvieron lugar en la sacristía de la iglesia de Renedo a los pocos días de la Concordia, según concuerdan otros cronistas, y en las que se trataron de los asuntos generales de la buena gobernación del reino. Además el testimonio del propio rey Fernando en el manifiesto que publicó en Tordesillas el día primero de julio, es que “el Rey mi fijo y yo nos vimos en el campo[42].

 

De Remesal a Villafáfila

 

También de lo que ocurrió después de esta primera entrevista hay cierta disparidad en las fuentes coetáneas. Parece que se despidieron sin haber llegado todavía a un acuerdo sobre la Concordia y se volvieron a sus respectivos puntos de partida, mientras tanto seguía la negociación, pues Cisneros siguió a Felipe tratando de acabar de asentar y capitular los términos precisos del acuerdo definitivo.

 

  Según Alcocer[43], que estuvo al servicio de Pedro López de Padilla, representante de Toledo en las Cortes, que acompañaba al rey don Fernando hasta la entrevista de Remesal, y, después, se ve obligado a continuar con el séquito de don Felipe:

 

El Rei Don Fernando se fue a Anta de Conexos y no habia acabado de comer, quando llegaron los aposentadores del Rei Don Phelipe con tanta priesa e sobervia, que el Rei se levanto de la mesa y cavalgo y se fue a Valladolid con mucho sentimento”.

 

Ignora los avatares de Fernando desde que abandona precipitadamente Anta de Rioconejos, hasta la entrevista de Renedo, porque Pedro López de Padilla, es obligado por el nuevo rey a acompañarlo en su corte y es de suponer que Alcocer, su criado le siguiese:

 

 “y estando allí en Anta de Conexos llego mandado del Rei Don Phelipe a Pero López de Padilla, procurador en estas cortes por Toledo, que no fuese con el Rei de Aragón, sino que siguiese al Rei de Castilla”.

 

Pedro Mártir de Anglería, que venía desde La Coruña acompañando a Felipe, en Remesal se incorpora de nuevo al escaso séquito que desde allí escolta al rey Fernando hasta Villafáfila, nos cuenta que:

 

“Regresan, devorando su descontento, el  suegro a Rió Negro, el yerno a la pequeña aldea de Asturias. Se acordó que Fernando abandonara los reinos de Castilla y no se le consintió ver a su hija. De esta manera se retiraron ufanos los de Felipe con sus pretensiones alcanzadas; llorando, empero, y medio descaecidos de tanta maldad, los de Fernando. Para añadir mal sobre mal, aquella misma tarde le llegó a Fernando un correo pidiéndole que no estorbe el tránsito a Felipe por los lugares que ha de atravesar y que le ceda el paso. Regresan, pues, Felipe a Benavente y Fernando a Villafáfila”.

 

 Zurita como siempre es más explícito en su relato:

 

 “y el Rey se entró en Asturianos y el Rey su yerno se boluio a la Puebla de Senabria, de donde le enbiaron a dezir al Rey con harta descortesia, que por causa que venía el Rey don Felipe a Benavente, sería bien, porque no le enbaraçase el camino, que mudase el suyo a otra parte, y él se pasó otro día a Santa Martha. El mismo dia, escriuió el Rey Don Felipe al Rey vna carta, en que le daua esperança que las cosas vernían a buena concordia, y era de su mano, deste tenor:

 

Muy alto, y muy poderoso Señor.

 

Vine tan enojado del poluo, y del estrecho camino, que hasta esta hora he tenido que hazer; y porque yá es tarde, para llegar a Astutianos, ha sido necessario partir, é assi no he podido hazer lo que quisiera, aunque he hablado con el Arçobispo, y quedamos en esto, que vuestra Alteza se parta mañana a dormir a tres, ó quatro leguas de esse Lugar donde está, é yo, y la Reyna iremos también a dormir mañana al mismo Lugar por poder llegar la Víspera de San Ioan a Benavente. Suplico a vuestra Alteza que aya por bien, que el Arçobispo solo hable con vuestra Alteza en los negocios, hasta Benavente, y luego desde allí yo enbiaré a los otros a Villafáfila, donde vuestra Alteza estará, y allí se concluirá todo sin dilación, porque cierto yo no la deseo en este caso. Guarde nuestro Señor, y prospere vuestra Real persona, y Estado. De la Puebla de Sanabria, á veynte de Iunio.

 

De V.A.

 

Muy humil y obediente hijo, que sus Reales manos besa.

 

El Rey[44].

 

Itinerario del rey Felipe por tierras zamorana. Junio de 1506.

Sobre el mapa de Nolín S. XVIII. El 17 llega a Puebla de Sanabria, el 20 ya duerme en Asturianos, el 21 en Ríonegro, el 22 en Santa Marta de Tera, el 23 llega a Benavente, de donde parte el 29 o 30

 

Otra copia de esta misiva parece que se encuentra en la colección Salazar, A.12, de la Real Academia de la Historia[45].

 

Se desprende de este texto que la estancia en Villafáfila hasta que se realizara la Concordia se decidió en las vistas de Remesal, y así nos lo confirma implícitamente el cronista del segundo viaje[46]:

 

"Y después de algunas conversaciones habidas entre ellos referentes a sus asuntos, convinieron en que el rey don Felipe enviaría sus diputados a cierto lugar, a cuatro leguas, cerca de Benavente,  a donde el rey Fernando se había retirado".

 

Puede que fuera una imposición de la corte de Felipe, pero me inclino más a pensar que hubiera sido propuesta por Fernando cuando se hallaba en el Bierzo y decidió retroceder hacia Castilla, pues según Zurita refiriéndose a esas jornadas:

 

“embió al Arçobispo, para asentar todo lo que le conuenía, sobre lo de la gouernacion, y juntamente con esto se boluió de Villafranca, sin passar adelante; y en lo publico embió á dezir al Rey Don Felipe, que porque auía sabido que él iba á Benauente, él de iba á algún Lugar allí cerca, porque allí se pudiesen ver, y entretanto podría asentar toda cosa con el Arçobispo”.

 

La razón de que el lugar ofrecido fuera Villafáfila se debería a que el rey podía allí esperar la llegada de Felipe a Benavente, cómodamente asentado en una villa de la Orden de Santiago, de la que era su administrador, con suficiente vecindario para poder sufrir los huéspedes del séquito real. Pero teniendo en cuenta que entonces, en el propósito secreto de Fernando entraba la posibilidad de ir a Toro:

 

Escudo orden de Santiago

Pendón de la orden de Santiago

 

pero en lo secreto, aunque era ya tarde para tomar por entonces empresa contra el Rey Don Felipe, en fauor de la Reyna su hija, y de su derecho, pero iba con pensamiento de ir a la Ciudad de Toro y juntar allí con los Prelados y Señores que iban con él, alguna gente de guerra y publicar querella por todo el Reyno, y en teniendo junta su gente, ir adonde quiera que tuuiessen a la Reyna, y trabajar con fuerça de armas de ponerla en su libertad, y emprender el remedio de todo lo que mas conuiniera”;

 

 Villafáfila, que quedaba estratégicamente situada, junto a la Vereda de Benavente a Toro, un poco más cercana a la primera, podía servir de punto de partida tanto de una entrevista en Benavente como de una partida precipitada hacia Toro.

 

Siguiendo el recorrido de Fernando desde Remesal a Villafáfila y de Felipe a Benavente que se desprende de la documentación, el mismo día de las visitas el flamenco partió de Puebla para pernoctar en Asturianos, y el aragonés se fue de Asturianos a dormir posiblemente a Rionegro del Puente, pues parece que el camino diario era de tres o cuatro leguas, para llegar el día 21 a Santa Marta de Tera, donde se datan ese día documentos de la Cancillería Aragonesa. También sabemos por Zurita que el día 21 de junio se hallaba el rey en Santa Marta de Tera cuando envió una carta a Gonzalo Fernández de Córdova, el Gran Capitán, para ofrecerle el maestrazgo de la Orden de Santiago. En esas fechas Fernando recelaba del Gran Capitán, que se hallaba en el reino de Nápoles, conquistado para la corona aragonesa con soldados y dinero castellanos. Ante la incertidumbre de la Concordia con su yerno, asegurar la conquista de Nápoles, frente a las tradicionales apetencias de Francia, como de una virtual intervención de Maximiliano desde los dominios de los Habsburgo, era la principal prioridad de Fernando. Por ello, además de esa oferta que llevaba aparejada unas sustanciosas rentas, en secreto, el rey aragonés, desde el mismo lugar de Santa Marta y fechado el día 22, envió a su hijo bastardo, el Arzobispo de Zaragoza, una carta disponiendo que se trasladara a Nápoles, con gran acompañamiento, entre el que figuraba el que esos días era el comendador de Castrotorafe y de Villafáfila, don Alonso de Aragón, Duque de Villahermosa, y primo del rey, con el encargo de lograr la detención del Gran Capitán.

 

Desde Santa Marta, Fernando partiría temprano el día 22, pues la distancia a Villafáfila era algo mayor de las cuatro leguas, y ese día por la noche llegaría Felipe y su séquito, que partiría el 23 llegando a la villa del Conde la Víspera de san Juan como tenía previsto:

 

"Prosiguieron los Reyes sus camino a tres, y quiatro leguas el vno del otro, y tratauan siempre de la concordia; y aunque el Rey Don Felipe tuuo en Benavente la fiesta de San Ioan, á donde se le hizo gran recibimiento, y fiesta, detuuo en la tierra del Conde, y del Marqués de Astorga, el Rey por su camino apartado no dexó de mouer todos los medios que podían induzir a su yerno, á que acetasse vn honesto partido".

 

Bernáldez es más escueto en su reseña:

 

"Despedidos de allí, el rey don Fernando se bolvió por çerca de Benavente, a Villafáfila, y estuvo allí. El rey e la reina se vinieron con el Conde de Benavente a Benavente, donde él fizo muchas fiestas; y estava el un rey del otro quatro leguas. E otro jueves después de Sant Juan dizen algunos que se vieron e hablaron segunda vez, en una ermita, en la barca de Barçial".

 

La referencia a esta entrevista antes de la firma de la concordia definitiva sólo la he encontrado en la crónica del cura de Los Palacios, pero por ello no se debe descartar, pues Zurita, citando la pesadumbre que provocó en Fernando después de las visitas de Remesal el hecho de que desde la corte de Felipe le indicaran las jornadas que debía de recorrer hasta llegar a Villafáfila además de los intermediarios que entenderían en la conclusión del acuerdo nos dice:

 

"y assí no se quiso por él admitir aquel Lugar de las visitas que de nueuo se le ofrecía".

 

La llegada de la corte del rey Fernando a Villafáfila se debió de producir el día 22 de junio, pues reseña Zurita: "estando el Rey en Villafáfila a veynte y tres del mes de Iunio"; y ya ese día desde allí se envía una carta al virrey de Sicilia sobre la provisión de los jueces de la Gran Corte de de ese reino[47]. Posiblemente con anterioridad habrían llegado los aposentadores para buscar los alojamientos, sin descartar la llegada de algunos cortesanos, como Pedro Mártir de Anglería, que  fecha una de sus epístolas  “Desde Villafáfila, de la encomienda de Santiago, a 20 de junio de 1506”, aunque me parece muy extraño que el mismo día de las visitas, en las que se halló presente, llegara a Villafáfila.

 

Teniendo en cuenta que el Católico no pasó por Benavente, “se bolvió por çerca de Benavente”, la singladura del río Esla tuvo que hacerse por una de las barcas que atravesaban el río, bien en la barca de Barcial o de la de Bretocino pertenecientes a los monjes de Moreruela o más alejado de Benavente por  la que funcionaba por esas fechas en Quintos, en el camino de Távara a Villafáfila. Pero es posible que  aprovechando el estiaje, pues el año 1506 fue muy seco, salvar el río a caballo por el vado que existía cerca de Barcial, ya que no existía puente desde Benavente hasta Ricobayo, pues, tanto el Puente del Priorato, entre Villaveza y Milles, como el puente de Castrotorafe, estaban derrumbados.

 

Los tratos de la Concordia fueron llevados a cabo por don Juan Manuel, el arzobispo Cisneros y Juan de Luxemburgo, un noble flamenco de la mayor confianza de Felipe, que había recibido la orden de "Toison d´Or" en Bruselas en 1501, señor de vila (Ville) camarero mayor de los reyes, “puestos por ambas partes para entender en esta negociación”, que se desplazarían diariamente de Benavente a Villafáfila para tratar las propuestas y contrapropuestas con Fernando. Las negociaciones de última hora debieron ser arduas, pues la tradición oral nos cuenta, que eran tan altas las voces que daban, que, desde la iglesia de San Martín, donde se encontraban reunidos, se oían en la casa que en la Plaza Mayor tenía la viuda de don Pedro Pimentel, doña Inés Enríquez, prima carnal del rey, donde probablemente, se hospedaba éste. El alojamiento de todos sus acompañantes, tanto nobles, como pajes y escuderos, se tuvo que hacer en las casas de los vecinos del pueblo.

 

Aunque los hidalgos y los clérigos estaban exentos de la obligación de tomar huéspedes en su casa[48], al tratarse, muchos de ellos, de nobles o clérigos de alta alcurnia es posible que se hiciera una jerarquización del hospedaje, y los nobles se alojaran en casa de hidalgos y los clérigos en las casas de los clérigos locales, recibiendo los pecheros a los pajes y acompañantes.

 

Durante la estancia del rey en Villafáfila siguió despachando diversos asuntos de sus reinos patrimoniales, entre los días 23 y 26 de junio como lo atestiguan diversas provisiones asentadas en los registros in itinerum y del sello secreto in itinerum[49].

 

Mientras tanto, en Benavente se hallaban Felipe y Juana alojados y agasajados en su palacio por don Alonso Pimentel, Conde de Benavente, uno de los grandes de Castilla, integrados en su bando desde el principio:

 

 “el Rei Don Phelipe vino a Venavente, adonde el Conde le hiço grandes fiestas, y alli quisiera el Rei çelebrar las cortes y detener a la Reina, si no lo estorvara una cosa que adelante dire, ... estando el Rei e la Reina en la villa de Venavente, un dia, despues de comer, la Reina se quiso ir al bosque de los Pavos a holgar y fueron, con su liçençia, el Conde de Venavente y el Marques de Villena y estuvo alla buen rato. El Rei estava a este tiempo en Palaçio. La Reina, como huvo estado en la guelga un buen rato, vinose a la villa a casa de una Pastelera y alli se sento en el umbral de la puerta, porque alguno la aviso que la queria el Rei dexar en Benavente y governar el solo y, como aquesto le dixeron a el Rei, se fue a donde la Reina estava, a la qual el, ni los grandes, pudieron mover de alli, a donde durmio, no sin grande alvoroto de toda la corte que deçian que el Rei Don Fernando, su Padre, venia por ella, y ansi estuvo la guardia del Rei, de dos mil hombres Alemanes, toda la noche en guarda de su Alteza[50].

 

Fiesta de toros celebrada en Benavente con motivo de la estancia del rey Felipe I. Pintura sobre tabla, de mediados del S. XVI. Chateâu de la Follie, Bruselas

 

Otra anécdota de esos días nos cuenta Fernández de Retana, siguiendo a Gómez de Castro:

 

Celebráronse con motivo de la llegada del Rey Felipe, grandes festejos en Benavente, que duraron quince días. Ocurrió en uno de ellos un curioso suceso. Llegó Cisneros a la plaza de la ciudad con parte de su séquito, a tiempo que iba a dar comienzo la corrida de toros, a la que asistía el Rey Felipe y toda la corte. Habíase ya tocado la señal de salida del toro, cuando pasaba el Arzobispo por medio del ruedo, y apareció delante de él el bravo animal. Cisneros prosiguió caminando sin inmutarse, con su paso resuelto y firme, mientras los de su séquito procuraban ponerse a salvo, no sin que algunos fueran revolcados aparatosamente por la bestia, y más hubiera ocurrido, sin la intervención de los ministros reales, que dieron muerte al toro.

 

Llegado Cisneros al estrado del Rey, preguntóle Felipe riendo, - si se había asustado. A lo que respondió el Prelado sencillamente:- que no; pues siempre confío en la ayuda de los ministros regios. Y dirigiéndose al conde Pimentel le dijo: - que amonestase seriamente a sus alguaciles, para otra vez: tuviesen más cuenta con la vida del público. A lo que replicó aquel riendo: - en cuanto se toca a la salida, señor, ya no hay más recurso que salvarse el que pueda.”[51].

 

Menos explícito es Zurita que reseña:

 

“Don Felipe estuuo en Benauente la fiesta de San Ioan, á donde se le hizo gran recibimiento, y fiesta”.

 

Además de las actividades lúdicas el nuevo rey siguió despachando asuntos ordinarios de gobierno durante su estancia en Benavente el 26 firma una cédula dirigida a la Real Chancillería de Valladolid para que reciban huéspedes del séquito de los Reyes, sin perjuicio de sus privilegios pues se aprestaba a llegar a la ciudad castellana con su corte[52].

 

La Concordia de Villafáfila

 

Lo capitulado y firmado en Villafáfila después de tan laboriosas negociaciones se reflejó en una introducción, diez epígrafes y la ratificación.

 

En la introducción se hace referencia a que se trata de una capitulación de paz, concordia y amistad y unión perpetua, concordada entre ambos reyes de Aragón y de Castilla, para servicio de Dios, bien de sus reinos y para que a todo el mundo le sea manifiesto el mucho amor y la muy estrecha unión, amistad y confederación que hay entre ambos. Esto era lo que más le interesaba a Fernando en estos momentos: dar la impresión en sus reinos y en toda Europa de que mantenía una estrecha alianza con el rey de Castilla, su yerno.

 

Borrador de los acuerdos firmados por el rey Fernando en Villafáfila.

(A.G.S. P.R. C. 56-27-1173V.)

Borrador de los acuerdos firmados por el rey Fernando en Villafáfila.

(A.G.S. P.R. C. 56-27-1173V.)

 

 Se trata del último tratado  firmado entre las coronas de Aragón y de Castilla como reinos soberanos, pero reconociendo el carácter español de ambos estados, bajo el mismo patronazgo de Santiago Apóstol: "e del apostol señor Santiago, patron de nuestra España".

 

En el primer punto el rey don Fernando hace una renuncia expresa a la gobernación de los reinos de la Corona de Castilla y a cualquier derecho que pudiera alegar a la misma, en favor de don Felipe y doña Juana, sus hijos, y, en caso de fallecimiento, enfermedad o negativa o imposibilidad de la reina doña Juana para hacerse cargo de la gobernación, se deja ésta al rey don Felipe para siempre jamás. Y lo hace porque lo quiere así la razón y la justicia y por el amor que les tiene, anteponiendo la paz y bien del reino a cualquier interés suyo, y porque no quiere que sobre ello se dé lugar a guerras y disensiones, teniendo en cuenta cuánto tiempo, afanes y trabajos puso en la consecución y mantenimiento de la paz, y considerando que estarán mejor regidos por sus hijos solos, que por los tres juntos. Por eso, desde que se murió la reina doña Isabel, se quitó el título de rey de Castilla, y mandó alzar pendones por los nuevos reyes.

 

Placa situada en el antiguo solar de la Iglesia San Martín de Villafáfila en Recuerdo de la Concordia

 

En el segundo punto se reconoce el derecho de Fernando a cobrar la mitad de las rentas, provechos e intereses de las Indias, a percibir diez quentos o millones de maravedíes, situados en las alcabalas de los maestrazgos, y a la administración plena y en solitario, por autoridad apostólica, de los maestrazgos de Santiago, Calatrava y Alcántara. Por ello, el rey Felipe se compromete a dejárselos percibir libremente, y a facilitarle la administración de las órdenes militares y libre ejercicio de la jurisdicción sobre las tierras y los vasallos de las mismas,  y al nombramiento y provisión de las vacantes que se produzcan en los priorazgos, encomiendas, claverías y otros cargos. El rey don Fernando, se compromete, por su parte, a nombrar y proveer con naturales de estos reinos las vacantes que se produzcan dentro de los territorios de la corona real de Castilla, para mostrar el amor que siempre ha tenido a los naturales de los reinos de Castilla.

 

El tercer punto trata de la coordinación de los embajadores de ambos reyes ante la Santa Sede, para trabajar en favor de conseguir que el Papa conceda la administración de los maestrazgos de las órdenes militares, después de los días del rey Fernando, a los reyes de Castilla, haciendo unión y anexión perpetua de los mismos a la corona.

 

En cuarto lugar acuerdan hacer un tratado de paz, amistad, alianza y confederación perpetua de amigo y enemigo, entre ambos reyes, y se comprometen a ayudarse mutuamente  para la defensa, conservación y pacificación de sus respectivos estados, incluyendo Flandes y Nápoles, como si el caso fuera suyo propio, siendo pagada esa ayuda por quien la solicite. Proponen enviar esta capitulación al emperador electo, Maximiliano de Habsburgo, para que participe en este tratado de unión y amistad.

 

 Asientan la ayuda diplomática recíproca ante el Santo Padre, en todos los asuntos concernientes a sus coronas, de manera que en Roma, y en todo el mundo, se conozca la unión que existe entre ellos.

Convienen que, si alguno de los súbditos de cualquiera de ellos trataran de ir contra lo acordado, será castigado por el rey correspondiente.

 

Se comprometen a ayudarse mutuamente en una de las tareas que había dejado mandada la reina Isabel en su testamento: la guerra contra los infieles; con gente, mantenimientos y navíos, a costa del que demandare la ayuda.

 

Concuerdan que los que hayan sido servidores de ambos reyes sean tenidos por el  otro como buenos y leales servidores, sin que se les haga daño ni perjuicio. Este capítulo va dirigido a evitar represalias contra los castellanos que habían permanecido fieles a Fernando, hasta los últimos momentos y quedaban con sus personas y estados bajo el señorío de Felipe.

 

Manifiestan la preeminencia de estas capitulaciones sobre cualquier otro tratado o compromiso que ambas partes tuvieran hechos anteriormente o hicieran en el futuro con cualesquier príncipe o señor y para dar más validez a la capitulación, acuerdan que sean juradas por los procuradores de las Cortes de Castilla que están convocadas, y que se celebrarán en Valladolid en los próximos días.

 

La capitulación fue otorgada, jurada y ratificada por el rey Católico en la desaparecida iglesia de San Martín de Villafáfila[53], ante los tres negociadores como testigos y sellada con el sello de las armas reales de Aragón, actuando como escribano el secretario del Rey, Miguel Pérez de Almazán.

 

Campanario de la Iglesia San Martín

Parte trasera de la iglesia San Martín

Parte de la fachada principal de San Martín

Interior de la iglesia en ruinas

 

Jerónimo de Zurita reseña que:

 

"Iuró esta concordia el Rey a veynte y siete de Iunio, puestas sus manos en la ara del Altar de la Iglesia de Villafáfila, estando presentes el Arçobispo de Toledo, Don Ioan Manuel, y el Señor de Vila, que entendieron en el asiento della por las dos partes, y el dia siguiente la juró en Benauente el Rey Don Felipe".

 

Escribe Modesto Lafuente, siguiendo a Zurita y a Abarca, que:

 

 "Declarose además la incapacidad de doña Juana, y por consecuencia quedaba la gobernación y regimiento del reino esclusivamente á cargo de don Felipe, en tal manera que si ella por sí misms ó por induccion de otros quisiese o intentase algún día entrometerse en el gobierno del Estado, se obligaban los dos reyes á impedirlo y á darse mutua ayuda para estorbarlo".

 

Desde luego, esto no se deduce del texto de la capitulación pública, pues la incapacidad de la reina se menciona como condicional:

 

mas, sy ella  yncurriese en qualquyer grave enfermedad, o por que no quisyese o no pudiese entender e ocuparse en la gobernaçión destos reynos, o, si Dios dispusyese de la llevar desta vida, lo qual a Él no pluga, desde agora, en todos los dichos casos, quyere e le plaze de dexar e dexa la dicha gobernaçión destos reynos al dicho señor rey don Felipe, por agora e para syenpre jamás”.

 

Lo que parece indicar que habría clausulas secretas fuera de la capitulación, verbales o que no se quisieran hacer públicas para evitar problemas con los súbditos. Zurita, el cronista más exhaustivo de estos hechos nos lo corrobora en su obra:

 

 "Huuo otra cosa en esta concordia tan á propósito del Rey Don Felipe, que no le estuuo menos bien, que sacar al Rey de Castilla, con que quedaba tan absoluto, y libre de reynar, que no lo pudiera quedar mas, si heredara aquellos Reynos como legitimo sucesor. Esto fue la firma de una cláusula secreta en la que se declaraba la incapacidad de la reina doña Juana para reinar, por lo que quedaba inhabilitada para el gobierno de Castilla perpetuamente. A muchos de  los que conocieron esta cláusula en le bando de Felipe desplugó grandemente, y más que á todos al Condestable, y Almirante, y nació entre ellos mismos harta materia de disensio".

 

El texto completo de la cláusula, publicado por el cronista aragonés[54] firmada por Felipe y sellada con el sello real, cuyo original se conserva en el Archivo General de Simancas sección Patronato Real Caja 56, doc. 27-2  el tenor de la cual es el siguiente:

 

“Don Felipe por la gracia de Dios Rey de Castilla, de Leon, de Granada, &c. Príncipe de Aragón, y de las Dos Sicilias, &c. Archiduque de Austris, Duque de Borgoña, y de Brauante, &c. Conde de Flandes, y del Tirol,&c. Fazemos saber á los que la presente vieren, que oy día de la fecha desta, fue asentada cierta capitulación de amistad, y vnion, y concordia entre Nos, y el Serenissimo Príncipe el Señor Don Fernando Rey de Aragón, de las Dos Sicilias, &c. nuestro padre, y por la honestidad, y lo que de deue á la honra de la Serenissima Reyna nuestra muy cara, y muy amada muger no fueron alli expressadas algunas cosas, y  cusas; conuiene a saber, como la dicha Serenissima Reyna nuestra muger, en ninguna manera se quiere ocupar, ni entender en ningún genero de regimiento, ni gouernación, ni otra cosa, y aunque lo quisiesse fazer, seria total destruyción, y perdimiento destos Reynos, según sus enfermedades, y pasiones, que aquí no se expresan, por la honestidad como dicho es.

 

Queriendo proueer, y remediar, y obuiar á los dichos daños é inconuinientes que desto se podrían seguir, fue concordado, y assentado entre Nos, y el dicho Señor Rey nuestro padre, que en caso que la dicha Serenissima Reyna nuestra muger por si misma, ó induzida por qualesquier personas de qualquier estado, ó condición que fuessen, se quisiesse, ó la quisiessen entremeter en la dicha capitulación, que Nos, ni el dicho Señor Rey nuestro padre, no lo consentiremos, antes seremos muy conformes en lo remediar, y siendo requeridos para ello el vno por el otro, nos ayudaremos, é daremos ayuda para contra qualesquier Grandes, o personas que para ello se juntaran y esto farenmos sana, y derechamente, sin arte, é sin cautela alguna, la qual ayuda daremos la vna parte a la otra, y la otra a la otra, a costa de la parte que la pidiere, y assi juramos á Dios nuestro Señor, y a la Cruz, y a los Santos quatro Euangelios con nuestras manos corporalmente tocados, y puestas sobre su ara de lo guardar, y cumplir.

 

En testimonio de lo qual mandamos fazer la presente firmada de nuestra mano, y sellada con el sello de nuestra Cámara.

 

Dada en la Villa de Benauente, a veynte y ocho dias del mes de Iunio, año del Nacimiento de nuestro Señor Iesu Chisto, de M.D.VI. años.

 

Yo el Rey.

 

Yo Gilles Vanden Damen Secretario del Rey nuestro Señor la fize escriuir por su mandado, y fui presente a lo susodicho con lod dichos testigo. Vanden Damen".

 

Cláusula secreta declarando la incapacidad de la reina Juana I para gobernar

A.G.S. P.R. C. 56-27-2

Cláusula secreta declarando la incapacidad de la reina Juana I para gobernar

A.G.S. P.R. C. 56-27-2

 

"Firmó el Rey la suya en Villafáfila, quando la concordia" dice Zurita, aunque el texto original con la firma de Fernando y sello de Aragón no se conserva en Simancas, donde existen tres copias: un traslado simple, otra copia en limpio escrita por el escribano real Bartolomé Ruiz de Castañeda, que anota "concertado" y es idéntica a la anteriormente descrita, salvo el encabezamiento por Fernando, la referencia al a reina como "nuestra hija", y la data en Villafáfila a 27 de junio:

 

"Yo, Miguel Pérez de Almazán, secretario del rey, mi señor, lo escreví por su mando y fui presente a lo susodicho con los dichos testigos.

 

Está sellada con el sello real del docho señor rey de Aragón, y signada con el signo de dicho secretario de Almazán.

 

E yo, Bartolomé Ruiz de Castañeda, escribano de cámara del rey e de la reyna, nuestros señores e secretario de las cortes que sus altezas mandan faser, doy fee saqué este traslado de la dicha carta original e va çieto.

 

Bartolomé Ruiz".

 

Y la tercera copia es un borrador de la redacción del texto definitivo con la letra parece del secretario Almazán, y entre lo tachado, que no se plasmó en la redacción definitiva se lee:

 

"la ayuda que para esto se hubiere de dar la una parte a la otra sea conforme a lo contenido en la susodicha capitulación".

 

El Cronista aragonés justifica la firma de este documento, basándose en el peligro que corría Fernando, después de haberse fiado de su yerno, y estar a su  merced, sin posibilidades de defensa o escapatoria; y disculpa, como buen panegirista, al rey aragónes de toda mala intención, al verse obligado por la situación y los reveses de esos días. Otra posible interpretación es que a Fernando lo que verdaderamente le interesaba en esos momentos era conseguir de su yerno la firma de cualquier concordia, para que conociesen el tratado de unión entre ellos todos los demás príncipes y estados de Europa, y no tuvo escrúpulos en firma la incapacidad de su hija:

 

"por tanto por conseruación de su derecho, y cumplir lo que deuía por derecho natural á la Reyna su hija, para que cobrase su libertad, no pudiendo protestar públicamente por esos miedos, y peligros, protestó, y denunció delante de Micer Thomas Malferit Regente de su Cancellería, y de Mossen Ioan Cabrero su camarero, ambos de su consejo, y del Secretario Miguel Pérez de Almazán, y reclamó, que el dicho auto, y concordia, que aquel día auia de hazer, las firmaria, y juraria por fuerça, impressión, y miedo, y por salir de los peligros que representaua, y sacar su persona en libertad, y euitar la perdición, y daño de sus Reynos, y lo que por muchos respetos le pertenecía. Ni le plaziaa, ni consentía en la priuación de libertad de la Reyna su hija, antes proponía ayudar á la libertad de la Reyna, y cobrar la administración que por muchos respetos le pertenecía de derecho".

 

 Lafuente también justifica la existencia de esta cláusula:

 

Esta ultima cláusula es tan extraña de parte de Fernando, que no se concebiría á no explicarse por la protesta semisecreta que tuvo cuidado de hacer ante tres testigos, á saber, Micer Tomás de Manferit, regente de la chancillería de Aragón, Mosen Juan Cabrero, su camarero, y el secretario Miguel Pérez de Almazán, en la cual se decía que iba á firmar la concordia contra su voluntad, y solo por salir de la peligrosa situación en que se hallaba, pero que su ánimo y resolución era rescatar del cautiverio á su hija y recobrar la administración del reino tan pronto como pudiese[55].

 

El contenido de la cláusula secreta aparta definitivamente a la reina doña Juana de su derecho al gobierno de Castilla, y a cualquier posibilidad de recuperarlo en el futuro, pues su padre, que podría ser su última esperanza, se compromete a ayudar a su marido a estorbar e impedir los intentos por parte de la reina o de otras personas para restaurarla en el trono.

 

"En caso de que la dicha Sereníssima Reyna nuestra hija por si misma, o unduzida por qualesquiere personas de qualquier estado, o condición que fuesen, se quisiesse, o la quisiessen entremeter en la gobernaçión, e turbar e benyr contra la dicha capitulaçión, que Nos, ni el dicho Señor Rey nuestro hijo, no lo consentiremos, antes seremos muy conformes en lo rremediar, y siendo requeridos para ello el vno por el otro, nos ayudaremos e daremos ayuda para contra qualesquier grandes, o personas que para ello se juramenten"[56].

 

Así quedaba Felipe con las manos libres para la gobernación de Castilla por los días de su vida, que sería efímera pues fallece antes de transcurridos tres meses de la firma de la Concordia.

 

En Simancas si se conserva el documento original de protesta de Fernando con su rúbrica autográfica y el sello real de Aragón, por el que justifica la firma de los dos anteriores documentos tan perjudiciales para los derechos de él mismo y de su hija, por las circunstancias:

 

"Por quanto a todos es notorio el grande agravio que la serenísima Reyna doña Juana, my muy cara e muy amada fija, e yo doy Fernando, por la gracia de Dios, rey de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, etc. recibimos en la contratación y concordia, tan prejudicial a la dicha serenísima reyna, my fija y a mí a mi derecho y con enormísima lesión de nosotros, la cual dicha contratación, y concordia es forçado que yo a faga y firme y jure entre mí y el serenísimo rey don Felipe, mi yerno, por quanto yo, fiándome dél y de sus palabra y juramentos, yendo a buena fe y como entre padres y fijos se debe, pues mi persona de manera que siendo él con mi favor apoderado destos reynos de Castilla y de León, y estando juntos con los grandes dellos y con mano poderosa y fuerte, mi real persona está en peligro notorio e manifiesto y mis reynos según las ocurrencias del tiempo, y estando mi persona en la forma susodicha están en el mismo peligro, por esto, por impressión y miedo de lo susodicho y porque de otra manera no se podrían evitar los dichos peligros, queriendo el dicho rey mi yerno totalmente tomar como toma de fecho la administraçion de los dichos reynos, despoiandome a mí de la administraçión que derecho por muchos respectos me pertenece, y ahún teniendo a la dicha serenísima reyna doña Juana, su muger, mi fija, fuera de libertad, privándola de todo los que le pertenece por ser heredera y propietaria destos reynos, e yo forçaco, como dicho es por los sobredichos peligros, impresión y miedo, oy que son feyte y siete días de junio de quinietos y seys años, en esta villa de Villafáfila, he de facer, firmar y jurar acto e concordia e scrituras en la quales le dexo al dicho rey don Felipe la administraçión destos dichos reynnos, y la de fazer y firmar e jurar scritura que si la serenísima reyna su muger, mi fija determinara por sí misma o inducida por cualesquier persona entremeterse en la gobernación destos reynos y turbar la dicha concordia que entre él y mí se ha de fazer, que no lo consentiré, antes seré muy conforme con él para remediarlo, las cuales concordia y scritura y juramento no faré, firmaré ni juraré de mi voluntad espontánea, antes aquellas fare´ por evitar los peligros susodichos en por el miedo e impresión susodichos, porque es çierto que si yo por fiar me dél y de su palabra no me hubiera puesto ni en el estado que estoy, y mi real persona fuera en su entera libertad y los peligros y miedo susodichos cessasen, tal concordia ni scritura ni juramento yo no firmaría ni juraría ni consentiría, por ser muy perjudicial y en enormíssima lesión de dicha serenísima reyna mi fija y mía.

 

Por ende, por conservación de derecho y porque adelante se puedan demostrar auténticamente las causas por que yo firmaré y juraré y consentiré las dichas concordia y scritura, para que no embargantes aquéllas como nullas y de ningún efecto, yo pueda quando sea menester, cobrar mi derecho y administración y fazer lo que por derecho natural a la serenísima reyna mi fija, para que cobre su libertad y derechos que le pertenecen, como a reyna heredera y propietaria destos dichos reynos, y no pudiendo por los dichos peligros, miedo  e impresión, protestar públicamente ni abierta, sino secretamente, porque es fazer pública la dicha protestaçíon hay los mismos peligros e impresión, por ende aquí, delante de vosotros, Micer Tómas de Malferite, regiente de mi cancillería, y de mossén Juan Cabrero, mi camarero, ambos del mi sonseio, y de vos Miguel Pérez de Almaçán, mi secretario y notario público por autoridad apostólica y real, protesto y denuncio y reclamo que el dicho auto, concordias, scruturas que oy he de fazer, los faré, firmaré y juraré por fuerça, impresión y miedo indubitado y por salir de los peligros susodichos y por sacar mi persona real en libertad y evitar la perdiçíon y daño de mis reynos y lo que me toca de derecho por muchos respectos, ni me plaze ni consiento en la privación de libertad de la dicha serenísima reyna mi fija, ni de lo que es quitado de lo que le pertenece como heredera y propietaria destos reynos, antes no consiento, ni entiendo consentir en ninguno de los dichos actos y concordias y scrituras y juramentos porque ellos, no embargantes como nullos, impréssimos ningún efecto, quedando pudiere, quiero como dicho tengo ayudar a la libertad de la dicha serenísima reyna mi fija y a que cobre lo que le pertenece como heredera propietaria destos dichos reynos, y cobrar la administración que a mí por muchos respectos me pertenece, requiriendo a vosotros los susodichos que seays testigos de la presente mi protestación y reclamación, y a vos notario y secretario susodicho que recibays acto e ynstrumento público Della para que en adelante auténticamente pueda parecer.

 

Fecho e otorgado e firmado e jurado fue lo susodicho en la dicha villa de Villafáfila a veynte y siete días del dicho mes de junio, año del nacimiento de nro sr Jesucristo de myl quinientos y seys años, a lo que fueron presentes los susodichos micer Thomás Malferite y mossén Juan Cabrero.

 

Yo el Rey

 

(Sello real de Aragón)

 

Yo, Miguel Pérez de Almaçán, secretario de su alteza y notario público por autoridad apostólica y real, presente fuy en uno con los dichos testigos, al otorgamiento desta sritura de protesto e reclamaçión que su alteza fijo segund e de la manera que dicha es e en nuestra presençia su alteza firmó en ella su nombre e a su pedimiento la screví e fize en ella este muy signo acostumbrado en testimonio de verad.

 

(signo)

Mibúel Pérez de Almaçán"[57].

 

Documento secreto del rey Fernando protestando por tener que firmar la concordia de Villafáfila presionado por los acontecimientos

A.G.S. P.R C.56: doc. 30.

 

 

Este documento nos muestra una vez más la astucia o la hipocresía de Fernando, que el mismo día es capaz de firmar y jurar solamente ante Dios y ante los hombres una capitulación y concordia pública de alianza con su yerno; de jurar en secreto ante los evangelios un documento consintiendo en inhabilitar permanentemente a su hija para reinar y ayudar a su yerno si alguna vez la reina quisiera reclamar lo que le pertenecía; y de redactar una protesta privada manifestando que todo lo que hace lo hace lo ha hecho forzado por las circunstancias.

 

Parece que Fernando, a pesar de manifestar en numerosas ocasiones esos días su deseo de liberar a su hija para reponerla en sus derechos, lo hacía por mera táctica política, pues de sobra conocía la situación mental de doña Juana. Ya la reina Isabel en su testamento había previsto, conociendo el carácter y estado de su hija, la posibilidad de que está no quisiera hacerse cargo de la gobernación de los reinos:

 

 "por quanto puede acaescer que... la dicha Princesa mi hija no esté en estos mis reynos... o estando en ellos no quiera o no pueda entender en la gobernación dellos".

 

Igualmente Fernando conocía la dolencia de su hija, y todas las protestaciones que hace, públicas o secretas, de defensa del derecho de Juana al gobierno de los reinos, esconden su deseo de manejo por él mismo de los asuntos de Castilla. A lo que por otra parte tenía derecho basándose en el testamento de Isabel:

 

"que en cualquier de los dichos casos el Rey, mi señor, debía regir e gobernar e administrar los dichos mis reynos e señoríos por la dicha Princesa mi hija".

 

 Por esa razón, después de la muerte de Felipe, no la rehabilitó y puso al frente del gobierno de Castilla, sino que fue recluida definitivamente en el monasterio de Santa Clara de Tordesillas.

 

 Las diferencias entre la Concordia de Salamanca y la de Villafáfila con sólo siete meses de distancia en el tiempo se explican por la adversa coyuntura que se le había ido produciendo en el entorno de Fernando. En la de Salamanca, se acordó: "que las Cortes jurarían a Juana y a Felipe como reyes propietarios y a Fernando como gobernador perpetuo, que la administración de justicia se haría en nombre de los tres y que las rentas del reino, descontadas la parte destinada a cubrir los gastos generales, se repartirían por mitades entre Fernando, por un lado, y la pareja real por otro. De igual modo la delicada cuestión de la provisión de oficios vacantes se haría alternativamente por Fernando y por Felipe, incluidos los que quedasen en los maestrazgos"[58].

 

Por su parte en la de Villafáfila, Fernando renuncia totalmente al gobierno de Castilla, a las rentas del reino, exceptuadas las de las Indias y los diez quentos de mrs., a  cambio de la libertad para administrar los maestrazgos de las órdenes militares y percibir sus rentas enteramente. Las contradicciones entre ambas concordias, los cronistas las achacan a debilidades de un carácter que mostraba signos ya de vejez. Cisneros le reprochó su pasividad y el no poner al reino en estado de defensa para impedir a Felipe la ejecución de sus planes:

 

"Que si S.A. le hubiera creído a los principios cuando se lo dixo, y toviera hechos dos o tres mil hombres de guerra, que él hiciera hacer el partido que quisiera; y pues no fue, que esto se había acabado"[59].

 

Posiblemente además de los documentos de la concordia escritos en castellano que se conservan en Simancas, se redactaran otros en francés, que era el idioma de la corte flamenca o en alemán, para enviárselos a Maximiliano. En la transcripción de lo tratado en la concordia que hace el autor del segundo viaje[60], que tuvo que conocer la documentación, se mantiene básicamente la misma redacción, pero hay algunas pequeñas diferencias.

 

El primer punto se hace alusión a los frecuentes embarazos de la reina como una de las causas por las que Fernando deja la gobernación a Felipe:

 

"que no pudieran en modo alguno ocupar sus sentidos o su persona, por tanto por el gran número de hermosos y nobles hijos que tiene anualmente y aún más amenudeo".

 

En el capítulo de ayuda recíproca de uno a otro rey se menciona: "si algunos hiciesen asalto o invasión al uno de ellos", como motivo para prestarle asistencia.

 

En el apartado que hace mención a la concentración de sus embajadores en Roma y otras partes se especifica que serán únicos, en vez de que se concertaran entre sí, como se refleja en la conservada en castellano:

 

"para sus asuntos, sea en Roma y en todas partes fuera donde menester sea, enviarán en lo sucesivo sus embajadores, mensajeros y representantes, teniendo un mismo cargo y un gasto, por donde quiera que sus asuntos lo requieran".

 

Redacción que debió cambiarse en el texto definitivo por lo inviable de su práctica.

 

Sobre el castigo a los súbditos de cualquiera de los dos reyes que se opongan a lo capitulado en la concordia se especifica que:

 

"Serán gravemente y arbitrariamente castigados".

 

Y finalmente deja constancia de su adversión a los franceses en el apartado que hace referencia a la ayuda mutua entre los dos reyes para las empresas de guerra contra los infieles que había dejado encargado la reina Isabel, el cronista posiblemente flamenco o austriaco dice:

 

"la cual están decididos a mostrar de una manera efectiva y por obra, si no se ven impedidos por los franceses o por sus medios falsos y siniestros".

 

De cualquier manera  el contraste entre la tristeza de Fernando y la alegría de Felipe por lo acordado en Villafáfila es manifiesto a todos:

 

"El rey don Felipe, estando en Benavente, alegre por este tratado".

 

El manifiesto de Tordesillas

 

Desde Villafáfila el rey se volvió a entrevistar en Renedo con su yerno pero antes hizo públicos los extremos de la concordia en un manifiesto dirigido a diversos embajadores y personalidades, para conocimiento de los pueblos:

 

"Acabado lo cual, pasó á Tordesillas, donde publicó un largo manifiesto á todos los pueblos (1º de julio), en que declaraba, que libre y espontáneamente había renunciado sus derechos y facultades en favor de doña Juana y don Felipe, según había pensado siempre hacerlo tan pronto como sus hijos llegasen á España"[61].

 

Bernáldez nos cuenta que:

 

"El rey don Fernando se fue a Tordesillas, donde estuvo más de ocho días, e de allí a Tudela de Duero, a tres leguas de Valladolid".

 

Relata Zurita:

 

"Acabado esto, no solo con desdén, y desgracia, pero con tanta afrenta del Rey, y de la Reyna su hija, el Rey tomó su camino por Tordesillas, y estando en aquella Villa, por justificar mas su intención, mandó despachar diuersas cartas por todos los Reynos de España, y fuera della, para que se declarasse a todos su ánimo, y zelo que tuuo al bien, y á la paza vniuersal dellos".

 

que inserta una de estas cartas sin declarar el destinatario.

 

También se conoce el mismo manifiesto o carta  publicada en Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, Tomo VIII pág.385-393, que va dirigida a su embajador en Venecia, en la que al final le requiere para dar a conocer la Concordia al gobierno veneciano:

 

 "Diréis de mi parte todo lo susodicho a esa Ilma. Señoría porque sé cierto que folgará mucho de ver tanto amor y tan estrecha unión entre mi y el Rey é la Reina mis fijos, y tanta unión y paz y sosiego de nuestros reinos y señoríos".

 

El manifiesto es un alegato justificativo de su actuación desde que muriera la reina Isabel. Dice Fernando que desde antes de que falleciera su mujer, había comunicado a sus hijos que deseaba:

 

"que se fallasen aquí en el Reyno él y la Reina mi fija su muger, para que sin inconvenientes recibiesen la posesión destos Reynos, que yo se la daría y se los dexaria pacíficamente, y me iría á los míos ... El mismo día que murió la dicha Reyna mi muger, contra el parecer de muchos, yo salí á la plaça de Medina del campo, y subí en un cadaharso, y allí públicamente me quite el título de Rey de Castilla, y se lo di al Rey, y á la Reyna mis fijos, y los alçé por Reyes, y fize que los alçassen por Reyes en todo el Reyno".

 

La ausencia de los reinos de los jóvenes reyes y las maledicencias de algunos consejeros fueron creando un ambiente de desconfianza contra Fernando:

 

"y por algunas cosas que le dieron á entender los que deseauan poner discordia entre él, y mi, y queriendo poner sospecha, que yo no tenía la voluntad que por la obra le mostraua".

 

Relaciona las causas que le movieron a ceder todos los derechos a la gobernación, a la que defiende su derecho, basado en el testamento de la reina,

 

"pero por otra parte no me desplacía que el Rey mi fijo supiese que tenía yo claro derecho á la gobernación destos Reynos... determiné de posponer mi particular interese por el bien general dellos",

 

teniendo en cuenta que había dedicado toda su vida a la pacificación y engrandecimiento del reino. Y continúa:

 

"Los que deseaban la discordia entre mí y mis fijo... ponían cada día grandes sospechas de mí al Rey mi fijo... yo obe por bien que se asentase como se asentó entre mí y el dicho Rey mi fijo vna capitulación de concordia, sobre la gobernación destos Reynos.... Y así asentada la dicha concordia solicité con mucha instancia la venida en estos Reynos del Rey é de la Reyna mis fijos... Y yendome yo derecho camino... sin pensamiento ni memoria de concertar vistas, sino de ir á do quiera que los fallase como verdadero padre á sus fijos... Y para esto aunque todos veían que yo iba de paz, y ahorrado... trabajaron de poner sospecha de mí al Rey mi fijo, diciendo que yo lleuaba fin de juntarme con la Reyna mi fija para contra él ... y pusieron en plática que se concertasen vistas entre el Rey mi fijo, y mí para que en la negociación dello huuiesse lugar de dilatar nuestra vista...; yo sufrí con tolerancia la dilación que procuraron poner en las vista, y las otras circunstancias que procuraron que huuiese en ellas, como fue fazer, que el Rey mi fijo viniesse con gentes de guerra, y que todos los que con él venían viniesen armados á las dichas vistas, yendo yo, y los que conmigo iban de paz, y sin ningunas armas... el Rey mi fijo y yo nos vimos en el campo... . Allí le dixe breuemente, y consexé como verdadero padre, lo que deuía fazer en la gobernación destos Reyno".

 

Después describe sucintamente el contenido público de la concordia, sin hacer mención a lo asentado sobre la inhabilitación de la reina, su hija, y manifiesta:

 

 "Lo que yo después desto he determinado de fazer, es verme otra vez de aquí á cinco ó seys días con el Rey mi fijo, y dezirle y aconsejarle todo lo que me parece que deue fazer, para conseruar estos Reynos en la paz, y sosiego, y justicia, y obediencia, y buena gouernación en que yo los he tenido".

 

Juegos de Cañas celebrado en la Plaza Mayor de Valladolid durante la estancia de Felipe I en julio de 1506. Pintura sobre tabla, mediados del S. XVI.

Chateâu de La Fellie. Bruselas

  

Las visitas de Renedo

 

Mientras tanto Fernando se partía de Villafáfila seguramente el mismo día 28 después de regresar el secretario de Benavente, donde se hallo presente en la firma de los documentos de la concordia por Felipe, haría una pernoctación a medio camino y llegaba a Tordesillas el 29, por la noche o el 30, pues el último día de junio datan de allí documentos aragoneses; Felipe partiría unos o dos días más tarde de Benavente con dirección a Valladolid.

 

"El rey don Felipe se fué de Benavente a Valderas, donde el marqués de Astorga le fizo fiesta; y dende el conde lo truxo a Villalón por su tierra, e a Castromocho e Çigales, que son todos del conde de Benavente. Y en cada lugar le fizo fiestas"[62].

  

Zurita, refiere que la entrevista de Renedo tuvo lugar antes de la apertura de las Cortes de Valladolid:

 

"De Tordesillas  se pasó el Rey á una Aldea, que está junto de Valladolid, que se llama Tudela, sobre la ribera de Duero, y el Rey Don Felipe se fue con la Reyna a Muzientes... Antes que entrassen el Rey Don Felipe, y la Reyna en Valladolid, se trató que los Reyes se viesen otra vez, y determinose que fuessen las vistas en una aldea, que se llama Renedo, a vna legua de Valladolid, y a dos leguas y media de Muzientes, donde el Rey Don Felipe y la Reyna estauan aposentados, y media de Tudela, donde se aposentó el Rey... Fueron ambos Reyes a Renedo, a cinco del mes de Iulio, después de comer, y el Rey llegó antes, y se apeó en la Iglesia, y allí esperó a su yerno, y lo recibió, a donde passaron entre ellos autos de mucha demostración de amor, y estuuieron solos dentro de una Capilla, y allí hablaron por vna hora y media... y aconsejarle por menudo, en todo lo que pareció, que lo deuiahazer, para la buena gobernación de aquellos Reynos, y aduertirle de otras cosa, que tocauan a sus comunes Estados, y de sus amigos, y después pusieron al habla al Arçobispo de Toledo, y pasaron en su presencia cosas de muy gran amor, y assí se despidieron".

 

Mientras Alcocer dice que fue posterior:

 

 "Acabadas las cortes, de Mucientes, el Rei e la Reina se fueron a la villa de Tudela y, estando allí, se trataron vistas en Renedo, como padre e hijo, e asi se hiço; que el Rei Don Fernando vino por la mañana e entróse en la iglesia e subióse a la tribuna, e, dende a un rato, vino el Rei Don Phelipe y entro en la iglesia y mientras hiço oraçión, baxó el Rei Don Fernando despaçio, y el Rei Don Phelipe fue a gran paso haçía el y tomole en el escalón postrero como suelen, y, con gran reverençia, se quito la gorra y él le porfió que le diese la mano. El Rei Don Fernando, el Cathólico, la gorra en la mano no lo consintió, mas abraçándole, le dio paz y sobre la mano derecha porfiaron un poco, y al fin el Rei Don Fernando le llevo a su mano derecha y ansí se fueron asta la mitad de la iglesia, y allí el Rei Don Phelipe se puso a la mano izquierda e luego se entraron en la sacristía, juraron a el Rei Don Fernando, el Arçobispo de Toledo y Don Juan Manuel y el embaxador del Rei de Romanos, que havían entrado con los Reyes, y el secretario Miguel Pérez de Almazán, que la Reina su hija estaba loca; con esto salieron y el rei Don fernando se fue a Valladilid para irse de allí a Aragon y el Rei Don Phelipe se fue a Tudela".

 

En está como en otras ocasiones es más preciso Zurita, pues la segunda entrevista tuvo lugar el día 5 de julio y la apertura de Cortes no tuvo lugar hasta nueve el día nueve. Además los términos que empleaba en su crónica se basaban en la documentación del entorno del rey, pues coincide casi con un documento conservado en Simancas[63]:

 

"oy, día de la fecha, nos tomamos a ver el rey, mi hijo y yo en ligar que llaman Renedo, que está a dos leguas de otro lugar donde está aposentado el rey, mi hijo, y una legua y media de deste lugar donde estoy yo aposentado. Después de comer oy fuimos ambos al dicho lugar de Renedo, llegué yo antes a él, y apeéme en la iglesia de dicho lugar y allí lo esperé y lo reciví, donde passaron entre nosotros actos de mucha demostración de amor que nos tenemos, y estuvimos el rey, mi hijo, y yo solos dentro de una capilla, y allí fablamos una ora y media solos. Lo que allí entre nosotros pasó es suntancia fue dezirle e instruyrle y confesarle yo muy por nuenudo todo lo que me pareció que él deve hazer para la buena governación destos reynos, y para tener en paz y toras cosas tocantes a nuestro comunes estados y de nuestros amigos, todo como lo devía dezir un verdadero padre con su verdadero hijo, sobre lo qual todo quedamos en mucha conformidad y en tanto amor y tan estrecha unión que más no puedes ser. Después posimos en nuestra fabla al arçobisopo de Toledo, donde asimismo passaron en su presencia cosas de grandísimo amor y de verdadero padre y fijo; y assí nos despedimos con toda demostración y obra que entre tales príncipes y deudos se devía fazer, y  yo me parto mañana lunes para mis reynos, plaziendo a Nuestro señor.

 

Escrita en Tudela de Duero a V de julio de DVI

 

(rubrica)".

 

El rey de Aragón, después de recoger a la reina doña Germana que permanecía en Valladolid, se fue hacia la frontera de Aragón, acompañándole hasta la misma, donde le despidieron, el duque de Alba, don Fernando de Vega y otros pocos caballeros castellanos.

 

Escribe Zurita:

 

 "Salió el Rey por Monteagudo de Castilla, y entró en Hariza a treze del mes de Iulio... Consideró el Rey en esta su salida de Castilla, que comúnmente se tuuo por muy afrentos, que conuenía pasar por entonces por las condiciones que se pusieron, y no auenturar lo cierto por lo que no lo era".

 

En su precipitada y afrentosa salida de Castilla el rey Fernando mantuvo siempre el ánimo:

 

 "porque en algunos pueblos que pasaua, se vsó de tanta descortesía, y villanía, que le cerraron las puertas, y no le quisieron recibir en ellos"

 

y le vemos “mantener constantemente dos actitudes, una pública y otra secreta, y dispuesto a hacer prevalecer la segunda sobre la primera, en cuanto los acontecimientos lo permitiesen. Hasta entonces, y como buen perdedor, conocedor perfecto de que nada hace más daño a un político que mantener inútiles rencores, o actitudes de hostilidad manifiesta, procuró en todo momento adoptar una compostura serena, incluso ante los grandes que mayor daño le habían hecho, en lo cual Fernando sí demostró que seguía siendo el consumado político que había admirado el propio Maquiavelo[64]”.

 

Así lo manifiesta Zurita:

 

y él disimuló con tanta mansedumbre, que se contentó  con dezir, que mas solo iba, y menos conocido, quando entró a ser Príncipe y sucessor de aquellos Reynos, y con mas contradicción, y auía permitido nuestro Señor, que reynase en ellos el tiempo que auía reynado”.

 

 

La muerte de Felipe I

 

Juana y Felipe fueron jurados como reyes de Castilla  por los procuradores de las ciudades con voto en las Cortes de Valladolid:

 

y a doze del mes de Iulio hizieron el juramento los Procuradores de Cortes... Iuraronla por Reyna, y Señora natural, y al Rey Don Felipe, como su legitimo marido, y al Príncipe Don Carlos como á Príncipe heredero, y sucessor de aquellos Reynos ... y hizose seruicio en aquellas Cortes de cient cuentos por dos años, para la guera de los Moros, aunque se tuuo por muy graue, por la gran esterilidad que huuo este año en Castilla, y por padecer la mayor parte della mucha hambre”[65].

 

   Antes del juramento de la Cortes ya había querido Felipe encerrar a su esposa, y contaba para ello con el beneplácito del arzobispo Cisneros, y persistió en su intento, pero se encontró con la firme oposición de algunos Grandes, encabezados por el Almirante de Castilla, y de algunos de los procuradores de las ciudades, como el representante de Toledo:

 

                "en quanto a la detención de la Reina estuvieron dudosas los procuradores; con la voluntad del Rei se conformo Burgos y León y la mitad de Granada y ores algunas çiudades; e Toledo reprobaba esta proposición echa de la Reina y con el eran Guadalaxara, Madrid, Salamanca y otras muchas çiudades e villas"[66].

 

y con el apoyo de otros nobles como el conde de Benavente, que había solicitado al rey la reclusión de la reina, aunque posteriormente, en agosto, se desdijo según consta en una:

 

"declaración hecha por el conde de Benavente sobre la suplicación que hizo, a instancias de Felipe el Hermoso, para que la reina Juana fuese recluida en una fortaleza. En ella se retracta de su anterior súplica. Portillo 18 agosto de 1506"[67].

 

por lo que en principio desistió de recluir a la reina Juana. Ella recelaba de la actitud de su marido, hasta el punto de pasar toda una noche al raso, cerca de Cojeces del Monte (Valladolid), para evitar que la encerraran en el alcázar de Segovia, a donde se dirigía el cortejo:

 

"El rey don Felipe, habiéndose detenido en la Ciudad de Valladolid hasta fín de julio, se marchó con intención de dirigirse a Segovia, en cuyo lugar tenía el propósito, no obstante la belleza de su castillo allí, dejar a la reina en su descanso, porque estaba encinta... pero da dicha reina, llegada a Cogeces del Monte, no pudo seguir más allá por cierta enfermedad que se le presentó, y se detuvieron un buen espacio de tiempo"[68].

 

Después de este episodio siguieron camino de Tudela de Duero, donde permanecieron el mes de agosto.

 

Mientras tanto el rey empezaba a desposeer a los fieles de los Reyes Católicos de las mercedes y fortalezas que detentaban desde antes de fallecer la reina Isabel, y a entregárselas a sus incondicionales, especialmente al privado don Juan Manuel, y algunas a señores flamencos, pese al mandato explícito de la reina Católica  en una de las cláusulas de su testamento.

 

 "Fue assi, que al principio del Reynado del Rey Don Felipe, en lo primero que se entendió con gran diligencia, fue proueer que se quitasen las fortalezas, y compañías de gente de guerra, y los cargos y oficios a los que los tenían".

 

Así según se iban conociendo estas noticias, y la situación de apartamiento o encierro de la reina, los ánimos de los castellanos estaban divididos y se temía que esto pudiera derivar en algún conflicto:

 

"concurría con esto, que la Reyna estaua encerrada, y sentían los pueblos que se quexaua del mal tratamiento, estando ya muy alterados, y maldezían al Rey su padre; diziendo que auía dexado a la Reyna su hija sin ningún amparo, y en prisión: y habláuase en esto rotamente y tan sin respeto, que se començó a tener alguna gran nouedad, porque estaua ya toda Castilla diuidida en dos partes, y los vnos se esforçauan en publicar que la Reyna vivuía enferma... y los otros que la tenían operssa y maltratada... que si esta diuisión duraua, aquellos Reynos se auían de perder, y abrasar en guerras ciuiles"[69].

 

Antes de partir hacia Burgos el rey Felipe asentó un tratado de paz y concordia con los reyes de Navarra, del que excluyó a su suegro, a pesar de lo acordado en Villafáfila, y además se negaba a entregar a Fernando al Duque de Valentinois que estaba prisionero en Castilla y que era súbdito del aragonés, por lo que el viejo rey Católico confirmó que:

 

"el Rey su yerno se auía ya declarado, que no quería estar por la capitulación, y concordia, que postreramente se auía assentado entre ellos".

 

Lo que provocaba disgusto ante su inminente partida para arreglar las cosas del reino de Nápoles:

 

"sintiendo el rey esto en su ánimo como era razón y que aquello se iba perdiendo".

 

Con esa tranquilidad y satisfecho de cómo se van sucediendo los acontecimientos, a primeros de septiembre parte Felipe hacia la ciudad de Burgos. Zurita nos relata que al llegar los reyes se instalaron en el palacio del Cordón, que era del Condestable, y la mujer de éste, Juana de Aragón, hija bastarda del rey Católico, fue compelida a abandonar su casa para evitar el contacto con la reina:

 

"Luego que el Rey Don Felipe llegó á Burgos, como fue á posar á las casa del Condestable, lo primero que proueyeron fue mandar salir de Palacio á Doña Ioana de Aragón, que era muger del Condestable, porque no tuuiesse la Reyna su hermana con quien comunicar sus cosas".

 

Honras fúnebres dey rey Felipe I celebradas en Burgos en septiembre de 1506.

Pintura sobre tabla, mediados del S  XVI. Chateâu de La Follie. Bruselas

 

 Poco duraría la satisfacción y el reinado de Felipe I, pues apenas si le dio tiempo a disfrutar de las fiestas que en su honor se prepararon en la ciudad de Burgos, pues muy pronto aparecieron los primeros síntomas de su última enfermedad:

 

"Adoleció el Rey Don Felipe de vna fiebre pestilencial, y en muy breues días estuuieron desconfiados de su vida, porque al tercer dia que adoleció le sibreuino vn desmayo, y luego le tuuieron por muerto. Considerando las cosas que auían precedido, y la naturaleza de la dolencia, que le acabó la vida, tan arrebatadamente, no se dexo de tener alguna sos pecha de le le huuiessen dado ponçoña, pero desta opinión salieron los mismos Flamencos sus seruidores, en cuyo poder estaua, porque los physicos que el traya, de quien confiaba su salud, que curaron de su dolencia,... descubrieron la causa de su enfermedad, y se entendió auerle sobreuenido de demasiado exercicio, y de una reuma de donde se encendió la fiebre, de que muchos morían en el mismo tiempo en aquella Ciudad, y falleció un Viernes á veynte y cinco de Setiembre".

 

 Hay alguna disparidad en cuanto a la fecha, pues otro cronista, Bernáldez, que otras veces equivoca las fechas nos relata:

 

"Murió el rey don Felipe, desdichado, deseoso de vivir, temprana muerte de dolençia que le dio, estando en Burgos, en lunes veinte y ocho días del mes de setienbre e del mismo año que entro a reinar en Castilla".

 

Fernández de Retana, por su parte dice que:

 

"el 19 de septiembre salió a pasear, en un caballo blanco a la gineta, porque era muy aficionado... tornando bien tarde, casi a la hora de la oración".

 

y siguiendo a otro cronista contemporáneo que no cita:

 

"paseó mucho, y se acaloró demasiado, y así que volvió, quiso jugar a la pelota con un capitán vizcaíno de la su guardia que era mucho jugador y luego bebió agua fría, en un jarro que le dieron, y luego adoleció".

 

Completa la reseña siguiendo las actas del Regimiento de la ciudad de Burgos, y asegura que falleció el 25 poco después del mediodía Fernández de Retana[70].

 

Reunidos los principales nobles de Castilla, bajo la dirección del arzobispo Cisneros, se dibujaron claramente dos bandos, uno encabezado por el Condestable y por el Almirante, partidarios de que Fernando regresara cuanto antes para hacerse cargo del gobierno de Castilla y el bando de los que más se habían opuesto al rey Católico, con el Conde de Benavente y el Duque de Nájera al frente que negaban cualquier posibilidad de vuelta al gobierno del viejo rey.

 

Cisneros se hizo cargo provisionalmente de la Regencia hasta que regresara el rey Fernando desde Nápoles y mientras tanto se fue ganando la voluntad de los nobles más reacios a su retorno con la promesa de mercedes, como la promesa al Conde de Benavente de concederle la encomienda de Castrotorafe.

 

Sepulcros de los Reyes Católicos y de Felipe I y Juan I en la Capilla Real de Granada.

Juntos reposan sus restos a pesar de los desencuentros que tuvieron en vida

 

 

Autor: Elías Rodríguez Rodríguez: La Concordia de Villafáfila. 27 junio 1506. Instituto de Estudios Zamoranos, Florian de Campo. 2006.

 


 

[1] Testamento de la reina Isabel la Católica. Tomado de Hª de España. Menéndez Pidal. Tomo XVII-II.

[2] A.G.S  P.R; C. 56, doc. 16.

[3] Salva, M. y Sainz de Baranda, P. 1846. CONDOIN Tomo VIII: 386.

[4] A.R.S. P.R.: C.69, doc. 34.

[5] A.N. Frías: C. 18, doc. 144-145.

[6] Hª de España. XVII-II: 658.

[7] A.G.S. P.R.: C56, doc. 21.

[8] Zurita, J. 1580. Libro VI, Ed. Iso, coord. pág. 73.

[9] A.G.S. P.R.: C.56, doc. 19.

[10] Zurita, J. 1580. Lib. VI. Ed. Iso coord. pág. 75.

[11] A.G.S. P.R.: C.56, doc. 22.

[12] Zurita, J. 1580: 58.

[13] Alcocer: 266.

[14] Zurita. J. 1850: 50.

[15] Zurita, J. 1580: 54.

[16] A.G.S P.R.: C.56, doc. 23. En las espaldas del pliego que envuelve estos documentos se anota: "están en este envoltorio unas cartas del rey don Felipe para el dicho Cardenal, y otra carta del rey don Fernando para la reyna doña Juana escrita de su propia mano sobre el mismo caso y negocio" Esta última desgraciadamente no se encuentra en Simancas.

[17] A.G.S P.R.: C.7, doc. 76.

[18] A.G.S P.R.: C. 56, doc. 23.

[19] Salva M. y Sainz de Baranda P., 1846. T. VIII: 34.

[20] García Mercadal, J. 1999: 542.

[21] A.N. Frías C. 18, doc. 140 y 141.

[22] A.N. Osuna C. 516, doc. 4.

[23] A.N. Frías C. 847, doc. 17.

[24] Zurita, J. 1580: 53.

[25]García Mercadal, J. 1999: 541.

[26] A.G.S. P.R.: C.56, doc. 25.

[27] Alcocer: 266 v.

[28] Epístola 308.

[29] Bernáldez, A 1962: 498.

[30] Zurita J. 1580: 57- 58.

[31] A.C.A. Registros. C. 3670.

[32] Zurita J. 1580: 60.

[33] Zurita J. 1580: 61.

[34] Bernáldez, A. 1962: 498.

[35] Zurita, J. 1580: 61

[36] A.G.S. P.R. C- 56, doc. 24.

[37] García Mercadal, J. 1999: 542.

[38] Zurita, J. 1580: 61.

[39] Bernáldez, A. 1962: 498.

[40] A.C.A. Registro C. 3670 y 3656.

[41] Fernández de Retana, 1929, I, 363.

[42] Zurita J. 1580: 70.

[43] Alcocer: 267 v.

[44] Zurita, J. 1580: 65.

[45] Fernández de Retana, 1929: 367.

[46] García Mercadal, J. 1999: 543.

[47] A.C.A. Registros. C. 3670.

[48] A.G.S. Cámara de Castilla. Diversos. Legajo 2, doc. 59.  Recientemente se había promulgado una Real Cédula en nombre de los tres reyes (Juana, Felipe y Fernando) para que no se echasen huéspedes a los clérigos y personas eclesiásticas, fechada en Valladolid el 27 de abril de 1506.

[49] A.C.A. Registros. Lib. 3656 y 3670.

[50] Alcocer: 269.

[51] Fernández de Retana, L. 1929: 369.

[52] A.R.CH. V. CEDULAS Y PRAGMÁTICAS. C. 1, doc.3.

[53] Aunque en los documentos se cita el ara del altar, sin mencionar en que iglesia concreta se llevó a cabo la firma de la concordia por parte del rey Fernando, la tradición oral de los vecinos de Villafáfila ha sido coincidente en que tuvo lugar en la desaparecida en  los años  60 del siglo XX, iglesia de San Martín, situada en el centro de la villa, cerca de la Plaza Mayor, y del alojamiento de Fernando, que la misma tradición ubica en la casa que posteriormente se conoció como casa-palacio del duque del Infantado, y que en esos días pertenecía a Inés Enríquez, hija del Conde de Alba viejo, don Enrique , y viuda de don Pedro Pimentel, hoy convertido su solar en parte público

[54] Zurita, J. 1580.VII: 68.

[55] Lafuente, M.1869:281.

[56] A.G.S. P.R. C. 56-27-1.

[57] AGS P.R C.56, doc. 30.

[58] Hª de España XVII-II: 662.

[59] Fernández de Retana, 1929: I, 359.

[60] García Mercadal, J. 1999: 545.

[61] Lafuente M. 1869: 10, 281.

[62] Bernáldez, A. 1962: 500.

[63] A.G.S. P.R.: C. 56, doc. 31

[64] Suárez, L. Fernández, M 1969. Hª de España XVII-II: 669.

[65] Zurita, J. 1580: 75.

[66] Alcocer: 269.

[67] A. NOBLEZA. Osuna: C. 420, doc. 1.

[68] García Mercadal, J. 1999: 548.

[69] Zurita, J. 1850: 77.

[70] Fernández de Retana L.1929: 377.