HORNOS Y CASETAS DE VILLAFÁFILA

 

 

 Chornos y casetas en el corazón de Castilla.

Del barro a la piedra en Tierra de Campos y Montes Torozos

 

PRESENTACIÓN

Siendo 09 febrero de 2013, en Villafáfila, una tarde que estaba nublada, fría, según me disponía a tomar un café, al llegar casi al establecimiento, como no creo en las casualidades, supongo que fue un encuentro entre personas que tienen ciertas inquietudes por los temas de la arquitectura rural, como después me clasifica entre sus notas.

Se acerca una joven pareja, él se dirigió a mi amablemente: buenas tardes, soy Oscar Abril Revuelta, (Arquitecto, infógrafo, Estudió ETSAM en la Universidad Técnica de Madrid) y mi pareja Inma que me acompaña (y le ayudaba). Yo soy José Luis.

Oscar traía una fotografía de un libro de una caseta con una encina al lado, ponía Villafáfila, la cual me muestra, me pregunta: ¿existe esta caseta que le muestro en Villafáfila?, y le respondo: para nada conocida por mí, preguntamos a vecinos mayores del pueblo si sabían de ella y tampoco.

Fotografía por la que Oscar preguntaba, nadie dio por ser de Villafáfila la caseta en el 2013, después de ochos años y diez meses  me relatan que era de Perico Benayas “Pericote”

*Pasado ocho años y diez meses, casi finalizado el 2021, justo a punto de empezar a sacar el trabajo en mi web villafafila.net, un amigo Goyo Cañibano Vicente, al enviarle el trabajo para que lo leyera rápidamente me contacta y me comunica “esa caseta es de ¡“Pericote”!” Perico Benayas, el árbol un negrillo, junta a ella había una noria, y me da su localización con buenas referencias, las cuales confirmo con mi padre:

UBICACIÓN

Se encontraba lo que hoy es una parcela agrícola, casi a la raya de la hoy carretera que lleva a San Agustín del Pozo (ZA-704), Km 30, en el pago de San Andrés, está de Villafáfila aprox. 600m.

Longitud: 41°51'.7"N.

Latitud: 5°36'46.7"W.

https://goo.gl/maps/6DbXDk7DEsXPAoes6

En el mapa de concentración parcelaria de Villafáfila, polígono 6, parcela 530.

Mapa de concentración parcelaria de Villafáfila, polígono 6, parcela 530

Referencia catastral: 49271A001005300000FJ.

Localización: Polígono 1 Parcela 530.

SAN ANDRÉS. VILLAFÁFILA (ZAMORA).

Clase Rústico: Uso principal Agrario.

Superficie gráfica: 8.326 m2.

Vista aérea del lugar de ubicación donde se encontraba la caseta de Perico Benayas “Pericote” al norte de Villafáfila

El árbol ha desaparecido, pero de la noria aún quedan restos.

Restos del pozo con la noria de Perico Benayas “Pericote” junto a ella estaba la caseta

 

Oscar me pregunta ¿en Villafáfila aún quede casetas y hornos? yo le respondo: casetas si, detrás de ti hay casetas, el extrañado no había visto nada, me mira, vuelve a mirar hacia atrás, y contesta: no ve nada, solo un edificio que pone Bomberos, le vuelvo a contestar: detrás de lo que tu vista no ve, ahí hay una de las casetas.

Juntos nos fuimos a la primera caseta, entre nosotros el entendimiento fue rápido pues nuestro gusto por la temática de construcciones populares nos hizo tener una fluidez muy amable, el con sus ganas de documentarlos y yo de ayudarle, en lo que había sido parte de la vida de los labriegos de la Villa, deseaba tener más datos y cocimiento de ellas, recuerdo que en algunas casetas que yo había conocido de niño, jugaba en ellas, unas en decadencia y llegando a desaparecer. Como algún horno, del cual en esos momentos ya no existía ninguno.

También traía alguna documentación sobre hornos clasificados en Villafáfila, aunque ya no existía ninguno.

Así que nos pusimos en ello, le enseñé las casetas que había al oeste del pueblo que las teníamos a mano, entre que íbamos andando, me comentaba su trabajo, me explicaba de ello y me hacía preguntas, databa con fotografías, mediciones, punto de lugar, etc., luego nos acercamos en coche a los de la zona este de la Villa, aún algunas casetas en pie y otras en fase de derrumbamiento, lo acerqué al enclavamiento de uno de los hornos que él tenía documentación solo quedaba ciertos restos de horno.

La tarde fue muy prolífera para los dos, nos llevó unas cuantas horas su censo, el tiempo le apremiaba que rehusó a mi invitación a tomar un café, marchando le indique que pasara a censar un horno precioso en dirección carretera a Vidayanes que lo divisaría desde la misma carretera.

Oscar me dejo tomar fotografía de la información que traía documentada de Villafáfila, yo en unos días le envíe fotos que de mi mano tenía en ese momento, más adelante me hice con ciertas fotografías de casetas y hornos que también le envié para sus registros.

En 2014 Oscar me envío del trabajo la parte de Villafáfila, igualmente también la indicación de todo el trabajo.

En 2014 publica:

Abril Revuelta, Óscar (2014). Chozos y casetas en el corazón de Castilla. Del barro a la piedra en Tierra de Campos y Montes Torozos. Fundación Joaquín Díaz, Urueña (Valladolid). ISBN 978-84-695-9847-4; en el que está incluido Villafáfila, donde de ello extraigo para la explicación y lo particular que haremos esta sección encaminada de hornos y casetas de Villafáfila.

En 2017 publica:

Abril Revuelta, Óscar (2017). Chozos y casetas en el centro de Castilla y León: del barro a la piedra en la arquitectura rural de Tierra de Campos y Montes Torozos. Tesis (Doctoral), E.T.S. Arquitectura (UPM). 

https://doi.org/10.20868/UPM.thesis.48841.

http://oa.upm.es/48841/51/OSCAR_ABRIL_REVUELTA_ANEXO_01_09.pdf

De aquí escogido la parte de Villafáfila la que más actualizada tiene.

 

PRÓLOGO

La circunstancia de haber conocido, de forma casi simultánea, por parte de mí entrañable amigo Joaquín Díaz y por mí mismo, toda la documentación —textos, planos y fotografía- previa a la redacción definitiva de la Tesis Doctoral del arquitecto Óscar Abril sobre los chozos de pastor existentes aún en varias provincias de la vieja Cotilla, reavivó el interés de nuestro gran Joaquín por algo que desde hace tiempo me viene demandando: que dé a conocer algunos de los hechos relacionados con mí decisión (y con el atrevimiento de llevaría a cabo) de un estudio global —y completo hasta donde me fuera posible- del apasionante tema que representa la arquitectura popular española

Sin que, por mí parte, comparta de un modo absoluto la afirmación «machadiana» de que «el mensaje es el medio», es bien cierto que, en esta ocasión, el medio que transmitirá estas notas condiciona de forma decisiva el espacio de que dispongo, espacio que ya he comenzado a dilapidar con este seguramente muy prescindible preámbulo.

Entrando en materia intentaré concretar uno entre los numerosos aspectos que podrían ser abordados, el de las dificultades —DIFICULTADES- a vencer en tal empeño. Y que —para evitar mí tendencia a pesar por las ramas— resumiré en tres aparta- dos:

A) De limitación de tiempo disponible.

B) De índole económica.

C) De «solo ante el peligro».

A) La existencia de un contrato con AGUILAR, S.A. comprometiéndose a publicar mí trabajo en varios volúmenes y la modalidad, en estos casos, de comercializarlo en gran medida mediante suscripciones de prepublicación, suponía para mí el compromiso de respetar unos plazos fijos para la entrega del original.

B) El hecho de que, tanto la preparación de la obra como su redacción definitiva, tuvieran que ser llevados a cabo sin ningún tipo de ayuda económica —becas, bolsas de viaje, anticipos, etc.— me exigía un replanteamiento, a tales efectos, riguroso y restrictivo.

A) Por lo que se refiere al tema de la «soledad», debo mencionar dos aspectos igualmente importantes: el primero estaría relacionado con la carencia, prácticamente absoluta, de estudios sobre el tema (e incluso de escasez de los monográficos) cuya existencia me hubiera servido de guía. Aquí debo mencionar como excepción valiosísima el realizado, en las primeras décadas del siglo xx, por Don Leopoldo Torres Balbás, mi querido y recordado profesor en la E.S. de Arquitectura de Madrid.

La segunda «soledad» sería otra consecuencia de la «precariedad económica» de la operación, que no permitía, como hubiera sí do lo deseable, la formación de un equipo multidisciplinar dentro del cual tuvieran voz y aportaran sus conocimientos diversos especialistas en temas históricos, geográficos, etnológicos, socioeconómicos, etc., etc., tan directamente relacionados con el complejo ámbito de lo popular y de su arquitectura.

En todo caso, y hablando de dificultades, pienso que las mías quedan empequeñecidas si los comparamos con las que debió superar nuestro gran Joaquín Díaz, cuya

«labor de campo» incluía nada menos que conseguir que cantaran para él la mitad de los viejos de España (e incluso un gran número de los europeos en relación con el importantísimo y escasamente estudiado —y «cantado» folklore musical sefardí). Asimismo, y como parte de la labor de «gabinete» el casi imposible empeño de ponerle voz, palabras, sonidos y sensibilidad en estudios de grabación, haciendo posible la recuperación -la recreación— de un legado cultural de un interés por encima de cualquier ponderación.

Aclarado todo ello, quiero dejar constancia de que en la última conversación con mi amigo J. D., éste quedó advertido de que si cedía a la tentación de suprimir el párrafo anterior nos veríamos en los tribunales.

Como final; y volviendo al tema con el que comencé, me gustaría dejar constancia de mi felicitación al colega Óscar Abril, agradeciéndole su importante, inteligente y concienzudo trabajo, llevado a cabo para su Tesis Doctoral.

 

Carlos Flores (Doctor Arquitecto)

 

ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN Y APROXIMACIÓN AL ESTUDIO

2. OBJETIVOS

3. ESTADO DE LA CUESTIÓN

4. METODOLOGÍA

5. CUERPO TEMÁTICO

5.1 ESTUDIO DEL MEDIO FÍSICO

5.1.1 ESTUDIO GEOGRÁFICO

5.1.2 ESTUDIO DEL MEDIO NATURAL

5.1.2.1 GEOLOGÍA

5.1.2.2 TOPOGRAFÍA

5.1.2.3 CLIMATOLOGÍA

5.1.2.4 HIDROGRAFÍA Y VEGETACIÓN

5.1.3 ESTUDIO DE LA POBLACIÓN

5.1.3.1 DEMOGRAFÍA

5.1.3.2 ECONOMÍA

5.2 ESTUDIO DE CASOS

5.2.1 ESTUDIO TIPOLÓGICO

5.2.1.1 EVOLUCIÓN DEL MATERIAL PREDOMINANTE

5.2.1.2 COMPOSICIÓN: PLANTA Y CUBIERTA

5.2.1.3 AGRUPACIONES

5.2.1.4 ESQUEMA GLOBAL Y CONCLUSIONES PARCIALES

5.2.2 ESTUDIO CONSTRUCTIVO

5.2.2.1 MATERIALES

5.2.2.2 SISTEMAS Y TÉCNICAS CONSTRUCTIVAS

5.2.2.3 EQUILIBRIO ESTRUCTURAL

5.2.2.4 OTROS ELEMENTOS

5.2.3 OTROS ESTUDIOS

5.2.3.2 INFLUENCIAS PIEDRA-TIERRA EN CAMPOS Y TOROZOS

5.2.3.3 ESTUDIO PATOLÓGICO

5.2.3.1 ESTUDIO FUNCIONAL. EL USO DE LAS CONSTRUCCIONES

5.2.3.4 COMPORTAMIENTO BIOCLIMÁTICO

5.2.3.5 ESTUDIO FÍSICO QUÍMICO

6. CONCLUSIONES

7. GLOSARIO

8. BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DE INFORMACIÓN

ANEXO 1 - CATÁLOGO DE CONSTRUCCIONES EN «CAMPOS Y TOROZOS

FICHAS DE MUNICIPIOS, DE CARACTERÍSTICAS DE MUESTRAS Y DESCRIPCIÓN GRÁFICA DE ALGUNAS DE ELLAS 95 (1 – Anexo1)

ANEXO 3 - DOCUMENTACIÓN COMPLEMENTARIA 270 (1 - Anexo3)

 

“CHOZOS Y CASETAS EL CORAZÓN DE CASTILLA DEL BARRO A LA PIEDRA EN TIERRA DE CAMPOS Y MONTES TOROZOS”

A través del presente trabajo de investigación, nos aproximaremos al estudio de una forma concreta de construir originada mediante la imaginación de los maestros locales de lugares de ámbito rural en Castilla y León y que, alejados de la educación erudita de la arquitectura, han dispuesto, de manera tan sabia, los materiales que más a mano disponen, para ensalzar el resultado de su trabajo a obra de arte en los numerosos casos que examinaremos.

La región de Tierra de Campos, dominada por el barro, y la comarca de Montes Torozos, repleta de caliza, ofrecen numerosas muestras de construcciones realizadas de manera humilde pero que se han integrado en el paisaje como seña de identidad del lugar y, a pesar de sus diferentes estilos constructivos que podemos ver a priori, la relación entre ambas es progresiva y más potente de lo que se podría imaginar.

En este espacio natural, además, nos encontramos con un problema común de pérdida de las tradiciones constructivas de la arquitectura rural: ya casi nada se construye con las técnicas populares y lo que existe no se utiliza y, por lo tanto, no se conserva y empieza a desaparecer.

Ante esta situación, la intención de este trabajo es clasificar, describir y, en definitiva, dejar constancia de una arquitectura abandonada que está próxima a extinguirse. De esta manera intentaremos descubrir las vinculaciones de estas construcciones al medio natural que las rodea y entender la manera en la que se construyeron hasta identificar los valores que hacen que estos elementos sean considerados como parte del patrimonio rural

Mediante el estudio in situ de estas obras se desarrollará la elaboración de un catálogo que describa las características singulares de cada una de ellas y refleje el estado en el que se encuentra y, además, dejar un testimonio gráfico de esta forma humilde de construir.

Finalmente, el desarrollo de un método de estudio para la propuesta de reconstrucción de uno de estos ejemplos aportará las claves para la recuperación de esta arquitectura rural, como manera práctica de dar solución al problema localizado9.

 

Introducción y aproximación al estudio

 

Chozos y casetas. Las construcciones auxiliares

Castilla y León se asienta en el territorio español como una extensa superficie rodeada de montañas generando la tradicional imagen del interior formada principalmente por entornos rurales donde su arquitectura manifiesta la sobriedad y el carácter de sus habitantes Muchos de ellos, obligados a desarrollar su vida laboral con la agricultura y la ganadería a, han dado como replica a su actividad económica la creación de elementos humildes pero asentados eficazmente en el paisaje que les contempla.

Estamos hablando concretamente de las construcciones auxiliares, secundarias o complementarias, según como lo conciban varios autores, pero todos ellos coinciden en que se trata de una arquitectura que se manifiesta como una respuesta del ser humano ante sus necesidades vitales. Se las define con este nombre de «construcciones auxiliares o secundarias» porque dentro de lo que es la arquitectura popular siempre se ha destinado la edificación de la vivienda como la principal, la que habita el hombre, y a estas otras se las he relegado a un segundo orden, no en cuanto a importancia, sino a clasificación funcional.

En cualquier caso, de lo que estamos seguros es que se trata de geniales obras que han permanecido calladas a la historia hasta hace poco y que, en muchos casos, siguen escondidas sin mostrar su verdadera dimensión. El hecho de no haber sido objeto de profundas aproximaciones desde el campo de la investigación nos anima a desarrollar un trabajo de análisis constructivo y tipológico, que sirva como testimonio de una manera peculiar de hacer arquitectura, y así hacer frente a un problema de doble índole que se detecta continuamente y que poco a poco se va agrandando: por un lado hablamos de la pérdida de estas pequeñas construcciones ante el deterioro causado por el ambiente que tanto machaca a los materiales con los que se construye, especialmente  el barro; por otro lado lo que se está produciendo  es un olvido de la forma de construir por parte del «arquitecto rural[1]», pues las nuevas técnicas y los nuevos materiales están ocupando también el espacio no urbano ante la mirada nostálgica de los habitantes de estas áreas que durante años fueron capaces de realizar de manera sobria sus propias construcciones, reconociendo los condicionantes que afectan a estas arquitecturas y desarrollando las técnicas heredadas de la tradición constructiva.

Junto a la detección de estos problemas, la sorprendente variedad de chozos o casetas de era que han sido observados por el autor, antes de comenzar este trabajo, desde el punto de vista de los materiales empleados, la composición formal del con- junto del elemento o los sistemas de cubrición, motivaron la elección de este tema para lanzarse a una tarea de investigación.

 

La arquitectura rural

Aunque la mayoría de los autores han empleado el término «popular» para definir a este tipo de ejemplos arquitectónicos en nuestro estudio preferimos utilizar más la palabra «rural»[2], también empleada por otros tantos por otra parte, y que nos servirá para acotar el estudio de estas construcciones situadas fuera de los grandes entornos urbanos y cuyo uso está destinado exclusivamente a la vida agraria. No obstante, puesto que los grandes expertos que han estudiado y analizado este tipo de ejemplos singulares han utilizado la expresión de «arquitectura popular» y como nos apoyaremos en ellos para desarrollar diferentes procesos en este trabajo, acogeremos gustosamente también este vocablo y lo emplearemos junto al de arquitectura rural.

No debemos obviar tampoco otros términos como el de arquitectura vernácula o el de arquitectura tradicional. Quizá una de las personas que mejor ha diferenciado estos conceptos es Javier de Cárdenas[3] quien define a la vernácula como aquella vinculada a las características socioeconómicas, históricas y geográficas que acontecen en un determinado lugar; a la tradicional/ como aquella realizada sin métodos industriales o una mínima industrialización, como puede ser la construcción con ladrillo en una región; y a la popular como aquella realizada con los materiales modestos que el lugar proporciona y realizada con técnicas y herramientas muy humildes y elementales. De modo que la arquitectura popular y tradicional suelen ser, casi siempre, vernáculas, sin que esto se produzca siempre de manera inversa. Otras denominaciones[4] son «arquitectura anónima», «arquitectura sin arquitectos», «arquitectura del sentido común», «arquitectura del rendimiento» o «arquitectura doméstica».

En nuestro caso y buscando la definición de esta manera de construir que buscamos para analizar es preciso antes destacar dos aspectos fundamentales: primero que a pesar de ser un arquitectura no realizada por los profesionales para el ejercicio del diseño y la planificación, es justo declararla como una arquitectura culta y técnica[5] puesto que es necesario poseer un conocimiento profundo del material empleado y sus posibilidades y de las características del medio físico donde se asientan, y segundo que, a pesar de que se han realizado tratados y directrices de cómo se deben hacer tales construcciones por parte de grandes autores, aquí nos encontramos ante una arquitectura profundamente oral[6], puesto que las técnicas empleadas se han ido transmitiendo de padres a hijos o de maestros a aprendices tanto con sus virtudes, que son muchas, como con sus, cada vez menos, errores; en contraposición de la arquitectura erudita que se mueve más por la perspectiva del conocimiento escrito.

Así, con todo esto podemos denominar arquitectura rural a aquella realizada de una manera modesta, en espacios alejados de la vida urbana y atendiendo principal- mente a tres factores: el primero es el clima, ya que va influir en las decisiones para crear los diferentes espacios, orientaciones, cubriciones, ...; el segundo es la naturaleza del terreno, ya que es la que nos va a proporcionar la materia prima para construir; y por último están las sensaciones e intenciones del ser humano, como una forma de representar su concepto estético o sus creencias o tradiciones de su cultura.

Dicho esto, existen fundamentalmente dos tipologías edificatorias dentro de la arquitectura rural: la residencial que puede presentarse mediante ejemplos agrupados, siendo estos más limitados en cuanto a su variedad y número, o como elementos individuales, disponiendo una mayor diversidad formal; y las construcciones secundarias o auxiliares (palomares, casetas de era, chozos, bodegas, molinos), aquellas edificaciones creadas para el desarrollo de la vida laboral del campesino.

El estudio del presente trabajo se centrará en estas últimas construcciones, más concretamente en los chozos y casetas[7]. Estas edificaciones de reducidas dimensiones aparecen aisladas y, en alguna ocasión combinadas, en los campos, tierras y eras. Su función era guardar los aperos de labranza y proporcionar un refugio para el labrador o el pastor para cobijarse del sol o la lluvia si fuera necesario y, en alguna ocasión, servía como puesto de vigilancia para la cosecha o el ganado, incluso para guardar a algún animal. En otras situaciones también las vemos albergar un pozo y acompañar se dé una fuente o un abrevadero.

Tierra de Campos y Montes Torozos: del barro a la piedra

Por otro lado, el estudio no se centra en un territorio concreto muy definido por sus características espaciales, si no que abarca el análisis de dos áreas, Montes Torozos y Tierra de Campos, que por sus grandes diferencias en lo que al medio físico se refiere debería darnos respuestas constructivas bien distintas, sin embargo, creemos que existe una serie de elementos que nos hacen pensar que entre ambas zonas se han producido unas influencias importantes a la hora de edificar, lo que ha permitido a ambas tradiciones beneficiarse técnicamente y enriquecerse artísticamente.

Además, la polaridad existente entre dos materiales muy diferentes y bien característicos para cada una de estas dos comarcas no se produce de manera absoluta, sino que existe una degradación de arquitectura mixta, de piedra y barro, localizada en la franja limítrofe entre ambas, digna de estudio y cuya transición puede llegar a darnos una clasificación evolutiva.

Puesto que desde este punto de vista no se han producido observaciones ni estudios, al menos publicados, por parte de los investigadores de cierta relevancia en estos temas, creemos que este trabajo puede cubrir un vacío al conocimiento de la arquitectura popular de Castilla y León, lo que genera una motivación extra para el desarrollo del mismo.

Ilustración 1 - Chozo cuadrado de base de piedra caliza y cubierta de adobe formando cúpula auténtica. Villanueva de los Caballeros (Valladolid). Fuente propia. Febrero 2013

 

Objetivos

A través del estudio que proponemos nos marcamos dos tipos de objetivos: teóricos y prácticos. Los primeros, descritos a continuación, se resuelven a través del análisis del cuerpo temático.

Identificar los valores que hacen de estas construcciones elementos singulares y especiales para considerarlos como obras arquitectónicas del patrimonio rural y así justificar las iniciativas para su conservación.

Demostrar mediante el estudio formal y constructivo que estas construcciones son ejemplos interesantes de una arquitectura que refleja una respuesta del hombre antes sus necesidades vitales.

Indicar la relación que existe entre estos ejemplos y el medio físico que los rodea, en cuanto a las diferentes estrategias constructivas (materiales, estructura, tipología, orientación, aberturas...) que pueden detectarse.

Describir las técnicas constructivas que ha usado o ha podido usar el ser humano para la elaboración de estas pequeñas edificaciones.

Identificar las causas y daños por las que estas construcciones han desaparecido o han llevado a un estado ruinoso, con el fin de indicar la manera de conservar con los ejemplos aún existentes.

Entender y aproximar a futuros estudios la relación e influencias entre las edificaciones que hay entre dos áreas de naturaleza tan distinta como son Tierra de Campos y Montes Torozos.

Los objetivos prácticos consisten en:

Elaborar un catálogo de las muestras analizadas in situ, y también de las observadas por otros autores para rellenar un vacío existente en el conocimiento de ese tipo de arquitectura popular de «Campos y Torozos»[8] y que a modo de inventario sirva para exponer una serie de edificaciones que deberían recibir una protección que evitara su desaparición.

Desarrollo de la documentación analítica que sirva para la propuesta de reconstrucción y rehabilitación de una de las muestras analizadas.

 

Estado de la cuestión

El trabajo que estamos tratando engloba varios campos de investigación. Por un lado, está el ámbito temático de la arquitectura popular, del cual en España encontramos un gran número de autores que lo han tratado tanto a nivel nacional como regional. Por otro lado, se encuentra el estudio del medio físico, es decir, el estudio del lugar desde una perspectiva relacionada con los ambientes rurales y el paisaje que les rodea, en este caso nos centramos en el espacio que existe entre dos regiones de la comunidad autónoma de Castilla y León: Tierra de Campos y Montes Torozos, que ocupan hasta cuatro provincias (principalmente Valladolid, buena parte de Zamora y ligeras zonas de León y Palencia). Finalmente encontramos, acotando el tema, lo que comprende el análisis de las construcciones afines a la vida del campesino que son las que interesan para este trabajo denominadas chozos y casetas de era, y centradas en la zona elegida.

Cabe destacar que el proceso de aproximación al centro de estudio es inversamente proporcional a la cantidad y calidad de niveles de investigación encontrados, cuanto más nos acercamos al núcleo del trabajo, es decir a las construcciones auxiliares externas de los núcleos de población, menos información de relevancia disponemos. Hay que destacar además que la documentación existente sobre estos tipos de construcciones no es muy reciente por lo que una actualización de la misma parece necesaria.

Quizás uno de los trabajos más completos de la arquitectura popular española lo encontramos en Carlos Flores[9] en los años setenta, donde la descripción de los pueblos y sus construcciones nos dan una gran visión de las características constructivas más interesantes de estos ejemplos realizados por anónimos. Además, nos proporciona un listado de los rasgos que definen los conceptos principales de la arquitectura popular con un grado didáctico muy exquisito convirtiéndole en el autor más referente para otros estudiosos de este tema. En su obra es capaz de identificar los rasgos comunes que aparecen en diferentes municipios para organizar las zonas de estudio en función de éstos, así por ejemplo describe a los pueblos del barro de la zona de Tierra de Campos como aquellos donde el adobe y la tapia acaparan todas las construcciones.

Este autor junto a Luis Feduchi[10], quien, paralelamente, realiza un trabajo similar pero organizado por poblaciones recorridas en sus itinerarios de arquitectura popular española, ya nos muestran fotografías y descripciones donde se explican los procesos y las técnicas de construcción típicas de casetas de eras y chozos de las comarcas que abarca este trabajo que, aunque breves, son de gran valor gráfico, pues en ellas se observa la sobriedad con la que se ejecutaron.

Ilustración 2 - Chozo media derruido en Torrelobatón (Valladolid) describe par Carlos Flores en Arquitectura Popular Española, Toma 3, 1978

 

Leopoldo Torres Balbás[11], mucho antes, ya había luchado por abrir camino al conocimiento de la arquitectura popular y los monumentos desconocidos, a través de viajes por lugares inéditos de la geografía española. Resulta interesante el desarrollo de bocetos de los edificios que observaba en los viajes realizados, dibujando todo tipo de elementos como la distribución de plantas o detalles arquitectónicos como huecos, molduras..., todo ello complementado con una gran noción de la bibliografía existente, y así su método de estudio ha servido para muchos autores posteriores.

Aunque también podemos decir que fue en 1922 donde ubicamos el primer texto general español que hace referencia a esta forma de construir en Arquitectura Civil Español a de los siglos I a XVIII escrito por Vicente Lampérez y Romera, donde dedica un capítulo a lo que denomina como «arquitectura rústica».

En el panorama actual tenemos que mencionar que una de las personas que ha elaborado un gran trabajo sobre la arquitectura popular no solo a nivel global en lo que al territorio se refiere, sino desde perspectivas más acotadas sobre zonas específicas es José Luis García Grinda[12], donde además de desarrollar un sistema de estudio minucioso explicando el trabajo de campo y examinando cuidadosamente los rasgos más importantes del territorio donde se asientan las construcciones populares se interesa por encontrar las claves para conservar aquellas que se puedan llegar a entender como parte del patrimonio rural. Junto a Grinda, otro de los autores contemporáneos con trabajos ejemplares y con una manera de analizar y catalogar las construcciones populares mediante fichas de toma de datas, de análisis del entorno, del estado de conservación y de otros aspectos relevantes para completar el estudio, es Luis Maldonado Ramos[13] con trabajos en diversas regiones de España.

Ilustración 3 - Caseta agraria en Valderas (León) dibujada par José Luis García Grinda arquitectura popular leonesa 1991

 

Por otra parte, hay que destacar que la vinculación de la arquitectura popular a la tierra a la que pertenece resulta decisiva, pues el material con el que se realizan tales construcciones, los sistemas tradicionales para edificar implícitos en las costumbres de cada localidad, y el clima y demás aspectos medioambientales van a determinar y justificar la manera con la que se construye en cada territorio. Sobre  las dos comarca  que se  abordan para la localización  de  este tipo de arquitectura la persona que mejor ha explicado la caracterizas de esta franja territorial es Justo González Garrí do quien en los años 40, momento en el que seguramente estas construcciones tenían gran actividad funcional, realiza una descripción muy completa del medio físico, del clima, de la población e, incluso, de la economía de Tierra de Campos[14] y Montes Torozos[15], indicando los límites de estas regiones, ilustrando su paisaje, sus monumentos y, en algunos casos, pequeñas construcciones de la arquitectura popular. Gracias a esta gran documentación es posible encontrar una potente conexión entre arquitectura y territorio.

En una visión más acotada encontramos a personas que han especificado el estudio de esta manera de construir con las regiones de la comunidad castellano-leonesa. Así, Juan Carlos Ponga Mayo y Mª Araceli Rodríguez realizan un repaso global en Arquitectura popular en las comarcas de Castilla y León (2000), donde parten de los estudios y principios de Carlos Flores especificando las características de las regiones naturales castellano-leonesas mediante ejemplos actualizados en cada una de ellas. Resulta importante la indagación que realizan estos autores sobre la obtención de los materiales que intervienen en las construcciones auxiliares.

Mucho antes, ya Juan Mojo Carrió desarrolla un trabajo muy técnico en Los sistemas y detalles constructivos en la edificación popular castellana (1983), en el cual recopila y describe información muy importante sobre la manera en el que el arquitecto popular construye en esta comunidad autónoma. Se trata de un trabajo con una gran documentación gráfica de los elementos constructivos más comunes y una profunda descripción escrita del origen, el modo de extracción y de ejecución de los materiales empleados en estas edificaciones.

Antonio Sánchez del Barrio[16], poco después, acota a un más el marco geográfico explicando las construcciones más destacado de la arquitectura popular en Valladolid, describiendo los principales materiales y clasificándolos por zonas, e indicando los tipos constructivos en función de su utilidad: vivienda, palomares, colmenares, chozos, bodegas, casetas de era, ... Además, resume en cuatro los principios de la arquitectura rural en Valladolid a partir de los veinticuatro puntos característicos que formuló Carlos Flores, organizándolos en los siguientes factores determinantes: el clima predominante en la zona, los materiales propios del lugar y su tradicional manejo y elaboración, la herencia arisca y el concepto estético de sus moradores y, por último, las creencias y las tradiciones enraizad en la zona.

Sobre los materiales que intervienen en la arquitectura popular en las dos regiones estudiado cabe destacar que los estudios sobre el barro (principalmente) y la piedra suponen un buen complemento para el entendimiento de estas construcciones. En La arquitectura del Barro, de Alonso Pon a de 1989, se elabora un buen trabajo de recopilación de las principales técnicas constructivas de este material (adobe y tapia o tapial)[17] explicadas en detalle mediante ejemplos localizados en Castilla y León, especialmente en Tierra de Campos, y sobre el cual explica la funcionalidad y forma de construir de los tipos más comunes de arquitectura popular, de manera similar a la que hizo poco antes Sánchez del Barrio. Pero seguramente el trabajo contemporáneo más profundo sobre el barro en la arquitectura popular vallisoletana lo encontramos en Mariano Olcese Segarra en su tesis Arquitectura de Tierra: Tapial y Adobe, publicada en 1993, donde realiza un enquiste análisis de los grandes autores que han abordado el estudio del barro en la edificación, desde Vitrubio, Palladio o Villanueva hasta Torres Balbás. En esta obra además se centra en el estudio de ciertas construcciones de barro en Tierra de Campos (Viviendas y caseta de era en Villalón de Campos) y otro pocas en Montes Torozos (palomar de Urueña y chozo en Torrecilla de la Abadesa), que incorporaremos a nuestro estudio.

Sobre la piedra en la arquitectura popular, Juan Manuel Báez Mezquita[18] especificar sus diferentes tipos y las técnicas más comunes que se desarrollan en Castilla y León, indicando los lugares desde donde se pueden extraer y las causas que condicionan el modo de empleo de este material.

Podemos encontrar ciertos trabajos de la arquitectura popular en Tierra de Campos y en Montes Torozos de manera separada, como el que realiza Fernández Flórez[19] sobre el barro en la primera comarca, recopilando información de otros autores y añadiendo los aspectos que encuentra según el análisis de diferentes construcciones, o los que desarrolla Jiménez Arqués[20] en la segunda, describiendo construcciones dos comarcas (no sabemos si con intención previa o fruto de reflexiones posteriores, aunque seguramente porque ambo pertenecen a la provincia de Valladolid) para el análisis de ejemplos de arquitectura popular vinculados a la vida agraria encontramos los trabajos de Carlos Carricajo Carbajo[21], quien ha realizado una labor de campo muy significante sobre muchas construcciones populares en la zona que ocupa nuestro trabajo. La descripción gráfica y escrita sobre estas muestras y los espacios que las rodean suponen un complemento potente para el desarrollo de una investigación actual sirviendo de punto de partida hacia estudios más completos.

Una de las obras referentes más importantes sobre construcciones populares en estas comarcas es la tesis Palomares de barro de Tierra de Campos (1983) de Roldán Morales donde representa una exquisita clasificación tipológica de estos maravillosos ejemplos construidos con tierra, describiendo de manera gráfica muy detallada todos los ejemplos encontrados en un intenso trabajo de campo. Éste supone “uno de los trabajos de investigación más referenciados por futuros autores interesados en temas similares. Otros dos buenos ejemplos sobre estudios de arquitectura tradicional, aunque no están basados en nuestra región ni son construcciones parecido, son las tesis de Razón constructiva de fa arquitectura negra de Guadalajara (1991) de Luis Maldonado Ramos y Bombos de Tomelloso: la cúpula como vivienda (2004) de Bernalte Patón, donde la metodología de trabajo basada en el análisis del lugar y en el de las construcciones encontradas, aparte de ser más moderna que la de Roldán Morales, es muy completa y útil para servirnos de esquema de trabajo en nuestro estudio. La cuarta tesis doctoral que también nos ha servido de referencia por abarcar el ámbito castellano leonés y por tratar de materiales comunes a nuestra tarea de investigación es la de José Luis García Grinda[22] del año 1986 clasificando y caracterizando las construcciones populares de su franja espacial de estudio.

Ilustración 4 - Axonometría seccionada de un Palomar en

Valverde de Campos (Valladolid) realizada por Roldan Morales en su tesis

 

 Evidentemente muchos más son los autores que han tratado alguno de estos campos de exploración que también servirán para el seguimiento del presente trabajo y que aparecen nombrados en la bibliografía general.

Por otro lado, no queremos dejar de constatar los grupos de investigación que tratan de recuperar los valores de las formas tradicionales de construir. La asociación Interacción, fundada en 1982, se encuentra reunida en Navapalos (Soria) en el Centro Experimental y de investigación para la Construcción en Materiales y Técnicas Autóctonas y colaboran con el instituto Eduardo Torroja. Su presidente es el arquitecto Erhard Rohmer y se dedican a la investigación y docencia de todos aquellos aspectos del desarrollo sostenible, patrimonio arquitectónico y viviendas contemporáneas realizadas por un material muy común para estas construcciones: la tierra. Aunque este proyecto ya no está operativo por falta de subvenciones, recientemente están intentando reactivarlo. Por otro lado, encontramos al CIAT (Centro de interpretación de Arquitectura Tradicional) con sede en Boceguillas (Segovia) y dirigido por Luis Maldonado Ramos y Fernando Vela Cossío. Se creó en 1996 y está destinado a la realización de actividades en la investigación, la formación, la difusión y la protección de la arquitectura tradicional.

Podemos decir que el estado de la cuestión se ha examinado desde campos muy generales y desde diferentes puntos de vista, lo que ha permitido comprender y establecer el modo en el que se debe estudiar las construcciones que tratamos para este trabajo, ya que toda ellas, por muy dispares que sean, presentan un análisis a partir de un patrón común. Por otra parte, también se ha podido establecer y comprender hasta qué punto existe investigación sobre los temas que proponemos y nos hemos dado cuenta que no hay una documentación extensa y precisa sobre el lugar delimitado y en especial sobre la perspectiva que se plantea y por ello las intenciones de este trabajo nacen, en parte, para cubrir cierto desconocimiento en la investigación de las construcciones auxiliares agrarias en estas dos comarca castellano-leonesas.

 

Metodología

A continuación, se explicarán todos los procesos que se han efectuado para poder analizar la arquitectura de las construcciones rurales que abarca la zona de estudio propuesta. Además, este sistema de trabajo nos va a servir para culminar dos de los principales fines que nos hemos marcado como meta: el Catálogo gráfico y descriptivo de las edificaciones auxiliares de Campos y Torozos, y la propuesta de reconstrucción de una de ellas. Por lo que se propone una metodología global y común para el avance de estas dos fases de trabajo.

Se han podido analizar los desarrollos metodológicos de grandes autores que han investigado construcciones de la arquitectura popular. Todos ellos coinciden en varios aspectos: un buen domino de las referencias bibliográficas, un ordenado trabajo de campo y una caracterización de las muestras analizadas. Así, destacamos los siguientes niveles de trabajo:

El primer nivel corresponde al marco teórico a través de la búsqueda documental recopilando una amplia bibliografía. Esto nos va a servir para explicar el estado de la cuestión (que se recoge en el punto anterior) y también nos va ayudar para observar ejemplos y muestras que otros autores han analizado, sobre todo, los encontrados en la zona de estudio que ocupa en nuestro trabajo. La búsqueda se realiza desde una La búsqueda se realiza desde una escala central (Madrid), pasando por una provincial (Valladolid) y llegando hasta una local (centros de información de diferentes localidades).

 

MADRID

Biblioteca de la Escuela Técnica superior de Arquitectura - UPM Biblioteca de la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica - UPM

Biblioteca de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola - UPM

Biblioteca del COAM

Biblioteca Nacional

VALLADOLID

Archivo de la Real Chancillería

Archivo General de Simancas

Biblioteca de la Facultada de Filosofía y Letras - UVA

Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura - UVA Deposito Campus Delibes

Biblioteca de COACyLE

ÁREAS LOCALES

Biblioteca del Centro Etnográfico Joaquín Díaz (Urueña)

Ayuntamiento de Urueña — Oficina de Turismo Museo del Pastor (Montelagre de Campos) Museo Agrícola (Autilla del Pino)

Museo del Pastor (Montelagre de Campos)

Museo Agrícola (Autilla del Pino)

El resultado de esta búsqueda se resume en las siguientes referencias bibliográficas, en las cuales se ha podido encontrar información sobre las construcciones que se especifican (como las de la Ilustración 5 de la siguiente página) y que luego se han podido observar in situ o se ha podido recopilar información sobre ellas a través de testimonios lo suficientemente descriptivos como para tenerlas en cuenta:

Alcalde Crespo, Gonzalo. 1989. Palencia, Barro, Madera, Piedra. Información fotográfica, y descripción detallada de chozos y casetas. Análisis del medio natural.

Alonso Ponga, José Luis. 1989. La Arquitectura Del Barro. Información fotográfica, dibujos y detalles de elementos de construcciones agrarias en Zamora, León y Valladolid.

Benito Martín, Félix y Hiernaux González, José Luis. 1998. La Arquitectura Tradicional de Castilla y León. Ilustraciones y descripción escrita de chozo en local

Caro Baroja, Julio, Cea Gutiérrez, Antonio, Fernández Montes, Matilde y Sánchez Gómez Luis Ángel. 1990. Arquitectura Popular En España. Fotografías y comentarios sobre caseta agraria en Valderas (León).

Carricajo Carbajo, Carlos. 2010. 50+1 Construcciones Vernáculas En La Provincia De Valladolid. Descripción detallada con comentarios, dibujos acotados, detalles constructivos y reportaje fotográfico de varias construcciones rurales en Valladolid.

Carricajo Carbajo, Carlos. 1995. Construcciones Secundarias. Documentación gráfica acotada y explicaciones de ejemplos de la arquitectura popular.

Corral Castanedo, Antonio Diez, Justino 1999.  Los Montes De Torozos (Aproximaciones a Una Comarca). Valladolid: Caja España. Fotografía de chozo en Castromonte (Valladolid).

Delibes Miguel. 1980. Castilla, Lo Castellano v Los Castellanos. Imagen de chozo y caseta en Urueña (Valladolid).

Ilustración 5 - Página del libro de Carlos Carricajo Carbajo 50+1 Construcciones Vernáculas en la Provincia de Valladolid, de 2010, donde describe y explica gráficamente un chozo a guardaviñas en Villalba de los Alcores que posteriormente se ha visto in situ

 

Feduchi Luis. 1974. Itinerarios De Arquitectura Popular Española. J, La Meseta Septentrional. Gran documentación gráfica y escrita acompañada de imágenes de ejemplos de varias localidades de la zona de estudio.

Fernández Flórez, Mª C. y Fernández López, E. 2000. El Barro En Tierra De Campos. Dibujos de construcciones auxiliares.

Flores, Carlos. 1978. Arquitectura Popular Española. Amplia información gráfica y escrita acompañada de fotografías de muestras de varios municipios del área de estudio.

Fundación Joaquín Díaz. «Colección De Fotografías De Castilla y León. Monumento Pueblo. Fotografías de archivo de chozos y casetas de Urueña (Valladolid}.

García Grinda José Luis. 1991. Arquitectura Popular Leonesa. Descripción gráfica y escrita de casetas agrarias en la provincia de León.

García Grinda, José Luis, Nieto González, José Ramón y González Fraile, Eduardo. 2007. Patrimonio Arquitectónico De Castilla y León. Fotografías y comentarios acerca de construcciones de la zona de estudio.

González Garrido, Justo. 1941, La Tierra de Campos: Región Natural. imagen chozos en Tordehumos (Valladolid) a mediados del siglo XX.

Olcese Segarra. Mariano. 1993. Arquitecturas De Tierra: Tapial v Adobe. Reportaje fotográfico, descripción gráfica con detalles constructivos y esquemas estructurales de chozos y casetas en la provincia de Valladolid.

Pahíno, Luis, Jové, Félix, Muñoz de la Calle, David y Díaz-Pinés Mateo, Fernando 2011 Trabajos De Reconstrucción Del Antiguo Chozo De Miraflores En Tordehumos, Valladolid, Recuperación Del Patrimonio Vernáculo.  Imágenes y dibujos acotados de chozo de piedra.

Ponqa Mayo, Juan Carlos y Rodríguez Rodríguez, María Araceli. 2000. Arquitectura Popular En Las Comarcas De Castilla y León. Ilustraciones de construcciones rurales de la zona de estudio.

Puente Ricardo 1997. Urueña: Balcón de Tierra de Campos. Fotografía de 1993 de chozo.

Regueras Grande. Fernando. 2009. “Más es menos”. Construir en barro. Una arquitectura de futuro. imágenes y comentarios de varios ejemplos de arquitectura rural en el área castellana.

Roldán Morales Francisco Pedro. 1996. Arquitectura Popular De La Provincia De Valladolid. Documentación gráfica con dibujos acotados y escrita de numerosas construcciones agrarias.

Sánchez del Barrio, Antonio. 1987. Las Construcciones Populares. Imagen y dibujo de chozo en Ceínos de Campos (Valladolid).

En el segundo nivel hablamos del trabajo de campo. A partir de un conocimiento del territorio y de la ubicación de los municipios donde se asientan las construcciones que hemos detectado a través de otros autores y que vamos a intentar analizar se realizarán «batidas sistemáticas»[23], pues es imposible analizar la zona al cien por cien. Estableciendo un punto central en toda el área de estudio, fijado en la localidad de Urueña, pues esta se sitúa en el borde que separa Tierra de Campos de Montes Torozos, se programan itinerarios en función de las distancias a recorrer y de las horas de sol que dispone el día, dejando un margen holgado para posibles paradas no previstas, si por ejemplo se descubren ejemplos de esta arquitectura que nadie ha descrito todavía.

En primer lugar, se realizará un listado de las localidades que vamos a visitar a través de las citas bibliográficas consultadas, que más adelante se ampliará gracias a los pueblos citados por las personas que podamos entrevistar, y también con los casos inesperados que nos encontramos durante el desarrollo de las visitas.

En la siguiente tabla aparecen los 49 municipios que se han incorporado al estudio, de los cuales 34 ya aparecen en las referencias de otros autores, a cinco de ellos se les visitó por recomendación de gente entrevistada por los otros pueblos

(aparecen precedidos de punto en la lista siguiente) y otros cinco fueron descubiertos por sorpresa mientras se trazaban los recorridos (precedidos por guión)[24]. Tan solo en seis de ellos no encontramos ninguna construcción o estaban desaparecidas las que esperábamos encontrar (en color gris). También se han incorporado a la tabla otros municipios que, aunque no pertenezcan al área estudiada contienen construcciones similares que otros autores han examinado (en color granate) y que pueden ser útiles para ciertos análisis.

 

 

VALLADOLID

 

Arrabal del Portillo

La Madurra

Urueña

Barcial de la Loma

Montealegre de Campos

Valverde de Campos

Becilla de Valderaduey

Mota del Marques

Villabrágina

Bercero

-Morales de Campos

Villaco

Berrueces de Campos

-Palacios de Campos

Villaesper

Castromonte

-Peñaflor de Hornija

-Villafrechós

Ceinos de Campos

Pobladura de Sotiedra

Villalba de los Alcores

Coruñeses (Medina de Rioseco)

Quintanilla de Trigueros

Villalón Campos

Cuenca de Campos

San Cebrián de Mazote

 

Rebollar

Tamariz de Campos

 

Encinas de Esgueva

Tiedra

 

Esguevillas de Esgueva

Tordehumos

 

Fondedilla

Torrecilla de la Abadesa

 

Gordaliza de la Loma

Torrelobatón

 

PALENCIA

LEÓN

ZAMORA

Autilla del Pino

Valderas

Bustillo del oro

Belmonte de Campos

 

Castroverde de Campos

 

 

Prado

 

 

Valdescorriel

 

 

Vidayanes

 

 

Villafáfila

Ilustración 6 – Tabla de municipios visitados ordenados por provincias

 

 

Ilustración 7 - Mapa de ubicación de los municipios que contienen las muestras analizadas y de los recorridos realizados.

Se trata de un localizador para identificar los municipios sobre una cuadricula con coordenadas

 

A continuación, se procede a la elaboración de un mapa donde se marcan los recorridos a efectuar y se señala la localización de los municipios donde se encuentran las edificaciones que estamos tratando y el número de muestras que existe en cada una de ellas. Más adelante (en el análisis del cuerpo temático) usaremos estos puntos de ubicación sobre un mapa geológico, ya que de esta manera relacionamos la muestra al tipo de suelo de donde se saca el material para su construcción.

Los recorridos programados son los siguientes (ver junto con ilustración 7):

Recorrido 3 (azul). Área suroeste de Tierra de Campos Villanueva de los Caballeros — Bustillo del Oro — Villafáfila— Vidayanes — Valdescorriel — Calderas — Prado — Castroverde de Campos — Barcial de la Loma — Villafrechós — Morales de Campos). Uno de los principales itinerarios del barro encontrando el buen uso del tapial y el adobe sobre estas arquitecturas.

Previamente a las visitas a estos municipios se elabora una ficha de toma de da- tos que se rellenará para cada construcción. Éstas serán la base para las futuras fichas de catalogación de los casos estudiados y, aunque de manera más sencilla, deben incluir los siguientes puntos[25]

Localización, mediante un pequeño mapa del término municipal y otro del núcleo de población para poder situar la muestra respecto al municipio, y si se puede los lugares de donde se extrae el material con el que se construyen las muestras analiza- das, como por ejemplo zonas cercanas al río para la elaboración de adobes.

Descripción del entorno, señalando características geomorfológicas, microclimáticas, hidrológicas, indicando la presencia de cursos de agua, fuentes, vegetación que pueda influir en el edificio, así como su ubicación respecto a la parcela y orientación, la explotación de la misma y la posible presencia de otras construcciones o elementos de interés en ella.

Referencias Bibliográficas, gracias a los cuales nos hemos lanzado a estudiar las muestras, y que nos servirán para preguntar por ellas a los habitantes de estos lugares apoyándonos con la inclusión de fotografías y/o dibujos de las mismas.

Descripción gráfica del objeto, donde se pueda describir la orientación, tamaño y forma de planta y alzado, los accesos y huecos del cerramiento, y con un sencillo perfil volumétrico para la comprensión visual de las notas tomadas, si éste es necesario. Se anotarán ciertos elementos exteriores relacionados con la construcción como árboles que dan sombra, fuentes, pozos o aljibes, y, también, una descripción del espacio interior, señalando elementos característicos como poyetes, pesebres o camastros. Todo ello mediante croquis y acompañado de acotaciones tomadas con metro o medidor láser.

Materiales y técnicas constructivas indicando los materiales empleados, el sistema estructural de muros y cubierta y forma de asentamiento al terreno, disposición de elementos arquitectónicos auxiliares como cargaderos o dinteles y tratamiento que reciben los paramentos interiores y exteriores.

Aspectos antropológicos para explicar el hábitat, si ha sido temporal o permanente, definir el número de personas que lo usan o usaban y actividad para la que fueron construidos, incluso indicar las posibles herramientas o maquinas que se guardaban, o el número y tipo de animales que lo ocupan, gestión de la explotación: en propiedad, arrendamiento... A través de entrevistas con habitantes cercanos, a ser posible, personas ya entradas en edad que por su experiencia puede revelar datos importantes, o también los propietarios de las mismas muestras, podemos conseguir esta información.

En Otras observaciones se podrá ampliar información adicional e indicar aspectos como el estado actual de conservación.

Datos de la persona entrevistada, para dar veracidad de los testimonios que nos han servido para mejorar el entendimiento de los elementos estudiados, indicando nombre y apellidos y vinculación a la muestra observada.

El trabajo se completará con un amplio reportaje fotográfico, con instantáneas que recojan la mayor información posible y desde puntos de vistas que hagan mejor su comprensión volumétrica.

Ilustración 8 Imágenes realizadas mediante la toma de datas en s/W de un chozo en Torrecilla de la abadesa (izquierda) Otra en la Mudaria (centro y obra en Tordehumos (derecha) Donde se le practicaba una entrevista a Don Melecio Olea. Todos ellos en Valladolid

 

Ilustración 9 - Medición del hueco de acceso en un chozo en Villanueva de los Caballeras (Valladolid)

 

A continuación, se expone una ficha de tomas de datos de uno de los ejemplos analizados:

 

Una vez hayamos inspeccionado todas las muestras se realizará el análisis del cuerpo temático que ocupa a este trabajo. En este se realizará un estudio del marco geográfico desde las características geológicas, topográficas y climatológicas, mediante mapas y cartografías, hasta el análisis de la población mediante tablas y gráficos; y el propio estudio de las muestras que conlleva el análisis tipológico, el constructivo y el de otros aspectos arquitectónicos que intervienen en esta arquitectura popular mediante tablas, gráficos, dibujos, modelos tridimensionales u otras herramientas que permitan su mejor lectura. Lo que se busca en este apartado es realizar una completa clasificación que identifique las características principales de esta forma de construir.

Tanto para el desarrollo de estos análisis como para la elaboración del catálogo (Anexo 1) se deben efectuar unas fichas de caracterización de cada muestra que ayuden a garantizar la objetividad del trabajo. Estas fichas, similares, pero más ordenadas que las de la toma de datos y con la intención de poder clasificarlas, se organizan de la siguiente manera:

Ficha 1. Municipio. Comprende los datos de localización (provincia, comarca, partido judicial al que pertenece, distancia a la capital de la provincia, coordenadas de latitud, longitud y altitud, superficie del término municipal y número de habitantes) acompañados de los planos o mapas de localización de la localidad (territorial, geológico y administrativo) y de emplazamiento de la/s muestra/s junto con una breve descripción del lugar y lo hallado en él. Se le da un código de tres letras acompañada de la inicial de la provincia a la que pertenece.

Ficha 2 1. Análisis de la muestra. Se describen los datos generales de la muestra (denominación o nombre que recibe, calle o parcela donde se ubica, superficies de la parcela y de la muestra, orientaciones, propietario, año de construcción y actividad) acompañados de un plano de situación respecto a la parcela a la que pertenece. Se marcarán las casillas correspondientes que puedan clasificar a la muestra en cuanto a los diferentes tipos detectados y su sistema constructivo y estructural y se establecerá su estado de conservación. En los campos de observaciones se incluirán aquellos elementos peculiares que no pueden definirse en las casillas de caracterización como la descripción de los huecos de fachada, el estado de conservación global de la muestra, las posibles intervenciones sufridas y el carácter de las mismas, o las posibles variaciones ocurridas en el entorno. Finalmente haremos una mención a las fuentes de información a partir de las cuales hemos podido completar su documentación si estas existen, tanto a las bibliográficas como a las directas del lugar (testimonios de personas entrevistadas). Cada muestra se referencia con el código del municipio más una cifra de dos dígitos.

Ficha 2 2. Reportaje fotográfico. El reportaje fotográfico no solo contará con las ilustraciones realizadas in situ, sino también se procurará realizar una comparación con otras realizadas por otros autores en momentos anteriores con el fin de conseguir establecer una evolución del estado de deterioro de la muestra, tomando instantáneas desde similares puntos de vista.

Ficha 2 3. Descripción gráfica. Lo más importante para dejar constancia de la forma de construir de estos autores anónimos es dejar una documentación gráfica que explique los aspectos técnicos más importantes de estas construcciones. Por eso el dibujo de alzados, plantas y secciones detalladas, e incluso esquemas o dibujos tridimensionales nos permitirán desarrollar un registro muy valioso.

A continuación, se muestra a modo de ejemplo las fichas de catálogo de una de las muestras:

 

 

 

 

Cabe destacar que normalmente para el desarrollo de un catálogo de construcciones populares se debería hacer una selección de todas las muestras a catalogar. En este caso, tras la ya mencionada pérdida de muchas de ellas, la realidad es que se han incluido todas o casi todas (están todos los chozos observados y de las casetas de era, aquellas que consideramos de gran importancia, principalmente por la propia in- formación que desvela) ya que el número detectado no es muy elevado, al menos en las fichas 1, 2.1 y 2.2, y en las fichas 2.3 de descripción gráfica se han descrito aquellas que al menos cubren un ejemplo de todo el abanico tipológico que se describirá más adelante. Además, en este catálogo se han incluido aquellos ejemplos cuyo estado es lo suficientemente bueno como para comprender en una primera aproximación su concepción volumétrica, aquellas en estado de ruina pero que pueden ser fácilmente identificables in situ, y, también, las desaparecidas pero que gracias a la documentación bibliográfica y a los aportes de los habitantes de estas regiones hemos podido encontrar la información suficiente como para catalogarlas.

Otro complemento que se ha querido incorporar al trabajo como una forma de adaptación a la tecnología informática actual es el Catálogo Virtual de Muestras. Mediante un archivo de extensión .kmz (válido para abrir a través del software Google Earth) se podrán observar sobre el mapa interactivo todas las muestras analizadas, los recorridos realizados e, incluso, zonas de extracción de la materia prima con la que se construyen estos ejemplos, todo ello acompañado de comentarios, fotografías y dibujos.

Además, sobre este mismo archivo se puede utilizar la herramienta «Street View» (ver ilustración 11) que permite visualizar vistas interactivas de aquellas construcciones que se encuentren cerca de las vías disponibles para tal aplicación.

 

Ilustración - Captura de la utilización del archivo del catálogo virtual de muestras

 

Con la rápida evolución de los simuladores informáticos como Google Earth seguramente sea posible en un futuro próximo poder observar de manera actualizada el estado actual de estas construcciones a partir de un único archivo que contenga los datos de las mismas.

En la última parte del presente trabajo elaboraremos el análisis para propuesta de reconstrucción de una de las muestras analizadas. La intención de esta fase es poner en práctica todo lo aprendido en el análisis de las construcciones rurales. Y apoyándonos en los estudios realizados en el cuerpo temático se incorporarán otros nuevos más precisos sobre esta construcción que desvelen las características particulares de la edificación elegida.

De esta manera, se realizarán un análisis material donde se realizarán un levanta- miento geométrico de plantas, alzados y secciones más completo que el efectuado en el catálogo (utilizando sistemas de triangulaciones), y un estudio del sistema y de la composición de los materiales empleados con el fin de poder describir a fondo la construcción. Mediante un análisis sociológico previo se explicarán los factores determinantes del entorno social y natural y los aspectos relacionados al uso al que estaba destinado tal ejemplar y la propiedad que lo gestiona.

Reflexionaremos sobre los valores que acontecen a este elemento y dictaminaremos el modo de intervenir sobre el edificio en base a ellos, y observando los daños existentes se determinará la intervención necesaria para dotar a esta construcción de un uso que sea compatible con las circunstancias que le envuelven.

Ilustración 11 - Captura del uso de la herramienta "Street View’” sobre uno de los chozos analizados

 

5. Cuerpo temático

5.1 Estudio del medio físico

5.1.1 ESTUDIO GEOGRÁFICO

La Comunidad Castellano Leonesa, compuesta por nueve provincias, ocupa casi toda la Meseta Norte de España y puede considerarse como un extenso valle sedimentario encerrado de sólidos bordes montañosos. Al norte, el límite con la codillera Cantábrica alcanza desniveles de hasta 500m, por el este la cordillera ibérica se eleva hasta 200m, por el oeste el macizo galaico-leonés tímidamente bordea el límite autónomo y por el sur-suroeste el sistema central se levanta sobre la meseta hasta los 700m. Solamente por el suroeste en las provincias de Salamanca y Zamora se desvanece esa sensación de cuenca hundida que observamos en cualquiera de los otros bordes.

Se caracteriza por un clima altamente continental donde aparecen veranos cortos y cálidos e inviernos largos y fríos. El paisaje es relativamente llano, tan solo interrumpido por ciertos páramos, y se encuentra desprovisto de vegetación dando lugar a una imagen tradicional de la España interior.

La zona de estudio que se propone, compuesta por las regiones de Tierra de Campos y Montes Torozos, se sitúa en el centro de la meseta septentrional y abarca la ocupación de parte de cuatro provincias de Castilla y León: Una amplia franja del noroeste de Valladolid, una parte del nordeste de la provincia de Zamora, una pequeña zona del sureste de León y una gran superficie del centro y del suroeste de Palencia.

Uno de las personas que ha estudiado y explicado ampliamente ambos espacios describiendo perfectamente su marco geográfico es Justo González Garrido, del cual se han podido conocer perfectamente sus límites.

Ilustración 12 - Mapa de España donde se localiza la Comunidad de Castilla y León, sus provincias y la delimitación de la zona de estudio

(Tierra de Campas en tono marrón y Montes Torozos en zona verde). Fuente del fondo de imagen: Instituto Geológico y Minero de España

 

Tierra de Campos es una comarca extendida por las cuatro provincias mencionadas anteriormente. Al ser una región natural sus límites son algo imprecisos. Además, por motivos de índole histórica, política o administrativa siempre ha existido cierta confusión a la hora de establecer el borde regional. Aun así, se confirma que está compuesta por 161 municipios habitados entre 100 y 400 vecinos la mayoría de ellos y una población global de 67.400 habitantes.

Limita al Norte con los Montes de Palencia y por el río Cea en la provincia de León, al noreste por el Pisuerga y al sureste con los Montes Torozos. Hacia el sur termina en el comienzo de la Tierra del Pan zamorana allá por el bordé del río Sequillo y las Lagunas de Villafáfila.

Se manifiesta como una extensa llanura con poca densidad arbórea y suaves ondulaciones de terreno, dedicada casi en su totalidad al cultivo de cereales y con apariencias tan homogéneas y características en toda su extensión que hacen que se considere, sin lugar a dudas, como una verdadera unidad geográfica. Como describe Justo González Garrido, «todo en ella es uniforme: la constitución geológica, la disposición del suelo, el cultivo a que milenariamente viene sometiéndosela, el aspecto general de los campos, la aspereza y aridez del ambiente... la escasez general de fuentes, la deslumbrante luminosidad del paisaje, la fisonomía de los viejos pueblos que la jalonan en su rústica y vetusta arquitectura, cuya principal materia constructiva es la propia arcilla del suelo endurecida al sol candente de estíos»[26].

Ilustración 13 - Mapa de Tierra de Campos por Justo González Garrido en La Tierra de Campos: Región natural. 1941

 

La comarca de Montes Torazos ocupa el noroeste de la provincia de Valladolid y el suroeste de Palencia. El espacio que ocupa no es de una gran superficie, pero constituye una unidad geográfica fácilmente apreciable. Está ocupado por 39 localidades de Valladolid y 5 de Palencia, además de otros 36 pueblos, 29 pucelanos y 7 palentinos, que, aunque sus términos ocupen los montes, sus núcleos urbanos pertenecen a otras comarcas.

A diferencia de otras regiones con sucesiones de variados paisajes, en ésta «el espacio es único de una uniformidad compacta y apreciable en una sola mirada, [...] toda la comarca aparece dominada por una áspera monotonía. Pero ello no la priva de poseer características diferenciales con una fisonomía propia, ni la impide de despertar un Ilegítimo interés en el observador» según afirma Garrido[27].

La comarca comienza al suroeste de Palencia y se va ensanchado hacia el oeste de Valladolid. Su elevación sobre el nivel de las tierras llanas alcanza los 150m dividendo la meseta septentrional en dos partes: Tierra de Campos al noroeste y la Campiña Vallisoletana hacia el sureste. Aunque el borde de la comarca viene dado por la topografía, el Imite de esta región coincide con el curso del río Pisuerga al oeste y su unión con el Duero al sur del páramo. Hacia el oeste el río Sequillo recorre todo su literal.

Por otro lado, los pequeños valles surgidos por el progreso de los cursos de otros dos ríos, el Bajoz y el Hornija, que más adelante verterán sus aguas al río Duero, fragmentan el páramo en varios trozos hacia el suroeste, dando origen al nombre que recibe (Torozos — Trozos).

La altitud se sitúa entre los 800 y 850m, esto quiere decir que la imagen creada es la de mesetas con superficies perfecta- mente horizontales proporcionando un relieve muy característico solo hallado por la cabecera de las leves depresiones.

Aunque se traten de dos regiones bien diferenciados, tanto por la topografía como por la fisonomía del terreno y que cada una de ellas aporta un material muy característico para las construcciones rurales, el barro en Tierra de Campos y la piedra en Montes Torozos, la aparición de una arquitectura mixta (tierra y piedra) detectada sobre todo en la franja límite entre estos dos espacios hace que podamos analizar el conjunto como un espacio donde se produce una interesante progresión, objeto de nuestro estudio, y definirla como una única unidad geográfica denominada Campas y Torozos, la cual ya ha sido tratada por otros autores de manera conjunta en conceptos económicos, demográficos y de otra índole, y además da nombre a una asociación[28] que vela por el progreso de los ámbitos económicos, sociales, culturales e institucionales de los pueblos que lo conforman.

Para nuestro trabajo el área de estudio recoge un espacio donde se produce la mayor interacción entre las dos comarcas cogiendo toda la franja límite entre ambas y añadiendo otras superficies donde la forma de construir sigue la tendencia observada desde el comienzo de la investigación.

Ilustración 14 – Mapas de los Montes Torozos según Justo González, publicado por Antonio Corral Castanedo en Montos Torozos (aproximación a una comarca). 1999

  

Ilustración 15 - Rana del área de estudio dentro de las dos comarcas que ocupan cuatro de las nueve provincias de Castilla y León.

Los puntos corresponden a los municipios donde se encuentras las casas estudiadas

 

5.1.2      ESTUDIO DEL MEDIO NATURAL

5.1.2.1   Geología

El estudio geológico quizás sea uno de los más determinantes para la comprensión constructiva de estos ejemplos de arquitectura rural, tiendo en cuenta que lo normal en estas edificaciones era construir con los materiales se disponían más fácilmente, es decir, lo que la tierra les proporcionaba.

Ilustración 16 - Mapa geológico editado por Hnos. Abril Revuelta (Oscar y Raúl) a partir de 16 planos del Instituto Geológico y Minero de España. (ver todos mapas en Anexo 3)

 

De este modo la composición del terreno en la zona analizada se encuentra dominada por dos polos: las arcillas y las calizas. Los páramos de los Montes Torozos están integrados por calizas (color blanco) de permeabilidad alta del periodo terciario en su mayor parte y, aunque en menor medida, por cantos, gravas y arenas del periodo cuaternario (manchas azuladas dentro de la zona blanca). Del surgimiento de corrientes (ríos Sequillo, Bajoz, Hornija y Pisuerga) nos dejan a su paso limos y arcillas grises (en color azul celeste) del periodo terciario y algunas añadidas del cuaternario. De esta forma, aunque se trate de una zona dominada por piedra, también existen las materias primas necesarias para la elaboración de barro.

Ilustración 17 - Perfil geológico del área de Tordesillas. Instituto Geológico y Minero de España

 

La zona llana de alrededor de los páramos está formada por conglomerados cuarcíticos de matriz arcillo-arenosa (en color amarillo) en su mayor extensión con zonas puntuales de margas, limos y arcillas ocres con areniscas y conglomerados intercalado de un color rojizo, todos ellos del periodo Terciario (tonos más marrones en el mapa).

Constructivamente la plataforma de caliza de todo el páramo, formando un cantil cortado casi en pico según se observa en el perfil geológico (ilustración 17), supone un buen sustento para una segura edificación, mientras que el talud de margas y calizas presenta una inestabilidad por desplazamientos horizontales que hace poco apta la construcción en esta área.

Grandes construcciones de piedra de arquitectura militar o religiosa se han originado con material de sillería proveniente de canteras conocidas como las de Villanubla, La Mudarra, Villavieja o Pedrosa del Rey, pero también obras de la arquitectura popular han sido realizadas con mampuestos de piedra.

En la terraza del valle los terrenos son blandos, aunque no suelen aparecer desplazamientos por lo que existe buena estabilidad garantizando la aptitud para la edificación.

 

5.1.1.1 Topografía

Ya hemos comentado anteriormente el contorno topográfico característico de este lugar. La realidad es que básicamente encontramos dos superficies perfecta- mente horizontales separadas por un desnivel de 150m aproximadamente (800-850 de altitud de los páramos frente a los 700-750 de las tierras del valle) y conectadas por una pendiente bastante pronunciada. Además, la relación entre los perfiles topográfico y geológico es muy potente como hemos observado.

No obstante, en ocasiones esta armonía obviamente se ve interrumpida por leves cambios en el relieve tal y como se describe en el siguiente esquema:

Ilustración 18 - Esquema del perfil topográfico realizado par Roldán Morales en

Arquitectura Popular de la Provincia de Valladolid. 1996

 

5.1.1.3 Climatología

A diferencia de lo ocurrido en el estudio geológico y topográfico donde encontrábamos diferencias notables (y por otro lado esperadas) entre los Montes Torozos y Tierra de Campos, el análisis climatológico puede realizarse de manera conjunta, ya que ambas comarcas poseen características similares.

 

Temperaturas

El clima continental provoca situaciones un tanto extremas con inviernos duros y veranos calurosos, incluso llegando «a experimentar a veces dentro de una misma jornada oscilaciones superiores a 25º y alcanza a través del año diferencias de 48º en los días y épocas extremosas»[29].

Los inviernos son crudos y prolongados. Desde Octubre-Noviembre se pueden llegar a registrar temperaturas por debajo del punto de congelación del agua durante la noche. Esta situación se puede prolongar hasta Abril, siendo los meses de Enero y Febrero los más extremos. La media invernal ronda los 5“.

Las primaveras vienen algo retrasadas y suelen ser muy breves y turbulentas, pues a finales de mayo empieza a venir el calor estival, llegando en Julio y Agosto a temperaturas máximas de 40º con violentos descensos en algunos días ya de Agosto- Septiembre, siendo la media en verano de 24º.

Esto motiva a la edificación de construcciones de gruesos muros que aíslen el espacio interior tanto del frío como del calor. Y en este caso los cerramientos de barro encontrados en muchas edificaciones populares sobre todo de Tierra de Campos cumplían a la perfección esta misión.

Ilustración 19 - Climogramas de Medina de Rioseco (Tierra de Campos) y Castromonte (Montes Torozos). Fuente- Sistema de Clasificación Bioclimática Mundial

 

Vientos

Casi todo el año el viento sopla con fuerza en esta zona, refrescando el estío del verano y reforzando la aparición de heladas en invierno. Existen dos direcciones principales registradas en esta zona: la que viene del nordeste, llamado «cierzo», que se registra principalmente en los meses extremos de frío y de calor; y los vientos de dirección opuesta que se registran en primavera y otoño arrastrando las húmedas atmósferas atlánticas y acompañados de Lluvias.

Este data resulta interesante pues la agresión de las lluvias acompañadas de vientos supone un avance en el desgaste de los materiales especialmente del barro. Por lo que puede resultar determinante para las estrategias para proteger mejor las edificaciones.

Ilustración 20 - Representación gráfica de los mientas dominantes en Tierra de Campos Promedio de 40 años por el meteorólogo D. Elíseo Nieto Branas.

Fuente: Justo González Garrido en Tierra de Campos: Región Natural. 1941

 

Precipitaciones

El hecho de que la zona de estudio se encuentre en el recinto central de un espacio rodeado de montañas que impide en cierto modo el paso de grandes frentes hace que el régimen de precipitaciones resulte moderado durante el año, tal y como podemos observar en la ilustración 21. Además, observamos que su mayor presencia coincide con la zona menos delimitada por cadenas montañosas (suroeste).

Según los datos de los climogramas de la ilustración 19 se puede comprobar que ambas comarcas registran unos niveles similares, algo más de precipitaciones en Montes Torozos que en Tierra de Campos, y siempre se producen mayoritariamente en los equinoccios y en los meses invernales. Las nieves y los granizos no suelen aparece más que 4 o 5 días al año.

Esta escasez pluvial se ha traducido en la aparición de cubiertas con poca inclinación oscilando en una media entre el 25 y 40%. Por otra parte, este hecho ha provocado que los muros de tapial y adobe bien ejecutados se hayan conservado durante mucho tiempo sin la necesaria capa anual de revestimiento.

 

Ilustración 21 - Mapa de precipitación anual de Castilla y León. Fuente: Universidad de Valladolid

 

5.1.2.4 Hidrografía y vegetación

 

Hidrografía

Ya se ha comentado que la presencia de ciertos ríos y afluentes es notoria (ver ilustración 16 en el mapa geológico), sin embargo, el caudal de estos es irregular y generalmente bajo, condicionado principalmente por el régimen de lluvias, los cuales ya hemos comprobado que tampoco son elevados. Tan solo el paso del Duero representa una importancia hidrográfica.

Por lo general el ambiente es principalmente seco, sobre todo en las zonas llanas, interrumpido por los acuíferos de tipo superficial encontrado en la zona de páramos.

 

Vegetación

La vegetación del páramo ha sufrido una gran deforestación desde la desamortización de hace dos siglos permaneció la creación de terrenos de cultivos. Esta deforestación sigue actualmente provocando la desaparición de vegetación autóctona compuesta por encinar, sabina y quejo. En las laderas y tierras llanas mucho menos arboladas que hace tiempo, el pino es el dominante.

De todas formas, el panorama que existe se caracteriza por la escasez de madera y está unido al elevado coste de este material hace que en las edificaciones populares su aparición será reducida. Por otro lado, y siguiendo con esta misma tendencia, la poca abundancia de material de combustión reduce la fabricación de elementos cerámicos como la teja y el ladrillo, destinados a solo dos materiales, el barro y la piedra, como los utilizados para estas humildes construcciones.

Ilustración 22 – Perfil de vegetación. Fuente: Roldán Morales, 1996 Arquitectura Popular de la Provincia de Valladolid

 

 

Ilustración 23 - Imágenes Épicas del comienzo del páramo en dos estaciones diferentes. La superior es del término municipal de Urueña en Otoño 2013 y la inferior es de primavera del mismo año en Mata del Marques. Ambas en la Provincia de Valladolid

 

5.1.3 ESTUDIO DE LA POBLACIÓN

En esta área de estudio, Campos y Torozos, las relaciones entre el medio y el hombre son poderosamente sensibles, se manifiestan estrechamente y se conservan de manera pura y directa. Se desarrolla una vida casi exclusivamente rural y dispersa, alejada del carácter perturbador que genera el ámbito industrial, y se crean fácilmente hábitos tradicionales, modos y maneras enteramente adecuados al medio natural en que se desarrollan, reflejándose vivamente las condiciones físicas a través de los hechos sociales.

5.1.3.1 Demografía

Los indicadores demográficos básicos, tasas de natalidad, mortalidad y crecimiento vegetativo, indican un descendimiento progresivo de la población, con un aumento del número de fallecimientos de una sociedad vieja y una ligera disminución de los nacimientos en los últimos cincos años.

La pirámide del ámbito de «Campos y Torozos» presenta forma de bulbo. La base del gráfico, que indica la población más joven, es muy reducida, mientras que la banda más amplia corresponde a edades de entre 55 y ó5 años. La natalidad es tan baja seguramente debido a la ausencia de mujeres en edad fértil en busca de oportunidades laborales en los entornos más urbanos, repercutiendo también en una baja tasa de nupcialidad y población infantil.

El movimiento migratorio a las ciudades no es un efecto nuevo y ya hace medio siglo Justo González Garrido[30] nos advierte del despoblamiento de éste área. Lo cual acentúa aún más la forma de bulbo de la pirámide de población.

Si hace años el descenso se producía principalmente por esta migración urbana, hoy en día tenemos que añadir a este procedimiento el descenso de la natalidad, lo que hace que los pueblos de estas comarcas se estén desocupando poco a poco, llenándose de casas vacías.

Ilustración 24 - Tablas de indicadores demográficos y pirámide de población del área Campos y Torozos. Fuente: PRODER Campos y Torozos a partir de INE. 2005

 

Otro dato de interés es la densidad demográfica. En Castilla y León estamos ha- blando de 26 hab/Km2, mientras que la media nacional es de 79 hab/Km2. Pero en la zona de Campos y Torozos la densidad desciende hasta 11,67 hab/Km2 y si esta situación la valoramos independientemente por municipios nos encontramos con una situación más crítica, ya que poblaciones como Medina de Rioseco acaparan la mayor densidad dejando al resto con niveles muy reducidos[31].

No cabe duda de que esta tendencia provocará la extinción de ciertas villas, y a tenor de lo visto en los recorridos efectuados durante el presente estudio, donde nos hemos encontrado ciertos pueblos sin un habitante recorriendo sus calles en días y horas donde lo normal hubiera sido presenciar algún contacto social, este efecto no tardará mucho en producirse.

Estamos, pues, ante una situación comprometida, ¿cómo se van a conservar las construcciones populares si ni si quiera se van a poder mantener los municipios a los que pertenecen? Este aspecto resulta de especial importancia para comprender la evolución de las construcciones que estamos estudiando.

 

5.1.Z.2 Economía

Para el estudio económico resulta determinante comprender la evolución sufrida unas décadas atrás, en los momentos en el que las construcciones rurales tenían una actividad acorde para la que se habían construido, hasta los tiempos actuales donde su uso ya casi ha desaparecido.

Al hablar de economía en Castilla y León, se piensa rápidamente en la agricultura como principal actividad económica considerando la gran superficie de cultivo cerealista que existe, y de hecho hasta no hace mucho tiempo así ha sido. En los años 50-60, momento del inicio del desarrollo industrial con la aparición de Fasa-Renault en Valladolid que dinamizó globalmente a toda la comunidad, el sector primario que había ocupado la mayoría del sistema económico empezó a sufrir un descenso en favor de la industria y los servicios. En la provincia de Valladolid la agricultura representa ahora tan solo el 1% de la ocupación laboral de los sectores productivos[32]. La mecanización del campo ha ido aumentando, quizá en exceso, y esta ha provocado la reducción de asalariados agrícolas motivado por el incremento de maquinaria que sustituye su trabajo. Este efecto se traduce en más migraciones campo-ciudad.

En cuanto al tipo de cultivos, los de secano siempre han sido más abundantes que los de regadío (aunque gracias a los sistemas de canales de riegos y aprovechamiento- ti freático han aumentado) debido al clima y la escasez de lluvias, siendo el trigo el tradicional elemento, pero actualmente la cebada, que lo ha sustituido, y el girasol dominan los campos. La viña es el único cultivo leñoso que presenta cierta dimensión.

La ganadería ha sido el otro elemento tradicional de producción, pero a pesar de haberse duplicado en los últimos 20 años ha sufrido numerosos cambios como la reducción de las ganaderías ovina (la más importantes hasta mediados del siglo xx), equina y caprina, el aumento de la bovina y el porcina y la expansión de la avicultura[33]. Se trata de otro tipo de ganado.

Sí evaluamos estos hechos nos damos cuenta que hasta hace 60-70 años debido a la ocupación laboral que exista en las áreas rurales, el ser humano se veía en la necesidad de construir edificaciones singulares para poder realizar su trabajo de campo, bien fuera para el almacenamiento de los pesados utensilios de trabajo de campo, para el reposo en las horas de descanso o para pasar las noches en las largas jornadas veraniegas dentro de lo que muchos llamaban «casillas de verano». La vigilancia de las cosechas (de las viñas en muchos casos) o el refugio del pastoreo también se ha beneficiado de la creación de estos elementos que en ocasiones han ampliado su tamaño para guardar el ganado.

La industrialización de la agricultura se ha producido con una maquinaria tan pesada que ha hecho pequeñas las construcciones populares de la arquitectura rural. La mecanización de la ganadería ha provocado la proliferación de grandes naves que han hecho inútiles los pequeños refugios donde pastar.

Viendo estos sucesos se puede comprender que la conservación de los elementos que ocupan nuestro trabajo se ha visto muy perjudicada hasta el punto de ser considerados como construcciones insignificantes y marginadas por la propia gente del ámbito rural.

Ilustración 25 - Imágenes del mismo chozo en Bustillo del Oro (Zamora). A la izquierda, fuente: José Luis Alonso Ponga, la arquitectura del barro (1989). A la derecha, fuente propia (Febrero 2013). Según la dueña actual del chozo, éste se mantuvo en buen estado hasta la muerte de su padre, pues era quién lo mantenía. Los descendientes ahora utilizan una nave de grandes dimensiones donde guardan la cosecha y la maquinaria

 

5.2 Estudio de casos

A través de todos los casos observados en las rutas recorridas por las tierras de estas dos comarcas vamos a establecer los rasgos más característicos de las construcciones auxiliares de esta arquitectura rural.

Poder clasificar y catalogar estos ejemplos es una muestra del valor arquitectónico que poseen estas edificaciones. Por otro lado, la descripción de sus materiales y de las técnicas usadas para la elaboración de sus elementos constructivos supone la principal herramienta de compresión de las construcciones rurales.

 

5.2.1 ESTUDIO TIPOLÓGICO

Tres son los factores que vamos a estudiar para la clasificación de cada muestra observada. El primero está relacionado con la polaridad piedra-barro dominante en cada muestra. El segundo radica en la composición formal y volumétrica de estas construcciones que diferenciaremos en cuanto a la geometría de la planta por un lado y el sistema de cubrición por otro. La última trata sobre las combinaciones que se producen entre varias edificaciones según lo que se ha podido observar.

 

5.2.1.1 Evolución del material predominante

Como ya hemos comentado el arquitecto popular se caracteriza por el buen manejo de los materiales que el propio terreno proporciona. En este caso a través de lo observado en el mapa geológico nos damos cuenta que dos son las materias primas predominantes en el territorio estudiado: la caliza en el área de los Montes Torozos y la arcilla en la Tierra de Campos.

Teniendo en cuenta que en las zonas limítrofes entre ambas comarcas se tienen a mano los dos materiales principales, podemos en una primera aproximación establecer tres grupos respecto al componente con el que se construyen:

- El primero de ellos corresponde a construcciones íntegramente realizadas con barro, con el adobe y el tapial como principales técnicas para su ejecución, aun- que hay que reconocer que en ocasiones se apoyan sobre elementos de piedra como sistema de cimentación para los suelos más inestables. (imagen superior - ilustración 26).

Ilustración 26 - Imágenes de tres construcciones dentro del área de estudio en la provincia de Valladolid. Superior: Caseta en Bacilla de Valderaduey (barro). Fuentes propias (2013)

 

- El segundo grupo es el de una arquitectura mixta donde la mampostería de piedra se combina con la arcilla, siempre esta última en una posición superior, dejando al material pétreo como zócalo o muro soporte de la construcción. (imagen del centro - ilustración 26).

Ilustración 26 - Imágenes de tres construcciones dentro del área de estudio en la provincia de Valladolid. En el centro, chozo en Villabrágina (barro + piedra).

Fuentes propias (2013)

 

- Finalmente, en el último grupo encontramos a aquellos ejemplos creados única- mente con piedra. (imagen inferior - ilustración 26).

Ilustración 26 - Imágenes de tres construcciones dentro del área de estudio en la provincia de Valladolid. Inferior chozo en La Mudarra (piedra). Fuentes propias (2013)

 

Según las edificaciones que se han podido encontrar a través de la metodología documental (aquellos que con un alto grado de información permitan su clasificación, según los que se ha podido observar a través de las visitas y analizar en vivo, y según la polaridad establecida por el estudio del terreno podemos establecer un marco de situación apoyado en el mapa geológico en el cual se explican las tendencias geográficas-constructivas de los tres tipos principales mediante la ubicación de las muestras.

Tal y como se presenta el plano, lo que podemos describir por el momento es que según lo estudiado las construcciones exclusivas del barro por lo normal no se aproximan al límite de los Montes Torozos, reservándose solo en la zona llana, sin ninguna excepción, ya que cualquier construcción encontrada que tuviera barro se apoya como mínimo bajo zócalo o muro bien consolidado de piedra. También se observa como línea general que a medida que nos adentramos en los páramos donde dominan las calizas, la piedra toma fuerza como elemento de construcción, a excepción de unos pocos casos donde nos encontramos alguna muestra en el litoral de los páramos, pero ninguna aparición fuera de esta franja. Los casos de arquitectura de tierra con influencia de piedra se extienden más por el territorio ocupando todo el mapa y abundan sobre todo en la zona intermedia, aunque también encontramos algunos casos en la llanura y en el interior de los montes.

Ilustración 27 – Mapa geológico con la ubicación de las muestras observadas. En naranja las de barro, en verde las de piedra y en rojo las mixtas

 

Obviamente la aparición de la piedra se produce en el momento en que te la proporciona el terreno, y, aunque es un hecho lógico, nos sirve para confirmar uno de los principios de este tipo de arquitectura, que es el de utilizar los materiales de más acceso. No podemos olvidar otros factores, como el económico o el de la tradición constructiva expandida por otros lugares que pueden explicar ciertas irregularidades en la tendencia general y que progresivamente iremos razonando.

Por otro lado, una vez definido los dos polos que nos encontramos, observando la fase intermedia, es decir, aquellos ejemplos de construcción mixta, nos damos cuenta que la variedad tipológica en cuanto a la presencia en mayor o menor medida entre un material y otro dentro de la propia muestra aumenta hasta niveles no esperados

De esta manera desmenuzando más esta arquitectura intermedia podemos establecer hasta siete tipos diferentes atendiendo a esta cuestión planteada y que se representan en el siguiente esquema tipológico:

Ilustración 28 - Clasificación de la evolución de la piedra sobre las construcciones de barro. m la fila superior aparecen construcciones de cubierta inclinada (generalmente de estructura de madera), y en la fila inferior aquellas cuya cubierta tiene forma de cúpula (generalmente apuntada)

 

Tipo 0: Corresponde aquellos ejemplos realizados con tapial o adobe con una cubierta cupulada (siempre de adobe), o inclinada (normalmente de estructura de madera y teja curva), donde la piedra tiene una aparición nula, a excepción de la posible cimentación que se realiza con cantos rodados normalmente. Estos elementos pertenecen aún a lo que denominamos polo de tierra. Si los muros de barro apoyan directamente sobre el suelo, suelen protegerse con pequeñas elevaciones de terreno para evitar la entrada de agua en el interior.

Ilustración 29 – imágenes de Tipo O en la provincia de Zamora.

A la izquierda Caseta de era en Villafáfila. A la derecha Chozo en Castroverde. (Febrero 2013)

 

Tipo 1: Las construcciones que forman parte de este grupo incorporan a la cimentación un pequeño zócalo de piedra hasta una altura aproximada, de manera general, de 50 cm, lo que les confiere una mayor protección frente a las humedades del terreno. Pueden tener cubiertas inclinadas o en forma de cúpula. A partir de este tipo comienza la evolución pétrea. El tapial y el adobe pueden aparecer independientes o combinados.

Ilustración 30 - Imágenes del Tipo 1 en la provincia de Valladolid. A la izquierda Caseta de era en Urueña (Noviembre 2011). A la derecha Caseta de pozo en Villavieja del Carro (Abril 2013)

 

Tipo 2: La piedra avanza hasta la altura de 1m, llegando hasta la mitad del hueco de acceso. A este conjunto están integrados por lo general los ejemplos formados por una planta baja con cubierta inclinada. Los de cubierta cupulada no suelen aparecer en este grupo, al menos no hemos encontrado ninguno y en estos casos normalmente la mampostería llega a cotas más altas.

Ilustración 31 - Imágenes del tipo 2 (izquierda) en Villabrágina y del tipo 3 (derecha)

en Peñaflor de Hornija. Ambas de la provincia de Valladolid. Octubre 2011

 

Tipo 3: A este grupo aparecen aquellas construcciones que presentan dos plantas. La piedra llega hasta la carpintería de los huecos para que los dinteles apoyen directamente sobre ella o, alguna vez, hasta el apoyo de las vigas del forjado. El resto hacia arriba es de barro. Siempre son de cubierta inclina- da y planta rectangular o cuadrada.

Tipo 4: Aquí aparecen ejemplos muy interesantes con cubiertas cupuladas realizadas de adobe. La piedra llega hasta el punto donde nace la cúpula que suele coincidir con el límite superior del hueco de acceso, aunque en alguna ocasión el cargadero apoya en la primera fila de adobes de la cubierta. Las hay de planta circular y cuadrada por lo general, aunque hemos encontrado uno rectangular.

Ilustración 32- Imágenes del tipo 4 a la izquierda en Urueña {Valladolid en Octubre 2011) y del tipo 5 a la derecha en Autilla del Pino (Palencia en Mayo 2013)

 

Tipo 5: Los ejemplos de este grupo lo forman aquellas construcciones cuya cubierta está o ha estado en algún momento vinculada al barro. En ocasiones puede aparecer una doble cubierta: la interior de adobe es la que consigue dar la forma en cúpula, y después o se han incorporado en el comienzo de la cúpula elementos pétreos o directamente se ha ejecutado la cubierta por fuera con mampostería de piedra. En otras situaciones se ha podido ver que una cubierta de piedra se ha derruido y la reparación se ha efectuado con adobes cuya técnica proporciona una mejor solución por su manejo y ligereza.

Tipo 6: Este conjunto queda representado por el otro polo, la piedra.  Aquí se han introducido aquellas construcciones completamente de piedra incluso la cúpula o el muro de piedra y la cubierta a dos aguas resueltas normalmente con estructura de madera y teja curva. Pero la realidad es que presentan una apariencia y una forma de construir que comparte similitudes con los otros ejemplos estudiados relacionados con el barro.

Ilustración 33 – Imágenes del tipo 6 en la provincia de Valladolid. Chozo en Coruñeses (Medina de Rioseco) a la izquierda. Caseta en esquina en Villalba de los Alcores. Mayo 2013

 

5.2.1.1 Composición: planta y cubierta

Para el análisis del apartado anterior ya se diferenció entre todos los tipos expuestos aquellos que presentaban cubierta inclinada de los que la presentaba en cúpula apuntada. Lo cierto que la decisión entre ejecutar una y otra depende fundamental- mente de dos factores: uno es la viabilidad económica y de obtención de la materia necesaria y el otro tiene que ver con el proceso constructivo. Respecto al primero hay que entender que la cubierta inclinada a uno o dos aguas (son los dos tipos más sencillos y comunes encontrados) requiera una estructura de madera, material no muy abundante en toda el área de estudio y más costoso que los otros que proporciona el terreno. Respecto al segundo tanto para la construcción de una cúpula de adobes como de mampuestos de piedra hay que reconocer que no se requiere una ejecución tan completa como para el levantamiento de una cubierta inclinada (levantamiento de vigas, colocación de correas, tejas, ...).

Por otro lado, también hemos comprobado que volumétricamente los ejemplos vistos representan objetos muy sencillos todos ellos a partir de planta cuadrada, rectangular o circular, y en todas ellas encontramos las diferentes posibilidades de cubierta: inclinada a un agua o dos y en cúpula, aunque cada una con sus particulares características.

De esta manera podemos representar en la siguiente tabla esta clasificación formal:

Ilustración 34 – Tipos de ejemplos encontrados clasificados por composición de planta y cubierta

 

Para las plantas rectangulares las cubiertas más desarrolladas son las inclinadas. Se han encontrado muchos casos de éstas y en muy buen estado, pues muchas de ellas debido a que este tipo de planta y cubierta permiten la creación de elementos de mayor tamaño que los creados con plantas cuadradas o circulares han permitido que se puedan seguir utilizando para las actividades agrarias. Hemos visto algunas restauradas como en Villafáfila (ver «vfI01» en Anexo 1). Son generalmente construcciones más modernas que las otras ya que sus dimensiones, que van de 3 a 5 metros de ancho y de 6 a 9 metros de largo aproximadamente, se han adaptado mejor a los tiempos posteriores.

Cabe destacar que, aunque no es lo habitual hemos encontrado un caso excepcional con planta rectangular y cubierta en forma de cúpula en Bustillo del Oro (ilustración 25) resuelta de manera piramidal y que más adelante explicaremos en el análisis constructivo (ver también en «bus01» en Anexo 1).

Respecto a los modelos con base cuadrada los más encontrados se han producido con cúpula, sobre todo los realizados con adobe en el área de Tierra de Campos. Se trata de un caso muy común resuelto siempre con el sistema de achaflanado de esquinas (mediante diferentes posibilidades que se explicarán posteriormente) hasta formar el octógono lo que supone una buena base para el comienzo del círculo que inicia la cubierta. Las esquinas se resuelven finalmente con la formación de unos poliedros realizados en barro que se establecían de acuerdo con la cúpula y los muros soportes que servían para evitar la acumulación de agua en esta parte del modelo.

También se han podido localizar algunos ejemplos con cubierta inclinada y base cuadrada, pero no son tan habituales como los otros.

Ilustración 35 - Pasos geométricos para la trasformación del cuadrado al círculo para le ejecución de este modelo

 

Con planta circular lo más sencillo constructivamente es adaptar la circunferencia al comienzo de una cúpula de adobe o de piedra. Hemos encontrado muchos casos así, donde podemos diferenciar aquellos cuya cubierta empieza desde un muro vertical generalmente de piedra como los aparecidos en Urueña, de los que comienzan directamente desde el suelo como los vistos en Torrecilla de la Abadesa (ver ambos en Anexo 1 en URU y TAB).

Curioso ha sido topamos con varios, aunque no muchos, de base circular y cubierta inclinada. Se trata de elementos con cierta complejidad, pero bien resueltos como dos de Villavieja del Cerro. Normalmente estos casos se producen cuando se encuentran dificultades para ir cerrando la cúpula o si el tamaño de la construcción en planta es muy grande y se intuye una altura excesiva en la cubierta, según nos han confesado algunos vecinos de los casos estudiados. En otras ocasiones aparecen estas cubiertas inclinadas como soluciones contemporáneas ante cúpulas caídas.

 

5.2.1.3 Agrupaciones

Además de los diferentes tipos de ejemplos encontrados en cuanto a los dos conceptos explicados anteriormente, también se muestra interesante las posibles combinaciones observadas a lo largo de los recorridos efectuados, que, aunque no sean muy numerosas, al menos las que sobreviven, forman elementos de gran belleza.

Por lo que hemos comprobado en el análisis in situ, lo normal es que estas agrupaciones se produzcan como resultado de anexiones de elementos nuevos sobre otros ya existentes sin que exista comunicación interior entre ellos, por lo que no se trata de una ampliación de la edificación, sino que se trata de otra construcción nueva para sumar otro uso complementario al conjunto.

Hasta lo que se ha podido comprobar se han localizado seis tipos diferentes de agrupaciones que se explican en el siguiente esquema:

Ilustración 36 - Combinaciones de construcciones observadas en el área de estudio

 

CD1A 4 RC2A: Es una forma sencilla de combinar dos plantas ortogonales y con cubierta inclinada en ambas. A veces su unión coincide con la separación entre dos eras y en otras se combinan dentro de la misma parcela con fines distintos. Aunque normalmente la construcción de los dos cuerpos no se produce al mismo tiempo, no se descarta que puedan hacerse simultáneamente.

2 x CDCU: La combinación se produce sobre dos bases cuadradas con cubierta de adobe en cúpula. Los casos encontrados normalmente corresponden a cuerpos de distintos terrenos parcelarios, pero con un uso similar. En este tipo de situaciones ambas construcciones se benefician mutuamente pues el muro común queda protegido de la intemperie además de mejorar el comportamiento térmico del conjunto.

Ilustración 37 – A la izquierda agrupación de caseta cuadrada a un agua con otra rectangular a dos aguas en Urueña. A la derecha combinación de dos chozos cuadrados y cubierta en fama de cúpula en Tordehumos. Ambas en Valladolid

 

3 x CDCU: En Tamariz de Campos se da el único caso triple de combinación de elementos. Todos ellos pertenecen a la misma era y ninguno de los cuerpos se comunica entre ellos.  Se trata de una construcción muy peculiar y que según fuentes directas se realizó todo a la vez.

CICU 4 RC1A: Esta combinación es la más compleja de todas pues se produce la intersección entre media esfera apuntada con un paralelepípedo, sin embargo, la ejecución en todos los casos observados es muy correcta. Se confirma que normalmente la caseta que se destinaba al almacenamiento de grano o al resguardo del ganado de tracción se construía posteriormente al chozo que servía para guardar las herramientas de trabajo.

CDCU4 RC2A: Muy similar a la anterior solo que la planta del chozo es cuadrada y la cubierta de la caseta a dos aguas. Este caso lo hemos encontrado con barro como material dominante y también con piedra. Se trata de construcciones muy versátiles para la actividad agraria.

CDCU 4 CICU: Se ha encontrado un caso especial donde la unión de dos cuerpos permite el paso de uno a otro. Posiblemente su ejecución se hiciera a la par. Uno de ellos alberga un pozo y en el otro sirvió para guardar los aperos de labranza.

2 x CDCU4 RC1A: Hemos encontrado un caso en el que se combinan tres elementos no iguales. Son dos chozos cuadrados y una caseta rectangular. Se trata de un caso único en toda la región estudiada.

Ilustración 38 – Triple caseta en la misma parcela en Tamariz de Campos (Valladolid). Fuente Alonso Ponga, 1989. La arquitectura del Barro

 

Ilustración 39 – A la izquierda chozos circular y caseta rectangular en Urueña (Valladolid) en Octubre 2011). A la derecha Chozo de Planta cuadrada y caseta rectangular en Autilla del Pino (Palencia en mayo 2013)

 

Ilustración 40 – Chozo Cuadrado junto a chozo circular en Palacios de Campos (Valladolid) A la izquierda, y combinación de dos chozos cuadrados y una caseta rectangular en Autilla del Pino (Palencia). Mayo 2013

 

5.1.1.4 Esquema global y conclusiones parciales

El número total de muestras examinadas en el presente trabajo asciende a 89 elementos individuales y 18 combinados en dos o hasta tres edificaciones en algunos casos, llegando, por tanto, a 107 elementos analizados y que conforman hasta 127 construcciones encontradas en 43 pueblos visitados.

A pesar de que se es consciente de que todavía es posible localizar más ejemplos gracias sobre todo a la colaboración de los vecinos de los pueblos visitados, que nos han indicado más lugares para explorar y que se abordarán para futuros trabajos, vamos a realizar una tabla clasificatoria a modo de censo, ordenado por municipios, que nos permita detectar el número de existencias que hay de cada tipo de construcción relacionando todos los conceptos que hemos abordado en este apartado y ubicándolos en cada localidad.

Además, junto a la tabla, también hemos realizado un esquema conceptual tipo- lógico de todas las posibilidades encontradas que pueden darse en el área estudiado y se han relacionado también con todos los pueblos a los que pertenecen.

A continuación, se muestran tales documentos.

CLASIFICACIÓN DE MUESTRAS POR MUNICIPIOS SEGÚN CONCEPTOS TIPOLÓGICOS

 

CLASIFICACIÓN TIPOLÓGICA DE CONSTRUCCIONES AUXILIARES RURALES DE CAMPOS Y TOROZOS

 

LOCALIZACIÓN TIPOLÓGICA DE CONSTRUCCIONES AUXILIARES RURALES DE CAMPOS Y TOROZOS

 

Conclusiones parciales

Sobre los gráficos expuestos podemos determinar que la mayor parte de las construcciones corresponden a una arquitectura mixta, tal y como se preveía al inicio del trabajo. A continuación, los ejemplos más encontrados son los de piedra, frente a los de barro. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las muestras de piedra sobreviven más al paso del tiempo que las realizadas con tierra y lo ideal hubiera sido haber hecho este balance hace cincuenta o sesenta años cuando los usuarios de es- tas edificaciones las utilizaban y las conservaban en un estado decente, óptimo para poder evaluar estos criterios. Es por ello que tampoco podemos tomar conclusiones determinantes ya que, por otra parte, imaginamos que es posible que los maestros locales hubieran ejecutado más construcciones de barro que de piedra, pues la arcilla, aunque en menor medida que la caliza, también se podía extraer de la tierra del páramo, siendo, sobre todo, económicamente hablando, un material muy adecuado y, técnicamente, el más manejable para edificar.

Aun así, analizando los datos obtenidos y con la intención de observar las tendencias tipológicas, podemos desmenuzar más la arquitectura mixta y apreciar que los casos de mayor proporción son los del tipo 1, es decir, construcciones de barro sobre zócalos de piedra, formando edificaciones sólidas que han permitido soportar mejor la acción meteorológica. Los otros tipos se presentan más reducidos, quizá debido a la excesiva especificación de casos y por ello se reparten más el porcentaje de existencias.

Respecto a la planta los casos más encontrados son los de base cuadrada, ocupando más muestras que las de planta circular o rectangular. En cuanto a la cubierta los datos son todavía más abultados siendo la cúpula el elemento de cobertura más encontrado. Si bien es cierto en este trabajo se ha hecho más hincapié sobre aquellas pequeñas construcciones agrarias que presentan una cubierta cupulada de barro o de piedra, por ser consideradas obras realizadas de manera humilde por sus futuros usuarios, que en aquellas con mayores luces salvadas por grandes cubiertas inclina- das que normalmente suelen ser edificaciones más modernas compuestas por plantas rectangulares. Así podemos explicar tales resultados que pueden carecer de cierto valor objetivo y que sirven más para dejar constancia de lo que se ha analizado que de establecer las preferencias constructivas de los maestros locales.

Finalmente, los datos del estudio de combinaciones pueden resultar más verídicos, pues en este apartado se ha intentado constatar todas las posibilidades de unión entre diferentes elementos. En este concepto tenemos que destacar la edificación de elementos pequeños como chozos cuadrados o circulares combinados con casetas rectangulares con cubiertas a uno o a dos aguas, siendo éstas las construidas posteriormente.

 

5.2.2 ESTUDIO CONSTRUCTIVO

A continuación, se describirá los procesos y desarrollos constructivos que el «arquitecto rural» ha utilizado para transformar una materia prima como la tierra o la piedra en formas edificatorias de las que se sirve para desempeñar su actividad diaria.

 

5.2.2.1 Materiales

Dos son los materiales que trataremos, pues son los básicos que hemos encontrado en las construcciones analizadas. A parte de la piedra y el barro, la arquitectura popular también se ha desarrollado con la madera y el ladrillo, sin embargo, el hecho de que la superficie arbórea de las regiones que abordamos sea mínima reduce la aparición del primero, y por su capacidad de combustión, también la del segundo. No obstante, también existen elementos constructivos realizados con todos los materiales mencionados que se describirán adecuadamente en los casos dados.

 

El barro

Nos encontramos ante un material de muy sencilla composición. El barro no es más que una mezcla de tierra con agua, o tierra con agua más una sustancia orgánica (paja, cal, piedra, ...) que le ayuda a mejorar sus propiedades o le predispone para una aplicación concreta.

Su gran abundancia y su facilidad para su extracción y elaboración le convierten en un elemento de bajo coste. Esto unido a su capacidad para ser moldeable explica que sea un material usado desde hace mucho tiempo para numerosas aplicaciones.

Sin poder llegar a establecer un inicio aproximado a la hora de construir con tierra en la Historia, se puede afirmar que el ser humano lleva, por lo menos, más de 10.000 años utilizando el barro en sus edificaciones, como atestiguan los yacimientos neolíticos en Catal-Hüyuc en Turquía. Pero lo más interesante de este hecho no es que hace ya tantos siglos que la tierra como material forma parte de nuestras construcciones, sino que la manera en la que se desarrollaban los procesos de fabricación y de construcción  del barro, las técnicas que se han utilizado para levantar muros o barreras, las herramientas que se emplean, o las diferentes composiciones de sustancias para formar el material o el número de personas requerido para su edificación, no han experimentado una evolución muy relevante a lo largo de los siglos.

Obviamente cada país o región ha desarrollado unos métodos característicos relacionados con las cualidades propias de cada territorio, más en un material que depende mucho del terreno, o con la herencia de un determinado estilo de construir. Aquí en España fue muy importante la aportación árabe que se produjo a partir del siglo XIII, momento en el cual se da una versión renovada de las técnicas de trabajo con el barro, aunque más adelante, a partir de los siglos XVIII y XIX, nos encontramos con grandes documentos de arquitectos, historiadores y tratadistas que nos explican el correcto uso para la creación de edificaciones de tierra.

Hoy en día, junto al abandono de esta forma humilde de construir en nuestras regiones más cercanas, se ha producido, paralelamente, un retorno al uso del barro en otras partes del planeta, dando varios ejemplos contemporáneos de gran interés en provincias asiáticas o latinoamericanas donde se han seguido o han vuelto a practicarse estas técnicas. Actualmente «más de media población vive o trabaja en edificios hechos con tierra»[34], a pesar de la desaparición progresiva que se ha estado y se sigue produciendo en Europa.

Para explicar sus grandes cualidades constructivas se cita el texto que expone Mariano Olcese Segarra, sobre un artículo aparecido en la Revista General de Arquitectura y de los Trabajos Públicos de 1840, que sobre la construcción del ladrillo crudo dice lo siguiente:

«sobre un basamento de esta clase, un molino, de cuatro pisos y tres ruedas-muelas. Este basamento, que no tiene más que un metro de espesor y sobre tres metros de altura, dura así desde hace veinte adiós, sin que la enorme carga que lo soporta le haya debilitado»...«una casa de habitación y un vasto aprisco, que había construido de esta manera, en la misma propiedad se han quemado, sin que los muros de estos hayan sentido el menor deterioro»...«las casas construidas de esta manera son secas, calientes en invierno y frescas en verano, y muy sanas»... «cuando los muros tienen varios adiós de existencia, su cohesión es tal, que se pueden perforar huecos de puertas y ventanas sin establecer los soportes para la moldura superior (cargadero)»[35]

Sin embargo, este material presenta un problema que tiene que ver con el desgas- te que sufre por la acción meteorológica, ya que necesita de un cuidado especial para su conservación. Por otra parte, su proceso de fabricación requiere tiempo y esperar hasta la fecha precisa para poder realizar la elaboración adecuada, lo cual puede ser un inconveniente para recuperar su uso.

Aun así y según José Luis Alonso Ponga «no existe edificio rico o pobre de la arquitectura tradicional que no tenga una deuda con este material»[36] ya que el barro ha sido un elemento que hemos podido encontrar en numerosas situaciones y de muy diversas formas. Sus aplicaciones más interesantes en el mundo de la construcción son las siguientes:

Como mortero para unir cantos rodados (en antiguas vías públicas se puede observar), o mamposterías de piedra.

Para revestimientos, en los exteriores o revoques, mezclado con paja, en muros, sobre todo, de tapial y adobe para preservarlos de la humedad; y en los interiores o enfoscados que en ocasiones eran pintados con elementos decorativos.

Como relleno y refuerzo de muros y tabiques de entramados.

Para el sistema de construcción de la tapia. Como elemento de construcción del adobe.

 

La piedra

Estamos ante un material pesado que la naturaleza proporciona directamente, costoso de extraer y de transportar y, normalmente difícil de labrar para su puesta en obra. Sin embargo, parece que es el material que proporciona mayor estabilidad y resistencia frente a las agresiones externas. Este hecho nos permite asegurar que existe una vocación inmemorial por construir en piedra ya que aparece en todo tipo de obras y de culturas; siempre que existe piedra disponible en el lugar o en zonas próximas se nos aparece en la cabeza de todos como la primera opción para construir.

Como afirma Roldán Morales[37] en la península la arquitectura de piedra llega con los romanos y posteriormente con las invasiones del norte de Europa, siendo «clara- mente un material de tradición nórdica frente al ladrillo y la tierra, de tradición más mediterránea».

Si bien es un material que se puede tratar y dar forma, a diferencia de lo que ocurre con el barro, este elemento no necesita un molde o encofrado para formar piezas sólidas, y frecuentemente encontramos construcciones realizadas con este material colocado según el terreno lo proporciona o con los restos de edificios caídos.

La piedra siempre ha formado parte de construcciones históricas de todo tipo, donde a través de arquitectos y canteros se ha desarrollado soluciones pétreas atrevidas que alcanzan los límites de sus características físicas dando lugar a una historia arquitectónica rica en ejemplos de este tipo.

En lo que se refiere a su uso en las construcciones rurales nos alejarnos de los alardes y la espectacularidad de la arquitectura culta. No existen complejas estructuras, ni dimensiones que lleven al límite el uso del material. Se trata de obras que ofrecen como valores, la sencillez, la resolución a base de ingenio y el desarrollo de soluciones simples y libres que este material permite.

A pesar de que en el centro de Castilla y León no existen zonas montañosas propensas a ceder gran excedente de piedra, los páramos de los Torozos son una excepción y además ofrecen canteras de calizas proporcionando cantidad pétrea suficiente para las construcciones populares.

Este tipo de piedra puede utilizarse en muros de sillería y mampostería. Su extracción en cantera da lugar, en general, a piezas grandes y prismáticas, que pueden dividirse y tallarse. Sin embargo, en la arquitectura rural lo normal es encontrarse muros de mampostería irregular, con piezas grandes y pequeños ripios.

No obstante, sí que se observa una tendencia no sólo cuantitativa sino cualitativa en el uso de este material según nos adentramos al interior del páramo. Como dice Juan Manuel Báez Mezquita «es evidente que, si una comarca dispone de buenos materiales pétreos, aparecerá una rica tradición de canteros, ... los materiales generan expectativas, necesidades, crean escuela, crean tradición en su uso, oficio y sabiduría transmitida››[38].

 

5.2.2.1 Sistemas y técnicas constructivas

A través de todos los ejemplos que hemos examinado en diversos pueblos de estas comarcas castellanas se han estudiado los sistemas y las técnicas con las que se realizan las construcciones rurales y que a continuación explicaremos.

 

ELEMENTOS VERTICALES. MUROS Y CIMIENTOS

 

La tapia

La tapia, o tapial, como suele ser llamado en las tierras de Castilla y León, es un muro construido in situ de unos 50-70 cm de espesor entre dos laterales (1 en la ilustración 41) y dos transversales (5) que actúan de encofrado y que se irán desplazando lateral o verticalmente según el progreso de la obra.

Los tableros laterales (los tapiales y de ahí su nombre, ya que tapan la tierra para ejecutarse) van unidos en la parte inferior por travesaños de madera (4) y distanciados por unas tablas que hacen de separadores (6), en la parte superior se sujetan y tensan mediante codales de cuerda (7) recogidos por unos montantes (2) que se sujetan con unas cuñas (3) sobre los travesaños inferiores. En la mayoría de las situaciones van apoyados sobre un pequeño zócalo de piedra que nace desde la cimentación, muy rara vez apoyan en el terreno (sólo si este es muy estable). La mezcla que se introduce en su interior es compactada a base de golpes mediante un pisón (8).

Normalmente son construidos con agua y tierra, aunque alguna vez aparecen con paja o cal para mejorar su resistencia e impedir fisuras y otras veces, incluso, con grava lo que supone algo parecido al hormigón cuya técnica resulta similar. Su porcentaje de mezcla varía de un pueblo a otro, normalmente en función del tipo de composición del terreno y de la forma de construir de cada uno. En Tierra de Campos los componentes se reparten de la siguiente manera:

Arena

40-659d

Arcilla + limos

30-459d

Agua

10-129d (de arcilla)

Grava, cal o paja

0-59a (no se ha observado en los casos estudiados)

 

Ilustración 41 - Encofrado para el desarrollo de la tapia.

Fuente: Patrick Bardou, 1979. Arquitecturas de adobe

 

El proceso de elaboración tiene una minuciosa metodología para conseguir una adecuada construcción. Primero la tierra se suele cavar en septiembre y se amontona hasta la primavera, para que las heladas eliminen las sustancias orgánicas vegetales no deseadas, ya que estas pueden perjudicar la estabilidad del conjunto. Luego la ejecución se realiza a finales de primavera y a principios de verano cuando se realiza un mejor secado para la consolidación de los muros.

En su fase constructiva intervienen 4-5 personas. El maestro es el que se encarga de apisonar la tierra vertida en tongadas de 10cm con un mazo o pisón de madera. Para la ejecución de los huecos se colocan previamente los cercos para que estos

queden recibidos en la masa. En algunas construcciones más avanzadas aparecen ladrillos de adobe o jambas de mampostería, llamadas brencas, para la formación de huecos o en las esquinas constituyendo un refuerzo para las zonas más débiles.

Para la consolidación de los muros los tramos de tapial se van realizando primero en horizontal y luego en vertical desfasados como si se estuvieran aparejando al igual que los ladrillos. Cuando los agentes externos van erosionando las tapias se observan perfectamente las líneas de las diferentes fases temporales de ejecución, al igual que los huecos que dejan los travesaños que unen las tablas laterales.

Ilustración 42 - Tapia realizada en Urueña (Valladolid)

 

El adobe

Se trata de una masa de barro en un formato mucho más reducido 40x20x10 cm. aproximadamente, lo que permite combinarse mediante diferentes aparejos. Además, el pequeño tamaño ofrece muchas más posibilidades que la tapia a la hora de construir más tipos de elementos (muros, arcos, cubiertas cupuladas, ...).

A diferencia del tapial añade casi siempre a su composición paja que facilita la trabazón y consistencia y frena la tendencia a resquebrajarse por retracción. Este proceso artesanal comienza cerca de una corriente de agua para facilitar su transporte, donde se hace un hoyo de grandes dimensiones, entre uno y dos metros de profundidad, donde la tierra que se va desmenuzando se extiende en una capa de unos 40 cm y se empapa generosamente con agua para dejarla recalar durante un día. Pasado este tiempo con la azada se corta y se mueve el barro formado. Después se añade paja trillada a la mezcla, amándola con los pies o con la ayuda de un animal como se hacía anteriormente donde se aprovechaban sus excrementos o incluso su sangre para mejorar la resistencia del barro. Luego, una vez formado el compuesto mediante una gradilla o adobera se preparan los ladrillos de adobe para dejarlos secar al sol durante dos días. Posteriormente se dejan en posición vertical para que el aire y el sol le den por todos sus lados. Es por eso que este proceso artesanal comienza en la primavera evitando las heladas que interrumpan el proceso. (Ver en el Anexo 3 los pasos descritos por Erhard Rohmer en Navapalos 85).

Moldeado. 1) apisonado a mano. 2)  nivelación. 3) vaciado.

Ilustración 43 - Procesos de elaboración de un adobe: apisonado (1), nivelado (2) y vaciado (3). Fuente: Patrick Bardou, 1979. Arquitecturas del adobe

 

Para la construcción el adobe suele formar muros de 45 cm sobre un zócalo de piedra, aunque en ocasiones este zócalo está formado por los propios ladrillos de adobe, en este caso el muro se protegería de la humedad por un pequeño talud.

De los casos estudiados observamos dos tipos de aparejos diferentes. El primero es un aparejo a tizón donde los bloques de adobe se disponen pasantes ocupando el ancho del muro, resolviéndose las esquinas con piezas de tres cuartas partes de la longitud lo que permite el desfase de las hiladas para generar un muro más sólido. La segunda combina hiladas a tizón con hiladas a doble soga usando también piezas más reducidas en las esquinas. Con los tramos a doble soga en ocasiones se elimina uno de los adobes para crear un pequeño hueco que se aprovecha para apoyar travesaños de madera u otros elementos de la construcción.

Ilustración 44 - Esquemas de aparejos de adobes

 

  Las dos técnicas, tapia y adobe se pueden mostrar independientes o combinadas. Lo habitual para muros consistentes en planta baja es emplear la tapia y en plantas altas aligerar con adobes, aunque también podemos encontrar adobes en plantas bajas, en cúpulas para cubiertas, y reforzando huecos de fachada, las esquinas de los muros de tapia y también en los apoyos de las estructuras de madera de las cubiertas. Para construcciones auxiliares pequeñas lo más habitual es encontrar al adobe como método constructivo, debido a que es más manejable.

Resulta interesante descubrir a través de los casos estudiados como estas dos técnicas para elaborar prismas ortogonales son tan determinantes a la hora de construir, que las dimensiones constructivas de estos ejemplos guardan normalmente fuertes relaciones En ocasiones el espesor de la tapia coincide con el largo del adobe, o se ejecutan adobes especiales para formar las esquinas de los muros, y hasta las dimensiones totales de una construcción se puede medir en número de piezas de estos elementos y no en metros, como en la arquitectura contemporánea.

Ilustración 45 - Esquema de construcción de caseta rectangular con cubierta inclinada en Barcial de la Loma (Valladolid). Combinación de técnicas, con tapial en zona baja y adobe en alta y remates. Las dimensiones totales coinciden con el número de piezas de tapiales, que a su vez tienen el mismo espesor que el largo de los adobes

 

Mampostería de piedra

Es importante para mejorar la calidad del cerramiento de estas construcciones la incorporación de un elemento pétreo principalmente en la zona de contacto con el terreno que lo proteja de la humedad y proporcione mayor estabilidad al conjunto. Aunque no todas disponen de éste, por falta de material en la zona donde se encuentran, sí que ha existido una preocupación por parte del albañil popular para introducir este componente.

Ya se ha mencionado que en la arquitectura rural no hay lugar para los alardes ni para los elementos complejos, de ahí que en todos los elementos realizados con piedra se han servido de piezas de un tamaño relativamente reducido que permite la colocación a mano (de ahí la palabra «mampuesto» — puesto a mano como explica Juan Monjo Carrió[39] sin la necesidad de recurrir a maquinillos de poleas u otros instrumentos necesarios para piedras de gran tamaño.

Lo cierto es que tanto las dimensiones como las formas sí que pueden variar de un pueblo a otro dependiendo de la naturaleza del lugar y de si ha existido alguna tradición constructiva importante cercana a canteras establecidas.

El modo de colocarla y asentarla también varía. Un sistema primitivo es el de montarlas «en seco», sin la ayuda de ningún mortero, apareciendo en paredes de cobertizos o en lugares donde la función aislante no es necesaria, sirviéndose del empleo de lajas y ripios para mejorar el asentamiento de unas piedras con otras. Una técnica más evolucionada es la que utiliza pelladas de barro en los huecos que hay entre mampuestos y que mejora la consistencia del muro y el rendimiento térmico. Esta última ha permitido que muchos ejemplos se mantengan todavía en pie. La solución definitiva sería la mampostería recibida con morteros de cal, pero esta solo se observa en conjuntos vivideros o en actuaciones más contemporáneas.

Ilustración 46 - Imágenes superiores, tramos de muras de construcciones estudiadas. Dibujos inferiores, diferentes tipos de mampostería descritos por Antonio Sánchez del Barrio en Arquitectura Popular. 1987

 

Según la forma y la disposición de las piezas podemos destacar los siguientes tipos de mampostería localizados en la zona de estudio sobre las construcciones rurales:

Mampostería ordinaria: disposición de piezas sin labra en seco o con mortero intentando adaptar unas piedras con otras de manera que queden lo más juntas posible. Sí es en seco utilizan ripios que actúan de cuñas. Es el tipo más visto sobre todo en las construcciones más pobres.

Mampostería careada: se realiza con elementos que tienen labrado una de sus caras para conseguir que un paramento tenga su superficie relativamente llana. Ésta la solemos encontrar en algún muro y en la formación de huecos donde luego se vaya a incorporar una carpintería.

Mampostería concentrada: formada por elementos cuyas juntas están tratadas para conseguir un correcto asentamiento entre las caras plan as de estas piezas poligonales. Sí las piedras son muy rectangulares pueden realizarse mampuestos en hiladas formando conjuntos muy compactos. Este tipo se puede observar en construcciones menos humildes y de lugares con gran tradición del uso de la piedra.

Mampostería con cantos rodados: se emplea para las cimentaciones utilizando este tipo de piedra dura mezclada con mucha cantidad de mortero.

Ilustración 47 – Mampostería ordinaria en un chozo cuadrada de Villasexmir a la izquierda (Octubre 2011) y mampostería concentrada en formas de hiladas en chozo en Montealegre a la derecha (Octubre 2011), ambas en Valladolid

 

ELEMENTOS DE COBERTURA

 

Cúpulas de adobe

Uno de los elementos más interesantes tanto desde su punto de vista constructivo-estructural como desde el estético es la formación de cubiertas cupuladas realizadas con barro.

Se han observado principalmente dos tipos de cubiertas que van a depender de la colocación de los adobes: la auténtica y la falsa.

La primera consiste en la creación de anillos de compresión troncocónicos formados por adobes inclinándose hacia el centro de la circunferencia que se describe en el arranque de la cúpula. En realidad, la cubierta es como una bóveda apuntada a partir de arcos ojivales.

El proceso de ejecución es asombroso, similar, salvando las distancias, a las gran- des cúpulas de iglesias y otros monumentos, realizas en piedra o ladrillo; solo que para éstas era necesaria ubicar previamente unas cimbras de madera que mantuvieran las piezas bien sujetas en un sitio hasta cerrar en lo alto de la cúpula. Pero este desarrollo no podía utilizarse ya que la cimbra costaría varias veces más lo de toda la construcción; así que el maestro local se las arreglaba con pocos medios, fiado a su pericia y a la adherencia del barro, una adherencia mucho más sorprendente de lo que nos imaginamos, hasta conseguir el resultado deseado.

Ilustración 48 - Sección esquemática de cúpula auténtica a la izquierda y falsa a la derecha

 

En la cúpula falsa, realizada por aproximación de hiladas de adobe, se van creando anillos horizontales con un diámetro menor según ascendemos, de modo que se presentan escalonados. En realidad, está cubierta es todavía más picuda y tiene forma de bala. Este carácter ojival tiene fundamento en dos causas: la primera es que con este sistema de aproximación o vuelos sucesivos te ves obligado a apuntalar el tramo más elevado, puesto que hay riesgo de fallo de equilibrio por el escalonamiento excesivo para la curvatura final y seguramente los últimos adobes se caerían; la otra razón es que con este modelo el agua de la lluvia se evacua con más rapidez en un material que se ve afecto en gran medida por el hostigo lluvioso. Para ello la capa de barro debía ser bien gruesa para evitar la retención de líquido sobre los escalonamientos de las distintas hiladas.

Ilustración 49 - Superior, cúpula auténtica de caseta en Valdescorriel

(Zamora), fotografía del libro 1a Arquitectura del Barro de Alonso Ponga.

Inferior, cúpula falsa en caseta en Bacilla de Valderaduey (Valladolid - Abril 2013)

 

El resultado observado es magnífico según se puede constatar en los ejemplares aun en pie. En algunos pueblos les llaman homos a estas construcciones por la similitud de sus bóvedas que recuerdan en parte a la construcción islámica. En otros lugares casetas de era si su planta de cerramiento era cuadrada y chozo si era circular. Lo que está claro es que se trata de uno de los elementos más interesantes que se han analizado.

Después de entender cómo se levantan estas cubiertas desde la perspectiva bidimensional de la sección, tenemos que fijarnos ahora desde su posición en planta y desde el modelo tridimensional.

En primer lugar, es preciso entender que la colocación de estos ladrillos sea de tal forma que su eje longitudinal coincida con el radio y el transversal recorra el arco de la proyección en planta de los anillos, de esta manera resulta más sencillo conseguir                                                                                                                                                      

la curvatura. Es en este punto donde se plantea la primera cuestión, que es saber si estos bloques son rectangulares o trapezoidales, por un lado, y por otro si, en el caso de que fueran trapezoidales, como se fabricaría esta forma especial.

Según lo que se ha podido comprobar, los ladrillos de adobe al arranque de la cubierta suelen tener forma rectangular puesto que estamos ante los anillos más grandes y por lo tanto la leve curvatura no difiere tanto de la forma ortogonal del adobe. Además, para conseguir una buena cohesión entre los bloques, se solían introducir pedazos de piedra entre los mismos en la parte externa de la cúpula para que hicieran de cuña, como los ripios en los muros de mampostería de piedra.

Ilustración 50 - Arranque de cúpula en chozo de Urueña (Valladolid - Octubre 2011), con piedras entre adobes

 

Ilustración 51 - Adobera especial para hornos en Villanueva de los Nalos (Palencia).

María Elisa Sánchez Sanz en El barro en la construcción, 1977

 

  Pero inevitablemente esto no es una solución para los anillos superiores, puesto que para estos tramos ocuparía mayor lugar la piedra que el barro. Es por ello que nos encontramos con la forma trapezoidal a medida que nos dirigimos a la cima. Respecto a si estos adobes se fabricaban a conciencia de esta forma o si se cortaban una vez sacados del molde, o directamente se partían como actualmente se hace con los ladrillos convencionales, no tenemos la seguridad de confirmar ninguna de estas teorías. La creación de una adobera trapezoidal no resulta complicada ya que son cuatro tablas de madera y tenemos constancia de la existencia de alguna similar, pero en realidad cada anillo de la bóveda debería tener diferentes trapecios y es difícil pensar que para una construcción de esta clase se tuviera tanta variedad de gradillas.

Gracias a las notas que hemos tornado de investigadores (Roldán Morales, Carlos Carricajo o Mariano Olcese Segarra, entre otros) de temas similares al tratado y de lo que hemos podido comprobar en el análisis presencial lo que si podemos asegurar es que en muchas de las cubiertas que se han observado puede haber hasta 3 formatos diferentes de adobe en la misma cúpula. Y la verdad que con un par de adoberas (una rectangular y otra más apuntada) y diferentes cortes estratégicos (ilustración 52) se pueden conseguir diferentes piezas para una ejecución efectiva. Aunque también es posible que luego se pudieran partir los adobes. Por otra parte, se han identificado dos tipos de aparejos de adobes, uno a doble soga, y otro con elementos pasantes, incluso también la combinación de ambos estilos.

Una variante de las cubiertas por aproximación de hiladas es el sistema piramidal a partir de plantas cuadradas o rectangulares, en el cual no precisa de elementos en esquina para achaflanar y convertir la planta en el octógono previo a la cúpula. Las aristas se resuelven con adobes cortados en formas triangulares que ayudan a suavizar el conjunto. La capacidad moldeadora del barro transforma posteriormente esta pirámide en un bello elemento puntiagudo mediante la capa de protección hecha con tierra y paja que achaflana en curva los bodes rectos.

Aunque principalmente podemos clasificar dos tipos de cubiertas de adobe, la auténtica y la falsa, cada ejemplo que presenta una cúpula de barro, ésta se muestra diferente a otra y resuelve la situación con una solución distinta. incluso los errores de ejecución se solventan con actuaciones cuanto menos interesantes.

Ilustración 52 – En la parte superior posibilidades de formar distintas piezas de barro a partir de dos gradillas. En el inferior esquema constructivo tridimensional para la creación de hiladas de cúpula por inclinación de adobes

 

Ilustración 53 – Esquema tridimensional de cubierta piramidal de adobes. A la derecha líneas de hiladas moldeada, en el centro disposición de adobes, a la derecha vista desde el interior. Este tipo se realizó en el chozo de Bustillo del Oro (bus01 en Anexo 1) del que ya solo quedan los muros de soporte. Ver también en ilustración 25

 

Por ejemplo, en Valderas (León) encontramos un caso ya desaparecido, que partiendo de una planta completamente circular se ejecuta con dos arcos de diferente inclinación, posiblemente como resultado de alguna reparación, pasando de la circunferencia en el comienzo de la cúpula a una especie de elipse en la coronación. En este caso se realiza la curvatura por aproximación de hilados hasta cerrar la bóveda.

Ilustración 54 - Chozo en Valderas (León). Más detalles en Anexo 1 (vld01)

 

Cubiertas de piedra

Mientras que las cubiertas de adobe se han podido contemplar en casi todo el territorio observado, las de piedra pertenecen exclusivamente al páramo donde el exceso de material pétreo es aprovechado para su construcción.

Aquí al igual que en las de barro podemos encontrar dos tipos principalmente, la cúpula auténtica y la falsa, aunque también existen algunas muy irregulares realizadas de una forma más arcaica.

Por otro lado, y como norma general, estas cubiertas son ejecutadas con doble cúpula. La interior se realiza con piezas muy poligonales (algunas hasta labradas) incluso hasta encontrar algunas de construcción mixta ayudadas con el adobe para la realización de la curvatura, como elemento mucho más eficaz, siguiendo el modelo de las típicas de la llanura. La segunda capa, la exterior, se suele realizar con piedras mucho más irregulares y que en el caso de las mixtas, protegen el barro de los efectos meteorológicos que provocan su ruina.

La solución mixta parece buena para el desarrollo de estas estructuras, sin embargo, no se ha podido encontrar ninguna en perfecto estado, están todas semiderruidas. Posiblemente se deba a la poca compatibilidad de estos dos materiales, y como avisa Carlos Carricajo[40] la piedra no une tan bien con el barro como parece para soluciones cupuladas y de ahí que frecuentemente las encontremos desnudas con trozos de adobe y piedra caídos en el interior.

Ilustración 55 - Chozo en Montealegre (Valladolid) con cubierta interior de adobe y recubrimiento exterior de piedra. Octubre 2011

 

En cualquier caso, las que se presentan con cubierta auténtica contienen adobe casi siempre en su interior, pues la piedra utilizada para estos ejemplares, casi siempre irregular, solo permite la ejecución de cúpula escalonada, que cuando es así suele irse aligerando hacia la culminación con piedras muchos más pequeñas.

Ilustración 56 - A la izquierda, chozo en Autilla del Pino (Palencia) con cubierta falsa de piedra en el interior con piezas poligonales y capa exterior de elementos irregulares aligerando hacia la culminación de la cubierta. A la derecha chozo en la misma localidad con cubierta auténtica ayudándose de adobes y recubrimiento de piedra irregular

 

Ilustración 57 - Chozo en Montealegre de Campos (Valladolid).

Fuente: Carlos Carricajo Carbajo en Construcciones Secundarias de 1995

 

Dentro de las que son puramente de piedra hemos encontrado una de gran calidad, rozando lo que podíamos definir como arquitectura culta para diferenciarlas de las construcciones rurales. Se trata de una caseta en Montealegre de Campos (ilustración 57), de planta cuadrada en el exterior, pero octogonal en el interior y con una sección de cubierta de tres capas. La interior realizada con elementos poligonales muy regulares formando una cúpula auténtica siguiendo cierta inclinación en cada hilada acompañándose también de una ligera aproximación como en las cubiertas falsas; la intermedia está formada con piedras irregulares a modo de relleno; y la exterior resuelta con lajas de poco espesor formando cuatro caras de sección esférica adaptándose a los muros exteriores y solucionando la clave con una pieza horizontal que cierra la cubierta a modo de tapadera. interesante arquitectura para un elemento rural de humilde menester.

Ilustración 58 – Construcción con adobe como material de culminación de cúpula. A la izquierda sistema de aproximación en Villasexmir (Valladolid), a la derecha sistema de inclinación de adobes de San Cebrián de Mazote (Valladolid). Fuente Carlos Carbajo en Construcciones Secundarias de 1995

 

Ilustración 59 - Chozo en Vidayanes Zamora), donde la piedra se utiliza para el arranque de la cúpula, y el ladrillo sirve para la coronación de la misma. Fotografía del interior en Febrero de 2013

 

Otra solución encontrada en algunos ejemplos consiste en un comienzo de cúpula con piedra en sus primeros tramos y culminación de la misma con piezas de adobe, elemento más ligero y que permite desarrollar mejor la curvatura final de la cubierta. En algunos casos se ha utilizado este método para reparación de coronaciones de piedra derruidas. En otras actuaciones más modernas se ha utilizado el ladrillo (barro cocido) como material alternativo para estas cubiertas.

 

Cubiertas Inclinadas de madera

El otro formato de cubierta encontrado es el que constituyen las estructuras de madera para crear planos inclinados. Éstas normalmente las contemplamos en casetas de plantas cuadradas o rectangulares, aunque también hemos visto alguna sobre plantas circulares.

Los tipos más comunes de estas cubiertas son:

A la molinera. Se construye con grandes vigas que apoyan directamente sobre los muros soportes que ya cuentan con la inclinación de la cubierta. Estos elementos que, en este caso, podrían llamarse directamente correas por considerar el primer orden estructural a los propios muros inclinados, se colocan perpendiculares a la pendiente. En ocasiones podemos ver como apoyan las correas sobre durmientes donde cajear y sujetar las piezas estructurales.

De pares: está cubierta se ejecuta con vigas o «pares» que apoyan en los durmientes de muros con diferentes cotas de altura. Se posicionan de manera paralela a la pendiente y sobre ellas aparecen las correas de manera perpendicular. Sirve para cubiertas de un agua.

Par y picadero: Consta de piezas resistentes (los pares), inclinadas según la pendiente de los faldones, que se apoyan en su parte superior en una viga de madera horizontal llamada picadero, sujetada por unos pilares de madera o apoyando sobre un muro, y en la parte inferior sobre un durmiente. Suele emplearse en cubiertas a dos aguas.

Par e hilera: Similares a las anteriores, en estas cubiertas los pares no apoyan sobre una viga, sino que es sustituida por una madera en cumbrera llamada hilera donde los pares se encajan y los empujes horizontales de ambos se enfrentan y compensan y esta pieza en lugar de sustentar las vigas inclinadas es sustentada y su misión es generar la arista de cumbrera. En los apoyos inferiores los esfuerzos empujan el muro hacia el exterior por lo que un tirante que ate a los dos apoyos es la solución más común.

Ilustración 60 - Tipas de cubierta de madera según Antonio Cámara Niño en Apuntes de Construcción, 1972. A la izquierda cubierta a la molinera, en el centro de par y picadero y a la derecha de par e hilera

 

La ejecución de estas cubiertas en construcciones rurales es muy diferente a las que se puedan dar en la vivienda u otros edificios de mayor entidad. Por un lado, las piezas utilizadas no tienen un gran tratamiento. Por otro, es muy frecuente el uso de ramajes con barro sobre las correas como elemento para fijar las tejas curvas que forman el conjunto de cobertura.

Ilustración 61 - Cubierta de pares en caseta de Villafáfila (Zamora), a la izquierda, y cubierta de par e hilera en caseta de Urueña (Valladolid) a la derecha

 

Una variante encontrada de estos elementos de cobertura supone la que se desarrolla sobre plantas circulares. Estas construcciones con cuerpos, generalmente, de forma troncocónica se resuelven con pares colocados de manera paralela a la pendiente. En Villavieja del Cerro (Valladolid) hemos encontrado dos ejemplos de este estilo.

Ilustración 62 - Caseta de pozo de cuerpo circular y cubierta a un agua en Villavieja del Cerro (Valladolid). A la izquierda imagen del acceso, en el centro replanteo estructural de la cubierta de madera, a la derecha dibujo esquemático tridimensional de la misma. Fuente izquierda y centro: Carlos Carricajo Carbajo en 50+1 Construcciones vernáculas en fa provincia de Valladolid de 2010

 

Como manera de representar una construcción típica del área Campos y Torozos que combine tres materiales, piedra en el soporte, barro en la elevación de los muros y madera en la estructura de cubrición del conjunto, desarrollamos el siguiente documento gráfico.

Ilustración 63 - Representación gráfica de caseta construida con piedra, tapial y adobes dinteles y cubierta de madera y revestimiento de barro con paja

 

PROTECCIONES

Revestimientos

Se trata de una técnica complementaria a las ya vistas que consiste en una capa de acabado superficial normalmente hecha con mortero de barro y algún componente más, logrando un revoco que permite una mayor durabilidad frente a acciones físicas y mecánicas.

Al ser un elemento que resulta de la mezcla de varios componentes y que puede ejecutarse de varias formas podemos establecer dentro de las construcciones rurales los siguientes tipos de revestimiento.

- Revestimiento continuo: Se realiza con mortero de barro, barro y paja, con cal o mortero de cemento. Los dos primeros son los que mejor se acoplan al adobe y tapial (es prácticamente el mismo material), sin embargo, sufren al igual la erosión y el desgaste de viento y Lluvia. El mortero de cemento no resulta una solución eficaz puesto que la capa resultante es poco permeable al vapor de agua y hace que en el muro se acumule mucha humedad provocando el deterioro de éste. Un sistema con mejores resultados es el revoco con base en cal apagada en pasta y tierra, mejora la protección y deja respirar a la tapia y el adobe.

Ilustración 64 - Imágenes de revestimientos continuos. A la izquierda barro y paja en Ceínos de Campos (Valladolid en Abril 2013), en el centro mortero de cal

y memento en Prado (Zamora en Febrero 2013) y la derecha mortero de cemento en Urueña (Valladolid en Agosto 2012)

 

- Reveses miento de caparazón: consiste en el empleo de otros materiales con resistencia mayor a los agentes externos como ladrillos cerámicos, chapas de piedra. En ocasiones se han puesto del lado que se encuentra más expuesto a la intemperie. Se trata de un método que debe tener una buena ejecución, pues puede provocar humedades en el muro interior y hemos observado alguno donde no ha funcionado correctamente

- Incrustación: En este caso el revestimiento se resuelve con un mortero generalmente de barro al que se le incrustan cuando aún está fresco elementos con cierta impermeabilidad como trozos de tejas, pequeñas piedras o bases de botellas, sobre las caras de vientos y lluvias dominantes. Resulta un sistema útil y barato para estas construcciones humildes.

Ilustración 65 - A la izquierda Revenimiento de caparazón de ladrillo caído en una caseta de era en Gordaliza de la Lorna (Valladolid en Abril 2013), en el centro incrustaciones de tejas en lado de vientos dominantes en chozo en Torrecilla de la Abadesa (Valladolid en Abril 2013). A la derecha ejecución de trullado en Boada de Campos (Palencia), en el libro de Alonso Ponga 1a Arquitectura del Barro

 

Dependiendo de la agresión de los efectos meteorológicos del lugar y de la calidad del trullado, los intervalos de tiempo para dar esta capa pueden ir variando. Según nos comenta algún maestro local «la trulla hay que daría cuando los adobes o el tapial empiezan a desnudarme»[41]. En la zona de estudio lo que más se ha encontrado es el revestimiento continuo de barro con paja y sobre éste varios coinciden que normalmente se da cada dos años a partir de la primavera para que seque bien. En ocasiones se da cada año en la orientación más afectada y cada dos uno completo.

 

5.2.2.Z Equilibrio estructural

Las construcciones rurales son ante todo elementos de un tamaño relativamente pequeño. Podemos confirmar, pues, que las soluciones estructurales no presentan una gran complejidad para los maestros locales que las ejecutan con gran atino.

Los muros perimetrales poseen secciones de grandes espesores respondiendo más a una cuestión de aislamiento térmico que a su resistencia estructural, y no cabe duda que este aspecto queda bien sujeto. Por otro lado, las cubiertas inclinadas suelen resolverse en situaciones de luces no muy excesivas con elementos de madera cuya ejecución no supone, tampoco, ningún desafío.

el ingenio sí que lo encontramos en las cubiertas cupuladas de adobe y de piedra, prescindiendo completamente de madera y tejas, cuya solución constructiva ya la hemos explicado, y cuyo equilibrio estructural intentaremos describir a continuación.

Podríamos decir que se tratan de cúpulas de directrices con forma similar a una parábola, lo cual permite una mejor transmisión de cargas a los muros. Ya hemos explicado que hay dos tipos, ambos apuntados, siendo la auténtica ciertamente más relajada, por norma general, que la falsa por aproximación de hiladas, llegando en esta última a tener en algunos casos forma de bala de cañón produciendo un efecto de cúpula de absorción de empujes constituyendo una construcción más rígida.

En el caso de las ejecutadas con adobe hay que reconocer que la rigidez queda garantizada por el revoco, construyendo una capa fundamental para el buen funcionamiento de esta estructura. Por otro lado, es común el uso de travesaños de madera que además de ser utilizados para colgar los aperos de labranza, lo cierto es que actúan como elementos que cosen la cúpula funcionando a tracción. Este hecho ya lo analizó Mariano Olcese Segarra[42] sobre un chozo en Torrecilla de la Abadesa expuesto a continuación.

Ilustración 66 - Esquema estructural de Mariano Olcese Segarra a la izquierda e imagen del mismo chozo a la derecha

 

Para la comprensión de la seguridad estructural de estos elementos nos hemos valido de la Teoría del Análisis Límite, que condiciona el equilibrio a encontrar la línea de empujes dentro de la sección geométrica de la cúpula. Los cálculos se realizan mediante la descomposición en gajos o arcos, suponiendo que, si en una de estas partes existe estabilidad, entonces lo tendrá toda la cubierta. Estas secciones se descomponer a su vez en franjas verticales y se procede al análisis mediante estática gráfica.

A continuación, se muestran los resultados de estos análisis sobre una cúpula por aproximación y sobre otra por inclinación de piezas.

Lo cierto es que, aunque en ambos análisis la línea de empujes permanece en el interior de la sección, la bóveda autentica se presenta más equilibrada que la falsa, pues en esta encontramos más tracciones en un punto donde ya describía Segarra (ilustración 66) y que solía corregirse con travesaños, además de la correspondiente capa de protección que mejoraba la estabilidad de la estructura.

Ilustración 67 - Análisis de cúpulas. A la izquierda resuelta por inclinación de piezas y a la derecha ejecutad a mediante aproximación de hiladas. Ver con más detalle en Anexo 3

 

El hecho de encontramos cúpulas medio derruidas sin llegar a derrumbarse completamente o con la parte de la coronación desaparecida se debe a dos factores. Evidentemente las de adobe han llegado a consolidarse gracias al trullado y la unión del barro entre piezas como si fuera una misma masa, por lo que no entran en colapso por falta de material, sino que poco a poco se van erosionando por el aire y la lluvia (ver imagen izquierda en ilustración 68). Las de piedra si llegan más fácil a desfallecer por la eliminación o caída de piezas, sin embargo, es posible suprimir la coronación de una cúpula sin que sea necesaria ninguna alteración estructural aparente. A diferencia de un arco, donde la omisión de cualquier dovela fragmentaría la cadena de transmisión de los empujes provocando el colapso inmediato, en una cúpula los esfuerzos se reparten tridimensionalmente. Este hecho tiene importantes consecuencias constructivas, ya que como afirma Santiago Huerta[43] es posible que «una cúpula de fábrica pueda levantarse prácticamente sin cim6ras; una vez completa una hilada anular de fábrica ésta será estable por sí misma».

Ilustración 68 - Derrumbes en cubierta. A la izquierda chao en Urueña (Valladolid) con cubierta en adobe erosionada por acción meteorológica, Octubre 2012.

A la derecha chozo en Coruñeses (Valladolid) con coronación caída sin restar estabilidad al resto de la estructura, Mayo 2013

 

HUECOS DE FACHADA

La creación de huecos en fachada corresponde principalmente a una necesidad de acceder al interior de la edificación. En ocasiones observamos otros vacíos en el cerramiento que servían para ventilar y mantener frescas las construcciones en verano, e incluso, algunos que mediante éstos se vigilaba el ganado o la cosecha.

Pero lo cierto es que estamos ante una arquitectura humilde realizadas con los medios justos y una de las principales preocupaciones del «albañil popular» era poder aislar de la manera más eficaz el espacio interiormente creado, de ahí que los huecos de cerramiento sean generalmente pequeños, reduciendo las pérdidas térmicas. A pesar de ello, también es posible encontramos con accesos más grandes en construcciones cuyo uso obligaba la entrada de animales o utensilios de mayores dimensiones.

Por otro lado, en todos los casos estudiados la forma de estos huecos es rectangular o cuadrada, sin dar lugar a vanos con arcos u otras formas.

Ilustración 69 – Dibujos de los dinteles más comunes vistos en las construcciones rurales. Ver imágenes de más muestras en Anexo 3

 

Dinteles

La creación de estos vacíos se produce mediante dinteles rectos de una sección robusta que permita transmitir las cargas superiores a ambos lados del hueco creado. Aunque en el caso de muros de tapia, debí do a la gran cohesión del barro, es posible la realización de perforaciones para crear vacío sin la necesidad de utilizar un cargadero tal y como comentaba Olcese Segarra[44].

De cualquier forma, podemos decir que lo más habitual ha sido encontramos con dinteles de piedra para las construcciones pétreas, y cargaderos de madera para las realizadas con barro, aunque también se ha visto algún caso de estos últimos soportando mampuestos de calizas. En algunas construcciones más modernas o reparaciones de antiguas se ha podido observar también algún dintel metálico.

Para los pétreos lo más normal era el apoyo de una o dos losas de grandes dimensiones sobre las piedras de ambos lados del hueco. Éstas solían ser un poco más grandes que las del resto del muro y con un labrado más cuidado con el fin de crear un vano lo más ortogonal posible. La longitud de apoyo en estos casos no suele ser muy excesiva a pesar de que se trata de piezas de gran tamaño.

Ilustración 70 - A la izquierda acceso a caseta en Montealegre (Octubre 2011) y a la derecha hueco de fachada en chozo en Urueña (Noviembre 2011). Ambos en la provincia de Valladolid

 

En cambio, en los cargaderos de madera nos encontramos con apoyos más largos. Se trata de un elemento más polivalente pues le hemos encontrado sobre muros de piedra y de barro y bajo cubiertas de piedra y de barro. Es muy frecuente el uso de listones de madera sobre los límites de los muros para dejar preparada una superficie plana a ambos extremos del hueco y a ser posible a un mismo nivel de altura. Así el dintel queda lo más horizontal posible dejando una situación óptima para la incorporación de una puerta con su correspondiente carpintería.

Existen otros casos también muy peculiares. En Montealegre hemos visto un dintel con cinco dovelas rozando una solución de alta arquitectura (lustración 70, imagen izquierda). En Urueña el ingenio del maestro local dispone dos adobes inclinados enfrentados entre sí consiguiendo un hueco sin necesidad de cargadero (Ilustración 70, imagen derecha). También hemos encontrado ejemplos donde se combinan cargaderos de piedra con otros de madera en el mismo hueco (ver detalle en ilustración 55, imagen de la derecha).

 

Carpintería de madera. Traseras, puertas y ventanas

La carpintería de madera, normalmente de pino, constituye el cierre físico de los huecos practicados en la mayoría de las fachadas de las construcciones analizadas, aunque en actuaciones nuevas podemos ver la incorporación de elementos metálicos y, también, es posible incluso encontrarnos con edificaciones sin ningún tipo de puerta o ventana, dejando el acceso y los demás huecos sin tapar o utilizando unas telas, cortinas o sacos para tal efecto.

Ilustración 71 - Dibujos de los dos tipos de puertas más comunas.

A la izquierda, puerta de tablas unidas con bastidor, clavándose la última tabla al montante de giro y con pequeña ventana superior. A la derecha puerta con dos hojas formadas por trillos unidos al eje de rotación con herrajes. Ver imágenes de puertas en Anexo 3

 

Ilustración 72 - A la izquierda dibujo de la parte de abatimiento de puerta de chozo en Torrecilla de la Abadesa realizado por Carlos Carricajo Carbajo en

50+1 Construcciones Vernáculas de la provincia de Valladolid.

A la derecha dibujo de cierre de puerta realizado por Bernalte Patón en Bombos de Tomelloso

 

En función del tamaño podemos organizar estos huecos en tres elementos. El más pequeño de ellos es la ventana que se utiliza para ventilar y vigilar, siendo normal- mente de una hoja y en alguna ocasión con rejilla. Por las puertas se accede a la construcción y aunque son más grandes que las ventanas, tienen un tamaño generalmente pequeño de entre 1,00 y 1,60 cm de altura y no más de 80 cm de ancho pudiendo encontrarlas de una hoja y a veces poseen un ventanuco en la parte superior a modo de mirilla grande. El más grande de todos es la trasera, que en realidad es un portón grande (su nombre deriva de las puertas del patio o corral trasero de la vivienda) utilizada solo para casetas de considerables dimensiones y normalmente de dos hojas para permitir el paso de animales o herramientas pesadas.

En este tipo de arquitectura las soluciones para estos elementos son más esquemáticas y de menos riqueza que las utilizadas en las mismas viviendas. El uso de cuarterones, por ejemplo, resulta prohibitivo y normalmente nos encontramos con elementos formados de simples tablas armadas por un bastidor. Es muy común en áreas de tradición cerealista el aprovechamiento de los trillos de madera, que han quedado viejos e inservibles, para tapar los accesos.

La apertura de estos elementos siempre se hace por abatimiento.  La mayoría de los casos se realiza mediante un montante vertical de madera de forma cilíndrica (el quicial) donde va sujetada la puerta mediante un herraje que lo abraza (llamada quicialera[45]) o atornilla o clavada. El quicial gira gracias a una pieza hueca en la zona superior e inferior, llamada quicio que permite la entrada del espigón para hacer la rotación del conjunto.

ESCUADRAS PARA COMIENZO DE CÚPULAS. DEL CUADRADO AL CÍRCULO

Uno de los modelos más encontrados en las edificaciones estudiadas es el chozo o caseta de planta cuadrada y cubierta en cúpula. Ya comentamos en capítulos anteriores que el método empleado para el paso del cubo a la semiesfera se producía ochavando la planta mediante elementos en posición oblicua de 45º en cada una de las cuatro esquinas. Así el octógono formado suponía una forma mucho más próxima a la circunferencia de donde nace la cubierta cupulada.

Se han detectado hasta tres componentes diferentes para realizar esta técnica. Quizá el más común de todos sea la madera empleando uno, dos, tres y hasta cuatro travesaños o rollizos sobre muros de adobe, tapial o mampuestos de piedra para soportar el peso de la cúpula de barro o, en alguna ocasión, también de piedra. Otro muy común es el de tejas o losas de piedra, las cuales las vemos sobre todo entre muros y cubiertas pétreas, aunque también le hemos podido encontrar en construcciones enteras de barro. La última solución, donde vemos el ingenio de estos maestros locales, resulta del empleo de piezas escalonadas desde posiciones inferiores formando una pechina en la esquina. Este sistema lo hemos visto tanto con adobes en construcciones sobre Tierra de Campos, como con elementos calizos en Montes Torozos.

Ilustración 73 - Dibujas esquemáticas relacionadas con las imágenes descriptivas de las posibles soluciones de achaflanado de la planta cuadrada para comienzo de cúpula. Las imágenes de la izquierda sobre muras de piedra y las de la derecha sobre muras de tierra. Todas las casas descritas son en la provincia de Valladolid

 

TRAVESAÑOS EN CÚPULAS. CUELGUE DE APEROS DE LABRANZA

Ya hemos comentado en el capítulo del equilibrio estructural sobre el uso de travesaños de madera en cubiertas cupuladas, normalmente las realizadas con adobe mediante aproximación de hiladas, que mejoraban su estabilidad. Por otro lado, la necesidad del trabajador para el almacenaje de los utensilios y herramientas de trabajo le ha incentivado a crear sistemas para poder colocarlos de manera ordenada y la solución más común ha sido el empleo de troncos o maderos que recorren el espacio interior de lado a lado y que en muchas ocasiones compartían la función de cuelgue de aperos de labranza con la de presentar una mayor seguridad estructural.

Ilustración 74 – Imagen superior dibujo de chozo de Urueña (uru04), inferior dibujo de Mario Olcese de chozo de Torrecilla de la Abadesa (tab03). Ambos de Valladolid

 

De todo lo observado, podemos destacar el empleo de un solo rollizo, ocupando el diámetro de la planta, el empleo de dos en forma de cruz, o el empleo de varios paralelos. En algunos casos ha servido para colgar la polea de un pozo. También ha resultado interesante encontrar algún caso, como el de Torrecilla de la Abadesa descrito por Olcese Segarra[46], el empleo de unos travesaños a una altura superior de la cúpula para el aumento de la estabilidad de la cubierta y el de otros inferiores, a una altura adecuada para el cuelgue de los utensilios.

Ilustración 75 - Imágenes de travesaños. En la zona superior, en forma de cruz en Becilla de Valderaduey (Abril 2013), el siguiente en Tamariz de Campos (Abril 2013), y en la zona inferior en dos chozos en Urueña (Agosto 2012). Todos ellos en Valladolid

 

ELEMENTOS DE CONFORT. CAMASTROS Y CHIMENEAS

Los chozos y casetas también han servido como lugar de refugio y pasar el tiempo en las horas de descanso donde poder almorzar, reposar, echarse la siesta y hasta dormir. No en vano, en algún pueblo les llamaban «casillas de verano»[47], pues en las largas jornadas veraniegas donde la época de cosecha requería una gran carga de tiempo en las labores de campo, los trabajadores pasaban hasta la noche en estas construcciones.

Ilustración 76 - Dibujo de chozo en Urueña (Valladolid) donde existía un camastro de piedra para repasar y descansar

 

Ilustración 77 – Imágenes de camastros: A la izquierda uno de piedra en una caseta de Urueña (octubre 2012) A la derecha uno de adobe, ya casi desaparecido, en chozo en Tamariz de Campos (Abril 2013). Ambos en Valladolid

 

De esta manera es posible encontrar en el interior de estas edificaciones elementos para el descanso y reposo donde sentarse y recostarse como camastros u otras formas de asiento. Éstos se realizaban con adobes o con piedras hasta una pequeña altura de entre 30 y ó0 cm. Para asegurarse una mayor comodidad se utilizaban unos sacos rellenos con paja de trigo o de avena que hacían más mullidos los asientos.

En ejemplos muy alejados de los núcleos de población y con destellos de una gran habilidad constructiva por parte del maestro local podemos encontrar la incorporación de una chimenea a la edificación. Solo la hemos visto en construcciones de adobe, y se realizaba también con barro.

Ilustración 78 – Chozos con chimenea. Arriba uno de Ceinos de Campos (Valladolid en abril 2013) y debajo uno en Valderas (León) ya desaparecido encontrado en libro de Alonso Ponga La Arquitectura del barro

 

ELEMENTOS PARA EL GANADO. PESEBRES, FUENTES Y POZOS

Además de la relación que tienen estas actividades con la agricultura, también podían servir para ayudar a las labores de la ganadería. La incorporación de pesebres en casetas de unas dimensiones más elevadas para la entrada de animales convertía el lugar en un espacio más útil para ganaderos y pastores. Otras construcciones servían para acoger un pozo donde sacar el agua para el alimento del ganado y en ocasiones se acompañaban de fuentes o abrevaderos para facilitar esta labor.

Aunque se han encontrado situaciones de todo tipo, lo más normal es que las edificaciones para el ganado eran más grandes y solían ser casetas rectangulares con cubierta inclinada. Mientras que las construcciones con cúpula se han destinado más para el trabajo agrícola.

Los pesebres se realizaban con adobes o con piedras, incluso mezclando ambos elementos, y el borde se solía rematar con una tabla de madera. Los pozos y fuentes obviamente se construían con piedra pues resiste mejor el ambiente húmedo que el barro.

Ilustración 79 - Caseta en Urueña con pesebre en imagen superior y caseta de pozo con abrevadero en Villavieja del Cerro (fuente: Carlos Carricajo en Construcciones Secundarias) en imagen inferior. Ambas en la provincia de Valladolid

 

Ilustración 80 – A la izquierda bancada para los pesebres en caseta de Villafáfila (Zamora en febrero 2013) a la derecha otro ejemplo en Urueña (Valladolid en octubre de 2011)

 

Ilustración 81 - Imágenes del abrevadero (a la izquierda) y del pozo (a la derecha) de una caseta en Bustillo del Oro (Zamora). Febrero 2013

 

Ilustración 82 – Imágenes del Pozo en el Rebollar (Valladolid) con abrevadero en ángulo. Mayo 2013

 

5.2.3 OTROS E5TUDIOS

 

5.2.3.1   Estudio funcional. El uso de las construcciones

Ya hemos observado los diferentes usos que poseen las construcciones agrarias que se han estudiado. Podemos dividirlos en dos categorías: las construcciones de la agricultura y las de la ganadería.

 

Agricultura

Las de este uso normalmente servían para guardar los utensilios de labranza, como la horca, bielda, palas, el arado, la hoces y guadaña, la criba, los trillos, la carretilla y otras herramientas (ver aperos en el Anexo 3). Estos ejemplares se situaban normalmente en las eras que bordeaban el núcleo urbano y en éstas se trillaba el grano. Si la era estaba un poco alejada de la vivienda, en las épocas veraniegas donde la cosecha del cereal obligaba a largas jornadas de trabajo, el agricultor pasaba las noches en estas casetas. No merecía la pena volver a casa de noche sin luz para dormir un poco y volver al amanecer.

En estas construcciones, de uso para la labranza, las puertas, que siempre miraban hacia el centro de la parcela, eran lo suficientemente grandes para poder meter el material de trabajo, pero no tanto para no aumentar las pérdidas térmicas consiguiendo un mejor aislamiento, sobre todo del calor del verano, que era el periodo donde más habitada estaría esta edificación por el excesivo trabajo del labrador. El barro como material de fácil acceso, sobre todo en Tierra de Campos, suponía un material que mantenía bien fresco el espacio interior.

Cuando se tratada de viñas, el levantamiento de estas edificaciones servía además para vigilar la cosecha, de ahí el nombre de «guardaviñas» que se les ha dado a estos elementos. Estas construcciones se ejecutan con varias ventanas en el cerramiento y además hemos podido ver la incorporación de chimeneas en algunos casos, pues en las vendimias tardías de octubre el frío nocturno podría ser bien duro.

Con las grandes producciones el agricultor se pudo ver en la necesidad de construcciones más generosas para el almacenamiento del producto recolectado lo que dio pie al levantamiento de casetas más altas y de mayores luces que pudieron ampliar a las ya existentes.

Ilustración 83 – Chozo y caseta en una era a las afueras del Mota del Marqués (Valladolid). Mayo 2013

 

Ganadería

Dentro de las construcciones relacionadas con la ganadería hay que diferenciar de las que sirven para el resguardo del ganadero o pastor, de las que tienen elementos para proporcionar bebida para el ganado y de las que se utilizan para guardar a los animales.

Las edificaciones relacionadas con las primeras las hemos encontrado en lugares muy alejados de los núcleos de población donde afloran buenos pastos para el alimento del ganado herbívoro. Se tratan de construcciones pequeñas de muros gruesos y huecos de acceso muy pequeños para no perjudicar en exceso el aislamiento del cerramiento. Lo cierto es que a diferencia de lo que ocurre con el agricultor, que tiene el trabajo más concentrado en ciertas épocas y que la estancia mayoritaria en sus construcciones se produce básicamente en verano, la labor del pastor es más esclava durante todo el año y el uso de estos elementos es más constante por lo que es necesario asilar del calor, pero sobre todo del fuerte frío de los meses invernales. En Tierra de Campos fue muy frecuente la construcción de granjas ofrecidas a la red de trashumancia cada 5 km por lo que la construcción de estos elementos no era muy necesaria.

Era común en otras zonas el levantamiento de muros para crear corralizas alrededor del chozo donde se asentaba el ganado. Lo cierto es que no se han encontrado muchos ejemplos, debido a la mecanización de la actividad ganadera, lo que ha incentivado el aprovechamiento de estas piedras para otros menesteres.

Ilustración 84 – Chozo en el límite de Mota del Marqués y Tiedra (Valladolid). Abril 2013

 

Sobre las construcciones que albergan fuentes, pozos e incorporan en muchas ocasiones abrevaderos hay que destacar que las podemos ver tanto lejos del municipio como en las eras próximas a los núcleos de población. El pozo siempre de piedra permanece en el interior de la edificación y se comunica con una pila o abrevadero, también de piedra, del exterior. En estos casos podemos encontrar más variedad tipológica-constructiva.

Para guardar el ganado se han podido utilizar cualquier elemento edificatorio. La construcción de elementos específicos para tal uso es más contemporánea que las otras vistas, pues lo normal era que el ganado se recogiera en las parcelas al aire libre. Estas edificaciones suelen aparecer en las eras próximas a la población y normalmente son de mayores dimensiones que los chozos a los que tienden a anexionarse.

Respecto a las situaciones encontradas entre ambas categorías de uso, agricultura y ganadería, podemos establecer las tendencias de encontrar el barro para las construcciones de la labranza, más bien dadas en Tierra de Campos, lugar de terrenos fértiles más apropiados para la actividad agrícola, y la piedra para las construcciones del pastoreo, más localizadas en el páramo, aunque reconozcamos que también se dan casos inversos.

 

5.2.3.2   Influencias piedra-tierra en campos y Torozos

Se han examinado las construcciones del área de «Campos y Torozos» desde varias perspectivas, basándonos en los puntos de vista que otros autores han hecho sobre este tipo de construcciones tanto en la zona nuestra o próxima como en otras más alejadas, analizando desde un comienzo el lugar donde se asientan y describiendo posteriormente todos los aspectos constructivos que las hacen peculiares.

Uno de los conceptos que más se ha querido destacar hasta el momento es la transición evolutiva que se produce en cuanto al material dominante, siendo la piedra y el barro los dos componentes más relevantes. Se ha hecho hincapié en ello porque se trata de un asunto novedoso para el análisis de la arquitectura rural, tan vinculada al lugar como a la materia que en él se encuentra, y por ello pensamos que podría ser la base de futuras investigaciones sobre construcciones populares.

El empleo de la tierra sobre estas edificaciones se hace de una forma mucho más ordenada y geométrica en sus dos vertientes, adobe y tapial, de lo que se puede ver en las construcciones pétreas, donde la materia prima mucho más irregular podría dificultar más la ejecución de estas muestras de la arquitectura rural. Sin embargo, la ventaja que poseen los ejemplos realizados con piezas calizas es su longevidad respecto a las construcciones de barro, mucho más deterioradas por los efectos de lluvia y viento.

Lo interesante de este aspecto es que a pesar de que son dos materiales bien diferentes y que no concuerdan bien constructivamente hablando, como ya comentaba Carlos Carricajo[48] explicando que «unen mal», el maestro rural de cada zona ha sabido sacarles partido a los dos de manera conjunta. Las construcciones de adobe y tapial tradicionalmente se han levantado sobre cimentaciones y zócalos de piedra que en ocasiones formaban auténticos muros de mampostería, pues además de asegurar una base más sólida y estable ha aislado del agua y de las humedades a estos pequeños ejemplos arquitectónicos mejorando su esperanza de vida. Así de esta forma confirmamos que las muestras hechas con tierra se han beneficiado del material pétreo. Dicho esto, también encontramos a la inversa la gran ayuda que ha significado el empleo de los bloques de adobes para la construcción de cubiertas de piedras, donde la piel interior se realizaba con estos elementos de barro para luego protegerlos de la intemperie con un recubrimiento a base de piezas calizas.

No obstante, a través de lo examinado, que no solo se ha centrado en las regiones de Tierra de Campos y Montes Torozos sino también en áreas próximas, se ha podido observar un punto importante, a nuestro juicio, que tiene que ver en el modo que influyen estas edificaciones de barro sobre las de piedra, no desde la perspectiva del material, sino más bien desde la manera de construir, y que podría servir como un punto desarrollable para futuros trabajos relacionados con éste. Se trata de un estilo de creación de estos ejemplos arquitectónicos más ordenado y geométrico, como hemos definido antes, observado en los ejemplos de adobe y tapial, muy localizados por toda la comarca de Tierra de Campos, y que han podido influir sobre las edificaciones de piedra en el borde limítrofe con Montes Torozos.

Hasta el momento ponemos explicar este hecho intuitivo con dos ejemplos para comprender estas consideraciones.

El primero de ellos es la comparativa entre dos cubiertas, una realizada con adobes y otras con piedras de similar tamaño. La primera se sitúa en Urueña que, aunque pertenece al páramo en ella encontramos buenos ejemplos del empleo del barro. La segunda pertenece al término de Tiedra a unos 8 Km de la anterior. Como observamos en la ilustración 85 la similitud en la que se disponen las piezas de uno y otro material es sorprendente, salvando las claras diferencias entre lo que significa el levantamiento de una cúpula de barro y una pétrea. El modo tan sistemático con que se construye una cubierta de adobe no debería verse tan claro en una de piedras irregulares, sin embargo, podríamos imaginar que ha podido existir un traspaso de tradición constructiva entre estos dos elementos tan distintos en cuanto a su composición física, pero a la vez tan cercanos.

Ilustración 85 – Cúpula de adobe de chozo de Urueña (superior) y de piedra en chozo de Tiedra (inferior)

 

En el segundo ejemplo comparamos dos chozos de piedra, uno de Montealegre de Campos (Valladolid) y otro de Cevico de la Torre (Palencia). El primero en los Montes Torozos, cerca del límite con Tierra de Campos y, el segundo, al otro lado de los Torozos cerca del Cerrato Palentino. Viendo la ilustración 86 observamos como el primero aun siendo de piedra representa el estilo muy característico de las casetas de Tierra de Campos, cuya comarca empieza a pocos kilómetros, con planta cuadrada y con travesaños de madera en las esquinas para el arranque de la cúpula que por dentro es de adobe y por fuera de piedra. En cambio, en el de la derecha el trazado se observa más irregular y desconfigurado en planta y en alzado con poco orden en el mampuesto y sin ningún rasgo geométrico sobre esta construcción muy lejana (más de 40 km) de las primeras zonas de la gran llanura de arcilla. En este caso el hecho de encontrarnos con dos ejemplos realizados con el mismo material dominante no implica un estilo común, a diferencia de lo que si se ha observado con la mayoría de los ejemplos de la arquitectura del barro.

Podemos decir, entonces, que desde esta primera aproximación a un concepto algo complejo se pueden ver rasgos de influencia de la tradición constructiva del barro sobre las pequeñas edificaciones agrarias construidas con piedra muy cercanas a la región de Tierra de Campos. Aun así, se trata de un tema que necesita madurar en trabajos más profundos sobre esta impresión y que en las conclusiones propondremos junto a otros como futuras vías de estudio.

Ilustración 86 - Imagen superior, ejemplo de Montealegre (Octubre 2011). Imagen inferior, chozo en Cevico de la Torre (Fuente: Santiago Valiente en Cabañas y corrales de pastor)

 

Ilustración 87 - Ubicación de los municipios de las muestras que hemos comparado para este análisis

 

5.1.3.3 Estudio patológico

 

Principales daños sobre las construcciones agrarias estudiadas

Ya hemos comentado que uno de los problemas que se ha detectado sobre esta arquitectura es la lenta pero contundente desaparición de estos ejemplos de la construcción rural. El desuso de estos elementos provoca la no conservación de los mismos, lo que ocasiona la alteración de su integridad estructural, dañada por los diferentes agentes que actúan con el tiempo.

Estas lesiones se aprecian más sobre los componentes de barro que en los de piedra, de ahí que siempre se tuviera atención al oportuno revestimiento de protección del muro de adobe o tapial, pero en realidad los daños se observan en los dos principales materiales utilizados para el levantamiento de estos ejemplos.

Las causas que provoca estos desperfectos pueden deberse a factores intrínsecos, es decir a la propia naturaleza y composición del material de construcción, o a factores extrínsecos, como son los agentes ambientales, biológicos o a fallos mecánicos motivados por errores en el diseño o en la ejecución de la obra[49]. Las lesiones más frecuentes originadas sobre estas construcciones son las siguientes, de las que razonaremos su proceso patológico:

Grietas: Se producen en todo tipo de elementos y pueden provocarse por causas muy dispares. Por ejemplo, son muy comunes en las fábricas de tapial, debido a la retracción que sufren estos elementos durante el periodo de secado (factor intrínseco) que provoca la característica separación de juntas entre tapias de muros monolíticos. Son muy comunes también las grietas alrededor de los huecos por fallo en el sistema de abertura, o también por problemas de asentamientos y variaciones del estrato de apoyo (factores extrínsecos) ocasionándolas en forma inclinada sobre muros de piedra o tierra. Hay que tener en cuenta que estas edificaciones tenían una escasa o nula cimentación, por lo que en muchos casos están a merced del caprichoso movimiento del terreno.

Ilustración 88 – Ejemplo de grietas. A la izquierda en un muro de tapia donde se ven las juntas entre tramos sobre la caseta en Autilla del Pino (Palencia). A la derecha griega en muro de mampostería en construcción en Palacios de Campos (Valladolid) Ambas en Mayo 201

 

Erosión: Se produce sobre todo en los elementos arcillosos. La tierra es un material con baja resistencia superficial frente a impactos y erosiones. De ahí la importancia de su revestimiento que protege la gruesa de la fábrica. Cuando éste es poco consistente y se pierde, los muros de tapia y adobe aparecen indefensos y son muy erosionables por el viento, el agua y el ataque de organismos. En cúpulas de adobe la pérdida del material erosionado llega hasta el 809a de la sección lo que provoca el desfallecimiento de parte de ella.

Manchas de humedades: Se deben a muchos casos y son más frecuentes en los muros de barro, debido a la poca impermeabilidad de este material. Si los muros de tierra no apoyan en zócalo de piedra pueden existir filtraciones por el terreno y ascender por capilaridad formando una línea horizontal. También pueden aparecer en las partes superiores de muros o en las cúpulas de adobe por cambios de temperatura y humedad creando manchas de color negruzco. En revestimientos de caparazón (doble capa) pueden aparecer por condensación y provocar la pudrición de la fábrica de barro y la desunión con la capa exterior.

Desprendimiento del material de revestimiento: Puede deberse a problemas que causa la misma composición del material por falta de adherencia o excesiva rigidez o a las del elemento al que se junta, pero la causa más común es la acción meteorológica con el agua y el viento y sobre todo el sol que provoca grandes cambios térmicos y climáticos aumentando la disgregación del revoco.

Desprendimientos del material soporte: Normalmente se ven en construcciones de piedra producidos por la circulación de agua, a través de fisuras, poros o imperfecciones de la roca, que al congelarse con las frecuentes heladas nocturnas aumentan de tamaño y rompen las piezas calizas. En muros de tierra es más frecuente la erosión que el desprendimiento, aunque tampoco es descartable.

Flexión de dinteles: Son muy frecuentes en los cargaderos de maderas por fallo en la consistencia del material por cambios de humedad o ataque de xilófagos y en los dinteles de piedra por fragmentación de la pieza que lo compone.

Ilustración 89 - Imágenes de lesiones en construcciones rurales. A la izquierda desprendimientos de la capa de revestimiento, erosión de las piezas de adobe y manchas de humedad en chozo de Torrecilla de la Abadesa (Abril 2013). A la derecha desprendimiento de piedras en guardaviñas en Coruñeses (Mayo 2013). Ambas en la provincia de Valladolid

 

El caso de los chozos de Urueña. Desgaste por el lado sur

Nos hemos fijado en estos casos, además de por lo característico que resulta su construcción, porque nos encontramos ante un hecho curioso. Tres de los cuatro que se mantienen en pie, aunque ni mucho menos en un estado excelente, han empezado a presentar fallos de la misma forma, con un boquete en la cúpula de adobe y siempre por el lado sur, el otro todavía está protegido por una capa de cemento. Esto no es coincidencia y se ha intentado estudiar la razón de este hecho a través de dos puntos de vista, ambos meteorológicos.

El primer aspecto nos lo relata un vecino y pastor de Urueña quien nos cuenta que «siempre en esta zona tanto el viento como la lluvia (se refiere a llueve con mucho viento) vienen de sur a norte, y lo llevo observando desde hace muchos años»[50]. En la ilustración 20 viene recogida el gráfico de las tendencias del viento estudiadas por Justo González Garrido donde ya explica la presencia de vientos acompañados de lluvias provenientes del suroeste de la región. Esto explicaría el gran desgaste erosivo del aire cargado de agua que se produce por la zona sur de estas construcciones que, en el momento que no reciban el trullado correspondiente, producen estos daños.

El otro punto de vista se explica desde el movimiento del sol. El lado sur es el que más expuesto está a la energía que desprenden los rayos solares. Esto provoca que la diferencia térmica entre el día y la noche sea más elevada que en las otras partes por lo tanto existe una aparición más agresiva de contracciones y dilataciones que puede provocar desprendimiento del material del revestimiento por disgregación del mismo.

Según el estudio solar que se ha realizado podemos observar que la acumulación de incidencia de los rayos del sol a lo largo de un año nos marca como zona más afectada la elipse dibujada (ver imagen izquierda de ilustración 91), la cual presenta una forma muy similar a las aberturas que aparecen en las cubiertas cupuladas como muestra de su deterioro. Si coincide que en el lado sur se produce la degradación de revestimiento por la radiación solar y los vientos dominantes cargados de agua provocan la fuerte erosión de los bloques de adobe, podemos establecer estrategias de protección para su conservación.

Ilustración 90 – Perspectiva de tres chozos en Urueña (Valladolid). Fuente: Centro Etnográfico Joaquín Díaz

 

Ilustración 91 – A la izquierda estudio de soleamiento de un chozo en Urueña realizado con el software Ecotet A la derecha fotografía del boceto de un chozo de Urueña (Octubre 2011). Fuentes propias

 

Por otra parte, en esta localidad se ha obtenido, además de la información de forma directa con el estudio presencial realizado, una documentación fotográfica de época atrás muy didáctica que nos va ayudar a comprender como se ha producido la evolución patológica de uno de los chozos de Urueña.

A partir de las Iotas de diferentes años que se presentan a continuación se puede describir cómo se han ido produciendo los diferentes tipos de daños y como han progresado con el paso del tiempo.

Hacia los años 80 el chozo presentaba un estado aceptable, al menos para su comprensión volumétrica, a pesar de la abertura en la cúpula de adobe que aparece por el lado sur de ésta. Los ladrillos de adobe ya se manifiestan desnudos (sin la capa de revestimiento). Según testimonios de vecinos[51] de Urueña, en esta época aún se conservaba la puerta, que era un trillo.

En el año 1993 el dintel de madera todavía permanece en su lugar, pero, segura- mente por el ataque de xilófagos y las humedades que han provocado su inestabilidad estructural, se muestra algo curvado, lo que provoca la aparición de grietas en la cubierta a ambos lados de éste. Por otro lado, el boquete aumenta de tamaño hasta llegar al muro de piedra movido por la erosión que cada vez repercute con mayor trascendencia en el hueco. La puerta de trillo ya ha desaparecido, está claro que con el desuso de este elemento no interesa su conservación por parte del propietario.

Por el año 2000, se produce el desprendimiento del barro por encima del dintel, motivado con toda probabilidad por el desprendimiento del componente barroso que se crea con el aumento de la curvatura del cargadero y sobre todo por la pérdida de uno de los dos componentes que formaban dicho dintel, concretamente el exterior. Se hacen más visibles los pedazos de piedra que se colocaban entre adobes desde su proceso de ejecución, gracias a la acción erosiva que actúa más sobre la arcilla que sobre la caliza, y van apareciendo agujeros en la cubierta como consecuencia de la disgregación del material por ataque de organismos o por humedades creadas.

En la actualidad, nos encontramos ante un estado muy menguado. La abertura de la cúpula ocupa más de la mitad de la planta del chozo. El dintel de madera ya no existe y tan solo la piedra mantiene un estado consolidado. La cohesión de este material ha evitado la caída completa de la cubierta que, aun así, poco a poco está condenada a desaparecer.

Ilustración 92 - Esquema evolutivo del estado de un chozo de Urueña, desde los años 80 hasta la actualidad. Fuentes: fotografía años 80 del catálogo de fotos del Centro Etnográfico Joaquín Díaz. Fotografía 1993 Raúl Abril de Paz. Fotografía 2000, de Ricardo Puente en Urueña: Balcón de Tierra de Campos Fotografías 2011 propias

 

5.2.3.4   Comportamiento bioclimático

El levantamiento de estos ejemplares respondía principalmente a una cuestión de funcionalidad laboral. En el caso del agricultor estas construcciones solo tenían que servir para guardar los utensilios de trabajo, aunque, como ya se ha comentado, en ocasiones servía para el descanso e, incluso, el refugio, uso que sí rentabilizaban sobre todo los pastores. Por ello, aunque estas edificaciones no cumplían una misión profundamente vividera, sí que resultaba recomendable, y creemos que los constructores de las mismas eran conscientes de ello, establecer unos niveles de confort mínimos.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que los maestros locales acostumbrados a levantar viviendas solían copiar ciertos rasgos para las construcciones rurales, salvando lógicamente las distancias, con conceptos como los espesores de los muros, los aparejos de adobe, ... Las misma adoberas o tapiales que se ideaban para las casas podían ser aprovechadas para otros levantamientos.

De lo que sí que estamos seguros es que los cerramientos de estas pequeñísimas construcciones son excesivamente grandes, los de tierra de unos cuarenta centímetros para adobes y unos sesenta para las tapias, y los de piedra en algunos casos llegan hasta los setenta. Está claro que para una construcción de tan reducidas dimensiones no es necesaria una estructura de este espesor. Por lo que parece que la estrategia de asilar el interior podría ser una decisión tomada a conciencia por parte del «arquitecto rural» capaz de ejecutar elementos de indudables cualidades bioclimáticas. Basta con introducirse en el interior de una caseta de barro en el verano y sentir el descenso brusco de la temperatura respecto a las condiciones de calor en el exterior. A la inversa, según testimonios de pastores[52], la lumbre efectuada en las noches invernal es en el interior de un pequeño chozo de piedra aportaba un sentimiento de abrigo muy acogedor.

Tres son los aspectos más destacables dentro de este concepto bioclimático que trataremos de explicar desde una visión teórica y que deberían ser estudiados para futuros análisis desde una perspectiva práctica que sirva para confirmar la eficacia de estos ejemplares. El primero de ellos corresponde a la forma, donde el diseño de la cúpula como elemento de cubrición beneficia el confort interno; la segunda deriva de la masa y de la inercia térmica del material de cerramiento; y el último se refiere al aprovechamiento de las aberturas en fachadas para la ventilación.

 

La forma esférica

La cúpula como forma habitable lleva apareciendo desde los orígenes de la humanidad. Lo cierto es que el empleo de cúpulas en esta zona seguramente responde a una manera barata y sencilla de cubrir un espacio sin elementos estructurales de madera, material más caro y de difícil obtención en esta área. Ya sea más apuntada, a media esfera o cónica, constituye «la envolvente geométrica más refractaria»[53], capaz de acumular el calor emitido por un fuego en el interior y cederlo con posterioridad manteniendo caliente el espacio durante la estancia diaria. Lo cierto es que la forma hemisférica expone la mínima superficie al exterior en relación con el volumen interior y por tanto es la figura que presenta las menores pérdidas térmicas.

Por otro lado «la cúpula es el contenedor espacial que mejor optimiza la distribución del calor generado en su interior››[54]. Esto se explica en que el volumen es decreciente según se eleva, por lo que el aire caliente coloniza más rápidamente las parte altas y mantiene el calor en los estratos inferiores por la sobre presión ejercida por las capas superiores.

Podemos decir entonces que la cúpula es el volumen que mejor gestiona el calor y, además, por su doble curvatura también es idóneo para diferir los fríos vientos dominantes en cualquiera de las orientaciones.

Ilustración 93 - Optimización del calor interno y comportamiento frente

a los vientos de un chozo común en Urueña 50 (Valladolid)

 

Masividad e inercia térmica

Ya hemos comentado al principio de este punto que la masa de los cerramientos de las construcciones vistas ocupaba grandes espesores ya sean de piedra o de tierra. Aun así, tenemos que diferenciar entre las envolventes de barro, mucho más homogéneas entre muro vertical y cúpula, que, entre las pétreas, donde existen ciertas diferencias entre el comportamiento de estas dos partes de la edificación.

Sobre los muros de arcilla podemos destacar la baja conductividad térmica que tiene este material, según afirma Roldán Morales con «espesores de muros de tierra de 60cm se consigue un aislamiento térmico equivalente a los actuales muros realizados con dos hojas de ladrillo»[55]. El grosor elevado de estos cerramientos mejora indudablemente su ya establecida buena inercia térmica, es decir, su capacidad para almacenar calor en su masa y provocando el desfase en el tiempo de la cesión de éste al ambiente.

Esta amortiguación de la amplitud es térmica provoca un efecto muy beneficioso al confort térmico. El calor que acumula el muro a través de la radiación solar que le azota durante todo el día, no es transmitido por éste al espacio interior hasta últimas horas de la tarde y durante la noche. Por el contrario, el frescor de la noche no es transmitido al interior hasta el día siguiente, provocando una oscilación térmica interior tremendamente baja.

En el caso de las construcciones pétreas no existe una homogeneidad como en las arcillosas, a pesar de la continuidad material. Los muros que delimitan el cerramiento normalmente forman un elemento constructivo masivo, unitario y compacto, ayudado incluso a este efecto por el propio peso de la cubierta. Sin embargo, ésta, como ya hemos visto en su sistema constructivo, estaba formada casi siempre por dos capas, una muy trabada al interior, incluso en ocasiones ésta era de adobe, y otra normalmente más disgregada al exterior con piezas más sueltas con una misión más de protección.  Podemos decir que los muros aumentan su inercia térmica gracias a esta compactación natural, mientras que en la cubierta el aire puede fluir por las oquedades intersticiales de estas pequeñas piezas pétreas ocasionando una ventilación en la cúpula.

Así, esta configuración constructiva de la cubierta, masiva al interior y disgregada y ventilada al exterior, genera un colchón térmico que amortigua las transferencias de calor entre ambos ambientes, convirtiéndola en un elemento idóneo para climas continentales. En condiciones de invierno las frecuentes heladas nocturnas tan solo afectan superficialmente a las caras expuestas de esta segunda cúpula ya que el aire intersticial contribuye a reducir la temperatura de contacto del cerramiento interior con el ambiente exterior. Por el contrario, en el verano esta propia ventilación entre capas puede ayudar a que el frescor alcanzado en el interior no se pierda durante el día.

Ilustración 94 - Ventilación entre las dos capas que forman la cubierta en un chao en Coruñeses (Valladolid)

 

Estrategias de ventilación

Hay que tener en cuenta que los ejemplares que estamos analizando deben tratarse como construcciones cerradas, es decir, como edificaciones opacas y estancas, donde la puerta es el principal elemento de acceso, además del máximo responsable de la iluminación y ventilación naturales, y que basan el confort interior en la inercia térmica de la envolvente como ya hemos explicado.

No se ha encontrado una tendencia contundente en cuanto la orientación del acceso, buscando la más idónea por soleamiento o dirección del viento. Normalmente su situación respondía a una cuestión funcional, ya que en la mayoría de los casos miraba hacia el centro de la era o tierra donde se asentaba y sería lo más fácil para vigilarla o sacar de manera más sencilla el material de trabajo.

Pero lo que sí que se han encontrado son bastantes casos donde existían más huecos además del acceso. Se trataban de pequeños vanos, normalmente enfrentados dos de ellos y a veces otro más mirando a la puerta formando una ventilación cruzada. La corriente establecida era muy beneficiosa en los meses de verano. En algunas construcciones de barro nos han contado como hacían huecos en las partes superiores del cerramiento formando un efecto botijo que mantenía fresca la caseta[56].

Este aspecto de la ventilación, muy beneficioso en verano para conseguir el frescor en el interior, pero no tanto en invierno, nos hace intuir de manera razonada la relación entre el uso de las construcciones rurales con los sistemas de cerramiento empleados. De esta forma podemos detectar con cierta rapidez que construcciones servían para la ganadería, como aquellos chozos con accesos diminutos y sin huecos en fachada donde la máxima preocupación del pastor era resguardarse de las frías noches. De la misma manera las edificaciones de la agricultura más habitadas en los meses de verano se observan muchas veces con accesos más generosos, y con huecos de ventilación que facilitaban la aparición de ambiente fresco en el interior.

Ilustración 95 - Aprovechamiento de la ventilación cruzada para mantener fresco el espacio interior

 

De este análisis resulta paradójico interpretar que estas soluciones y sistemas que ha usado el ser humano durante toda la historia aplicando únicamente el «sentido común», utilizando los materiales del medio para protegerse del medio, y que se han puesto de manifiesto frecuentemente en la arquitectura popular a la que se le ha considerado como pobre técnica y constructivamente, no hayan sido muy consideradas hasta épocas recientes con la burbuja del movimiento bioclimático. No sabemos el grado de intención existente en las decisiones tomadas por el «constructor rural» para la creación de estos mecanismos, pero, sin pretenderlo, anecdóticamente nos está dando una lección.

 

5.2.3.5   Estudio físico químico

Finalmente, como último análisis, queremos tratar las peculiaridades físicas y químicas de uno de los materiales con el que se realizan estas edificaciones. Ya hemos comentado que en las construcciones de piedra prácticamente la ejecución se efectuaba con el mismo elemento extraído del terreno más cercano, siendo éstos casi siempre bloques de caliza que es el tipo más común que se ve por el páramo. En cambio, en las de tierra, tanto para el tapial como el adobe, se lleva a cabo un previo proceso de elaboración de las piezas con las que se va erguir el edificio, que además varía de un lugar a otro no solo por las características del terreno, sino también por la tradición constructiva del lugar.

Quizá sea el adobe el elemento más utilizado en todas las construcciones estudiadas. Su procedimiento de elaboración es el más económico, es fácil de aparejar y sus dimensiones le convierten en el único dispositivo para crear ciertos sistemas estructurales como la formación de cúpulas de barro.

En el capítulo del análisis constructivo ya explicamos los aspectos más importantes de esta técnica, sin embargo, existen otro tipo de condicionantes que son los que hacen únicas a estas piezas de barro en cada lugar y que necesitamos examinar para comprender mejor su formación. Esto puede llevarnos a dos caminos, uno es intentar mejorar el comportamiento de estos elementos a través de posibles modificaciones sobre los componentes que lo forman ya sea variando sus porcentajes, añadiendo aditivos, el otro es poder hacer compatible la elaboración de nuevas piezas para poder intervenir sobre las construcciones existentes si lo que pretendemos es recuperar una manera de construir casi olvidada.

Dicho esto, lo primero que vamos a hacer es describir las características más reconocibles en las tierras que sirven para formar el adobe:

La composición de éstas es muy variable de unas zonas a otras, pero de forma general se puede considerar que en volumen contienen un 809a de sustancias sólidas de las cuales un 29a son orgánicas, un 109a de agua y otro 109a de aire[57].

En función de la granulometría se considera que el componente más fino es la arcilla con un tamaño de grano inferior a 0,002mm, a continuación, los limos compren- den una dimensión entre 0,002 y 0,08 mm, luego las arenas de tamaño entre 0,08 y 2 mm y finalmente las gravas con más de 2 mm[58]. Dicho esto, según la cantidad que tenga el terreno de cada uno de estos componentes se establece la siguiente clasificación de tierras[59]:

Tierra

Arcilla

Limo

Arena

Arcillosa

60

20

20

Arcillosa Normal

40

30

30

Normal

20

40

40

Limosa

10

85

5

Limosa Normal

15

65

20

Arenosa

5

2

90

 

La combinación entre partículas de arena y de arcilla es la clave para la estabilidad de las estructuras de tierra. Los granos de arena de forma esférica cuando se compactan se empujan unos a otros generando una porosidad alta, en torno al 309a, mientras que las partículas de arcilla, mucho más aplanadas en forma de hoja, deslizan unas sobre otras presentando una porosidad mucho más baja (5-10%) y por eso esta sustancia es la que hace de argamasa. El barro con mucha arcilla presenta una mayor cohesión, sin embargo, presenta mayor hinchamiento por humedad y mayor retracción por desecación. La buena mezcla de ambos elementos permite una buena compactación y consistencia para crear elementos constructivos[60].

Otra de las características de las tierras es su color que va a depender principalmente de las sustancias que componen la mezcla. En nuestra zona destacamos lo siguientes:

-          Color rojo, en suelos con alto contenido en óxido de hierro. En el mapa geológico (ilustración 16) los vemos cerca de corrientes de agua, como el río Valderaduey, en la zona de Tierra de Campos.

-          Color ocre, en suelos con hidratos de carbono. Localizados sobre la llanura en áreas que se aproximan al páramo.

-          Color gris, en suelos con gran contenido en carbonato cálcico sobre limos. Los podemos observar en los Montes Torozos. En ocasiones podemos verlos casi blancos si se ha utilizado cal en su ejecución.

Con el tacto podemos caracterizar el tipo de tierra a la textura. De esta manera una tierra arenosa se presenta normalmente rugosa, un terreno sí es poco rugoso y al humedecerlo tiene una plasticidad media se considera limoso, y finalmente sí el grano ofrece resistencia a desmenuzarse se trata de una tierra arcillosa.

Ilustración – 96 – Adobes recogidos de algunas construcciones estudiadas donde observamos diferencias en el color. A la izquierda uno casi blanco de una caseta de Urueña, en el centro uno grisáceo de un chozo de Urueña, y a la derecha otro ocre rescatado de un chozo en Torrecilla de la Abadesa. Todos Ellos en Valladolid por abril de 2013

 

Otra de las caracterizas que definen el barro para la fabricación de adobes es el olor que se produce con el calor o la humedad en los que contienen sustancias orgánicas.

Las propiedades de los adobes que se consideran más interesantes a tener en cuenta en su uso son las siguientes:

PROPIEDAD

UNIDADES

ÍNDICES NORMALES

Densidad

Kg/m3

1.200-1.700

Módulo de Yung

Mn/m2

700-7.000

Resistencia a compresión 28 D

Mn/m2

0,5-2

Absorción de agua

%

0,5

Resistencia de Hielo

-

baja

Exposición a la intemperie

-

reducida

Calor específico

KJ/kg

0,85

Coef. De Conductividad

W/m-k

0,81

Retracción de secado

Mm/m

0,21

Coef. Amortiguamiento (40 cm)

%

5-10

Desfase diario

H

10-12

Resistencia al fuego

-

buena

 

Normalmente los ensayos, análisis y pruebas de laboratorio más comunes para la determinación de las propiedades y características de los adobes son los siguientes:

-          Análisis granulométrico por tamizado y sedimentación. Sirve para conocer el porcentaje de material que compone el adobe.

-          Límites de Atterberq. Con este ensayo se mide la cohesión del terreno y su contenido de humedad definiendo tres límites: líquido, plástico, y de retracción o contracción.

-          % De paja del adobe.

-          % de materia orgánica.

-          Ensayo a compresión. Para comprobar la resistencia de este material.

-          Densidad seca media.

-          Ensayo de hinchamiento Lambe, para comprobar la tendencia a cambiar de volumen como consecuencia de variaciones en su contenido de humedad.

En nuestro caso el estudio de mayor interés es el análisis granulométrico para conocer los porcentajes de mezcla más comunes en los adobes en el lugar en el que luego propondremos una actuación de recuperación de la muestra. Hay que entender que cuando los maestros locales realizaban los adobes contaban con el material más próximo disponible, así que la clave para recuperar unas piezas similares a las construidas, básicamente se encuentra en las cantidades de cada materia (arcilla, limo, arena y grava).

Se ha realizado, pues, un análisis de granulometría por tamices en el laboratorio de la ETSAM. Se ha extraído como muestra medio adobe de una caseta de era en Urueña, por tratarse de un lugar intermedio entre las dos comarcas de estudio y porque el elemento en el que propondremos una intervención pertenece a este municipio.

Los resultados del tamizado dan los siguientes porcentajes:

- Grava:

18,3 9é

- Arena:

55,1 9é

- Limos y arcillas:

25,8 9é

- Paja:

0,8%

 

La separación de limos y arcillas debe hacerse con un análisis por sedimentación puesto que con los diámetros de la serie de tamices no podemos hacerlo. No obstante, en el Anexo 3, se incluyen más datos de este análisis y además se compara esta distribución del material térreo con otros casos encontrados.

Ilustración 97 - A la derecha pieza de medio adobe antes de empezar a disgregarlo. A la izquierda serie de tamices para proceder al análisis granulométrico

 

6. Conclusiones

Aunque gran parte de las conclusiones, al menos las parciales, se han ido explicando a medida que los análisis se iban desarrollando, en esta última parte del trabajo se exponen las generales que se han recogido en todo el estudio.

No obstante, antes de describir las reflexiones que podemos hacer acerca de todo lo visto, hay que dejar claro que aunque se trata de un trabajo donde se han abordado gran cantidad de temas con la intención de no dejar ningún cabo suelto para poder tener una amplia visión de todas las cuestiones que engloban a este tipo de arquitectura, ha resultado satisfactorio poder encontrar muchos conceptos que pueden seguir ampliándose y desarrollándose en el futuro, tal y como sobre ellos se ha ido avisando, considerando lo estudiado como un trabajo fértil.

Al comienzo del mismo describíamos a esta arquitectura rural como «culta y técnica», afirmación que seguimos manteniendo trae demostrar a través de la lectura de la bibliografía consultada, de relatos de antiguos «albañiles rurales» y de la inspección de todas las muestras encontradas (expuestas en el Anexo 1), la eficacia de las técnicas y sistemas constructivos empleados. La otra visión que tomábamos, la de una arquitectura «oral», también queda de manifestó al comprobar la vinculación y relación entre construcciones dentro del mismo lugar arraigadas a las costumbres de cada localidad, donde, con un carácter más tradicional que histórico, los modos de hacer de estos artesanos se aprendían, según nos han confesado, mirando y escuchando, y sucesivamente transmitiéndose entre generaciones, diferenciándola claramente de la alta arquitectura divulgada de manera escrita.

De la forma en la que hemos abordado este estudio cabe destacar la importancia del trabajo de campo. Sí bien es cierto que el reconocimiento de construcciones a través de una minuciosa búsqueda bibliográfica es vital para los planteamientos iniciales, la realización de viajes a modo de estratégicas batidas sobre un territorio de grandes dimensiones ha servido para observar, respirar y comprender el ambiente en el que se han levantado estos interesantes elementos, para poder comprobar la dimensión constructiva de los mismos y para entender la relación de estas edificaciones con el medio físico que les rodea. Quizá el espacio temporal con el que se ha contado para la realización de esta fase de trabajo no ha sido lo suficientemente grande como para la realización de los recorridos de una forma más calmada y haber podido inspeccionar un poco más estas dos comarcas. Aun así, y pese a esta cierta celeridad en la búsqueda, ha resultado, primero, satisfactorio poder haber localizado e identificado la mayoría de los ejemplares estudiados por otros autores (aunque bien es cierto que una gran parte de ellos en un estado de conservación nada bueno) y, segundo, placentero poder haber incorporado muchos más al análisis dentro de las cuarenta y tres localidades visitadas. Pero, desde luego, el punto más satisfactorio ha sido el haber podido escuchar a algunos «vecinos del barro y la piedra» a los que, considerados como los auténticos protagonistas de esta historia, bien porque han usado estos ejemplares para su actividad laboral o bien porque han participado en su levantamiento, y quienes, a través de sus relatos nostálgicos, nos han revelado de forma muy didáctica los secretos de esta arquitectura.

Hemos referenciado los condicionantes de las construcciones agrarias a tres factores principales. El primero de ellos es el clima. De éste, examinado en la fase del análisis del medio, ya concluimos la dureza del clima continental que se da en el corazón de Castilla y León, y de ahí confirmamos la importancia que le ha dado el albañil rural a formar construcciones de grandes secciones para aislarse y protegerse de las condiciones extremas que se encuentran, según lo que se ha podido observar en todas ellas. El segundo, la tierra a la que pertenecen, ha sido analizado en varias fases del trabajo, desde el mapa geológico hasta las relaciones entre la manera de construir de dos materiales tan diferentes y ha puesto de manifestó la importancia del medio que proporciona las materias primas con las que los maestros constructores tan sabiamente han trabajado. El último se refería a la tradición constructiva del lugar que ya hemos reflexionado en la visión de esta arquitectura oral y que concluimos que ha sido determinante para mantener con vida esta forma de edificar y que por tanto consideramos como el principal componente a recuperar para no perder este legado constructivo.

Creemos que de estos tres factores el más protagonista de todos para un estudio sobre el área propuesto es el segundo, relacionándolo al material dominante con el que se va construir cada muestra. Al fin y al cabo, el clima es más o menos el mismo en las dos comarcas donde nos encontramos y respecto a la tradición edificatoria entre localidades cercanas encontramos tendencias constructivas vinculadas principalmente al material que se utiliza. Es por ello que se considera, en este caso, al barro y la piedra, como los elementos más trascendentales para determinar el levantamiento de estos ejemplares desde diferente perspectiva: el conocimiento para su empleo por parte de los maestros locales, las oportunidades de extraerlos de la tierra, sus propiedades físicas y sus posibilidades constructivas.

El análisis geológico nos confirma que la capacidad de extraer un material u otro determina el empleo del mismo estableciendo una preferencia constructiva a cada lugar. Aunque este hecho parezca obvio, es un punto a considerar porque a su vez implica en una forma concreta de hacer arquitectura, no es lo mismo levantar un chozo de piedra que uno de barro, y también una manera de conservarla, como en las construcciones de tierra. Pero uno de los aspectos más llamativos ha sido la creación de una arquitectura mixta que confirma la relación de estos dos componentes que se benefician de manera mutua, tras lo visto en uno de los últimos análisis realizados, y que, al comprobar que la transición entre Tierra de Campos y Montes Torozos no se produce de manera absoluta sino evolutiva, nos dan una variedad tipológica sorprendente tras lo visto en las tablas clasificatorias y gráficos expuestos.

Por otro lado, el análisis constructivo ha servido para seguir confirmando la capacidad técnica que se aprecia a través de las grandes soluciones que nos da esta arquitectura ante las situaciones a las que se enfrentaban los creadores de estos elementos. Aunque consideramos que todas ellas tienen rasgos comunes para identificarlas dentro del mismo grupo analizable, cada una posee unas características que la hacen diferente, lo que configura un extenso abanico de destellos técnicos.

Con estos dos amplios componentes tipológicos, el del material y el las característico constructivas, se ha podido realizar una fase de catalogación (Anexo 1). Esto significa que sí existe un conjunto de elementos arquitectónicos que podemos clasificar, podremos aspirar a considerar sobre ellos un valor artístico. Sí además como ya hemos explicado la adaptación de ellos al medio que les rodea, en especial por construirse con el propio medio, es tan potente, es justo declarar su valor paisajístico. Y sí, finalmente, por ser un elemento capaz de transmitir una tradición constructiva del lugar, añadimos sobre ellos un valor documental y un valor histórico, se puede incluir a estas construcciones agrarias como parte del patrimonio arquitectónico.

Es por ello, que, de esta manera, ha resultado conveniente introducir en el catálogo los niveles de conservación de las muestras estudiadas, con el objetivo de mantener un documento que a modo de censo nos muestre el estado en el que se encuentran todas ellas. Dicho esto, sobre la parte de actuación de una de estas construcciones, el chozo con caseta de Urueña, creemos que el camino a seguir debe ser el de recuperar estos elementos, no solo por reparar, reconstruir y conservar a la propia construcción en sí, que a tenor de lo expuesto el propósito no parece muy costoso, sino por rescatar esa forma de hacer arquitectura. Hay que entender que construir en adobe, como seria en el caso propuesto, es como retomar las tradiciones básicas del hombre sobre la tierra. Cuando se viven la experiencia de estas construcciones, a través solo de su contemplación, se reviven procesos perceptivos totalmente únicos que no se encuentran en otras formas constructivas contemporáneas. De esta forma, sí avanzamos más en esta concepción habría que añadir que de la misma forma que existe protecciones para mantener parajes naturales o ecológicos, también deberían existir para estas edificaciones a las que también consideramos parte del patrimonio rural.

Quizá de estas dos últimas reflexiones puedan sacarse futuras vías de investigación que se orienten hacia la constatación de los valores de estos elementos. Indagando en procesos constructivos históricos que han podido evolucionar hasta lo encontrado. 0 encontrar relaciones entre estas arquitecturas muy localizadas sobre el interior de Castilla y León y las de otras regiones de España, o de otras partes del mundo, temas todos ellos no tratados o levemente mencionados en este trabajo. Sobre los que sí se han desarrollado, algunos podrían y deberían ampliarse en futuros avances, como el capítulo del comportamiento bioclimático o el estudio físico-químico enfocado hacia mejoras sobre las técnicas constructiva del barro. Pero, con propósito de acotar más el tema, el estudio sobre las relaciones entre construir con tierra o construir con piedra que se da en el área de influencia de Tierra de Campos y Montes Torozos, del cual ya se han introducido ciertas intenciones en uno de los puntos, puede suponer la vía más ambiciosa por tratarse de un tema original del que se pueden obtener resultados muy interesantes a través de una tesis doctoral (la cual ya ha sido planteada y cuyo título y proyecto ya están aprobados por la comisión del Departamento de Construcción y Tecnología Arquitectónicas de la Universidad Politécnica de Madrid para que el autor de estas palabras pueda avanzar aún más en su investigación).

Para terminar y con la intención de resumir las reflexiones realizadas sobre este estudio nos gustaría concluir tomando las palabras que más nos gustan para definir a esta manera de edificar, que de entre todas las calificaciones o denominaciones que se le han dado, nos quedamos por todo lo anteriormente expuesto con la de «arquitectura del sentido común». Creemos que es la más acertada para esa forma de construir realizada por aquellas personas alejadas de las normas de las grandes arquitecturas, que contando con los medios que ellas mismas se confeccionaban y fiadas tan solo a su experiencia y a las posibilidades del material utilizado fueron capaces de sorprendernos con sus, cuanto menos, interesantes obras. Y por todo ello pretendemos devolverles el merecido homenaje que nunca tuvieron transmitiendo en papel lo que ellos levantaron con sus manos, con la intención de fortalecer el reconocimiento de estas construcciones.

 

Agradecimientos

No quiero dejar pasar la ocasión para agradecer a todas esas personas de cada municipio por el tiempo que tan amablemente me prestaron para describirme los parámetros que envuelven a estas construcciones y, así ayudarme a la comprensión de cómo se levantaron estos magníficos ejemplares. También al personal docente de la Escuela de Arquitectura de Madrid, que tanto interés ha puesto para orientarme en el desarrollo de todas las fases de este estudio y que además me han brindado la oportunidad de hacer un trabajo que, desde mi interior, sentía en la necesidad de hacer por la tierra de mis orígenes. Pero, sobre todo, dar las gracias, a la gente más cercana que con su paciencia y disponibilidad me han acompañado y ayudado por todos esos recorridos de los pueblos del barro y la piedra.

Ilustración 98 - Equipo colaborador. Empezando por la izquierda, Mi abuelo Felipe, mi hermano Raúl, mi padre Raúl, yo y mi pareja Inma

 

7. Glosario

 

LÉXICO CONSTRUCTIVO DE LAS EDIFICACIONES AUXILIARES EN TIERRA DE CAMPOS Y MONTES TOROZOS

En este apartado se muestra un listado de términos empleados (algunos ya en desuso y otros incluso inexistentes para la R.A.E.) para definir diferentes conceptos relacionados con las construcciones rurales del centro de Castilla y León y con el fin de evitar dificultades en el entendimiento de las explicaciones que se realizan en el trabajo y también para salvar ciertos errores de interpretación por utilizar términos que el lector puede imaginar que significan otra cosa.

Dicho esto, ha sido interesante descubrir que en distintas áreas locales se utilizan vocablos diferentes para definir un mismo elemento o que un mismo vocablo significa cosas distintas según en el lugar donde estés. Por ello se ha pretendido, por un lado, respetar las palabras autóctonas y, por otro, homenajear el lenguaje rural constructivo, con este recordatorio de los términos empleado por los pobladores de estas dos regiones.

A continuación, aparece el léxico más característico de este trabajo ordenado por orden alfabético y caracterizando cada palabra según si se trata de un sustantivo (sust.) o una locución (loc.) o conjunto de palabras con un único sentido léxico. Además, hemos añadido a cada palabra el lugar donde se ha escuchado principalmente, pudiendo ser una región o municipio, o, si, por el contrario, es un término adoptado genéricamente. Para ello nos hemos ayudado de las entrevistas realizadas y por los vocablos definidos en las obras de otros autores que han estudiado las regiones de Tierra de Campos y Montes Torozos.

Abancal: sust. Tierra de Campos. Gradilla, adobera. Molde para hacer adobes y ladrillos[61].

Abrigo: sust. Genérico. Construcción elemental formada por un muro con cierta curvatura o por varios de estos que protegen de los vientos fríos del norte y por lo tanto deja solear al sur.

Adoba: sust. Bolaños[62]. Adobe en forma trapecial utilizado principalmente para la realización de hornos o cubiertas de barro como si se tratasen de las dovelas de una cúpula.

Adobe: sust. Genérico. Masa de barro mezclada frecuentemente con paja y a veces con guijos moldeada de forma prismática.

Adobera: sust. Genérico. Molde donde echar la tierra para la elaboración de adobes.

Alacena: sust. Genérico. Hueco u hornacina para guardar cosas como el almuerzo o algún objeto o herramienta. En muros de adobes realizados con aparejo de doble soga se pueden formar simplemente con la eliminación de alguna pieza de adobe, y en otros de mayor tamaño se utiliza un pequeño dintel.

Aprisco: sust. Genérico. Construcción o espacio donde se resguarda el ganado y se ordeñaba, también llamado “caseta” en algunas áreas locales de los Torozos si esta edificación se cubre con cubierta inclinada.

Arco ojival: loc. Genérico. Figura formada por dos arcos de círculo iguales, pero cortándose de manera que forman una concavidad enfrentada.

Arco rebajado: loc. Genérico. Arco con el centro por debajo de su línea de arranque.

Argamasa: sust. Genérico. Mortero hecho de cal, arena y agua, que se emplea en las obras de albañilería.

Bóveda auténtica: loc. Genérico. Construcción cupulada cuyas hiladas se inclinan hacia su centro formando troncos invertidos[63].

Bóveda falsa: loc. Genérico. Construcción cupulada cuyas hiladas horizontales van sobresaliendo más a medida que se elevan[64].

Cabaña: sust. Montes Toranzos Palentinos + Valverde de Campos[65]. Refugios construidos en pleno campo para ser resguardado de los labradores[66] o en zonas montañosas para el cobijo de los pastores. En muchas ocasiones introducían chimenea y suelen tener ventanas o ventanucos. A la destinada en cultivos se les llamaba también guardaviñas. Pueden ser de cubierta inclinada o cupuliforme.

Cantera: sust. Genérico. Lugar de donde se saca piedra, greda u otra sustancia análoga para obras varias. Se trata de una explotación minera generalmente a cielo abierto.

Cantería: sust. Genérico. Material de piedra labrada o con cierta labra.

Caseta: 1. sust. Tierra de Campos. Construcción ejecutada en las eras de las poblaciones relacionada con la actividad agrícola. Lugar de almacenaje de los aperos de labranza y espacio para el descanso del agricultor e incluso para pasar la noche en las largas jornadas veraniegas.

2. sust. Montes Torozos. Construcción de cubierta inclinada con unas dimensiones mayores a los chozos. Qué podrían servir para tareas relacionadas con la labranza o, incluso, para albergar a algún animal.

Caseta cuadrada: loc. Cuenca de Campos. Construcción con cubierta inclinada generalmente resuelta estructuralmente con vigas de madera.

Caseta de era: loc. Genérico. Construcción ubicada en las eras de los pueblos para el almacenaje de las herramientas de trabajo del agricultor.

Caseta de pastor loc. Tierra de Campos[67]. Construcción dedicada al ganadero para refugiarse. El espacio interior único se completada con un hogar y chimenea en el exterior.

Caseta redonda: loc. Cuenca de Campos. Construcción con cubierta cupuliforme normalmente ejecutada con adobes y/o pequeñas piezas de piedra.

Casilla de verano: loc. Tordehumos[68]. Construcción dedicada a la labranza situada en las eras de los pueblos, muy usada en la estación de verano, donde el agricultor descansaba, almorzaba y dormía para evitar la pérdida de tiempo entre el ir y venir de casa al lugar de trabajo. También servía para el almacenamiento de los aperos de labranza. En otros lugares de Tierra de Campos se llamaba también caseta de era, aunque éstas siempre se han caracterizado por tener la cubierta abovedada.

Chozo: 1. sust. Tierra de Campos. Construcción relacionada con la actividad pastoril. Refugio para el pastor donde se protegía del frío o usaba para comer.

2. sust. Montes Torozos[69]. Construcción cupuliforme de piedra y/o tierra.

Chozo de era: loc. Límite entre Tierra de Campos y Montes Torozos.  Sinónimo de caseta o caseta de era. Construcción cupulada realizada para guardar las herramientas de la actividad agrícola o para el resguardo del agricultor. Se utiliza para diferenciar su uso con la labranza del de la ganadería.

Chozo de pastor: loc. Genérico. Refugio para el ganadero o pastor, construido mayoritariamente con piedra y generalmente con cerramiento de cubierta abovedado, aunque también los han existido con tejado inclinado.

Cintrel: sust. Genérico. Herramienta de trabajo usada para la ejecución de cúpulas o bóvedas, formada por una cuerda o regla que señala la oblicuidad de las hiladas fijándose en el centro de la circunferencia.

Corral: sust. Genérico. Muro de piedra de entre uno y dos metros de altura, que servía para meter al ganado cuando el pastor descansaba. Muchos de estos acompañan a chozos donde se resguardaba el pastor. Normalmente se formaba con dos hojas exteriores ejecutadas mediante mampuestos y el interior se rellanaba con ripios y en ocasiones se añadía mortero de barro tanto en este relleno como para formar la mampostería.

Cuarto: sust. Berrueces — Ceínos de Campos[70]. Chozo, caseta. Así llamaban en algunos municipios a las construcciones cupuladas de barro que servían para el descanso del campesino.

Gradilla: sust. Tierra de Campos. Adobera. Marco de madera que sirve de molde para hace adobes.

Guardaviñas: sust. Genérico. Construcción destinada para la vigilancia de las viñas y para el descanso del jornalero que las cultiva. Normalmente estas construcciones se caracterizan por poseer cuatro huecos en la fachada uno para cada dirección, contando entre ellos el acceso, para aumentar la seguridad de la cosecha.

Horma: sust. Pobladura de Sotiedra[71]. Adobera o Gradilla. Molde para la elaboración de adobes.

Homo: 1. sust. Tapioles — Villafáfila. Sinónimo de chozo o caseta. Construcción cupuliforme generalmente realizada con barro y llamada así por sus semejanzas con los homos de barro que servían para cocer.

2. sust. Genérico. Fábrica abovedada, normalmente provista de una chimenea o respiradero y de una boca de entrada para introducir en su interior aquello que se va a cocer o caldear con él[72].

Humero: sust. Genérico. Óculo. Hueco superior en el cenit de las estructuras cupuliforme que servían para la salida del humo en las hogueras y que se tapaba con una losa de piedra cuando llovía.

Impostilla: sust. Genérico[73]. Hilada voladiza sobre la que arranca un arco o bóveda.

Intradós: sust. Genérico. Cara o superficie interior de una bóveda, arco o hueco plano.

Llana: sust. Genérico. Herramienta compuesta de una plancha de hierro o acero y una manija o un asa, que usan los albañiles para extender y allanar el yeso o la argamasa.

Majada: sust. Genérico. Lugar en terreno de paso donde se recoge de noche el ganado y se albergan los pastores.

Majuelo: sust. Genérico. Lugar de cultivo de la vid.

Mampuesto: sust. Genérico. Piedra tosca sin labra o ligeramente labrada cuyo tamaño permite que su colocación puede ser a mano (de ahí la palabra mampuesto[74]) y por lo tanto es la que forma las mamposterías para levantar muros de piedra.

Paja: sust. Genérico. Edificación creada para guardar paja o parte edificada de una construcción para tal efecto. Podían ubicarse anexionados a las viviendas o también podía ser una construcción aislada ejecutada en las eras. A veces el sobrado de una casa era el pajar.

Panderete: sust. Genérico. Tabique sencillo de ladrillo o adobe donde las piezas se disponen de canto, es decir, apoyando sobre sus caras menores. En ocasiones también se oye “tabique, muro o fábrica de panderete”.

Panera: sust. Valladolid. Lugar donde se guardaban los cereales (trigo o cebada). Seguramente su nombre provenga porque el mismo lugar servía para guarda el cereal y con un pequeño molino conseguir de éste la harina para hacer el pan. Es por ello que hay muchas construcciones de las era en forma de caseta rectangular que se llaman paneras.

Pechina: sust. Genérico. Cada uno de los cuatro triángulos que se forman en las esquinas que ayudan para formar el primer anillo de una cúpula.

Pellada: sust. Genérico. Porción de argamasa que un albañil puede sostener en la mano o con una llana.

Peña: sust. Genérico. Medio rocoso natural. En el páramo que forman los Montes Torozos es el buscado para el apoyo de construcciones garantizando una buena estabilidad.

Perpiaño: sust. Genérico. Piedra o elemento que atraviesa un cerramiento para unir las hojas o pieles que lo forman. También se conoce con el nombre de «llave»[75].

Pináculo sust. Genérico. Piedra de coronación de la cúpula. En ocasiones supone un simple remate, pero también se ha encontrado varios casos con pináculo en clave compuesto como una piedra en forma de “balón de rugby”[76] que cumple la doble función estructural-estética.

Quicial: sust. Genérico. Madero que asegura y afirma las puertas y ventanas por medio de pernios y bisagras, para que girando se abran y cierren.

Quicialera: sust. Castilla y León. Pieza metálica que abraza el quicial del larguero lateral de la puerta[77].

Quicio: sust. Genérico. Parte de las puertas o ventanas en que entra el espigón del quicial, y en que se mueve y gira.

Ripio: sust. Genérico. Piedra de pequeño tamaño que sirven para acuñar o rellenar los muros de mampostería o las bóvedas pétreas ejecutadas en seco mejorando su estabilidad.

Salmer: sust. Genérico. Primera dovela de los arranques de un arco. Suele aparecer en muchas ocasiones cortada en plano inclinado.

Sillar: sust. Genérico. Piedra labrada y escuadrada de cierta dimensión que necesita de algún mecanismo (por ejemplo, poleas) para panera en su correspondiente lugar.

Sillarejo: sust. Genérico. Piedra labrada con menos precisión que el sillar y de menor tamaño, incluso capaz de poner el hombre sin medios auxiliares.

Sobrado: sust. Genérico. Espacio útil bajo la cubierta. En algunas casetas se ha utilizado para guardar el grano de la cosecha.

Tapia: sust. Genérico. Pared o muro, o parte de él, realizado de una sola vez con tierra amasada y apisonada sobre un cajón. Según la forma en que se realice o los aditivos que se añadan se confeccionan diferentes tipos de tapia.

Tapial: 1. sust. Castilla y León. Muro construido con tierra arcillosa mediante encofrado y apisonado. En el resto de la península a este muro se le denomina directamente como “tapia”.

2. sust. Genérico. Cada una de las tapias laterales del encofrado que se utiliza para hacer muros de tierra.

Tejar: sust. Genérico. Lugar de fabricación de las tejas que suele incorporar un horno en forma cupulada y una chimenea para la salida de humos.

Telera: sust. Genérico. Valla, tradicionalmente de madera, que sirve para encerrar ganado de lana. Muchos pastores antiguamente las llevaban en carros y las ubicaban en diferentes zonas de pastos, formando auténticos corrales temporales.

Tendel: 1. sust. Castilla y León. Junta horizontal de mortero entre dos hiladas de ladrillo, piedra o adobe.

2. sust. Genérico. Cuerda que se tiende horizontalmente entre dos reglones verticales, para sentar con igualdad las hiladas de ladrillo o piedra.

Trasdós: sust. Genérico. Parte exterior o superior de una arco, bóveda o muro.

Trasera: 1. sust. Genérico. Puerta que se abre en la fachada opuesta a la principal.

2. sust. Local. Puerta de grandes dimensiones. Su nombre viene dado de las puertas traseras de las casas que tenían grandes dimensiones para meter el ganado o algún tipo de automóvil o maquinaria.

Trompa:  sust. Genérico. Elementos de madera, piedra, ladrillo o perfil metálico que se utiliza para ochavar la planta cuadrada y facilitar el arranque de las cúpulas de casetas o chozos.

 

8. Bibliografía y fuentes de información

 

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RUIZ AGÜERO, Carlos. 1978. «Chozos Circulares.» Narria: Estudios De Artes y Costumbre Populares, 6-8.

SÁNCHEZ SANZ, María Elisa. 1981. «Aportación Al Estudio Del Chozo En La Provincia De Cáceres.» Narria: Estudios De Artes y Costumbre Populares, 3-6.

 

Actas de Congresos

CUCHÍ I BURGOS, Albert. 1996. La Técnica Tradicional Del Tapial. Actas del I Congreso Nacional de Historia de la Construcción. Madrid.

MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, Raquel. 2010. Sistemas Económicos De Teclado Con Bóvedas De Fábrica: Bóveda Nubia y Bóveda Recargada Mexicana. Actas del VII Con gres o de Tierra en Cuenca de Campas. Valladolid.

 

Revistas

Guía De La Arquitectura Popular En España 198ó. 2ª ed. Madrid: Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo.

Piedras Con Raíces. ¿Rehabilitación o Destrucción Del Patrimonio Arquitectónico Tradicional? 2010. Vol. 31. Cáceres: AARTE.

PIEDRAS INCIERTAS: Documentos De Arquitectura Popular Monográfico Sobre El Barro. 2004.

 

Referencias electrónicas y enlaces web

FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ. «Revista Folklore». Mes/día de acceso: 01/18, 2013:

http://www.funjdiaz.net/folklore/indice.php

INSTITUTO EDUARDO TORROJA «Revista Informes De La Construcción». Mes/día de acceso: 02/17, 2013:

http://informesdelaconstrucion.revistaas.csic.es/index.php.informesdelaconstruccion

INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL Mes/día de acceso: 10/24, 2012:

http://www.ing.es/ing/main/index.do

MOLINOS GORDO, ASUNCIÓN. Chozos De Pastar. Intervención Sobre M Paisaje». Mes/día de acceso: 03/09, 2013:

http://asuncionmolinos.com/proyectos/chozoa.html

QUINTANS, C. «Palomares En Tierra De Campos». Mes/día de acceso: 12/09, 2011:

http://tecnonicablog.com/?p=8443

 

Fuentes de información directas

 

Personas entrevistadas

Abel de Dios, natural de Urueña y vecino de Villanueva de los Caballeros.

Abilio Bezos, natural de Valverde de Campos.

Agustín Martín Guerra, vecino de Tordehumos.

Alejandro Martín, vecino de Cuenca de Campos.

Ángel Martín Ceínas, natural de Montealegre de Campos.

Antonio Rodríguez, natural de San Cebrián de Mazote.

Armenio Tejero Alonso, vecino de Cuenca de Campas

Avelino de Dios, natural de Urueña y vecino de Villanueva de los Caballeros.

Benigno, exalcalde de Pobladura de Sotiedra.

Cesar Domínguez, natural de Bustillo del Ora.

Constancio Cabezón, natural de Pobladura de Sotiedra.

Domingo del Barrio, vecino de Peñaflor de Hornija.

Felipe Revuelta Álvarez, natural de Pobladura de Sotiedra y vecino de Urueña.

Francisco de la Rosa Villanueva, natural de Urueña.

Francisco Javier Martínez Herrero, natural de Palacios de Campos.

Gerarda Pelaz Negro, natural de Urueña.

Gonzalo Pelaz Allende, natural de Urueña.

Ildefonso Gregaria Álvarez, natural de La Mudarra

Javier Álvarez Cortés, natural de San Cebrián de Mazote.

Jasé Antonio Gutiérrez, natural de Peñaflor de Hornija.

José Luis Domínguez Martínez, vecino de Villafáfila.

José María Negro, vecino de Villasexmir.

Laura González, natural de Castromonte.

Leandra, natural de Vidayanes y vecino de Villanueva de las Caballeras.

León, vecino de Morales de Campos.

Lorenzo Fernández, natural de Mata del Marqués y vecino de Urueña

Luis Carlos Martínez Herrera, natural de Palacios de Campos

María del Carmen González, vecina de La Mudarra y de Urueña.

Marcelo Escudera, vecino de Tamariz de Campos.

Mariflor Vaca, natural de Bustillo del Ora.

Maura de la Rosa, natural de Urueña.

Melecio Olea, natural de Tordehumos.

Olga Fernández Puerta, natural de Torrelobatón

Pilar Herrero Roces, natural de Montealegre de Campos.

Santiago Domínguez, vecino de Morales de Campos.

Vicente Pelaz de Dios, natural de Urueña.

Wenceslao Pérez, natural de Pobladura de Sotiedra

Nota: Existen muchas más vecinos y vecinas que prefirieran quedar en el anonimato.

 

Colecciones fotográficas (no publicadas)

ABRIL DE PAZ, Raúl. Fotografías de las localidades de Urueña, Villabrágina y San Cebrián de Mazote.

ABRIL REVUELTA, Raúl. Fotografías de las localidades de Urueña y Pobladura de Sotiedra.

DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ, José Luis. Fotografías de la localidad de Villafáfila.

 

CHOZOS Y CASETAS EN EL CORAZÓN DE CASTILLA

DEL BARRIO A LA PIEDRA EN TIERRA DE CAMPOS Y MONTES TOROZOS

 

ANEXO 1

CATÁLOGO DE CONSTRUCCIONES EN «CAMPOS Y TOROZOS»

FICHAS DE MUNICIPIOS Y DE CARACTERÍSTICAS DE LAS MUESTRAS EXAMINADAS

 

ÍNDICE

MAPA DE MUNICIPIOS EXPLORADOS 2

DESCRIPCIÓN DE ITINERARIOS PRACTICADOS 3

CATALOGO DE CONSTRUCCIONES. ÍNDICE DE MUESTRAS 7

 

ITINERARIO 3 (COLOR AZUL)

 

TIERRA DE CAMPOS SUROESTE

FECHA: 9-Febrero-2013 Hora de salida: 10:15 Hora de llegada: 19:35

Distancia recorrida: 179Km — 32€ (combustible — coste estimado)

Municipios visitados: Urueña (salida), Villanueva de los Caballeros (2), Bustillo del Oro (3), Villafáfila (4), Vidayanes (1), Valdescorriel, Valderas, Prado (1), Castroverde (1), Barcial de Loma (1), Villafrechós (1), Morales de Campo (1), Urueña (llegada)

Descripción.

La primera sorpresa nos la llevamos al pasar por la localidad de Villanueva, que nos pillaba de paso, al descubrir a la salida del pueblo, en dirección Bustillo del Oro, un chozo medio derruido muy similar a los de Urueña, pero con planta cuadrada. Un vecino de allí (Leandro) nos comentó que existieron muchos más de barro, y que de este se mantenía algo por su base de piedra.

Al llegar a Bustillo del Oro pudimos localizar a la dueña del Chozo del que Alonso Ponga nos ilustra en su libro La arquitectura del barro. Al enseñarla esta fotografía se llevó una grata sorpresa pues añoraba esa imagen comparándola con la tristemente actual visión del chozo, del que tan solo la puerta y el perímetro rectangular se pueden contemplar. Mientras fotografiábamos esta muestra un vecino del municipio se acercó a nuestra altura y nos enseñó otras construcciones de barro (en este caso casetas) que él acostumbraba a mantener con la correspondiente capa de barro que le impregnaba regularmente. Muy amablemente, el señor nos indicó el lugar donde se hacían los adobes, y que incluso él en alguna ocasión continuaba realizando para la reparación de algún desperfecto.

El siguiente destino fue Villafáfila, donde andábamos buscando una caseta de era descrita por Alonso Ponga. Sin embargo, al entrevistar a tres personas del pueblo, todos ellos coincidieron que no tenían constancia de la existencia de tal construcción, sobre todo les chocaba el hecho de ver una encina en la imagen, asegurando que en la zona no existían a penas árboles, y menos encinas. Uno de los vecinos muy amablemente nos acompañó para mostrarnos casetas a las afueras del pueblo. Y encontramos algunas con exquisito cuidado por parte de sus propietarios con las respectivas capas de barro de protección. Además, en todas ellas encontramos unas pautas similares, pues presentan una planta rectangular de muro de adobe y cubierta inclinada a un agua.

Este vecino (se llama José Luís) nos indicó la carretera por la que podíamos encontrar un chozo recién restaurado llegando a Vidayanes. El chozo es de planta circular y cúpula apuntada todo entero de piedra, exceptuando la coronación de la bóveda que está reparada con ladrillos.

En Valdescorriel paramos en búsqueda de una cúpula de adobe medio derruida, sin embargo, no tuvimos suerte y no la hallamos.

En Valderas preguntamos por esa caseta agraria de planta rectangular con cubierta piramidal que varios autores incluyen en sus estudios. Nos comentaron que ya no quedaba nada de ella, pero nos indicaron donde se ubicaba.

La siguiente parada se produjo en Prado, ya desde la carretera se veía en lo alto de una pequeña elevación de terreno la caseta que aparecía en libro de Alonso Ponga, cuando nos acercamos a ella observamos que su recubrimiento de barro había sido sustituido por una capa de cemento y cal formando un color amarillento que intenta simular a la tierra. La sorpresa nos la llevamos cuando descubrimos que no era una caseta agraria como tal, al menos no servía para su actividad propia, si no que era la entrada a una bodega. Se trata de un caso excepcional y de gran belleza que recuerda, incluso a una arquitectura árabe.

Siguiendo la ruta nos topamos con otro ejemplo no previsto en Castroverde de Campos, pues no teníamos pensada esta parada, pero donde, sin embargo, hallamos un chozo muy similar a los de Urueña, solo que en este el muro de piedra no existía, era de adobe apoyado en un pequeño zócalo de piedra.

En el siguiente pueblo, Barcial de la Loma, pudimos observar casetas de era de gran envergadura. En cambio, no pudimos localizar la caseta de pozo que describía Carlos Carricajo.

Después de pasar Villafrechós por la carretera que llega hasta Morales de Campos nos encontramos un chozo de ladrillo del estilo de los de barro. En su interior había herramientas para las labores de la labranza para las tierras de regadío donde se situaba esta construcción.

El último municipio donde paramos fue en Morales de Campo, allí en la misma carretera encontramos el «chozo nuevo» (así lo llamaban sus habitantes) de ladrillo y de cerca de 50 años de su fecha de construcción. Actualmente el ayuntamiento lo utiliza para guardar útiles de mantenimiento. Según nos contaron tres vecinos que se acercaron mientras lo fotografiábamos, el «chozo viejo» sí que era de barro y eran prácticamente idénticos. De este ya no queda nada en pie.

 

CATÁLOGO DE CONSTRUCCIONES

 

FICHA 1. MUNICIPIOS

FICHA 2.1 ANÁLISIS DE MUESTRA FICHA

2.2 REPORTAJE FOTOGRÁFICO

FICHA 2.3 DESCRIPCIÓN GRÁFICA DE LA MUESTRA

 

Índice de muestras

 

CÓDIGO

NÚCLEO DE POBLACIÓN

PROVINCIA

Nº MUESTRAS

PÁGINA

AUT

Autilla del Pino

PALENCIA

9

8

BAR

Barcial de la Loma

VALLADOLID

9

19

BEC

Becilla del Valderaduey

VALLADOLID

1

22

BEL

Belmonte de Campos

PALENCIA

1

24

BER

Bercero

VALLADOLID

1

26

BUS

Bustillo del Oro

ZAMORA

3

28

CAS

Castromonte

VALLADOLID

3

35

CEI

Ceinos de Campos

VALLADOLID

1

29

COR

Coruñeses

VALLADOLID

1

42

CTV

Castroverde de Campos

ZAMORA

1

44

CUE

Cuenca de Campos

VALLADOLID

3

47

ERB

El Rebollar

VALLADOLID

1

50

GOR

Gordaliza de la Loma

VALLADOLID

1

53

LMU

La Mudarra

VALLADOLID

3

55

MON

Montealegre de Campos

VALLADOLID

7

59

MOR

Morales de Campos

VALLADOLID

1

67

MOT

Mota del Marqués

VALLADOLID

2

70

PAL

Palacios de Campos

VALLADOLID

3

73

PEÑ

Peñaflor de Hornija

VALLADOLID

2

78

PON

Pobladura de Sotierra

VALLADOLID

1

81

PRA

Prado

ZAMORA

1

83

SAN

San Cebrián de Mazote

VALLADOLID

1

86

TAB

Torrecilla de la Abadesa

VALLADOLID

3

88

TAM

Tamariz de Campos

VALLADOLID

2

93

TDH

Tordehumos

VALLADOLID

2

97

TIE

Tiedra

VALLADOLID

1

101

TRB

Torrelobatón

VALLADOLID

1

103

URU

Urueña

VALLADOLID

5

105

VAL

Villalba de los Alcores

VALLADOLID

3

116

VBR

Villabrágima

VALLADOLID

2

120

VCB

Villanueva de los Caballeros

VALLADOLID

2

123

VDY

Vidayanes

ZAMORA

1

128

*VFL

Villafáfila

ZAMORA

5

131

VFR

Villafrechós

VALLADOLID

1

138

VLD

Valderas

LEÓN

1

141

VLO

Villalón de Campos

VALLADOLID

1

144

VSX

Villasexmir

VALLADOLID

3

147

WJ

Villavieja del Cerro

VALLADOLID

2

152

 

 

*En esta recopilación de este trabajo del 2014 la parte de Villafáfila ha sido sustituida por una actualizada del 2017.

Arquitectura (UPM)https://doi.org/10.20868/UPM.thesis.48841.

http://oa.upm.es/48841/51/OSCAR_ABRIL_REVUELTA_ANEXO_01_09.pdf

Agregaremos fotos de villafafafila.net, a casetas u hornos catalogados, además de algunas fotos de casetas y horno que no están catalogados en el trabajo original, para dejar testimonio.

 

FICHA 1. MUNICIPIOS

Villafáfila

(ZAMORA)

 

 

 

FICHA 2.1 ANÁLISIS DE MUESTRA FICHA

2.2 REPORTAJE FOTOGRÁFICO

CASETA DE EUSEBIO

 

 

        

         CASETA HOYO DE VELASCO

 

 

 

Caseta de Hoyo de Velasco 2003

 

Caseta de Hoyo de Velasco 2003

 

 

Caseta de Hoyo de Velasco 2003

 

         CASETA DE JULITO

 

 

 

         CASETA DE FRANCISCO

 

 

 

Caseta de Francisco 2019

 

 

Caseta de Francisco 2019

 

HORNO DE FIDALGO

 

 

 

Horno de Fidalgo 1977

 

Horno de Fidalgo 1977

 

Horno de Fidalgo 1980-84

 

Horno de Fidalgo 1980-84

 

Horno de Fidalgo 1980-84

 

         HORNO DE LAS CABAÑAS

 

 

 

Horno de las Cabañas (Mauro)

 

         CASETA DE JULIÁN

 

 

 

2004

 

         CASETA DE VIÑAS FUENTES

 

 

 

Caseta Viñas Fuentes 2019

 

Caseta Viñas Fuentes 2019

 

 

Caseta Viñas Fuentes 2019

 

         HORNO DE LOS QUINTOS

 

 

 

 

         FICHA CATÁLOGO 2.3 DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA

 

 

 

Sin catalogar y fuera del trabajo, al tener fotos en posesión de estas casetas y hornos de Villafáfila, después de 2017, como anexo a este trabajo lo incluyo mientras hacia la transcripción.

 

CASETA LA CELADILLA

Polígono 1, parcela 881, Celadilla. Villafáfila, (Zamora).

Junto al principio del camino de Tapioles, y a una distancia 2,45 km aproximada del núcleo urbano de Villafáfila.

Esta caseta desaparecería pocos años después del 2009.

Ubicación de la Caseta de la Celadilla, polígono 1, parcela 881, Celadilla, Villafáfila

 

Caseta de la Celadilla, polígono 1, parcela 881, Celadilla, Villafáfila 2009

 

Caseta de la Celadilla, polígono 1, parcela 881, Celadilla, Villafáfila 2009

 

Caseta de la Celadilla, polígono 1, parcela 881, Celadilla, Villafáfila 2009

 

          HORNO DE VICENTA

Travesía Calle Nueva, polígono 1, parcela 5050, Villafáfila (Zamora).

Ubicación Horno de Vicenta, Travesía Calle Nueva, polígono 1, parcela 5050, Villafáfila

 

Horno de Vicenta, Travesía Calle Nueva, polígono 1, parcela 5050, Villafáfila 1977

 

Horno de Vicenta, Travesía Calle Nueva, polígono 1, parcela 5050, Villafáfila 1977

 

Horno de Vicenta, Travesía Calle Nueva, polígono 1, parcela 5050, Villafáfila 1977

 

          CASETA DE FRANCISCO II

Polígono 1, parcela 5164, Villafáfila (Zamora).

Caseta de Francisco polígono 1, parcela 5164, Villafáfila 2021

 

Caseta de Francisco polígono 1, parcela 5164, Villafáfila 2021

 

Existieron muchas más casetas, enumeraremos algunas que entre finales de la década de los 80 o principios del 90 del siglo XX, desaparecieron.

 

CASETA FUENTES VIÑAS II

Caseta, polígono 1, parcela 5174, en fuentes Viñas, Villafáfila (Zamora)

Estaba muy próxima a la caseta Vfl08.

Ubicación de la caseta, Fuentes viñas polígono 1, parcela 5174, en fuentes Viñas, Villafáfila

 

Resto de caseta Fuentes Viñas, polígono 1, parcela 5174, 2021

 

 

CASETA DE FERNANDO DEL TESO

Caseta VIÑA 49136 Villafáfila (Zamora)

Esta caseta fue de Fernando del Teso “Cabeza”, donde hoy está la Cooperativa Campo de Avutardas, estaba justamente donde se asienta las oficinas.

Caseta de adobes, con el tejado a un agua hacia el norte, y la puerta al este.

Era llamada “El Bohío”, muy común este nombre en Villafáfila en designarse cuando un local que ejerce como lugar de reunión, que tantas veces hizo de distintas décadas de jóvenes en la que yo llegue a participar.

Ubicación de la caseta de Fernando del Teso, Viña 49136 Villafáfila

 

CASETA DE LOS TRABADILLOS

Polígono 1, parcela 5216, Eras de San Juan. Villafáfila (Zamora).

Caseta de adobes, con el tejado a un agua hacia el norte, y la puerta al este.

Era de la familia de los Trabadillos, esta caseta estaba asentada en una era.

Ubicación de la caseta de los Trabadillos, polígono 1, parcela 5216, Eras de San Juan. Villafáfila

 

Que los restos llegaron a existir al menos hacia el año 2000.

Esta caseta de los trabadillos, la de Fernando del Teso y el horno Quintos estaban próximos en sí.

 

CASETA DE LA ALAMEDA

Por estar ubicada en la zona la alameda junto a su laguna cercana a pozo del Relator.

Polígono 1, parcela 5222, Fuente el Relator, Villafáfila, (Zamora).

Esta caseta era de adobes, con el tejado a un agua al norte y la puerta al este.

Ubicación de la caseta de la Alameda, polígono 1, parcela 5222, Fuente el Relator, Villafáfila

 

Esta caseta sirvió de lugar de juego a niños en la que yo llegue a jugar, e inexplicablemente un día de los que fuimos a jugar, habían derribado media caseta y en una semana más tarde el derribo había sido por completo, el echo aproximado fue en la mitad de la década de los 80 del siglo XX.

 

CASETA DE ISIDRO DOMÍNGUEZ TEJEDOR

Calle las Eras, polígono1, parcela 5130, esta caseta estaba situada en una era.

Caseta de adobes, con el tejado a un agua hacia el oeste, y la puerta igualmente.

Parte de sus restos aún perduraron a mitad de la década de los 80 del siglo XX.

Caseta de Isidro Domínguez Tejedor. Esta caseta estaba situada en una era, calle las Eras, 5130, polígono1, parcela 5130

 

CASETA DEL PRADO DE LOS LLAMARES

Polígono 1, parcela 735, Pradera de los Llamares, Villafáfila, (Zamora).

Caseta de adobes, con el tejado a un agua hacia el oeste, y la puerta igualmente.

Esta caseta estaba situada en el prado de los Llamares, lo que hoy es en la Casa del Parque de los Palomares de Villafáfila, servía de refugio a los pastores que llevaban a los ganados, contando con chimenea. Y en la que los niños íbamos a merendar en ella y poníamos lumbre, esta caseta desaparición a mediado de la década de los 80 del siglo XX.

Caseta de los Llamares, polígono 1, parcela 735 Pradera de los Llamares

 

Si conoces más casetas y hornos que asistieran de Villafáfila y su ubicación, puedes comentarlo a la dirección villafafilanet@hotmail.com

 

CHOZOS Y CASETAS EN EL CORAZÓN DE CASTILLA

DEL BARRIO A LA PIEDRA EN TIERRA DE CAMPOS Y MONTES TOROZOS

 

ANEXO 3

DOCUMENTACIÓN COMPLEMENTARIA

ÍNDICE

MAPAS GEOLÓGICOS 2

MAS COSAS SOBRE EL ADOBE 19

2.1 Fabricación de una adobera por parte de un agricultor de Urueña. 19

2.2 Catálogos de adoberas o gradillas. 21

2.3 Adobes recogí dos de construcciones de Campos y Torozos. 23

2.4 Proporciones de mezcla para adobes. Análisis granulométrico en laboratorio  26

3 GRÁFICOS DEL ANÁLISIS ESTRUCTURAL. 28

4 CATÁLOGO DE DINTELES PUERTAS Y VENTANAS 29

5 APEROS DE LABRANZA 33

6 DESPIECE Y REPLANTEO DE CÚPULA AUTÉNTICA DE ADOBE 34

 

1. Mapas geológicos

A continuación, se mostrarán todos los mapas geológicos que han sido empleados para la confección del plano personalizado para el área de Tierra de Campos y Montes Torozos, del cual nos hemos valido para la situación de las construcciones empleadas y relacionarlas con el material dominante capaz de extraerse del propio terreno.

En total son los planos que hemos utilizado y que se pueden adquirir a través de la página web del Instituto Geológico y minero de España[78].

La tarea de encajar todos los mapas es muy jabonosa. Además de ser una gran superficie, no todos los mapas respetan la misma simbología de color, pues están desarrollados en diferentes años y por distintas personas o equipos de trabajo. Por ello esta confección debe ser muy minuciosa para generar un plano que resulte, por lo menos, leíble y didáctico.

Antes de exponer los a continuación recordamos el elaborado para este trabajo.

 

 

 

2. Más casas sobre el adobe

Una de las personas que más ha hecho por la recuperación de la arquitectura autóctona y de las tradiciones populares es Erhard Rohmer, fundador de la ONGD Interacción, con la que comenzó el proyecto para la rehabilitación de un pueblo abandonado, Navapalos (Soria), y ubicó en él el «Centro de Investigación de Técnicas y Materiales Autóctonos y Construcciones Experimentales». Uno de los temas en los que más se incidió en el primer encuentro fue sobre «La Tierra como material de Construcción» y en él se intentó describir el bello proceso de elaboración de adobes, elemento que sirvió para restaurar numerosas edificaciones de esta villa soriana.

 

2.1 Fabricación de una adobera por parte de un agricultor de Urueña

Felipe Revuelta Álvarez, con 81 años, quiso sorprender a su nieto (el autor de este trabajo) con la fabricación de dos adoberas, hormas o gradillas (diferentes nombres según cada lugar), desarrollándola con unas tablas de madera sobrantes de una obra, un serrucho, un martillo y clavos. Lo cierto es que el proceso ha seguido prácticamente los mismos pasos que él mismo procedía cuando de joven junto a sus hermanos realizaban construcciones de barro en las eras de su pueblo natal, Pobladura de Sotiedra. Aquí, el testimonio de cómo levantaban estos elementos:

«mis hermanos y yo cavábamos sobre la tierra para echar agua, arena y arcilla, y después de moler la paja la sumábamos a la mezcla»... «en un verano hacíamos miles de adobes y comenzábamos a preparar la cimentación para las caseta»...«cogíamos un carro para subir a Tiedra (ya en los Montes Torozos) y allí cargábamos piedras para poder luego subir hasta un pequeño zócalo de unos 40 cm desde la cimentación»...«la capa exterior de barro la dábamos cuando el adobe estaba desnudo, si la anterior había sido bien ejecutada podía pasar hasta 5 a 6 años sin que diéramos una nueva».

Adoberas fabricadas par Felipe Revuelta Álvarez

 

Proceso completo de elaboración de adobe. Erhard Rohmer en Navapalos '85

 

Comprobación de medidas de adobera

 

Comprobación de tamaño apropiad o de gradilla respecto a adobes de la misma localidad

 

2.2 Catálogos de adoberas o gradillas

Adobera para hacer hornos. Fuente: María Elisa Sánchez Sanz, en El barro en la construcción

 

Adobera individual y adobera múltiple. Fuente: Roldán Morales en Arquitectura Popular en la Provincia de ’Valladolid

 

Adobera para varios adobes de dos tamaños diferentes y adobera individual.

Sánchez del Barrio en Arquitectura Popular

 

Adobera doble, adobera individual y adobera especial para bóvedas. Mariano Olcese Segarra en Arquitectura de tierra: Tapial y Adobe

 

Adobera doble. Mariano Olcese Segarra en Arquitectura de tierra: Tapial y Adobe

 

Adobera Tunicia. Encuentros internacionales en el centro de Investigación Navapalos

 

Adobera de Alemania (superior), adobera de Australia (central) y adobera de Francia (inferior). En Encuentros internacionales en el Centro de Investigación de Navapalos

 

Adobera Perú. En Encuentros internacionales en el Centro de investigación Navapalos